¿UNIDAD
ó COMUNIÓN?
Desde el campo de las parroquias es algo 'como muy complicado'. Sobre todo
por la 'gran cantidad de tipos de parroquias', de pastorales parroquiales,
de experiencias parroquiales, etc.,etc... quizás, por desgracia,
tantas como párrocos existen. En frase de un compañero, "mientras
los curas no dejemos de mirarnos al ombligo no se solucionará este
problema".
De
ahí lo complicado del tema. Pero lo que se nos pide en este momento
es poner sobre la mesa una pequeña introducción sobre este
planteamiento para dialogar y reflexionar juntos. Miradlo desde ahí,
simplemente.
Y
os queremos presentar dos puntos:
1.
Nuestra parroquia en concreto de Villafranca, ¿qué respuesta
da con sus planteamientos, con sus criterios, con sus acciones, a esta pregunta
que nos convoca?
2.
¿Qué piensan 12 párrocos sobre esta misma cuestión?
Más que algo que pueda opinar o desear yo personalmente, creo que
es muy ilustrativo que lo que yo presente sea algo surgido de un grupo de
párrocos.
I.-
¿UNIDAD ó COMUNIÓN en nuestra Parroquia de Villafranca?
En cuanto a planteamientos, criterios pastorales y acciones, vemos que en
nuestra Parroquia de Villafranca los dos pastores que en ella estamos sí
estamos poniendo mucho empeño por intentar ser ese fermento de unidad.
Podemos, desde el primer momento, decir que no consideramos suficiente la
"comunión", sino que debemos caminar hacia la 'unidad'.
De hecho, hay muchos signos concretos en nuestra comunidad que 'huelen'
a sentirnos 'todos uno', a sentirnos 'uno' y no "juntos". Por
ejemplo: misa dominical 'en familia'(padres, niños, jóvenes,
ancianos...), espacios concretos donde pueden confluir 'todos'(oración
de la mañana, casa de la comunidad, equipo parroquial de música),
formación abierta a 'todas' las edades sin ningún tipo de
<nombre>, la figura del Centinela del Pueblo, etc. Procuramos buscar
momentos y espacios donde confluyan gentes de cualquier edad y condición,
de cualquier grupo o equipo de trabajo parroquial, los Consejos Parroquiales
de Pastoral y Económico funcionan muy bien (siendo no sólo
de hecho consejos decisorios más que consultivos), etc. Ciertamente
que hay en el pueblo muchísima gente, incluso de los <practicantes>
y <grupos devocionales o hermandades>, que son indiferentes (contrarios,
en ocasiones) a estas motivaciones y acciones, pero no es menos cierto que,
tanto los pastores como los creyentes que llevan el peso de la pastoral
en la comunidad, tenemos claro y queremos caminar hacia esa unidad, procurando
'un solo corazón y alma'; eso sin duda.
Y
dicho sentido de 'unidad' no sólo en nuestra comunidad, sino con
una conciencia de que nosotros, la Parroquia de Villafranca de los Caballeros
(Toledo) no es un grupo <aparte>, sino que es 'uno' con su comunidad
diocesana, es 'uno' con toda la Iglesia de Jesucristo y, ¡cómo
no!, es 'uno' con toda la humanidad que puebla la tierra. O dicho de otra
forma, sin perder la clave de la universalidad. La verdad es que, no sólo
con campañas anuales y acciones puntuales, sino por ejemplo hace
un mes hemos empezado un hermanamiento fuerte en la fe con una comunidad
parroquial en Ciudad Guayana (Venezuela); un hermanamiento que, ante todo
queremos que sea un caminar juntos en el seguimiento de Jesús de
Nazaret, intentando sembrar en los miembros de las dos comunidades una viva
preocupación por el 'todo', más que por "mi parte",
"mi/s problema", etc. He de decir, y así me lo han confirmado
al preparar todo esto que estoy compartiendo con vosotros, que esta 'clave
de totalidad y universalidad' no se ha asumido vivencialmente en cada uno
de nosotros, que aún nos falta muchísimo, y que seguimos preocupándonos
más de nosotros mismos y de lo que nos rodea.
