rep IV
ponencias

 

 

 

Pedro Barranco y Elisa Flores Cañete
Comunidad Nueva Esperanza,
Aracena (Huelva)

REP IV: Profetismo ¿en ruinas?
Madrid-Atazar, 16-18 de noviembre de 2001.
. org


Las Nuevas Comunidades

¿Son realmente nuevas desde la Palabra, ante sí mismas y ante el mundo? ¿Qué resultado producen? Las rurales, ¿no tienen mucho de "bucólicas" y de añorar unos espacios "genuinos y originales" que dentro la ciudad se convierten en insoportables? ¿Se podría decir que han rescatado ese Espíritu del Pentecostés que hizo estrenar conjuntamente la enseñanza "recién sacada del horno" de Jesús de Nazareth?

Presentación por parte de la Comunidad Anawa, de Puebla del Río (Sevilla): Tierra Esperanza tiene el carisma de acogida y de Anuncio de la Palabra. Celebra la Vida y se ven los pecados, los fallos, las debilidades, y el afán y la generosidad de los hombres.

Pedro Barranco. Juan XXIII nos habló de la inflamación por el celo religioso. Hoy son muchos los que solo ven ruinas y desvaríos en la Iglesia, son "profetas de calamidades".

Quiero cantar y hablar en positivo. Pensar en Jeremías nos trae a la mente el llanto y lo calamitoso. Hay que hablar de bendición y no de maldición. No voy a decir nada nuevo, de estrellato, de pose. Creo que el cristiano tiene hoy poco que decir.

La mayor profecía es la vida, y desde ella, decirle al mundo lo que le falta, y lo que hay dentro de él.

El mundo vive de la gratuidad de Dios, y no de los macros proyectos y tecnicismos. Estoy convencido de la necesidad de cambio. Hemos de optimizar los tiempos en tiempos de inquisidores no creyentes. Hace falta una nueva propuesta eclesiológica.

La Iglesia huele a alcanfor, a vieja. Hemos de hablar más, y vivir el Amor. Lo que define es la afirmación, no la negación. No hablemos de lo que no es, y digamos lo que es.

Para el laico es posible un compromiso en plenitud. No es una necedad que haya que explicar. Retomemos el Bautismo. Hemos de vivir desde los valores evangélicos. Si nos dedicamos a la construcción del Reino, lo demás se nos dará por añadidura. Es posible vivir sin seguridades. Lo que normalmente hacemos es "vivir para desvivirnos, infantilmente despreocupados de la verdadera Vida".

El trabajo del laico no es "ordenar este mundo". ¿Es que acaso existe otra cosa que no sea este mundo? En la Iglesia estamos consagrados todos. Hemos de devolverle la sacralidad al mundo, devolvernos la capacidad de ser perfectos, la dignidad propia de sabernos y ser de Dios. Nada más alto que ser hijo de Dios. Viviendo desde aquí, damos sentido a la Iglesia.

¿Es posible la Comunidad? Vivimos sobre valores usados, pero no valrados. Creo que se puede vivir el Evangelio en cualquier sitio. La vida común "no es un añadido". Vivir en comunión con lo que hacen otros, pero no hacer lo que otros hacen. No todos los carismas están en uno, en un grupo o comunidad.

Hay que inventar el Evangelio. No es un libro terminado de escribir, sino por escribir, haciéndolo verdad. ¿Cómo hacerlo en cada tiempo?

Las Comunidades cristianas hoy son una china en el zapato del Derecho Canónico. Esto, nunca nos debe robar las ganas de pertenecer a la Iglesia, sino dar la vida por vivir el Mensaje, en ella.

Los nuevos movimiento eclesiales nos muestran dos vías: Comunidades de mediación y Comunidades de presencia. La hay de todas las tallas y medidas. Todas nos enriquecen y no nos uniforma a nadie. No queramos pasar a los demás "por el ojo de nuestra aguja". En la iglesia siempre faltará esa gente "que no piensa como nosotros".

La Comunidad de Mediación ha de vivir la pobreza, porque hay pobres en el mundo. Se pierden en la masa, sin brillo, siendo fermento. Intentan vivir el Evangelio. Vivir, solo vivir. Hay mucos "mensajeros de nada", intelectualizadores del Evangelio, que acaban por hacerlo insoportable a los pobres.

La Comunidad de Presencia vive entre los pobres. Son comunidades transformadoras. En la cárcel, en los barrios de prostitución... En este mundo altamente difícil, gracias a Dios son muchas las comunidades.

Al cristianismo hemos de devolverle la austeridad, la pobreza, el amor a los enemigos... Es lo más rechazados por los cristianos y lo más esencial, propio y genuino del Evangelio. Hay que ofrecer y consagrar todas las realidades a Dios.

Oseas es el profeta de la Vida.