Desde
la Teología. Desde la óptica de la vocación o ministerio
teológico.
"La
teología, hoy ¿abre caminos de unidad, pluralidad y comunión?
¿En qué medida confunde y divide? "
APUNTES SOBRE LA PONENCIA
El
domingo, 24 de noviembre, la primera y única charla corresponde al
teólogo Eloy Bueno. Comienza diciendo que unidad y comunión
es tarea imprescindible para el proceso de la Iglesia. Existen dos coordenadas:
1ª
Proceso de unificación que se está dando en el mundo.
2ª Proceso de reconfiguración religiosa en toda la humanidad.
Paganismo
no es igual a increencia sino que es un tipo de religiosidad.
La
articulación entre la unidad y la comunión es decisiva para
el futuro del cristianismo o para llevar adelante, de modo adecuado y fiel,
la misión encomendada.
Unidad-comunión: Palabras fundamentales para referirse a la Iglesia.
Cuando las ponemos en relación saltan chispas. Pero parece que ninguna
de las dos son tan fundamentales porque son recibidas como don. Hay, pues,
algo previo.
En qué hay que situar una y otra. No son realidades estáticas.
La Iglesia es una pluralidad de personas convocada por una realidad previa
que antes la ha llamado.
No debemos decir qué es la Iglesia sino quién es la Iglesia.
En el segundo caso, la Iglesia es "las personas" que la constituyen.
Persona con mayúsculas y minúsculas. Hay, pues, multiplicidad
de protagonistas. Y los protagonistas han escrito una historia desgajada.
Antes
la Iglesia estaba configurada como pirámide. Los protagonistas eran
pocos. Hoy ha cambiado.
Valores que ha traído el mundo moderno: democracia, libertad, autonomía,
etc. Se han metido en la Iglesia pero en cuanto tal no han nacido de la
misma Iglesia. Son factores que dificultan su auténtico desarrollo.
Un campo de protagonismo es el de los laicos. Han recuperado su valor y
dignidad bautismal. Eso no cambia la responsabilidad, que es igual para
todos.
Esta
nueva situación esconde sus riesgos. En la Iglesia no puede haber
"consenso" como en la política, ni relación clérigos-laicos,
como reparto de poder. Son riesgos inevitables. Y esto genera la necesidad
de definir qué es la comunión en la Iglesia.
Otro
tema: aparición de múltiples movimientos, comunidades, etc.
Es un desarrollo muy positivo del Vaticano II. Cada uno tiene sus pretensiones
evangélicas.
Y el de la Iglesia local. La conciencia de Iglesia local en todo el mundo.
La Iglesia es comunión de Iglesias. Y cada Iglesia es distinta, peculiar.
No hay copias. Todas originales. Esta es una experiencia nueva que hay que
aprovechar. E importante. Y todo esto se está dando en una historia
muy desgarrada.
Una
pluralidad de confesiones y nominaciones cristianas. Surgió una grave
herida, con rupturas traumáticas. Pero hemos llegado a un diálogo
compartido. No son algo ajeno. Todos somos protagonistas de un solo y mismo
proyecto.
¿Dónde encontrar en punto de unidad? La verdad es que no se
puede vivir sin comunión. Así como tampoco puede haber comunión
si no hay vida.
¿Qué
hace que tanta variedad hable de lo mismo? Pues una convocatoria para una
misión compartida. Y una misma respuesta de fe.
La fe, ¿es adhesión a verdades y dogmas?. Por supuesto. Pero
también mucho más.
Es el ECCE (he aquí) de Abraham ante la llamada (Hb 10,5ss). ECCE
es la actitud que se adopta ante una tarea que cumplir, una misión,
una convocatoria. En el momento en que se cruzan la llamada y la respuesta,
se produce la alianza.
Hay
una situación de desgarramamiento. Una llamada. Una respuesta y,
como consecuencia, una alianza. Y esta es la palabra fundamental. El Dios
que llama porque hay una tares y se produce la respuesta y una alianza que
es la unidad, donde está implícita las distintas respuestas
para lo mismo y en clave, por tanto, de alianza.
La Pascua: Alianza Nueva y Definitiva. Un Dios salvador. Dios queda vinculado
al hombre. No puede actuar de otro modo que como reconciliación.
La diaconía de la reconciliación la tiene la nueva comunidad.
El
Padre resucita al Hijo en el poder del Espíritu, no contra nadie,
sino a favor de todos.
Y, a partir de entonces, todo el que quiera ser protagonista ha de serlo
en clave de reconciliación. Y el Espíritu se va creando un
templo de piedras vivas. Eso es la Iglesia. Y cada uno tiene su carisma
pero para edificar la Iglesia de cara a la misión que se le ha encargado.
El Cenáculo no es el estilo de la Iglesia.
El Espíritu los lanza fuera. A partir de Pentecostés viene
el regalo de la pluralidad en clave de Iglesias múltiples.
La unidad, pues, no puede llegar sino como comunión sinodal, católica
y ecuménica.
Sinodal: no abstracta, concreta. Un camino común integrando tareas.
Católica:
porque cada Iglesia local vive en un lugar. Y está en todos los lugares.
Y Ecuménica.
La espiritualidad debe tener, ante todo, una profunda conciencia eclesial.
Amar a la Iglesia concreta con su variedad y sus conflictos. Y poniendo,
como hemos dicho, en el centro de todo a la reconciliación. Y la
acción de gracias. Agradecer, en común, lo que todos hemos
recibido.
Nos une el Dios que nos llama y porque hay una tarea que cumplir.
La
misión afecta al conjunto de la humanidad en todas las circunstancias
de su existencia. Allá donde hay desgarro, hace falta el plan de
Dios.
En las apariciones de la Pascua no hay ni una sola palabra de reproche,
pero sí de reconciliación y de envío. A raíz
de la Pascua, aunque el hombre puede prescindir de Dios, Dios no puede prescindir
del hombre. Es el motivo fundamental para la esperanza. Hemos sido salvados
en esperanza.
El Espíritu empuja desde dentro pero llama y espera desde fuera.
Lo
peculiar nuestro es celebrar la alegría de la alianza.
La Iglesia nace en la cuna de la alegría Pascual. Somos invitados,
como Iglesia, a celebrar esa misma alegría.