A
nivel de nuestro propio arciprestazgo, estamos insistiendo en que no sólo
seamos los curas los que vamos marcando la vida, sino que vayamos sintiéndonos
unidos en una misma tarea; pero es muy difícil. De hecho, al comenzar
este curso pastoral, hemos ofrecido la posibilidad de un 'espacio mensual
donde sacerdotes, religiosas, seglares de grupos y movimientos, cualquier
creyente que quisiera nos fuésemos encontrando en uno de los dos
conventos contemplativos del arciprestazgo: ¡pues no se ha visto operativo!
II.-
¿UNIDAD ó COMUNIÓN en las parroquias?
La
presente reflexión pretende ser el resumen de lo 'reflexionado' personalmente
por doce sacerdotes párrocos, naturales todos de la diócesis
de Toledo, aunque tres de ellos ejercen su ministerio en otras diócesis:
7 párrocos de pueblos rurales grandes y pequeños (entre ellos
un servidor), 1 párroco en misiones, 1 párroco de una congregación
religiosa, un párroco jubilado, y dos párrocos en parroquias
de polígonos industriales.
El análisis, para evitar la dispersión de ideas, se ha realizado
a partir de unas preguntas concretas. Preguntas que yo mismo voy a seguir
para así garantizar lo más posible la fidelidad de los reflexionado
por estos 12 párrocos.
1.-
¿Somos los pastores de la Iglesia hoy auténticos fermentos
de la comunidad y de la unidad querida por Jesús?
Contestar
rotundamente que no sería demasiado catastrofista. Es mejor decir
que no somos lo suficientemente auténticos ni santos. ¿Causas?:
la educación recibida, el excesivo clericalismo que provoca una muy
fuerte desigualdad entre los miembros de la comunidad, visiones distintas
de la Iglesia, la gran cantidad de carismas y espiritualidades, el miedo
a que nos "quiten el poder",... Resumiendo, no caminamos por la
misma cañada ni conducimos hacia los mismos pastos.
Sin
embargo, también hay "semillas" de esperanza: al menos
se descubre esa inquietud en algunos pastores y tienen claro su caminar
hacia esa meta. En general, para hacer posible esa esperanza, es importantísimo
crecer en la contemplación del misterio de Dios y en la unión
personal con Jesucristo, en un mayor diálogo y encuentro mutuo, y
una mayor aceptación, como algo mío y de todos, de la diversidad
de cada uno de nosotros.
2.-
Teniendo como referencia a Juan 17, 21, ¿piensas que es 'suficiente'
la comunión entre los grupos y realidades eclesiales, o hemos de
caminar hacia la unidad?
Es
éste un tema más que controvertido, 'no planteado' -en general-
entre los curas. Nos han hablado tanto y tanto de que la "unidad"
es la 'comunión' que, ahora, al plantearte realmente la cuestión,
andamos un poco perdidos.
Dicho esto, al plantear la cuestión en su raíz, la mayoría
pensamos que "no es suficiente" la comunión. Ciertamente
que no es algo 'negativo', pero no es suficiente, porque la realidad es
que 'con la comunión' estamos juntos y revueltos, pero no somos Uno
y unidos en un mismo sentir y pensar. Quien se "tranquilice" con
el "suficiente" se está engañando y está
engañando a la Palabra.
Precisamente,
en el caminar hacia la unidad es donde se encuentra una de las esencias
de la vida de la Iglesia. Pero a dos niveles: el personal, es decir el de
las relaciones entre creyentes sin más, y el de los grupos, esto
es, que entre los grupos desaparezcan esos muros que hay y que dan la sensación
de pertenecer más al grupo concreto que a la Iglesia de Jesús.
3.-
¿Qué signos de unidad encontramos en nuestras comunidades
parroquiales? ¿Es cierto aquello de que 'cada grupo' va a lo suyo,
a 'sus' planteamientos, etc.?
La
cuestión no es fácil, porque ¿a quién englobamos
a la hora de hablar de "comunidad parroquial"? ¿A todos
los que se circunscriben en un término y se autodenominan "cristianos"?
Pensamos que en este sentido bien pocos signos de unidad seríamos
capaces de encontrar: sin duda que cada uno va a lo suyo, y de descubre
la Parroquia como un gran supermercado, al cual me acerco únicamente
cuando preciso algo de él, cuando me interesa o me toca.
