Hola a todos,
Quería
compartir con vosotros un poquito de lo que ha sido el encuentro sobre la
Reflexión Eclesial Plural del fin de semana. Y digo un poquito porque
aún no me ha dado tiempo a masticarlo, ha sido intenso, ilusionante,
vivo, tan vivo. Dios nos da la vida, pero VIDA, con mayúsculas.
Éramos
unas ochenta personas, de diferentes edades, de toda España, con
diferentes vocaciones y estados: laicos, familias, consagrados, sacerdotes,
misioneros, párrocos, laicos, y más laicos, comunidades, gente
cristiana implicada con su mundo, cada uno desde su carisma, y su lugar.
Desde una profe manifestándose contra la Ley de Calidad de la enseñanza,
hasta la presencia callada de las hermanitas de Foucauld que trabajan en
el campo para estar enmedio de los pobres. Desde un redentorista colombiano
denunciando la situación de comunidades cuya vida corre peligro,
y de la presencia de personas con ellas que las acompañan, arriesgando
también la vida propia... hasta una diversidad rica de proyectos
de comunidades de laicos, que viven juntos y se insertan mediante su trabajo,
que viven juntos y trabajan juntos por los inmigrantes, que se reunen a
orar todas las mañanas con las lecturas de cada día, que se
reunen a orar enmedio de la semana...
Enmedio
de todas estas realidades un sueño común, el de caminar todos
juntos, como iglesia, todos uno. "Padre, que seamos todos uno, para
que el mundo crea". El sueño, y realidad, de una iglesia que
construye el reino, con los pasitos de miles, millones de hormiguitas, en
todo el mundo, que permiten al Espíritu soñar dentro de ellos,
y moverse hacia fuera.
"Porque
la creación misma espera ahelante a que se manifiesten los hijos
de Dios" (Rom 8,19). Padre, que vivamos con la conciencia de que como
niños tuyos, nos proteges, nos amas, nos das fuerza, fortaleza, esperanza,
para acometer cualquier proyecto que nos envíes. En tus manos, Padre.
Que
vivamos con el corazón abierto, con el Espíritu abierto a
tu Palabra, que intuyamos nuestra misión, la de cada día,
y la del mañana. En horizonte de esperanza, de cara al sol que ilumina
con sus primeros rayos de luz el mundo que
despierta cada mañana.
Bueno,
sólo quería compartir con vosotros la esperanza, una esperanza
a raudales, y que entre todos contagiamos. Y animarnos a abrirnos a conocer
la diversidad y riqueza que el Espíritu anima en nuestra iglesia.
Como
reflexionábamos, para unirse hay que amarse, para amarse hay que
comprenderse, para comprenderse hay que conocerse, para conocerse hay que
encontrarse, y para encontrarse hay que buscarse.
Feliz
día en el Señor
Un abrazo
Nuria