rep VI
ponencia

 

 

 

María Eugenia
Casada. Profesora.
Casa para la comunión y la vida. Sevilla.

REP VI
Fieles ¿A quién?
Madrid-Atazar, 21-23 de noviembre de 2003.

Sobre los Espacios para la Comunión

La clave está en dejarse invadir, en dejarse renovar, en convertirnos, y que sea el encuentro con Dios el que lleve a la necesidad de unidad. Porque Dios en esencia es Uno, y si estamos llamados a ser como Él, "ser perfectos como mi Padre es perfecto", "ser Uno como mi Padre es Uno", ese encuentro con Dios de verdad nos tiene que llevar a la unidad, a querer ser Uno con nosotros mismos, con nuestra familia, dentro de nuestra realidad. Yo creo que el encuentro con Dios nunca nos puede llevar a una separación, nunca nos puede llevar a una ruptura, nos tiene que llevar a un caminar hacia delante, no a una ausencia de conflictos. Cuando hablan que la salud no es la ausencia de enfermedad, sino que es mucho más, la Unidad no solamente es que hagamos cositas juntos, es mucho más.

Nunca me he sentido tan iglesia como ahora, porque es ahora cuando he comprendido, cuando estoy comprendiendo, porque nunca lo termino de comprender, de alcanzar (y ese es el morbo que me hace estar aquí), que esto si no es dentro de la iglesia, si yo lo quiero hacer aparte, no tiene sentido. La iglesia es de Dios y Dios está con su iglesia. Y a pesar de sus luces y sus sombras, Dios cuenta con ella para llevar a cabo el Reino.

Me voy a centrar en el espacio Todos Uno en Sevilla. El simple hecho de decir hoy "el espacio" es para mi un reto, porque hemos estado un año diciendo "Bueno, somos un grupo…, ¡Grupo no! … es un espacio…" Yo, con mis cortas luces no lo terminaba de entender, para mi un espacio me sonaba a otra cosa. A lo mejor si hubiéramos hablado en lugar de espacio de "mesa camilla" lo habría entendido mejor: "es la mesa camilla donde todos nos vamos a sentar alrededor, donde vamos a compartir cada uno desde su generación, su mentalidad". Un compartir desde la diversidad. Teniendo claro que, a lo mejor, no es tanto a donde queríamos llegar, como lo que estábamos compartiendo.

Dicho en el poema "Viaje a Itaca": a lo mejor lo importante no es a dónde vamos a llegar, sino todas las experiencias que vamos a vivir en el camino. Y a veces nos obsesionamos con a dónde queremos llegar, qué vamos a conseguir, y se nos escapa muchas veces todo lo que vamos viviendo en el camino.

Cuando me paro a hablar del espacio Todos Uno de Sevilla no voy a hacerlo de hasta dónde hemos llegado, sino de todas las experiencias que hemos vivido desde que nos reunimos por primera vez en noviembre del año pasado. Fue una experiencia de lo más maravillosa, porque de todos los que estábamos allí, ninguno tenía ni idea de nada. Y yo estaba acostumbrada a llegar a un sitio donde uno, que lo tenía todo muy claro, nos lo contaba, y después nosotros decíamos "no es verdad". Y allí nos lo contaron, pero ¿quién nos lo contaba?. Y como no entendíamos nada, pensamos que tenía que ser de Dios. Y, como iba a costar mucho, tenía que ser de Dios. Y, cuando fuimos por primera vez a hablar con el vicario del obispo, tenía que ser de Dios.

De entrada: "Nombre:…" Y nosotros no tenemos nombre. "Tenéis que tener un nombre: movimiento, grupo, reglas… algo escrito" No tenemos nada de eso. "¿Qué pretendéis, si no tenéis nombre?" Nosotros creemos que la iglesia es Uno. "Perdona, eso ya lo sabemos. La Iglesia es Una, Santa y Apostólica.(si eso casi lo he escrito yo)" Nosotros lo que pretendemos es … verá como Dios es la unidad trinitaria… "Eso tampoco es nuevo, ya sabemos que Dios es Padre, Hijo y espíritu Santo. A ver, ¿qué es lo que queréis?" Verá, queremos crear un espacio donde la gente pueda, donde todos lo movimiento y todos. Donde podamos sentarnos todos y reflexionar.. "Pues eso es lo que ya hacemos ¿traéis algo nuevo?....

