Los Movimientos, ¿son proféticos?
¿Son
proféticos en cuanto al cambio de vida de quienes se incorporan y
a la fe que producen en quienes los observan?
El
mundo al que se entregan, ¿es más justo y encarnado hoy gracias
a la intervención de los "Nuevos Movimientos"? ¿No
ha podido ocurrir que, aún sin cerrarse en sí mismoS, se ha
producido "cierto elitismo" y una esperanza que no se ha visto
correspondida en la realidad? ¿Hasta dónde los movimientos
están transformando el orden temporal del que nos habla el CVII?
¿En qué grado y medida está respondiendo a todo lo
que nos transmite en Rom 10 ?
Yoly,
joven del Movimiento de Acción Cristiana - M.A.C - de Málaga,
presenta a July Gavira, Responsable General de Misioneros de la Esperanza.
La
Profecía de Isaías nos dice, "Te he llamado para la Justicia,
para ser alianza de los pueblos, luz de las naciones... Antes de que suceda
YO te lo comunico". ¿Cumplen los movimientos esta labor profética
en la Iglesia?
Haré
una auto - crítica, solo del Movimiento al que pertenezco, que es
el que conozco. Nacen como necesidad de la iglesia, en nuestro caso, para
atender a niños y jóvenes. Para éstos, ellos son los
mejores apóstoles. Surgió en Sevilla hace aproximadamente
50 años, pero floreció en Málaga.
A
los niños les anunciamos el Mensaje, crecen, se integran en comunidades.
Queremos
ser contemplativos en el mundo, laicos inmersos entre la gente. La mayoría
casados. Nuestro ideal es que la vida se enfoque y organice desde la misión
de apóstol.
Los
consagrados tienen tres votos, pobreza, obediencia y voto testimonial para
los casados. Si cumpliéramos esto seríamos profetas Somos
dedos de un cuerpo.
Nos
dedicamos a los niños pobres, pero la falta de catequistas en las
parroquias ha hecho que nos quedemos ahí.
El
profeta se siente llamado por Dios, ÉL nos engancha. Pero nos asaltan
las dudas, cosas extrañas, y al final nos quedamos en un sitio...
La
fuerza y la debilidad es la Palabra. Se nos pide ser mujeres y hombres de
Dios... y desìés acabamos no dando nada, nos entretenemos...
Muchas veces no transmitimos a Dios, sino a nosotros mismos. La Palabra,
la llamada, es dura. Él no nos deja instalarnos, te hace hablar,
y el hablar quema...
Renovamos
la vinculación cada año. Los que han estado en el pecado hablan
con propiedad del pecado.
El
Señor nos dice, "Ocúpate de mis cosas que YO me ocuparé
de las tuyas". Muchas veces somos candil en casa ajena y la nuestra
está a obscuras. Por ÉL, hemos de poner toda la carne en el
asador.
La
vida del laico conlleva una esquizofrenia... Trabajo, casa, familia, centros
de evangelización.. Hemos de sentirnos niños en brazos del
Padre, ponerlo todo en sus manos, tener confianza...
Hay
que ser más gente de Dios que gente preparada. Tener el corazón
firme y joven.
El
profeta es un ser público, hombre amenazado. No se pertenece. No
importa la edad, la salud, las circunstancias... Los cercanos son quienes
más los amenazan...
La
gente no sabemos lo que Dios nos pide a través de Su proyecto. La
familia no siempre entiende la llamada. Ha y que renunciar a requerimientos
muy legítimos, marido, mujer, hijos, padres, ocios, empleos... La
Iglesia tampoco lo acepta, a las parroquias les provocamos jaleos... No
los quieren. Y es que la llamada de Dios rompe todas las barreras...
Hay
que denunciar la idolatría, los rivales del Amor: el poder, el dinero,
el trabajo, el prestigio. Y en vez de atajarlo, a Dios lo manipulamos.
Muchas
veces buscamos comunidades estufas.
No
se puede ir "por libre", al margen de la Iglesia. Solo desde ahí
se anuncia al Verdadero Dios, que ha hecho su labor con nosotros. De no
ser así, todo se convierte en vacío, que no presenta al Dios
de la Historia que es el que contagia...
Todos
estamos llamados a ser felices. Y los que lo somos a dar la vida por los
que no saben qué es la felicidad de la Vida.
Hemos
de huir de ser falsos profetas, ambiguos, antitestimonios, vivir como los
del mundo... ¿Cuándo daremos el Mensaje Puro? Que no caigamos
en la tentación del número. Y que siempre pensemos que no
tan de Dios como creemos.