rep V
qué es y pretende

 

 

 

REP V
¿Unidad o Comunión?

Madrid-Atazar, 22-24 de noviembre de 2002.

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UNA LLAMADA A NUESTRO INTERIOR
¿UNIDAD O COMUNIÓN?


¿Es la unidad un cajón de sastre donde cabe todo?
¿Es la comunión una puerta que lleva inevitablemente a la uniformidad?
¿Cómo adentrarnos con gozo, sin justificaciones ni engaños, en la Unidad que Jesús quiere para todos su seguidores y para todos los que aún no le conocen?
¿En qué medida tú, tu movimiento, tu comunidad, tu parroquia, la vida religiosa, la teología, los pastores, la diócesis, la Iglesia, el ecumenismo... siembra semillas de Cuerpo porque vive en clave de universalidad?

TELÓN AMBIENTAL Y DE FONDO DEL ENCUENTRO. ¿Cómo crear una conciencia plural en la Verdad nacida del Espíritu que manifieste la necesidad de la Unidad Trinitaria del Padre y el Hijo, única capaz de encontrar y alcanzar a comprender la trascendencia y universalidad contenida en las palabras de Jesús en Jn 17?

La Palabra de Dios de hoy, 15 de noviembre de 2.002, en la segunda carta de San Juan nos dice, en su versículo 2, "Os amo por causa de la verdad que está en nuestro corazón y que estará con nosotros para siempre". También nos dice en el versículo 8, "Tened cuidado en no perder el resultado de vuestro trabajo; procurad recibir vuestra recompensa completa".

Cierto canto de hace bastantes años decía en una de sus estrofas, "Buscaré, seguiré la verdad en mi corazón". No sabíamos entonces que existiese esta Palabra del comienzo, pero hoy, al leerla, no hemos podido por menos recordar el canto al que aludimos; se llamaba, "VIVID EN EL SEÑOR".


Una necesidad profunda de todos es descubrir, tener conocimiento y conciencia de

1. lo que hacemos,

2. lo que pensamos,

3. lo que nos preocupa,

4. lo que nos mueve,

5. lo que nos dificulta,

6. lo que queremos y lo que no queremos,

7. lo que soñamos,

8. nuestra posible dispersión inconsciente,

9. lo que nos totaliza,

10. lo que somos incapaces de salvar.

- No todos tenemos posibilidad de respondernos a nosotros mismos,

- No todos tienen capacidad para plantearse este tipo de cuestionamientos,

- No todos se atreven a hacerse esas preguntas en la profundidad, la trascendencia y sinceridad que demandan, ya que, en la respuesta, aparecen datos, situaciones, circunstancias de muchos tipos y raíces ante las que nos sentimos impotentes para hacerlo...

¿UNIDAD o COMUNIÓN? Este encuentro pretende reflexionar sin condicionamientos el tema de la Unidad y Comunión desde dos ópticas:

1.- Desde los documentos de la Iglesia,

2.- Desde la Palabra de Dios.

1.- Desde los documentos de la Iglesia:

Nos apoyamos en primer lugar en "lo último oficial", que tanta influencia y fuerte impacto ha tenido en toda la Iglesia. Nos referimos a la Novo Millenium Ineunte, y más concretamente aún, en el punto 43 de la Carta Apostólica de Juan Pablo II.

Dicho punto, de forma directa, nos dice:

"Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión: éste es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo".

¿Qué significa todo esto en concreto? También aquí la reflexión podría hacerse enseguida operativa, pero sería equivocado dejarse llevar por ese primer impulso. Antes de programar iniciativas concretas, hace falta promover una espiritualidad de comunión, proponiéndola como principio educativo en todos los lugares donde se forma el hombre y el cristiano, donde se educan los ministros del altar, las personas consagradas y los agentes pastorales, donde se construyen las familias y las comunidades. Espiritualidad de comunión significa ante todo una mirada al corazón sobre todo hacia el misterio de la trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado. Espiritualidad de comunión significa, además, capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico y, por tanto, como "uno que me pertenece" para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad. Espiritualidad de comunión es también capacidad de ver, ante todo, lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: Un don para mí, además de ser un don para el hermano que lo ha recibido directamente. En fin, espiritualidad de comunión es saber "dar espacio" al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (Gal 6,2), y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos acechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias. No nos hagamos ilusiones: sin este camino espiritual, de poco servirían los instrumentos externos de la comunión. Se convertirían en medios sin alma, máscaras de comunión más que sus modos de expresión y crecimiento".

· Medios sin alma,

· Máscaras de comunión...

La Iglesia ha de presentarse y ser una Escuela y una Casa para la Comunión. Más bien, para la Comunión que da razón y manifiesta la VIDA.