Salimos como muy contentos, pensando que esto es de Dios. Es de Dios porque parece que todo lo de Dios provoca incomprensión. Pero ¿cómo nos iban a comprender, si yo, después de tantas experiencias vividas, tampoco lo comprendía del todo? Pero sí había en nosotros una gran ilusión. Nada de esto venía de un <iluminado> que había escrito un libro y nos decía por dónde teníamos que ir. Esto tenía que partir de todos. La clave está en lo que de Dios y de unidad todos podemos aportar.

En ese sentido de igualdad, en esa línea de no ser más (pero tampoco ser menos) todos tenemos algo que aportar. Y ahí se va creando la unidad.

En Sevilla nos reunimos una vez a la semana. vamos, de vez en cuando a vernos con el vicario, al que el Espíritu ha hecho cambiar mucho, ya no se fija tanto en quién convoca, cómo nos llamamos, está muy abierto a lo que le proponemos, ya dice "nosotros" en lugar de "vosotros" . Vamos caminando, visitamos algunas parroquias, hablamos con los párrocos, nos encontramos con la gente, con los representantes de los distintos movimientos. Y lo único que pretendemos es dejarles esa inquietud, para que la unidad sea fermento dentro de la parroquia, de la diócesis, dentro de todos los grupos, las congregaciones.

Es verdad que cuando te encuentras con gente que sabe más, es más difícil, porque es más difícil que se desprenda el que tiene, que lo haga el que no tiene. Pero ahí está el reto.

Ha supuesto un cambio en lo personal, en mi vida muy fuerte, porque yo lo intento ver ya todo en clave de unidad. En clave de una unidad que por un lado es lucha y por otro lado es comerte tu orgullo, es bajarte. Creo que uno de los puntos clave de la unidad es el servicio. Y por eso es tan importante sentirnos en ese plano de igualdad y, a la vez, como mucho sentir que el otro es más que yo.

Muchas veces vamos con una prepotencia, con un sentirnos dueños de la verdad, "yo lo estoy haciendo bien", "vosotros lo estáis haciendo mal", porque nos han educado en eso, en sentirnos a nosotros mismos como la verdad. Y ¿quién es Jesús para venir y decirnos que Él es la Verdad?, si algo de verdad tenéis vosotros es a través de mí. ¿Cómo yo, si me creo superior al otro, me voy a agachar y me voy a poner a lavarle los pies? ¿Cómo yo, si me creo superior al otro, voy a estar en un plano de igualdad, de unidad? Como mucho diré: vamos a hacer cosas juntos (y si las organizo yo, mejor).

A veces nos unimos para la foto de familia, pero ¿nos sentimos familia? Yo no me llevo igual con todos los miembros de mi familia. Cuando decimos hermanos no es que estemos todo el día dándonos besitos. ¿Dónde están los sentimientos de fraternidad que nos faltan? De Fraternidad con mayúsculas. Y sin embargo decimos todos los días el Padre Nuestro. Y yo, de verdad, lo digo cada día con la boca más chica.

Hay que beber de la única fuente, que es la Palabra. Igual que perdemos un tiempo en mil cosas, en mil circunstancias, vamos a pararnos y vamos a, todos los días, tener un encuentro con la Palabra, no tanto para interpretarla, para pensar lo que a mí me dice la Palabra, como para dejar que Ella hable. Que es que no sirve para otra cosa.

Será desde este encuentro con la Palabra cuando la unidad se dé. No la vamos a hacer nosotros. Aquí no pone "los hacedores de la Unidad", ni los "tres en uno", que podríamos llamarnos también (aunque esto a lo mejor tiene copyright).

