rep VII ponencia
desde el personalismo comunitario

 

 

 


Carlos Díaz

Profesor de historia y fenomenología de las religiones en la Universidad Complutense de Madrid. Impulsor del Instituto Emmanuel Mounier y dtor. de la revista Acontecimiento
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REP VII
¿Son cristianas nuestras raíces?
Madrid-Atazar, 19-21 de noviembre de 2003.


LO DE SIEMPRE

La especie humana (homo viene de humus), última llegada al planeta Tierra, es capaz de lo óptimo y de lo pésimo. Aunque el cosmos tiene 13.000 millones de años, los terrícolas existen desde un millón y medio; el homo sapiens desde hace 200.000 (Paleolítico); desde hace apenas 10.000 años (gran cambio del Neolítico), un número creciente de agricultores y ganaderos sedentarios; desde hace unos 5.000 años, grandes culturas y grandes religiones de la historia primitiva. Si tomásemos 62 años como esperanza media de vida para los últimos 50.000 años de la historia de la humanidad, ahora nos encontraríamos en la vida numero 800, de las cuales 650 vividas en cavernas; desconocedoras de la palabra escrita hasta la generación 70 anterior a nosotros; sólo en las 6 últimas se ha dado la palabra impresa al alcance de las masas; sólo en las 4 últimas exactos cómputos de tiempo; sólo en las 2 últimas motor eléctrico (electrodomésticos); sólo 1, la nuestra, la número 800, ha conocido la mayor parte de los bienes de consumo, y únicamente en los tres últimos decenios ha tenido acceso a la universalización de las redes informáticas y telemáticas: baste decir que un servidor no conoció la televisión cuando fue niño, y el ordenador personal sólo hace unos años.

El sobresalto de la ingeniería genética

Cada mañana la tecnología da un paso adelante. Pero ¿al frente, o hacia el vacío? Como dice Sabato con palabra sabia, «con grandes titulares se nos informa de que la clonación es ya un éxito. Y nosotros, todos los hombres del planeta que no queremos esta profanación última de la naturaleza, ¿qué podemos hacer frente a la inmoralidad de quienes nos someten? La humanidad ha recibido una naturaleza donde cada elemento es único y diferente. Únicas y diferentes son todas las nubes que hemos contemplado en la vida, las manos de los hombres y la forma y el tamaño de las hojas, los ríos, los vientos y los animales. Ningún animal fue idéntico a otro. Todo hombre fue misteriosa y sagradamente único. Ahora, el hombre está al borde de convertirse en un clon por encargo: ojos celestes, simpático, emprendedor, insensible al dolor o, trágicamente, preparado para esclavo. Engranajes de una máquina, factores de un sistema, ¡qué lejos, Hölderlin, de cuando los hombres se sentían hjios de los dioses!».
El desarrollo tecnológico sin el moral puede llevar al colapso de la especie y a la destrucción de la Tierra. ¿Qué nos pasará si usamos la tecnología con un corazón perverso? La ciencia avanza pero la ética retrocede, baste decir que hoy las tres cuartas partes de la humanidad pasan hambre. Carentes de identidades morales, más de la mitad de los europeos opina que en materia de valores todo es relativo, nada verdad ni mentira, sólo según el color del cristal con que se mira.
El humano de hoy es un animal enfermo, etimológicamente hablando (in-firmus, no firme): camina con un pie más corto que otro, ha hipertrofiado su brazo de acero de tecnita, a costa del alma bella de santo. Ojalá que, como especie joven que somos, podamos rectificar y acompasar ambos avances. No parece tan fácil, pues tantas escuelas y universidades del primer mundo no solucionan esta cuestión. Ahora bien, ¿para qué sirve la escuela, si no es para hacernos más buenos, sin dejar por ello de ser más tecnitas?

Los niveles convencionales

Un taxista recoge a un cliente con la idea de asaltarlo en la siguiente esquina, pero antes de llegar a la siguiente esquina es asaltado por su cliente que había parado un taxi con esa idea. A esta hipótesis le cabe una subhipótesis: el taxista recoge al cliente que piensa asaltar ignorando que el cliente va a asaltarlo, pero ambos ignoran que, antes de que puedan hacer nada, digamos a los 25 metros del trayecto, dos maleantes van a encañonarlos para hacer eso que ellos veían pensando hacer. Esta subhipótesis puede derivar en esta subhipótesis: en cuando los dos individuos están encañonando al chofer y a su pasajero, llega una pareja de policías que los detiene, los sube a la patrulla, y los asalta durante el viaje hacia una delegación tan lejana como imaginaria. La subsubhipótesis de este asalto es que el par de policías no tiene más remedio que asaltar a quien se deje para responderle a su superior que lo espera para exigirle las ganancias del día y esto no es ni más ni menos que otro asalto. He aquí, por así decirlo, un auténtico diccionario senequista de las frustraciones.