· La Vida del Verbo,

· La Vida que no muere,

· La Vida Resucitada más allá de todas las muertes que suponen las inconsciencias, los aparcamientos, las inhibiciones, las des-encarnaciones, los despistes acumulados históricamente, que no permiten enfrentarse con el "renacimiento" de lo que jamás debió ausentarse de los esquemas de seguimiento a la Palabra, al Verbo, a Jesús de Nazaret, Hijo de Dios hecho carne para alimentar el hambre de Dios de todos los hombres, el Único que es la Vida.

Espiritualidad de Comunión... ¡Cuánta reflexión, cuánta Oración, cuánto sufrimiento por parte de Juan pablo II hasta decidir manifestar a toda la Iglesia -viva y operante exclusivamente para ser presencia del Reinado de Dios- que no se trataba de nuevos métodos, nuevo ardor, nuevas expresiones e impulsos sino que, para que se dé una Nueva Evangelización, lo que hoy necesitamos es UNA ESPIRITUALIDAD DE COMUNIÓN. Espíritu de Comunión de los que nos debemos a esta tarea, y que, por lo que nos manifiesta tal expresión, todos cuidaremos mantener los distintos carismas según al que cada uno se debe, pero manifestando la comunión como primicia en cuantas distintas expresiones y revelaciones hagamos en favor de la misma.

Decía Helder Cámara, "No nos condenes, Señor, a estar solos, a pesar de estar juntos. Permítenos estar juntos, a pesar de estar solos".

Según la esencia de lo que manifiesta el pensamiento de Dom Helder Cámara, "Ningún hombre, en nombre del Evangelio, puede utilizar, y menos abusar de nadie. Hemos nacido para la Libertad y estamos llamados para ser Libres, y sólo desde ahí hemos de servirnos, hasta hacernos esclavos unos de otros, por Amor (Gal 5,14). Sólo así lograremos crear una verdadera Comunión Trinitaria entre todos".
Y con Juan Pablo II, nos cuestionamos, ¿Cuál es esa espiritualidad de la comunión? El Papa nos manifiesta en qué consiste:

§ "Una mirada al corazón desde el misterio trinitario que habita en nosotros.

§ Reconocer su luz en el rostro de los hermanos.

§ Sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo Místico, como alguien que me pertenece.

§ Atender sus necesidades y ofrecerle una profunda amistad.

§ Ver lo que hay de positivo en el otro.

§ Valorarlo como don de Dios para mí.

§ Llevar mutuamente las cargas.

§ Rechazar tentaciones egoístas que engendran competitividad, desconfianzas y envidias.

¿Es que todo lo que nos manifiesta Juan Pablo II no está en la Palabra de Dios y la Vida de Jesús? ¿Es que acaso la Palabra de Dios no nos invita a todos a comulgar-nos, a ser comida y bebida como ÉL lo hizo y como lo sigue haciendo cada día? ¿En qué medida pensamos en ello, qué nos dice personalmente y adónde nos lleva referir esta expresión? ¿Acaso no debiéramos pensar en que dicha expresión nos cuestiona, nos reta, intenta movernos en lo más hondo de cada uno para revisar qué es lo que hemos entendido del Mensaje de Jesús y a qué Espíritu es al que queremos seguir, si lo que hacemos está verdaderamente en la clave y sumergido en lo que la Vida de Jesús nos transmitió? Más bien, ¿no debiéramos contemplar y entender que a lo que se nos llama es a revisar en qué medida nuestros presupuestos y los espíritus que los mueven están bajo el mismo Espíritu, se comulgan, dan razón de estar todos dentro de la línea esencial manifestada y vivida por Jesús de Nazaret, que no vino a hacer su voluntad, sino la de Su Padre, que era la que le alimentaba para reconocer el Plan de Dios que debía mostrar a todos los hombres, sobre todo, a los que estuviesen dispuestos -en Su Nombre- a llevarlo a cabo?.

Creo que la Carta Apostólica de Juan Pablo II, finalmente y en definitiva, nos denuncia a todos a que examinemos y contemplemos nuestra lejanía del Proyecto y de la Palabra, que con tanta transparencia y sin doblez nos manifiesta Is. 55,8 y Rom. 12,1-2.

La espiritualidad de comunión -que existe desde siempre- la sentiremos en el alma tras una conversión del pensamiento propio al pensamiento de Dios. Hablar de ella sin que cada uno nos enfrentemos ante la Palabra en Libertad y por decisión propia, no nos llevará más que a mantener las máscaras de comunión de la que nos habla en la N.M.I.

2.- Desde la Palabra de Dios:

Junto a todo lo que podamos tener como conocimiento comprobado según el espíritu evangélico, damos razones y Palabra de Dios que nos ayuden a comprobar -desde sí mismo y los razonamientos que queramos darnos cada uno hasta sabernos dentro de esa espiritualidad- si nuestra concepción sobre la misma está suficientemente fundamentada.

1. UNIDAD, desde su concepción estricta, y de la que Jesús nos da su raíz y sus consecuencias. Jn 17,1-21.

2. UNIDAD, desde el sentido de la TOTALIDAD en la que tiene razón de ser y encuentran complementariedad todas las parcelas, miembros, carismas que la construyen. 1Cor 12.

