.org:
¿Cómo definirías lo que es
propiamente un Capítulo general y lo que esto significa hoy para
la Iglesia y el mundo?
Lo
primero que tendríamos que decir es que se trata de un acontecimiento
puramente eclesial, que compete a todos y cada uno de los que formamos la
Iglesia, que no afecta únicamente a los miembros de una Congregación
religiosa, en este caso a las Madres de Desamparados y S. José de
la Montaña, de ahí la importancia para toda la Iglesia y para
el mundo, que espera una respuesta significativa y profética por
nuestra parte.
Lo
que nos mueve es el deseo de fidelidad a la Iglesia y la respuesta valiente
a las necesidades y urgencias del hombre de hoy, buscando siempre el Reino
de Dios y su justicia, alejándonos de parámetros e intereses
meramente personales y privados que nos adentrarían más bien
en el peligro de olvidar que somos una pequeña parte de la Iglesia,
que contribuye a su crecimiento, y no el todo.
A
su vez, no deja de ser un “momento fuerte” para todas nosotras,
para la misma Congregación, que intenta renovar y adaptar su dimensión
religioso- apostólica. Un momento que nos hace tomar conciencia de
nuestra situación, de la realidad que vivimos, de las respuestas
que damos y que no damos, de nuestras instalaciones y posibles conflictos,
de los cauces posibles y remedios oportunos, a la luz del Evangelio, para
ser plataforma de Vida y Evangelización en nuestros días.
Es
una obra de todas, sí, no sólo de las religiosas que acuden
y están presentes físicamente en su celebración por
votación representativa de los miembros de la Congregación.
Cada una de nosotras se ha de sentir responsable y comprometida en la celebración
del Capítulo. Toda voz es escuchada y atendida, pues el único
Espíritu se nos comunica a todas y cada una y podemos expresarlo
y hacerlo presente mediante respuestas a encuestas, sugerencias, etc, que
vamos realizando previamente.
.org:
Ante
esta reflexión, ¿cuál es la peculiaridad que os
define hoy como Congregación de Madres de Desamparados y S. José
de la Montaña?
Pienso que, en esencia, sigue siendo la misma que definió
lo que M. Petra, nuestra Fundadora, quiso expresar en su ser y vivir:
el don recibido del Espíritu al comenzar su andadura.
Nuestra identidad
brota del amor misericordioso de Dios, donde nos sentimos llamadas a dar
tanto amor y ternura recibidos a toda situación de desamparo; saliendo
al paso tanto de necesidades materiales como espirituales, tal como las
madres lo expresan para con sus hijos, en palabras de M.Petra: “las
religiosas, atraídas por la caridad, han de ser para los desamparados,
lo que las madres son para sus hijos, por el amor natural”. De ahí
el llamarnos todas “Madres” y serlo para tanto anciano, niño
y joven con los que cada día convivimos y compartimos la jornada.
.org:
¿En
este mundo de hoy, donde parece que se aplaude el abandono, qué
significa concretamente para vosotras el vivir en una entrega maternal
hacia el desamparado?
Pues
muy sencillo, se trata de escuchar, de estar a su lado, de darle el calor
que les falta y que otros no le dan, de forma gratuita. Velar por su felicidad,
acompañar a la persona en los momentos buenos y menos buenos de la
vida; ofrecerle la acogida, la ternura y la firmeza necesarias para que
descubra que su vida tiene sentido y que Dios le ama.
Se trata de
darlo todo y darse del todo, sin mirar tiempo, a fondo perdido: lo que hace
cualquier madre con sus hijos o por lo menos lo que tendría que hacer
si realmente se siente como tal.
.org:
¿En
qué se fundamenta vuestra espiritualidad para vivir esta entrega?
En
un diálogo intenso y perseverante con Dios, una oración sencilla,
pero fecunda. En la vivencia lo más consciente y profunda posible
del Sacramento de la Unidad, la Eucaristía.
En un adentrarnos
en el amor y la misericordia de Dios Padre-Madre, a través de multitud
de signos cotidianos, y especialmente en el reflejo de este amor en la persona
de María, nuestra Madre, y de San José.
Todo ello expresado
en actitudes de humildad, sencillez, pobreza y alegría, eso sí,
en la alegría de sentirnos amadas, llamadas, convocadas y enviadas
a ser la ternura de Dios en la tierra.
.org:
¿Pensáis
que vuestros apostolados son verdaderas plataformas de Evangelización?
Sí,
al menos lo intentamos. La extensión del Reino se hace posible desde
el momento en que todo cuanto realizamos es “Buena Noticia”,
en medio del desconcierto, la mentira y la frustración que hoy viven
muchas personas a nuestro lado.
Evangelizamos,
al menos esa es nuestra intención, con la vida, con nuestra cercanía
y acogida hacia el desamparado (tanto en sentido espiritual, afectivo, como
material), hablando así del Reino como lo hacía Jesús,
en sus comidas y encuentros con sus contemporáneos.
Sabemos
muy bien que no es fácil estar día a día con este talante
de entrega y abnegación constantes, la sociedad tampoco nos ayuda
mucho. La realidad de nuestros acogidos hoy es de ruptura y desorientación,
más que de orfandad como lo era antaño, especialmente en el
caso de los niños que tenemos atendidos en nuestros Hogares.
El cuidado
de los ancianos, el velar por los niños y el educar a la juventud
sigue siendo hoy un reto, que no deja de hablar al mundo de la esperanza
en que Dios está actuando ya, por nuestro medio, en nuestra historia,
gracias a la fuerza y el don recibidos de lo alto.
.org:
Por
último, ¿Creéis que la Vida Consagrada es signo
de que la unidad y fraternidad compartida en el amor es posible?
Ciertamente creemos que la Vida Consagrada sí es signo
de unidad y fraternidad compartida, aunque ello no quiere decir que
sea fácil el hacerlo realidad.
Es cierto que
toda persona necesita de los demás, por muchos motivos, del calor
de la gente, del sentirse acompañado, acogido por otros, etc, para
vivir humanamente, pero, no sólo por eso se realiza la fraternidad
y el compartir evangélico entre nosotras. Sin Dios en medio, que
actúa a través de su Espíritu y nos hace uno, perdemos
el auténtico sentido de la fraternidad, nuestro amor sería
vacío y egoísta, el termómetro de la entrega se privatizaría,
nos alejamos de la verdadera unidad y perderíamos el rumbo. De ahí
la importancia del vivir en constante perdón, comprensión,
amor, desde el mismo Amor de Dios que nos convoca y nos une como Pueblo.
Renovación,
adaptación, profetismo, apertura… seguimos siendo testigos,
ayudadnos a serlo.