Si hablamos de comunidad como ese grupo de personas que en verdad se sienten
cristianos y responsables de la comunidad, creo que sí hay una cierta
unidad, se siente la cercanía, la preocupación y la ayuda
que se prestan, se quieren entre ellos. Es cierto que en los últimos
años está habiendo un sentimiento mayor de comunidad, que
quizás la cosa empiece por ahí, que la fe no es una realidad
que se vive de manera personalista, y que cada vez es más necesario
vivir esa fe enmarcada dentro de una comunidad.
Aún
así, se deja claro, tampoco es para 'tirar cohetes'; se sacan las
cosas adelante, ciertamente, pero adolecemos de un proyecto común,
de comunidad. Y en gran medida los responsables de ello somos los pastores,
los párrocos principalmente.
4.- ¿Y qué signos de uniformidad encontramos
en nuestras parroquias?
Decir
desde el primer momento que la uniformidad es una pseudo-unidad, porque
bajo el epígrafe de "unidad" se engloban un montón
de realidades que huelen más a uniformidad que 'unidad en la diversidad'.
Por ejemplo: un montón de detalles relacionados con las celebraciones
litúrgicas, rituales y sacramentales, con las tradiciones religiosas
populares y sus elementos folklóricos/religiosos, con los actos frios
y diplomáticos de la caridad y la evangelización.
Y,
ciertamente, la uniformidad, la pseudo-unidad, suele llevar aneja una cierta
inmadurez y superficialidad. Muchos de nuestros ritos litúrgicos,
caritativos y catequísticos no dicen nada a nuestro pueblo, y provocan
una rutinaria vivencia de la fe.
5.-
¿En qué medida nuestras parroquias siembran semillas de Totalidad
y Cuerpo porque viven en clave de universalidad?
En
primer lugar hacer una consideración: parece no entenderse bien esta
cuestión, entre los propios párrocos.
Y es que, en verdad, en verdad, somos bastantes deficitarios en esta dimensión.
Nuestras parroquias van estando a la "última" en tantos
medios técnicos "tan universales", pero lejos de la auténtica
motivación de mirar antes el 'todo' que 'mi parte'. Estamos, pues,
potenciando una genuina imagen de universalidad, centrados más bien
en acciones y campañas puntuales de solidaridad y ayuda. Pero nuestras
parroquias, nuestros grupos, nuestros creyentes, no viven con esta mirada
siempre puesta en el 'Cuerpo'. Sin duda, esa es una de las más profundas
razones para pensar que nos falta muchísimo aún para llegar
a la unidad.
6.-
Tal y como planteamos y vivimos nuestra pastoral parroquial, ¿podríamos
hablar que entre los grupos, movimientos, equipos de trabajo de dichas parroquias,
etc., se vive "con un solo corazón y una sola alma"?
"Ya
nos gustaría", comenta uno de los párrocos preguntados.
Nos unen muchas cosas, acciones, encuentros, fiestas,... pero habría
que buscar más en el fondo y allí, en el fondo, no somos 'uno'
porque nos sigue separando nuestro común enemigo: el egoísmo,
en sus distintas formas de pereza, materialismo, envidias, complejidades,
individualismo,...
De
todas formas, está habiendo también experiencias muy positivas
en esta línea: en muchas parroquias está habiendo semillas
de "amigos en el Señor", gestos y signos en esta línea.
Sin duda que para reflexionar sobre este tema en concreto, es importante
que el Señor nos conceda el don de saber mirar para poder ver y descubrir
estos signos que, nuestro propio egoísmo, nos oculta.
7.-
¿Tenemos en nuestras parroquias espacios donde dialogan y se encuentran
los jóvenes y mayores, catequistas y equipo de limpieza, grupos -
movimientos - comunidades... 'todos juntos' como una única familia?
¿O apoyamos una pastoral sectorizada?
Sobre
este tema hay mucha diversidad de respuestas: Sí, No, Menos de lo
necesario....
Aunque la pastoral necesariamente a veces es sectorizada y así abunda
en nuestras parroquias, existen momentos, circunstancias y lugares donde
esos espacios 'abiertos' se llevan a cabo y donde cada día intenta
explicarse que uno no puede caminar a gusto si el otro se queda parado.