3. UNIDAD, sobrevenida desde el darse a comer de Jesús, como alimento para todos, y que de forma física pide a sus discípulos hacerlo como ÉL lo hizo. Todos sus seguidores comulgándonos unos a otros, y desde la COMUNIÓN DE TODOS CON TODOS, ser alimento de Dios -en Espíritu y en Verdad- para toda la humanidad. En esto reside el alimento del Reino y el Cielo Nuevo y la Tierra Nueva aquí en esta tierra de los hombres (1Cor 11,17-34).

- ¿Quién moverá mi boca para hablar de Dios?
Ef 4: Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos,

- ¿Cómo pasar del uno al todos y cómo todos sentirnos uno?
Se dice que hemos de recoger con él, porque, de lo contrario, desparramamos. En esta Iglesia que estamos el desparramamiento está oficializado, Cánones, prelaturas, párrocos, etc.

- ¿Cómo no hacer juicio y ver que yo soy el primero que desparramo? Y ¿cómo llegar a ser uno, no para yo ser bueno, sino para que el mundo crea?
Desde la Iglesia de la Palabra, Dios habla con claridad en todo aquello que ocurre que no está en clave de lo que quiere. Todos hablamos de la Palabra, pero ¿realmente la Palabra preside hoy la vida de la Iglesia? ¿Es la Palabra la que le da su razón de Ser?
No he saboreado el gozo de sentir y oír a Dios decir: Vicente, ¿me ayudas? Y es que Dios nos llama para construir su Reino.
Decía Monseñor Romero que el cristianismo está por estrenar. Y es porque la Palabra no es la que preside a la Iglesia.
Dice Jesús que por sus frutos nos conocerán. Y, la realidad es que no damos los frutos que el Señor nos pide. Ni son abundantes ni duraderos. Lo nuevo eterno aún no se ha estrenado y está en nuestras manos esa posibilidad. ¿Lo creemos así? ¿Sería muy descabellado decir: desde mí la Palabra de Dios se va a estrenar? Y es que yo, siendo lo que soy, puede hacer todo el bien (o todo el mal) desde lo que sé que soy.
Y para todo eso necesitamos fe. Si me fío todo será multiplicado. Es lo de los talentos. ¿No será, entonces, que estamos enterrando los talentos por temor? Oigamos, pues, a Jesús que nos dice continuamente: No tengas miedo, soy yo.
Pedir al Señor sin escrúpulos que nos utilice.

- ¿Qué es lo fundamental que he descubierto? Que todo lo que no nazca de todos, no tiene el sello de la esencia de Dios. Ya los escrúpulos se habrán acabado. Porque ya no soy yo, sino el todos.
Leer el número 43 de la Nove Millenio Ineunte, sobre la espiritualidad de comunión (Espiritualidad que tiene que ser trinitaria y salir de la reflexión conjunta de la Palabra de Dios). El Papa pide esa espiritualidad porque ve que los grupos de la Iglesia no se comulgan.
Dependiendo de la urgencia que veamos en todo esto, el dolor de parto, así estableceremos su necesidad interior y exterior. Interior, creando en cada uno un especio permanente de unidad. Y exterior, dando salida a ese espacio, como quiera que sea, porque el mundo lo está esperando para creer en Dios.
Pero para esto hace falta una nueva relectura de la Biblia, una nueva reflexión sobre la Palabra de Dios. La Iglesia será casa de comunión cuando quien entre en ella se vaya revestido de la vida de Dios. Nosotros somos los que tenemos que descubrir esa vida del Verbo. La vida resucitada más allá de todas las muertes que nos rodean cada día.

Recordar aquello de San Pablo a los corintios (1ª,11): Hacedlo como Yo lo he hecho. Comernos y dejarnos comer y beber. ¿Son, esto, tonterías o realidades? Que cada uno discierna cómo comulga y si se deja comulgar.

Que el Señor nos haga ver si estamos convencidos de lo que hacemos. Y de lo grandísimo a lo que hemos sido llamados, porque, todo lo que no nazca del convencimiento del alma, no llegará a ningún lado.

PROVOCÁNDONOS UN POCO: ¿Al servicio de quién estamos? ¿A qué señor servimos? ¿Hacen falta, quizás, unas circunstancias especiales para hacer el seguimiento? ¿No estaremos siguiendo al "malo" en poder de quien estamos (1Jn)? ¿No llega el momento de plantearnos si lo que estamos haciendo está de acuerdo con la voluntad del Señor? ¿Cuándo nos ayudaremos todos a eso? Porque la realidad es que, o lo hacemos entre todos, o no es de él.

Ante todo lo bello y nuevo que nos presenta, hemos de pedir al Señor que nos haga humildes y que nos abra los oídos. Desde el convencimiento de que no nos pide nada que esté fuera de nuestro alcance (Dt 30).