rep V
salmo todos uno

 

 

 

REP V
¿Unidad o Comunión?

Madrid-Atazar, 22-24 de noviembre de 2002.

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SALMO ATAZAR.
(se leyó en la Eucaristía)

La Asamblea plural o pequeña porción del pueblo de Dios, unas ochenta personas, convocada en el Atazar, los días 22 al 24 de noviembre de 2.002, y formada por comunidades religiosas, comunidades seglares de distintos carismas, presbíteros, teólogos y pastor de Iglesia hermana, así como miembros vivos del pueblo peregrino de Dios y hermanos de distintos países de Latinoamérica, creemos haber visto, de parte de Espíritu manifestado por todos, lo siguiente:

¿Quién mueve los hilos del cuerpo de la Iglesia?. La Palabra. Desde la Iglesia de la Palabra, Dios habla con claridad en todo aquello que ocurre que no está en clave de lo que quiere. Pero, igualmente somos conscientes que todo lo que no nazca de todos no tiene el sello de la esencia de Dios y su Palabra. "No nos condenes, Señor, a estar solos, a pesar de estar juntos. Permítenos estar juntos, a pesar de estar solos". Por eso creemos que llega el momento de plantearnos, en clave comunitaria, si lo que estamos haciendo está de acuerdo con la voluntad del Señor. Y hacerlo con los que estamos de acuerdo y con los que no. Porque lo que hemos de compartir no es lo que sabemos, sino lo que vivimos.

Dios nos llama a una misión que ha de manifestar la unidad trinitaria. Un favor os pido, yo, el prisionero por el Señor: Que viváis a la altura del llamamiento que habéis recibido; sed de lo más humilde y sencillo, sed pacientes y conllevaos unos a otros con amor. Esforzaos por mantener la unidad que crea el Espíritu, estrechándola con la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una es también la esperanza que os abrió su llamamiento; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, que está sobre todos, entre todos y en todos (Ef 4,1-6),
para que el mundo crea y para lo cual, hoy en día, es necesaria, con Juan Pablo II, una espiritualidad de comunión., según se nos dice en la Novo Millenio Ineunte (nº 43):
"Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión: éste es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo".
Espiritualidad de comunión que significa: Una mirada al corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado.
Capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico y, por tanto, como "uno que me pertenece", para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad.

Capacidad de ver todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un "don para mi", además de ser un don para el hermano que lo ha recibido directamente.
Saber dar espacio al hermano, llevando la carga de los otros (Gal 6,2), rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos acechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias.

La clave y eje del camino será amarnos con Él nos ha amado, modo que habremos de ir descubriendo en nuestro progresivo y cada vez más profundo encuentro con Él y siguiendo su camino de abajamiento (kénosis)
Entonces, si han un estímulo en el Mesías y un aliento en el amor mutuo, si existe una solidaridad de espíritu y un cariño entrañable, hacedme feliz del todo y andad de acuerdo, teniendo un amor recíproco y un interés unánime por la unidad. En vez de obrar por egoísmo o presunción, cada cual considere humildemente que los otros son superiores y nadie mire únicamente por lo suyo, sino también cada uno por lo de los demás.
Entre vosotros tened la misma actitud del Mesías Jesús:
Él, a pesar de su condición divina,
No se aferró a su categoría de Dios;
Al contrario, se despojó de su rango
Haciéndose uno de tantos.
Así, presentándose como simple hombre,
se abajó, obedeciendo hasta la muerte,
y muerte en cruz.

Por eso Dios lo encumbró sobre todo
Y le concedió el título que sobrepasa todo título;
De modo que a ese título de Jesús
Toda rodilla se doble
-en el cielo, en la tierra, en el abismo-
y toda boca proclame que Jesús, el Mesías, es Señor,
para gloria de Dios Padre,
Y desde el último lugar, siempre al servicio de los demás.

Hemos de aprender a ponerle apellidos a las palabras. Y relativizar nuestras definiciones. Sabemos y somos conscientes que todo esto no es sólo problema de conversión sino también de formación y educación, aunque, en definitiva, no será de ahí de donde salga la unidad. Sí saldrá de la comunión con Jesús. Si no es así no entramos en una relación de unidad profunda. Hace falta la experiencia de conversión, de cambio de mentalidad (Rom 12,1-2).

La Iglesia, en su pluralidad, ha de ser escuela de comunión, a través de esas comunidades vivas y que atraigan desde el testimonio y la alegría del amor recíproco que identificaba a las primeras comunidades. Hacer de la Iglesia del siglo XXI la Iglesia del siglo I.

Para llegar al "todos uno" en clave de universalidad, el nosotros a que hace referencia el Padre nuestro, es imprescindible el silencio existencial que llega a través del vaciamiento del yo egoísta que llevo dentro, y así descubrir la riqueza maravillosa del otro. A esto nos lleva la mística, a entrar con totalidad y radicalidad en el misterio de Jesús, a través de la fe, la esperanza y la caridad. Quien no expone la vida no puede llegar a la unidad. Lo cual, por supuesto, entraña también la gracia del perdón así como la necesidad de reconciliación. Todo, igualmente, en clave de misericordia.

Queremos pasar de la confusión al conocimiento, del conocimiento al encuentro y del encuentro a la fraternidad. Crear un espacio de búsqueda de unidad, una llamada al corazón de cada uno donde, desde la gratuidad total y plena libertad, nos pongamos al servicio de la unidad. Unidad vivida en comunión, a través del apasionamiento y seducción por la misión común recibida.

Sin seducción no existe comunión, ni unión, ni misión.