La
vida religiosa habla hoy de misión compartida. Y de su "refundación",
volver a las raíces de las que nacieron, beber de la fuente
original que las hizo nacer. ¿Nos
pasará hoy como a Francvisco de Asís, que sólo
al final de su vida comprendió la llamada de Dios "restaura
mi Iglesia"?