Desde
los Pastores:
En
esta ocasión es la óptica de la vocación específica
del ministerio apostólico de los pastores (obispos, presbíteros).
"¿Son
hoy los pastores de la Iglesia auténticos fermentos de la comunidad
y de la unidad querida por Jesús? "
Apuntes
sobre la ponencia:
Por
urgencias pastorales del ponente, muy tempranito, antes incluso de desayunar,
tenemos, el día 23 de noviembre, la primera charla impartida por
D. Miguel Ángel Arribas, director espiritual del Seminario de Madrid.
El tema a desarrollar es "desde los pastores y el ministerio episcopal".
Comienza
dando las gracias por la posibilidad de compartir este rato con nosotros.
Desde mi realidad de pecador y miserable.
Conozco
a las misioneras de la unidad desde antes de ser seminarista. Es, en verdad,
un escándalo doloroso que los cristianos andemos divididos. Y es
que necesitamos una triple reconciliación, con el Padre, con los
hermanos y con nosotros mismos. (Recomienda el libro: Testigos de esperanza)
Dice
Jesús (Jn 13), que hemos de amarnos pero como él nos ha amado.
Así nos conocerán. Hemos, pues, de llenarnos de Cristo. Cristo
es quien vive, quien perdona, quien sirve, a través de mi. En la
medida en que nos dejemos poseer por él, él será quien
actúe en nosotros.
Leemos en el libro de los Hechos que lo tenían todo en común.
Y en Lucas que el Espíritu del Seños está sobre mí.
Dice Jesús de sí que "hoy se cumple esta Palabra".
Que nosotros, desde el Espíritu, podemos decir también todos
los días que hoy se cumple. Pero porque nos hemos dejado penetrar
del amor de Cristo.
El camino para la unidad es un camino de conversión, de humildad.
Fil
2,1-5, debería estar en el frontispicio de todas las puertas de todas
las comunidades cristianas. Pero solo imitaremos a Cristo, en su mismo camino
de abajamiento. ¿Considero yo a los demás superiores? Actuamos
muchas veces por rivalidad y vanagloria.
Necesitamos
mucha humildad. Ponernos en el último lugar. Nadie da lo que no tiene.
Y el Señor nos lo da todo gratis. Por eso el centro de todo cristiano
debe ser la Eucaristía. Hasta que él habite en mí y
yo en él. Llenarnos de Cristo. Dejarnos transformar por la Eucaristía.
Es lo que posibilita que la Iglesia sea círculo y no pirámide.
Cristo es el centro. Y, desde ese mismo círculo, todos podemos llegar
a él por el camino más corto.
Hemos
de pasar de etiquetar a las personas y ver que por encima de todo es Cristo
quien vive en cada una de ellas. Porque, aunque Jesús ama con un
corazón universal, también ama a cada persona concreta, a
cada persona que se entrega a él. Ver casos de Zaqueo, Mateo, Samaritana...
Así debe ser el corazón de un sacerdote. La misma manera de
amar de Cristo. El celibato es un regalo para entregar el corazón
de Cristo y desde Cristo entregarlo a toda la humanidad.
Un
presbítero es un hombre que ha entregado su libertad a Cristo para
que cristo se sirva de él. Y que sus preferidos sean los mismos de
Jesús.
El presbítero debe ser cabeza y pastor de la comunidad cristiana;
pero no en nombre propio, sino de Jesús. Y, al mismo tiempo, ser
último y servidor. Es la manera del Señor. Soy el Maestro
y Señor, pero me he puesto de los pies vuestros. Al frente de la
comunidad y en último lugar.
Y pastor de todos. Porque la parroquia, como Iglesia que es, debe ser comunidad
de comunidades, ya que el Espíritu se manifiesta el multitud de carismas,
todos para construir el bien común.
Ayudadnos
los laicos para que seamos mucho más humildes y busquemos el Evangelio.
Ante la pregunta que se le hace de si no es lo más importante de
todos el hecho de que todos somos iguales, responde:
Cada
uno servirá a los demás poniendo para desarrollar al máximo
los dones que Dios nos ha regalado. Por encima de todo somos hijos de Dios.
Pero Cristo nos ha regalado carismas, ministerios y servicios. Cuanto más
identidad, más servidores.
Se
le pregunta también si no es el bautismo quien verdaderamente nos
une y responde que sumemos y no restemos, no dividamos. Hay que sumar la
vocación específica a la común que todos tenemos.
Ante el piropo de una mujer que le dice que transmite alegría y cariño
en lo que dice y cómo lo dice, Miguel Ángel le responde que
nos queramos desde el amor de Cristo, porque el amor humano no es humilde
y enseguida sale el yo. Por eso he insistido en la humildad.
¿Qué pasos ves, se le pregunta, que hay que ir dando para
que la Iglesia sea reflejo de la Palabra a favor de toda la humanidad?
Como
no cambien los corazones, responde, no cambia nada (Ez 36,24). Conversión.
Dejar que Cristo te cambie el corazón. Gál 5,22-23: llenarnos
de los frutos del Espíritu.
La conversión lleva al servicio. Director espiritual es el que potencia
al máximo las cualidades y posibilidades de la gente con la que se
trabaja. Tengo que trabajar que la gente se acepte a sí misma. Porque
la gente está esquizofrénica. Hago más de psicólogo
que de cura.
Para llegar a la unidad de Cristo, hemos de vivir como él (Ef 5;
Fil 2,5). Y, por encima de todo, como cristianos estad siempre alegres,
os lo repito, estad alegres (Fil 4,4). Este fue el lema de mi ordenación.
Hemos
de trabajar, se le dice, para que cada uno se conozca y se acepte a sí
mismo.
Efectivamente, responde, y una vez que lo consiga, comience a construir,
para llegar a ser un servidor de todos.