rep VII
salmo todos uno

 

REP VII
¿Son cristianas nuestras raíces?
Madrid-Atazar, 19-21 de noviembre de 2004.

¿SON CRISTIANAS NUESTRAS RAÍCES?

A continuación narramos todas las aportaciones anónimas y por escrito que dejaron todos los participantes en la VII Reflexión Eclesial Plural como lo más esencial e importante que hemos vivido en estos días. Uniendo cada aportación y encajando cada una como piezas de un puzzle, ha salido el siguiente salmo comunitario escrito por el Espíritu a través de cada uno:


SALMO
“NUESTRA RAÍZ”

( “VENID Y LO VERÉIS: MI CASA ES CASA DE ORACIÓN”)

A) EXPECTANTE

Esta mañana, por la ventana, ha sido alucinante encontrar al sol que sale por esa llanura. He pensado que daba gusto estar frente a él, y he sentido que Dios tiene el arte de hacer atractiva la verdad y no persuasiva la mentira. Me he dado cuenta que es un gustazo ponerse de cara a la verdad, de cara al solecito, y que las sombras queden detrás de mi.

Esto me hace tener un enorme sentido de gratuidad a un Dios que nos invita a Su Casa Común, donde todos cabemos y vamos vislumbrando los umbrales de esa tierra nueva que ÉL quiere. Doy gracias por estos momentos de encuentro que me hacen reconocerlo.

En esta ocasión nos, me he estado cuestionando, ¿Son cristianas nuestras, mis raíces? ¿Son de Cristo? Tengo que dejar de preocuparme de las ramas (las mías y las del otro), y con las herramientas de ambos dedicar todas las energías a esa búsqueda: la de Cristo, y cómo Éste vive arraigado en mi, para dar los frutos que el Reino pide y que el mundo espera.

Vemos, he visto con claridad, hemos constatado que no seguimos a “algo”, seguimos a Alguien. Te seguimos a Ti, Señor, nuestro Dios, “Nuestra Raíz”, que nos sostiene y alimenta, que Tú sigues guiando nuestra historia.

B) SOBRE LA RAÍZ
De la Palabra de Dios deducimos que

“Para vivir desde la raíz hay que bajar hasta la raíz. Lo demás se nos dará por añadidura”.

Por ello, vamos a enraizarnos en la Palabra cada día, y que por ella se den las consecuencias que ÉL quiera, para la Iglesia y para toda la humanidad.

“El que permanece en Mi y yo en él, ése da mucho fruto, pero sin Mí no podéis hacer nada” .... “Mientras permanezcáis en Mi y mis Palabras permanezcan en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. Jn 15, 5 – 7.

Y todo esto para que nuestra alegría sea completa. Y es que no puede ser completa mientras no seamos – todos a una - esa imagen real de Dios que somos, porque si no, no dejamos a Dios ser Dios. Y si de verdad creemos esto, dejemos a Dios ser Dios, actuar en cada cual transformándonos (porque la pequeñita experiencia es que nos lleva a límites insospechados), aún cuando no entendamos, aún cuando no sepamos muy bien dónde nos lleva, aún cuando no veamos lo que nosotros aspiramos.

Pero no podemos inventarnos los frutos, porque no nacen aislados, independientes de la rama, el tronco, las raíces... Alimentémonos de la savia buena, y ya veremos si salen peras, manzanas, mandarinas o lo que sea, y serán buenos frutos (aunque nuestra idea primera hubiera sido cosechar cerezas...)

En esto nos va el ser personas, comunidad, semejanza de Dios... ser algo que merezca la pena, que nos merezca ser vivido. Y lo que es mucho más importante: ser instrumento para que otros muchos que viven sin sentido (y sin analgésicos) puedan encontrarlo

Es evidente que estamos perdidos, desconcertados, entre tanto movimiento social, que no alcanzamos a saber cómo construir y sabernos verdadera Iglesia, sentirnos todos Uno. ¿La puerta, el referente? Jesús, siempre Jesús. Todos estamos en camino, estamos vivos en esta nueva Iglesia que no sabemos qué cariz tendrá, pero la haremos entre todos, YA la estamos haciendo.

Para que ello ocurra, quememos nuestras viñas, unamos el tocón a la Verdad, la única verdad del Evangelio, al Amor gratuito. Así crecerá una única Iglesia que vive en la Verdad, haciendo Camino y siendo Vida para los demás.

C) REFLEXIÓN Y AGRADECIMIENTO ANTE LA PALABRA Y LA VIDA

Si yo no tengo Amor, yo nada soy, Señor. Señor: te pido solo esto.

Nada que no sea para que yo vea. Nada tenga que no sea tuyo. Nada de lo mío que me sujete y no me deje, libre, seguirte.

Y en el intento, siempre deberé estar contemplando desde mi corazón, ¿Quién es éste, que sube del desierto apoyado en su Amado? Y sé que mi conclusión final siempre será,

Gracias, Señor, por permanecer a mi lado en las luchas, las alegrías, las crisis, los éxitos... Gracias por despertarme a la vida sencilla del Pueblo de Dios, a la vida contigo.

Gracias por amarme y darme la posibilidad de amar al hermano.

Jesús. Te doy las gracias por estar estos días entre nosotros y en cada uno. Hemos visto la diversidad que hay en la Iglesia y que todos los caminos y vocaciones nos llevan a Dios, que es el centro de nuestras vidas. Sigamos trabajando por la Unidad. El Evangelio es sencillo de vivir, basta con Amar al otro haciendo la voluntad de Dios en cada momento. Así construiremos el Reino de Dios.

Me siento llamado a descubrir lo que soy desde el contacto con las personas. Descubrir el ser y el no ser mirando a la historia. Compartir mi vida en comunidad para poder curar mis heridas en la entrega que haga de mis dones en el anuncio y encarnación del Reino. Hay que intentarlo, y si solo alcanzo morir en el intento sé que Dios me levantará de la muerte, como hizo con su Hijo, Jesús de Nazareth.



Bendito seas, Señor, porque dentro de nuestras diferencias nos unes a Ti con el llamado que nos haces para servir y evangelizar; cada quién con su carisma pero para el mismo fin: dar a conocer a Dios.

D) CONCLUSIÓN

El reto se ha lanzado. Ya sabemos cómo decir “... venid y lo veréis”.