En realidad, ¿qué pretenden ser los espacios Todos Uno? ¿Cuál es el sueño de las casas para la comunión y la vida? (A veces se nos olvidan los sueños, se nos convierten en pesadillas: que mal que lo hace la Iglesia, tenemos la verdad, tenemos a Dios y no hacemos nada… Estamos llamados a soñar. El evangelio es un sueño. Un hermoso sueño. Porque viene la gente y se pregunta si lo que presentamos es el Reino de Dios, por nuestra esperanza. "El Señor es alegría", decimos sin ninguna alegría. Soñemos y reflexionemos todos los días ¿sigo soñando? ¿o mis sueños se quedaron en la adolescencia? Quedémonos dormidos en presencia de Dios y nos encontraremos con Él, y encontrémonos con nuestra inocencia perdida de cuando éramos pequeños y no sabíamos tanto y preguntábamos: papá, y esto ¿cómo se hace?.)

· La unidad que perseguimos desde estos espacios es, ante todo, una unidad trinitaria. Nacida de la misma esencia de Dios, uno y trino, uno y diverso, uno y plural.

· Queremos llegar a la verdadera espiritualidad de comunión. (ef 4) (LMI 43). Auténtica y constante.

· Una comunión que se viva en todo momento y en todo lugar.

· Es una tarea global, desde todos y para todos, siempre haciéndose, nunca descubierta. Los espacios todos uno sólo son el instrumento, no van a solucionar la historia. Deberían pasar totalmente desapercibidos. Que se vean nuestras obras, nuestros frutos, y que lleven directamente al Creador.

· Que sea desde todos. Sin "iluminados" que muestren el camino. Sin protagonismos de parcialidad o de miembros.

· Es un concilio y una consulta permanente. Un Pentecostés continuo. Si no viene el Espíritu poco tenemos que hacer. Pero el Espíritu Santo, no el que cada uno se monte. No atribuir al Espíritu nuestros mecanismos de defensa, nuestras tradiciones, lo sabido, lo que nos dijeron.

· Trata de ser un aguijón de lo "sabido", que acaba haciéndonos olvidar la esencia. El aguijón pincha. Jesús pasó por el mundo creando conflictos, siendo aguijón, diciendo verdades, pero con misericordia. Y ahí está el misterio, ahí está el reto: cómo ir diciendo la verdad, cómo ir buscando la verdad, cómo ir descubriendo la verdad, cómo ir creciendo en fidelidad y teniendo en claro la fidelidad a quien. Y todo eso con misericordia y con amor. Con el Señor lo podemos todo, Él es nuestra fuerza.

· Un buscador de lo nuevo, de lo bueno y de lo eterno de Dios. Lo bueno del Génesis, lo nuevo del Apocalipsis, lo eterno de todos los tiempos.

· Su raíz es Emmanuel, Dios-con-nosotros, Dios-con-todos. A veces no nos creemos egoístas porque ya no decimos "yo", sino "nosotros", pero nos hemos quedado en el egoísmo del "nosotros"; vamos a hablar de "todos".

· Un detector de lo que es la Verdadera Sabiduría y de lo que no construye la unidad plural. La Verdadera Sabiduría que viene de la Palabra. Por medio de la oración tenemos que ir viendo cuántas cosas hacemos a lo largo del día, sentimos a lo largo del día que no están creando unidad plural. Cosas que están creando división.

· Trata de ser una puerta estrecha para cada miembro, para entrar todos juntos en el camino de la salvación. Por la puerta estrecha tiene que entrar cada uno cuando lo vea, sin forzar a nadie, sin pegarnos empujones unos a otros; pero sin escudarnos en el "todos". Todos no asumen la responsabilidad. La responsabilidad la asume cada uno. Hay que dar una respuesta personal a la llamada del Señor. Asumir desde lo más profundo de nuestro corazón el "Hágase en mí, Señor", para luego estar todos en el camino que hay detrás de la puerta.

· Un descubridor de la ultimidad que significa el gozo y plenitud de la auto-expropiación. Ser último. Desprendernos de nuestras cosas, de nuestras ideas. No ser último por serlo, sino ser último para servir. Considerar al otro más que yo. Es cuando uno se siente uno con el otro; es cuando el otro nota que eres uno con él; es cuando el mundo cree. Cuando se cumple la Palabra de Dios.