¿SON
CRISTIANAS NUESTRAS RAÍCES?
A continuación narramos todas las aportaciones anónimas y
por escrito que dejaron todos los participantes en la VII Reflexión
Eclesial Plural como lo más esencial e importante que hemos vivido
en estos días. Uniendo cada aportación y encajando cada una
como piezas de un puzzle, ha salido el siguiente salmo comunitario escrito
por el Espíritu a través de cada uno:
SALMO
“NUESTRA RAÍZ”
( “VENID Y LO VERÉIS: MI CASA ES CASA DE ORACIÓN”)
A)
EXPECTANTE
Esta mañana, por la ventana, ha sido alucinante encontrar al sol
que sale por esa llanura. He pensado que daba gusto estar frente a él,
y he sentido que Dios tiene el arte de hacer atractiva la verdad y no persuasiva
la mentira. Me he dado cuenta que es un gustazo ponerse de cara a la verdad,
de cara al solecito, y que las sombras queden detrás de mi.
Esto me hace tener un enorme sentido de gratuidad a un Dios que nos invita
a Su Casa Común, donde todos cabemos y vamos vislumbrando los umbrales
de esa tierra nueva que ÉL quiere. Doy gracias por estos momentos
de encuentro que me hacen reconocerlo.
En esta ocasión nos, me he estado cuestionando, ¿Son cristianas
nuestras, mis raíces? ¿Son de Cristo? Tengo que dejar de preocuparme
de las ramas (las mías y las del otro), y con las herramientas de
ambos dedicar todas las energías a esa búsqueda: la de Cristo,
y cómo Éste vive arraigado en mi, para dar los frutos que
el Reino pide y que el mundo espera.
Vemos, he visto con claridad, hemos constatado que no seguimos a “algo”,
seguimos a Alguien. Te seguimos a Ti, Señor, nuestro Dios, “Nuestra
Raíz”, que nos sostiene y alimenta, que Tú sigues guiando
nuestra historia.
B) SOBRE LA RAÍZ
De la Palabra de Dios deducimos que
“Para vivir desde la raíz hay que bajar hasta la raíz.
Lo demás se nos dará por añadidura”.
Por ello, vamos a enraizarnos en la Palabra cada día, y que por ella
se den las consecuencias que ÉL quiera, para la Iglesia y para toda
la humanidad.
“El que permanece en Mi y yo en él, ése da mucho fruto,
pero sin Mí no podéis hacer nada” .... “Mientras
permanezcáis en Mi y mis Palabras permanezcan en vosotros, pedid
lo que queráis y lo conseguiréis. Jn 15, 5 – 7.
Y todo esto para que nuestra alegría sea completa. Y es que no puede
ser completa mientras no seamos – todos a una - esa imagen real de
Dios que somos, porque si no, no dejamos a Dios ser Dios. Y si de verdad
creemos esto, dejemos a Dios ser Dios, actuar en cada cual transformándonos
(porque la pequeñita experiencia es que nos lleva a límites
insospechados), aún cuando no entendamos, aún cuando no sepamos
muy bien dónde nos lleva, aún cuando no veamos lo que nosotros
aspiramos.
Pero no podemos inventarnos los frutos, porque no nacen aislados, independientes
de la rama, el tronco, las raíces... Alimentémonos de la savia
buena, y ya veremos si salen peras, manzanas, mandarinas o lo que sea, y
serán buenos frutos (aunque nuestra idea primera hubiera sido cosechar
cerezas...)
En esto nos va el ser personas, comunidad, semejanza de Dios... ser algo
que merezca la pena, que nos merezca ser vivido. Y lo que es mucho más
importante: ser instrumento para que otros muchos que viven sin sentido
(y sin analgésicos) puedan encontrarlo
Es evidente que estamos perdidos, desconcertados, entre tanto movimiento
social, que no alcanzamos a saber cómo construir y sabernos verdadera
Iglesia, sentirnos todos Uno. ¿La puerta, el referente? Jesús,
siempre Jesús. Todos estamos en camino, estamos vivos en esta nueva
Iglesia que no sabemos qué cariz tendrá, pero la haremos entre
todos, YA la estamos haciendo.
Para que ello ocurra, quememos nuestras viñas, unamos el tocón
a la Verdad, la única verdad del Evangelio, al Amor gratuito. Así
crecerá una única Iglesia que vive en la Verdad, haciendo
Camino y siendo Vida para los demás.
C) REFLEXIÓN Y AGRADECIMIENTO ANTE LA PALABRA Y LA VIDA
Si yo no tengo Amor, yo nada soy, Señor. Señor: te pido solo
esto.
Nada que no sea para que yo vea. Nada tenga que no sea tuyo. Nada de lo
mío que me sujete y no me deje, libre, seguirte.
Y en el intento, siempre deberé estar contemplando desde mi corazón,
¿Quién es éste, que sube del desierto apoyado en su
Amado? Y sé que mi conclusión final siempre será,
Gracias, Señor, por permanecer a mi lado en las luchas, las alegrías,
las crisis, los éxitos... Gracias por despertarme a la vida sencilla
del Pueblo de Dios, a la vida contigo.
Gracias por amarme y darme la posibilidad de amar al hermano.
Jesús. Te doy las gracias por estar estos días entre nosotros
y en cada uno. Hemos visto la diversidad que hay en la Iglesia y que todos
los caminos y vocaciones nos llevan a Dios, que es el centro de nuestras
vidas. Sigamos trabajando por la Unidad. El Evangelio es sencillo de vivir,
basta con Amar al otro haciendo la voluntad de Dios en cada momento. Así
construiremos el Reino de Dios.
Me siento llamado a descubrir lo que soy desde el contacto con las personas.
Descubrir el ser y el no ser mirando a la historia. Compartir mi vida en
comunidad para poder curar mis heridas en la entrega que haga de mis dones
en el anuncio y encarnación del Reino. Hay que intentarlo, y si solo
alcanzo morir en el intento sé que Dios me levantará de la
muerte, como hizo con su Hijo, Jesús de Nazareth.
Bendito seas, Señor, porque dentro de nuestras diferencias nos unes
a Ti con el llamado que nos haces para servir y evangelizar; cada quién
con su carisma pero para el mismo fin: dar a conocer a Dios.
D) CONCLUSIÓN
El reto se ha lanzado. Ya sabemos cómo decir “... venid y lo
veréis”.