En este tema tiene una gran labor e importancia el Consejo Pastoral Parroquial
(ó Equipo Parroquial de Animación Pastoral en algunos lugares),
tanto por su estructura interna 'representativa' como por la vida que de
él se puede generar. Ciertas misiones de la comunidad hacen muy posible
también estos 'espacios abiertos'.
8.- ¿Existen en nuestras Parroquias de hoy,
razones para pensar que se están dando motivos y resultados conjuntos
que manifiesten el trabajo a favor de la UNIDAD del cuerpo eclesial?
Más
bien no. En la mayoría de nuestras estructuras eclesiásticas
prevalece la institución por encima del carisma... Hay "demasiado
orden y programación desde arriba", muchos mandamientos y leyes,
liturgias, costumbres, ritos, organigramas, ropas, puestos de posición,
títulos de monseñores, roles, ....que ya de por sí
están consolidando las diferencias en la misma Iglesia, provocando
el efecto contrario a lo que se pretende.
Sí
es cierto, por otra parte, que se está dando mucha inquietud por
una mayor unidad, aunque aún es pequeña y a veces confundida
más con un deseo de que los otros vengan a mi grupo, que de coordinar
y sumar los esfuerzos de todos en una tarea común. Y es que si no
hay ambiente de hermanos es muy difícil hablar de unidad.
9.-
El arciprestazgo es un cauce básico de comunión entre las
parroquias. ¿Qué se da más: comunión en criterios,
objetivos, horizontes a seguir, o acciones conjuntas puntuales?
Señalar
que prácticamente la totalidad de los sacerdotes preguntados afirman
que el arciprestazgo, pudiendo ser un cauce de coordinación inmejorable,
sin embargo se utiliza en la mayoría de los casos para acciones puntuales
y, por lo general, sacramentales, devocionales, espirituales.
Es de justicia poner sobre esta mesa también la experiencia de dos
de los párrocos consultados: en esos dos casos (de los 12) la experiencia
-aunque incipiente en algún punto- es que para una parroquia el arciprestazgo
no es 'un' cauce, sino 'el cauce más cercano y primero' entre las
parroquias entre sí. Muchas de las opciones parroquiales son de todo
el arciprestazgo, y todo ello provoca una riqueza tremenda y las gentes
lo captan y se enriquecen, ya que signos vivos para ello de lo que en realidad
tiene que ser la Iglesia.
10.-
¿Hemos detectado entre las gentes de nuestras parroquias algún
tipo de dolor, sufrimiento, desánimo, escándalo, por el hecho
de la división que existe en nuestra iglesia entre grupos, instituciones,
congregaciones, pastores, movimientos, etc.?
Hay
muchos que ni se plantean esta cuestión de la unidad, en general
pasan de toda esta situación, pero también es verdad que hay
un sector de gente cercana a las parroquias que se hacen preguntas, que
sufren porque ven que la iglesia no va a una, porque ven claramente un solo
barco, con un montón de remeros pero remando cada uno a su aire,
sin sentido y sin aunar esfuerzos, criterios, manos y corazones. No llegan
a escandalizarse, pero sí sienten desconcierto y confusión.
Un caso práctico, por ejemplo, es cuando el párroco es de
un color pastoral o espiritual concreto y se produce un cambio de pastor,
y llega a la parroquia alguien de 'otro' color pastoral o espiritual.
¿Quién
sufre más la situación? La gente de las parroquias más
cercana, porque la gran masa 'pasa' de todo.
Y termino preguntándome y preguntándonos: a nosotros, ¿nos
duele algo esta falta de unidad en la iglesia? Y me vais a permitir que
termine este planteamiento y esta pregunta con las palabras de uno de los
sacerdotes amigo que he consultado:
"Lo
que duele es que tenemos una Iglesia que no está siendo signo, no
es una buena nueva para los pobres. Porque se alió con los de siempre.
Cuando vayamos haciendo reconciliación y justicia, participación
y fraternidad en el seno del pueblo, entonces es que podremos pensar y hablar
de esa unión en la iglesia. No podemos seguir haciendo dos mundos.
Y hoy nuestra iglesia no ha echado la suerte con los pobres de la vida.
Estos siguen siendo manipulados, siguen echados al borde del camino. Y muchos
de nosotros eclesiásticos seguimos pasando de largo, porque vamos
con prisa al templo".