ponencia
LA
COMUNiÓN
DESDE EL MINISTERIO APOSTÓLICO
LA
IGLESIA, MISTERIO DE COMUNIÓN.
1.- La Iglesia está llamada a ser <casa y escuela de comunión>.
El mandato de Jesús es claro y explícito "En esto conocerán
todos que sois mis discípulos: Si os tenéis amor los unos
a los otros" (Jn 13, 35). ¿Nos conocen como discípulos
de Jesús porque nos amamos? Es claro y contundente nuestro Señor:
"Que, como yo os he amado, así os améis también
vosotros unos a los otros" (Jn 13, 34).
2.- No vale cualquier amor. No. Vale sólo éste: "Como
yo os he amado..." Y, ¿cómo ha amado Jesús? "Habiendo
amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo"
(Jn 13, 1). Nos dice él: "Nadie tiene más amor que quien
da la vida por sus amigos" (Jn 15, 13).
3.-
¿Cómo vivían aquellos primeros cristianos? "El
grupo de los creyentes pensaban y sentían lo mismo, y nadie consideraba
como propio nada de lo que poseía, sino que lo tenían todo
en común" (Hch 4, 32). "Todos los creyentes vivían
unidos y lo tenía todo en común" (Hch 2, 44). "Amaos
de verdad uso a otros como hermanos y rivalidad en mutua estima... Vivid
en armonía unos con los otros y no seáis altivos, antes bien
poneos al nivel de los sencillos. Y no seáis autosuficientes"
(Rm 12, 10. 16). "¿Un miembro sufre? Todos los miembros sufren
con él. ¿Un miembro es agasajado? Todos los miembros comparten
su alegría" (lCo 12, 26).
ESPIRITUALIDAD
DE COMUNION SIGNIFICA NMI 43 :
1.-
Una mirada al corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad
que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida en el rostro de
los
hermanos que están a nuestro lado.
2.- Capacidad de sentir la hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo
místico y, por tanto, como <uno que me pertenece>, para saber
compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos
y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad.
3.- Capacidad de ver todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo
y valorarlo como regalo de Dios: un <don para mí>, además
de ser un don para el hermano que lo que recibido directamente.
4.- Saber dar espacio al hermano, llevando la carga de los otros (cf Ga
6, 2), rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos
acechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera desconfianza
y envidias.
El presbítero pastor de la comunidad.
1.- El sacerdote es reflejo del sumo sacerdocio de Cristo, único
mediador entre los hombres y Dios, único maestro y único pastor.
La misión del
sacerdote es ser servidor de la unidad de los cristianos.
2.- El sacerdote reúne, en nombre del obispo, la familia de los hijos
de Dios, como verdadera fraternidad con un solo corazón y mismo espíritu:
hijos de Dios Padre, discípulos y hermanos de Jesús, templos
del Espíritu Santo.
3.- El <presbítero-pastor>, en nombre de Jesús, el único
Buen Pastor, transmite el amor ardiente de Cristo a la comunidad cristiana
que preside para dar continuidad a esa comunidad-amor que constituyó
Jesús con los apóstoles y se ha continuado en la Iglesia.
4.- Será responsabilidad del presbítero asegurar el desarrollo
armonioso de todos los servicios indispensables para el bien común
de la comunidad cristiana, favoreciendo carismas, movimientos y espiritualidades
que contribuyan a ese bien común.
5.- Junto a la dimensión comunitaria, cuidará de cada uno
de sus fieles, atenderá, en lo posible, a cada persona, potenciando
su personalidad, creando verdadera amistad, ayudando a <sacar> de
cada uno lo mejor que lleva dentro para ponerlo al servicio de sus hermanos.
6.- Animará sin cesar un amor sincero, cercano y activo entre todos
los miembros de la comunidad cristiana, para que cada bautizado practique
el mandamiento nuevo del amor, ponga su <talentos> al servicio de
los demás y se comprometa en la construcción de la comunidad
yen <sal de la tierra y luz del mundo> en medio de la sociedad.
7.- El sacerdote está llamado a participar de manera activa, desde
su opción preferencial por los pobres, en obras sociales, en atención
a los que sufren, en atención sencilla y oculta hacia los que nadie
quiere.
8.- Todo estará centralizado en la Eucaristía. Ella es centro,
fuente, culmen y corazón de la Iglesia. Por tanto, de cada cristiano.
Ella es la fuente de la unidad y la expresión más perfecta
de la unión de todos los cristianos entre sí.
9.- Todo tiende hacia la Eucaristía, celebración gozosa de
nuestra fe. Todo arranca de la Eucaristía, fuente de vida, participación
en el amor trinitaria, comunión total con Cristo, para "comulgar"
con los hermanos.
10.- El sacerdote es sacramento de Cristo. Expresa bien y presencializa
ese ser sacramento de Cristo cuando ama sirviendo, cuando sirve amando,
imitando a nuestro Señor: "el Hijo del hombre no ha venido a
ser servido, sino a servir" (Mt 20, 28): "vosotros me llamáis
el Maestro y el Señor; y decís bien porque lo sois; pues si
yo el Maestro y el Señor os he lavado los pies, lavaos también
los pies unos a otros" (Jn 13, 14).
Miguel A. Arribas