ponencia
UNIDAD Y COMUNIDAD
dede la Vida Religiosa
"Me
gustaría que las hermanitas comprendieran bien hasta qué punto
la Unidad es nuestra misión primordial. Os he dicho muy a menudo
que si se me pidiera definir con una sola palabra la misión de la
Fraternidad, no dudaría un minuto en decir: Unidad, ya que, esta
palabra lo resume todo". (Hta. Magdeleine).
Somos una Congregación religiosa fundada en 1939, presentes en 58
países y de 64 nacionalidades. Nuestra lengua común son el
francés y el inglés (¡y la del amor!). Somos unas 1.350
hermanitas y vivimos en pequeñas fraternidades de tres ó cuatro.
Entre nosotras hay algunas de otras Iglesias.
La vocación a la que estamos llamadas es vivir una vida contemplativa
centrada en la Eucaristía, en medio del mundo, en particular entre
los más desfavorecidos, deseando imitar a Jesús en Belen y
Nazaret, en la caridad fraterna y universal. Nuestros guías son el
Hno. Carlos de Foucauld y Hta. Magdeleine y un estilo de vida siguiendo
a JESÚS EN NAZARET.
Hablamos de Nazaret porque es nuestra plataforma, el lugar desde donde nos
situamos y desde donde deseamos vivir nuestra vida religiosa y la unidad.
NAZARET es para nosotras la manera de vivir de Jesús como la gente
sencilla de los barrios, una vida corriente, cotidiana, con las personas
a las que intentamos estar atentas; vida de amistad con los más pequeños,
donde lo que cuenta es la calidad de la relación. Nazaret es el lugar
que Dios escoge para hacerse carne, historia
.Y es ahí que se
revela la hondura humana de Jesús, la ternura de Dios por el hombre,
su fidelidad
.. es como una joya. Nazaret es un vaivén entre
la presencia a Dios y la presencia a las personas. Allí Dios siembra
en nosotras la contemplación, que es lo más vital en nuestras
vidas; de allí sale nuestro testimonio de vida, los gestos de amor
que se hacen sin darse cuenta.
Es un lugar que nos pide obediencia, quedarnos allí, no evadirnos
a otra clase de vida, sino esperar que en lo cotidiano, encontraremos respuestas.
Este Nazaret lo vivimos EN COMUNIDAD, que es, para nosotras lugar de conversión,
camino inacabado en el que aprendemos a ser mujeres de un pueblo, consagradas
a Dios y a nuestros hermanos y hermanas. Como Jesús, con los que
no tienen poder
.
La Unidad se construye a través de nuestras diferencias, y muchas
veces estas diferencias son también causa de sufrimientos y conflictos.
Es una llamada para ir al encuentro del que es diferente, "haciendo
alianza".
La Comunidad es para nosotras un lugar privilegiado para aprender a vivir
la Unidad: lugar de acogida, de perdón, de vida, de crecimiento
y de misión. Hemos de estar muy atentas para no nivelar nuestras
diferencias, al contrario, reconocerlas y enriquecernos con ellas, en fidelidad
al carisma fundador.
Vivir en Comunidad es un testimonio de amor universal. Hta. Magdeleina fue
seducida, por la pasión por la Unidad contemplando a Jesús
en la Cruz: " los brazos ampliamente abiertos para que nadie sea excluído
de su Amor". Y esta pasión, la empujó irresistiblemente
hacia los lugares donde la fratenidad humana estaba desgarrada.
Hoy día muchas de nosotras vivimos la violencia en lo cotidiano,
que aumenta sin cesar, en las grandes ciudades. Muchas hermanitas han estado
submergidas en el corazón de conflictos de extrema violencia (Croacia,
Serbia, Argelia, Ruanda, Palestina, Afganistán, Irak
.), compartiendo
el sufrimiento de su pueblo, la compasión, el largo camino de reconciliación.
Estas experiencias dejan en nosotras huellas profundas y hemos buscado medios
para poder permanecer en tales situaciones, pues la violencia, la envidia,
los deseos de dominación
están dentro de nosotras mismas.
?
Un primer paso importante, es reconocer esta realidad en su complejidad
y sus contradicciones.
? Nombrar los miedos que nos habitan.
? Encontrar medios para manejar la violencia que crece en nosotras.
? Aprender a escucharnos hasta el final, respetando las maneras diferentes
de abordar las situaciones.
Nuestra pasión por la Unidad tiene su sentido profundo en la misión
de Jesús, que vino para hacer la voluntad del Padre. Creemos que
la Iglesia recibe continuamente esta misión de Jesús: "Como
el Padre me envió, yo también os envío a vosotros"
(Juan20, 21).
Nuestra Iglesia, es una Iglesia encarnada, y en ella caminamos al paso de
la historia. Reafirmamos nuestra convicción de que, como Fraternidad,
somos Iglesia y existimos solamente gracias a ésta. La amamos
y nos duele cuando nuestros vecinos no se reconocen en ella y sufrimos frente
a comportamientos en el interior de la Iglesia, que no favorecen la unidad,
la participación y la presencia de todos.
Hta. Magdeleine nos decía: "Me gustaría que cada una
de vosotras sintiera una pasión profunda por la unidad, de la misma
manera que un artista se apasiona con la belleza, un pensador con la verdad
y el músico sufre ante la más pequeña nota que desafina.
Que cada palabra hiriente os hiera el corazón como si estuviera dirigida
a vuestro padre o madre...Esta es nuestra misión específica,
a través de ella reflejaremos el amor de Cristo. Esta es la esencia
de nuestro apostolado dentro de la Iglesia."
Conclusión:
La Unidad es obra de Dios. Es un don que hay que acoger. Jesús, el
primero, suplicó a su Padre que nos sea concedida. (Juan 17, 21)
El entregó su vida por una humanidad nueva, amando con ternura, actuando
con justicia, caminando humildemente con su Padre. (Mi. 6, 8)