Dar ejemplo de posconvencionalidad

Invitación a la belleza: deja limpio lo que encuentres sucio, y no a la inversa. Como docente, siempre me encuentro sucia la pizarra de clase, pero me gusta dejarla limpia. Como ciudadano veo cáscaras de plátano en el suelo que procuro recoger y echar en la próxima papelera, no siempre tan cercana. No se trata de convertirse uno mismo en un recogedor de basuras, porque sería imposible. Pero la vida no es una excursión en la que tus residuos molesten al siguiente: no dejes otra huella que no sea la de tu limpieza vital.

Invitación al civismo: evita el peligro a los demás como si del tuyo propio se tratase. Es absolutamente necesario luchar contra el hambre y contra todo lo que mata. Pero además de eso hay que luchar en la vida cotidiana contra batallas que a la mayoría de los ciudadanos les resultan invisibles porque no las sienten como propias. A veces hay cables de luz peligrosos, cloacas sin tapadera, señalizaciones equívocas, etc, y esos peligros siguen ahí por tiempo, incluso causando víctimas. Ante ellos los corazones duros procuran sortearlos ellos mismos y en todo caso alertar a sus amigos. Pero ¿por qué no avisar también a la policía, al ayuntamiento, a los bomberos, a quien corresponda, para que nadie padezca? Mala señal ética la de no llevar ninguno de esos teléfonos de urgencia en la agenda para usarlos cuando corresponda. Estoy persuadido de que quien evita el peligro a los demás tiene andado un buen trecho por el camino de la revolución cotidiana: quien es capaz de lo pequeño es capaz de lo grande.

Invitación a la generosidad: da tu sangre, si puedes. No pidas más derechos que deberes, antes al contrario, sin renunciar al propio derecho, cédelo al necesitado, conviértelo en deber propio asumiendo cargas de quienes menos pueden.

Invitación al esfuerzo: cultiva tus talentos. Quien no cultiva sus talentos es un ladrón: robo cuando utilizo el teléfono del trabajo para uso privado, cuando doy las clases mal, cuando veo demasiada televisión, cuando me levanto tarde, cuando me escudo en el anonimato, cuando soy menos diligente en lo común que en lo mío particular. Robo además cuando respondo como el Comendador a don Juan Tenorio en el drama de Zorrilla: «¿Y qué tengo yo, don Juan, con tu salvación que ver?». Así pues, no robes: participa en la construcción de la ciudad armoniosa, de la familia sana, de tu identidad personal, estudia más para que tu voto contribuya al mejor gobierno.

Invitación a la verdad. La mentira consiste en decir que lo que no es es, y que lo que es no es; elevar el no-principio a principio para no empezar por el principio. Por eso quien miente una vez se ve obligado a mentir dos, la segunda vez para camuflar la primera. La mentira de todos no es menos mentira. Si la mentira pide mentira, la verdad pide universalizar la verdad, mirarla cara a cara, odiar el delito y compadecer al delincuente.

Invitación a la mirada universalizadora. La humanidad es syn-diké, justicia hecha con los demás, por eso soy síndico cuando quiero para todos lo que quiero para mí, evitando para ellos lo que evito para mí; y, si no es posible, compartir hasta donde se pueda siempre para ti lo mismo que para mí, especialmente si tu piel es arruga sobre arruga. Me contaba un preso que un día trasladaron a su mejor amigo del penal en el que estaban y, no teniendo éste nada que darle, se arrancó un diente y se lo entregó. Los pobres siempre dan sus dientes cuando no tienen nada más. Quien ignora a los pobres no descubre la propia riqueza. Quien no se hace pobre con los pobres no se enriquece. Y quien no se enriquece con la lucha superadora de los más pobres no se enriquece con la propia. Descubro en el pobre, y desde la propia pobreza, todas las posibilidades que se albergan en el alma. El mejor regalo que pueden darles a sus hijos es que descubran el rostro de la viuda, del huérfano y del extranjero.

Invitación al diálogo de palabras y de obra. En su desigual relación el león dice al conejillo: «Excelentísimo señor conejo, vamos a dialogar con racionalidad comunicativa, pues por fortuna ambos somos adultos, mayores de edad, demócratas y loquicapaces. Dadas estas premisas, deme cuatro por uno, y agradezca que le proporcione protección frente a otros más feroces y peor educados que yo. Y he aquí que entonces el pobre conejo con cara de circunstancias piensa para sus adentros sin atreverse a decirlo: «Excelentísimo señor león, rey de todas las selvas, ¿cómo vamos a ser contractualmente iguales vuesamerced y yo? Para eso tendríais primero que arrancaros los colmillos, limaros las uñas, cubriros las zarpas, y sobre todo cambiar de corazón».


