Los
jóvenes están perdiendo la esperanza de vivir en paz en
su país; hoy más que nunca quieren dejar el país
para buscar serenidad y bienestar lejos de su tierra de origen. ¡Los
estudiantes universitarios temen perder el año a causa de los
atentados que afectan indistintamente a iraquíes y no iraquíes,
a jóvenes y niños, a hombres y mujeres! Debo recordar
que en el Iraq los cristianos son una minoría, y la propagación
de la violencia no afecta sólo al cristianismo sino a toda forma
de pensamiento moderno; se ejerce violencia también contra los
que practican un Islam más abierto. He invitado a mis amigos
a no abandonar el país sino a tener siempre confianza y esperanza
en Dios. Tener Fe en Cristo Jesús que está cerca de sus
fieles; de ser hombres de diálogo con los hermanos musulmanes
porque sólo el diálogo y la comprensión mutua podrán
dar estabilidad y unidad a nuestro Iraq.
¡Nosotros
sabemos que Don Orione era de un corazón sin fronteras que lo
llevaba a decir que había que hacer el bien siempre y a todos
sin mirar a la religión, al color de la piel ni a la raza! ¡En
este momento los iraquíes necesitan esta apertura de horizontes
y de corazón: amar y acoger a los hermanos sin distinción
entre hebreo, cristiano o musulmán! Mi deseo es ver la paz en
el Iraq. Deseo que cese todo tipo de violencia, pero mi mayor deseo
es ver cuanto antes en tierra iraquí una obra de caridad de mi
familia religiosa como testimonio de amor, como ejemplo de convivencia
entre los hijos del único Dios.