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entrevista radio por el
10º aniversario de la Beatificación de M. Petra

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Madres de Desamparados y
S. José de la Montaña
Enero de 2005, .org


A las puertas de un importante acontecimiento eclesial como lo es la celebración de un Capítulo, la Congregación de Madres de Desamparados y S. José de la Montaña, reflexiona sobre su identidad, Carisma y Misión dentro de la Iglesia, en su XIX Capítulo General y comparte con “Todos Uno” sus inquietudes, proyectos, esperanzas… con el deseo de que toda la Iglesia se una a esta pequeña parte del Pueblo de Dios en oración y discernimiento sincero, de lo que Dios quiere seguir regalando a la humanidad a través de sus miembros.


.org: ¿Cómo definirías lo que es propiamente un Capítulo general y lo que esto significa hoy para la Iglesia y el mundo?

Lo primero que tendríamos que decir es que se trata de un acontecimiento puramente eclesial, que compete a todos y cada uno de los que formamos la Iglesia, que no afecta únicamente a los miembros de una Congregación religiosa, en este caso a las Madres de Desamparados y S. José de la Montaña, de ahí la importancia para toda la Iglesia y para el mundo, que espera una respuesta significativa y profética por nuestra parte.

Lo que nos mueve es el deseo de fidelidad a la Iglesia y la respuesta valiente a las necesidades y urgencias del hombre de hoy, buscando siempre el Reino de Dios y su justicia, alejándonos de parámetros e intereses meramente personales y privados que nos adentrarían más bien en el peligro de olvidar que somos una pequeña parte de la Iglesia, que contribuye a su crecimiento, y no el todo.

A su vez, no deja de ser un “momento fuerte” para todas nosotras, para la misma Congregación, que intenta renovar y adaptar su dimensión religioso- apostólica. Un momento que nos hace tomar conciencia de nuestra situación, de la realidad que vivimos, de las respuestas que damos y que no damos, de nuestras instalaciones y posibles conflictos, de los cauces posibles y remedios oportunos, a la luz del Evangelio, para ser plataforma de Vida y Evangelización en nuestros días.

Es una obra de todas, sí, no sólo de las religiosas que acuden y están presentes físicamente en su celebración por votación representativa de los miembros de la Congregación. Cada una de nosotras se ha de sentir responsable y comprometida en la celebración del Capítulo. Toda voz es escuchada y atendida, pues el único Espíritu se nos comunica a todas y cada una y podemos expresarlo y hacerlo presente mediante respuestas a encuestas, sugerencias, etc, que vamos realizando previamente.


.org: Ante esta reflexión, ¿cuál es la peculiaridad que os define hoy como Congregación de Madres de Desamparados y S. José de la Montaña?

Pienso que, en esencia, sigue siendo la misma que definió lo que M. Petra, nuestra Fundadora, quiso expresar en su ser y vivir: el don recibido del Espíritu al comenzar su andadura.

Nuestra identidad brota del amor misericordioso de Dios, donde nos sentimos llamadas a dar tanto amor y ternura recibidos a toda situación de desamparo; saliendo al paso tanto de necesidades materiales como espirituales, tal como las madres lo expresan para con sus hijos, en palabras de M.Petra: “las religiosas, atraídas por la caridad, han de ser para los desamparados, lo que las madres son para sus hijos, por el amor natural”. De ahí el llamarnos todas “Madres” y serlo para tanto anciano, niño y joven con los que cada día convivimos y compartimos la jornada.

 

.org: ¿En este mundo de hoy, donde parece que se aplaude el abandono, qué significa concretamente para vosotras el vivir en una entrega maternal hacia el desamparado?

Pues muy sencillo, se trata de escuchar, de estar a su lado, de darle el calor que les falta y que otros no le dan, de forma gratuita. Velar por su felicidad, acompañar a la persona en los momentos buenos y menos buenos de la vida; ofrecerle la acogida, la ternura y la firmeza necesarias para que descubra que su vida tiene sentido y que Dios le ama.

Se trata de darlo todo y darse del todo, sin mirar tiempo, a fondo perdido: lo que hace cualquier madre con sus hijos o por lo menos lo que tendría que hacer si realmente se siente como tal.


.org: ¿En qué se fundamenta vuestra espiritualidad para vivir esta entrega?

En un diálogo intenso y perseverante con Dios, una oración sencilla, pero fecunda. En la vivencia lo más consciente y profunda posible del Sacramento de la Unidad, la Eucaristía.

En un adentrarnos en el amor y la misericordia de Dios Padre-Madre, a través de multitud de signos cotidianos, y especialmente en el reflejo de este amor en la persona de María, nuestra Madre, y de San José.

Todo ello expresado en actitudes de humildad, sencillez, pobreza y alegría, eso sí, en la alegría de sentirnos amadas, llamadas, convocadas y enviadas a ser la ternura de Dios en la tierra.


.org: ¿Pensáis que vuestros apostolados son verdaderas plataformas de Evangelización?

Sí, al menos lo intentamos. La extensión del Reino se hace posible desde el momento en que todo cuanto realizamos es “Buena Noticia”, en medio del desconcierto, la mentira y la frustración que hoy viven muchas personas a nuestro lado.

Evangelizamos, al menos esa es nuestra intención, con la vida, con nuestra cercanía y acogida hacia el desamparado (tanto en sentido espiritual, afectivo, como material), hablando así del Reino como lo hacía Jesús, en sus comidas y encuentros con sus contemporáneos.

Sabemos muy bien que no es fácil estar día a día con este talante de entrega y abnegación constantes, la sociedad tampoco nos ayuda mucho. La realidad de nuestros acogidos hoy es de ruptura y desorientación, más que de orfandad como lo era antaño, especialmente en el caso de los niños que tenemos atendidos en nuestros Hogares.

El cuidado de los ancianos, el velar por los niños y el educar a la juventud sigue siendo hoy un reto, que no deja de hablar al mundo de la esperanza en que Dios está actuando ya, por nuestro medio, en nuestra historia, gracias a la fuerza y el don recibidos de lo alto.

.org: Por último, ¿Creéis que la Vida Consagrada es signo de que la unidad y fraternidad compartida en el amor es posible?

Ciertamente creemos que la Vida Consagrada sí es signo de unidad y fraternidad compartida, aunque ello no quiere decir que sea fácil el hacerlo realidad.

Es cierto que toda persona necesita de los demás, por muchos motivos, del calor de la gente, del sentirse acompañado, acogido por otros, etc, para vivir humanamente, pero, no sólo por eso se realiza la fraternidad y el compartir evangélico entre nosotras. Sin Dios en medio, que actúa a través de su Espíritu y nos hace uno, perdemos el auténtico sentido de la fraternidad, nuestro amor sería vacío y egoísta, el termómetro de la entrega se privatizaría, nos alejamos de la verdadera unidad y perderíamos el rumbo. De ahí la importancia del vivir en constante perdón, comprensión, amor, desde el mismo Amor de Dios que nos convoca y nos une como Pueblo.

Renovación, adaptación, profetismo, apertura… seguimos siendo testigos, ayudadnos a serlo.