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Eloy Bueno de la Fuente
Decano y profesor de Cristología de la Facultad de teología de Burgos.
REP V: ¿Unidad o Comunión?
Madrid-Atazar, 22-24 de noviembre de 2002.
. org

 

Desde la Teología. Desde la óptica de la vocación o ministerio teológico.

"La teología, hoy ¿abre caminos de unidad, pluralidad y comunión? ¿En qué medida confunde y divide? "


APUNTES SOBRE LA PONENCIA

El domingo, 24 de noviembre, la primera y única charla corresponde al teólogo Eloy Bueno. Comienza diciendo que unidad y comunión es tarea imprescindible para el proceso de la Iglesia. Existen dos coordenadas:

1ª Proceso de unificación que se está dando en el mundo.
2ª Proceso de reconfiguración religiosa en toda la humanidad.

Paganismo no es igual a increencia sino que es un tipo de religiosidad.

La articulación entre la unidad y la comunión es decisiva para el futuro del cristianismo o para llevar adelante, de modo adecuado y fiel, la misión encomendada.
Unidad-comunión: Palabras fundamentales para referirse a la Iglesia. Cuando las ponemos en relación saltan chispas. Pero parece que ninguna de las dos son tan fundamentales porque son recibidas como don. Hay, pues, algo previo.
En qué hay que situar una y otra. No son realidades estáticas. La Iglesia es una pluralidad de personas convocada por una realidad previa que antes la ha llamado.
No debemos decir qué es la Iglesia sino quién es la Iglesia. En el segundo caso, la Iglesia es "las personas" que la constituyen. Persona con mayúsculas y minúsculas. Hay, pues, multiplicidad de protagonistas. Y los protagonistas han escrito una historia desgajada.

Antes la Iglesia estaba configurada como pirámide. Los protagonistas eran pocos. Hoy ha cambiado.
Valores que ha traído el mundo moderno: democracia, libertad, autonomía, etc. Se han metido en la Iglesia pero en cuanto tal no han nacido de la misma Iglesia. Son factores que dificultan su auténtico desarrollo.
Un campo de protagonismo es el de los laicos. Han recuperado su valor y dignidad bautismal. Eso no cambia la responsabilidad, que es igual para todos.

Esta nueva situación esconde sus riesgos. En la Iglesia no puede haber "consenso" como en la política, ni relación clérigos-laicos, como reparto de poder. Son riesgos inevitables. Y esto genera la necesidad de definir qué es la comunión en la Iglesia.

Otro tema: aparición de múltiples movimientos, comunidades, etc. Es un desarrollo muy positivo del Vaticano II. Cada uno tiene sus pretensiones evangélicas.
Y el de la Iglesia local. La conciencia de Iglesia local en todo el mundo. La Iglesia es comunión de Iglesias. Y cada Iglesia es distinta, peculiar. No hay copias. Todas originales. Esta es una experiencia nueva que hay que aprovechar. E importante. Y todo esto se está dando en una historia muy desgarrada.

Una pluralidad de confesiones y nominaciones cristianas. Surgió una grave herida, con rupturas traumáticas. Pero hemos llegado a un diálogo compartido. No son algo ajeno. Todos somos protagonistas de un solo y mismo proyecto.
¿Dónde encontrar en punto de unidad? La verdad es que no se puede vivir sin comunión. Así como tampoco puede haber comunión si no hay vida.

¿Qué hace que tanta variedad hable de lo mismo? Pues una convocatoria para una misión compartida. Y una misma respuesta de fe.
La fe, ¿es adhesión a verdades y dogmas?. Por supuesto. Pero también mucho más.
Es el ECCE (he aquí) de Abraham ante la llamada (Hb 10,5ss). ECCE es la actitud que se adopta ante una tarea que cumplir, una misión, una convocatoria. En el momento en que se cruzan la llamada y la respuesta, se produce la alianza.

Hay una situación de desgarramamiento. Una llamada. Una respuesta y, como consecuencia, una alianza. Y esta es la palabra fundamental. El Dios que llama porque hay una tares y se produce la respuesta y una alianza que es la unidad, donde está implícita las distintas respuestas para lo mismo y en clave, por tanto, de alianza.
La Pascua: Alianza Nueva y Definitiva. Un Dios salvador. Dios queda vinculado al hombre. No puede actuar de otro modo que como reconciliación.
La diaconía de la reconciliación la tiene la nueva comunidad.

El Padre resucita al Hijo en el poder del Espíritu, no contra nadie, sino a favor de todos.
Y, a partir de entonces, todo el que quiera ser protagonista ha de serlo en clave de reconciliación. Y el Espíritu se va creando un templo de piedras vivas. Eso es la Iglesia. Y cada uno tiene su carisma pero para edificar la Iglesia de cara a la misión que se le ha encargado.
El Cenáculo no es el estilo de la Iglesia.
El Espíritu los lanza fuera. A partir de Pentecostés viene el regalo de la pluralidad en clave de Iglesias múltiples.
La unidad, pues, no puede llegar sino como comunión sinodal, católica y ecuménica.
Sinodal: no abstracta, concreta. Un camino común integrando tareas.

Católica: porque cada Iglesia local vive en un lugar. Y está en todos los lugares.
Y Ecuménica.
La espiritualidad debe tener, ante todo, una profunda conciencia eclesial. Amar a la Iglesia concreta con su variedad y sus conflictos. Y poniendo, como hemos dicho, en el centro de todo a la reconciliación. Y la acción de gracias. Agradecer, en común, lo que todos hemos recibido.
Nos une el Dios que nos llama y porque hay una tarea que cumplir.

La misión afecta al conjunto de la humanidad en todas las circunstancias de su existencia. Allá donde hay desgarro, hace falta el plan de Dios.
En las apariciones de la Pascua no hay ni una sola palabra de reproche, pero sí de reconciliación y de envío. A raíz de la Pascua, aunque el hombre puede prescindir de Dios, Dios no puede prescindir del hombre. Es el motivo fundamental para la esperanza. Hemos sido salvados en esperanza.
El Espíritu empuja desde dentro pero llama y espera desde fuera.

Lo peculiar nuestro es celebrar la alegría de la alianza.
La Iglesia nace en la cuna de la alegría Pascual. Somos invitados, como Iglesia, a celebrar esa misma alegría.