Invitación a la presencia. Se pueden solucionar muchísimas relaciones disfuncionales del sistema, pero para eso hay que saber dónde duele. A veces, cuando los alumnos descubren que sus padres se engranan en el mecanismo de injusticia, rechazan este nivel. Cuanto sabemos debemos asumirlo para transformar la realidad. Quien no hace nada y se queja es un hipócrita. Hablar mal de los políticos es deporte nacional, y a nosotros no nos interesa en absoluto ese deporte. Se comienza por poco: el que ha llevado una cáscara de plátano cincuenta veces a una papelera se convierte en un buen ciudadano.

Invitación a la mística. Los creyentes, conscientes de que dicha tarea es mayor que sus fuerzas, nos abrimos a Dios a pesar de nuestros incontables fallos. Ponemos este nivel al final y no al principio para poder compartir los tres niveles anteriores con los no creyentes. Pero, aunque vaya en último lugar, se sitúa en primer término.

La genética de poblaciones: ingenuos, tramposos y rencorosos

El análisis realizado hasta aquí forma ya parte de un patrimonio cultural común, por eso nos alegra poder expresarlo también con la genética de poblaciones. En efecto, en los comportamientos de cada individuo y de todo colectivo se darían tres posibilidades básicas, que pueden también aparecer mezcladas entre sí:

Predominio de los genes ingenuos, de la gente buena, del vecino del quinto que siempre quisiste tener. Si todos fuésemos así, la vida en esta tierra sería paradisiaca. Lo que ocurre es que nos comportamos con esa ingenuidad solamente entre el círculo de nuestros amigos y familiares, de onda corta, pero no ampliamos el círculo, llegando incluso a ser tramposos para con los demás, a los que aplicamos la onda larga que deslumbra.

Predominio de los genes tramposos, esa gente que no devuelve los préstamos que prometió devolver, que se prevalece del tráfico de influencias, que manipula y que engaña, llegando a morder la mano que le alimenta. Si todos nos comportásemos así, la vida se parecería a ese infierno del que Sartre dijo que «son los otros». Los primeros en caer aquí serían los menos tramposos, y así sucesivamente por «crisis cíclicas» hasta quedar solamente los supertramposos, que entre sí lucharían a muerte.

Predominio de los genes rencorosos, esos que se limitan friamente a devolver lo prestado y a lo que marca la ley, «dura sex sed lex», en cuyas interioridades no penetran para saber si existen leyes legales aunque inmorales, según la ley del Talión.
Así las cosas, y como no se dan tipos puros ni cristalizaciones estables, ¿podrá más la ingenuidad, el rencor, o la trampa? No cabe establecer ninguna analogía entre los demás reinos físicos y el reino humano. En efecto, si en aquél una manzana pudre a las sanas, en el mundo del espíritu un gen ingenuo puede terminar convirtiendo hacia el lado bueno a un gen tramposo.
Ocurre, empero, que a veces decimos querer ser genes ingenuos (almas bellas) pero no pudiendo cambiar al mundo hacia mejor, antes al contrario empeorando y maleándonos poco a poco nosotros mismos en el intento, terminamos por recluirnos en nuestra propia coraza, metamorfoseándonos al fin como corazones duros. Las calles están empedradas de gentes que, tras haber comprobado la dureza del mundo, llevan puesto el caparazón protector, aunque tampoco aquí falten quienes se vendan antes de que les llegue la herida porque en el fondo deseaban momificarse. En cualquier caso, ¿es más grande la fuerza del mal que la del bien, o al contrario? Si lo primero, nuestra acción militante contra el mal estará justificada; si lo contrario, ¿para qué obstinarse entonces en frenar el mal? El bien vencerá, pero el bien hay que promoverle porque no cae de un cocotero y es preciso madrugar. El bien viene hacia nosotros y se nos ofrece para bene-ficiarnos, pero hay que emprender la decisión de tomar el relevo, de aferrar la antorcha, de participar de la única forma posible cuando del bien se trata: compartiendo.

Carlos Díaz


- Cuanto más criticamos más nos evadimos para afrontar nuestra realidad.
- El amor no muere nunca
- El resentido es el que lleva siempre la norma de la verdad. No debemos juzgar sino vivir el Evangelio. Desde aquí se cae todo lo que esté contaminado en la Iglesia.
- Sólo quiero mirar con los ojos con los que Jesús me mira
- La Iglesia es ante todo una comunidad de hermanos, de bautizados, de profetas, sacerdotes y reyes.
- Nosotros no somos lo que hacemos sino lo que somos. El hombre es lo que ama y sobre todo lo que ama dejándose amar. El capitalismo muere de éxito vacío porque falta amor.