rep I
algo que no debemos de olvidar

REP. En la Tierra como en el Cielo
¿Es posible desde la mentalidad actual?.

Huelva. 18-20 de junio de 1999.
(De la que surge la casa para la comunión y la vida en Huelva y en otras diócesis).
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Somos muchos los que en el seno de la Iglesia no solemos apreciar la tarea de los otros sectores que, dentro de la "multiplicidad de carismas" y formas de entender la misión, viven para construir el Reino de Dios. Jesús es el que llama, el que encarga las distintas tareas, dentro del trabajo conjunto del Cuerpo Místico. En Su Nombre, y desde la Palabra de Dios, nadie en ningún caso, puede trabajar "por rivalidad ni vanagloria, sino considerando a las demás superiores a la propia".

Como miembros, y junto a la responsabilidad de ser verdaderos testigos de su papel, no son pocas las veces que solemos ver con escepticismo, desconfianza, recelos... el papel de los otros que laboran en la tarea recibida del Espíritu Santo para construir el Reino de Dios. La Iglesia está llena y rebosante de servicios: "Activos", "Contemplativos", "Teologías diversas"...entre los que se encuentran "Sectores Críticos", "Conservadores", "Avanzados", "Operarios", "Militantes", "Cristianos para el Socialismo", "Activistas revolucionarios ante un sistema injusto"... incardinados en tareas tan múltiples y distintas como "Cáritas", "O.N.Gs.", "Ciudad Acoge", "Madre Coraje", "Teléfono de la Esperanza"... Todas estas formas de entender y entregar el tiempo a los demás, son las que en su momento se toman y ensalzan parcialmente por todos al hablar de una Iglesia "rica en su pluralidad", y que manifiesta desde la vida "la ingeniosa riqueza del Espíritu". Sin embargo, la mayoría de las veces no somos conscientes del mal trato que hacemos del Cuerpo Místico, ya que los esfuerzos de todos no parecen estar en clave del "Único Espíritu", no siempre se entienden como "misiones y servicios complementarios y dispuestos los unos para los otros", dentro de "la diversidad de Dios". Y como consecuencia, "desparramamos", porque en el "corazón particular" de quienes estamos en ello, de forma inconsciente nos sentimos los más aptos, los que más trabajamos, los más genuinos de aquello que - "supuestamente" - todos pretendemos.

Hablar y trabajar para la "Siempre Nueva Evangelización" dentro de la Iglesia hoy, ante tan increíble tragedia consentida como sufre nuestro mundo de hoy, debe dar firmes motivos de haber entendido en Libertad y profundidad de la llamada en lo que significa y encierra la responsabilidad de ser testigos de Jesús, de su Palabra y de estar construyendo el Reinado de Dios, que se hará si metemos a toda la humanidad dentro de nuestro corazón. Esto solo se da cuando "todos somos UNO", desde "el Todo y no desde la Parte". A este respecto, no son pocas las veces que decimos que el Reino es más que la Iglesia, que son muchos los que fuera de la Iglesia, e incluso siendo enemigos, están construyendo el Reino; esto, que no es otra cosa que reconocer el trabajo de tantos que no se encontraron con la Palabra, en nada sirve ni justifica "el desparramamiento" visible y existente entre nosotros. Este es un tema escabroso y difícil, que está en las mentes de muchos. Hablar de la Iglesia, SER IGLESIA, conlleva mostrar al mundo - por los frutos - que somos "testigos del Evangelio", contando con nuestro ser barro, pecadores y débiles", pero que es con ello con lo que Jesús nos llama a "ser perfectos como el Padre". Más que nunca se necesita dar a conocer la responsabilidad que esto encierra, sin "exclusivizarlo" a los que "se sienten llamado a ello". Esto empobrece, dificulta, el entender la tarea inmensa y gozosa de la llamada a la "siempre nueva evangelización", que con tanto énfasis y urgencia nos viene recordando Juan Pablo II. Es imprescindible, llega la hora, de descubrir de forma general que seguir a Jesús es cuestión de seguirlo "en ultimidad", desde la "auto-expropiación en humildad y mansedumbre que EL hizo de si mismo, siendo el Hijo de Dios, obediente a la voluntad del Padre hasta la muerte de cruz". La lejanía de esta conciencia es tan grande que hoy - salvo excepciones - pudiéramos decir que no existe. Quizá debiéramos arriesgarnos a gritar con Misericordia que es ahí donde está la raíz de los problemas de nuestra "Santa Madre Iglesia", a la que al mismo tiempo llamamos "casta y prostituta", inconsciente y posiblemente para justificar los pecados de quienes estamos trabajando en su seno. Es cierto que de esto hay mucho que hablar, pero no lo es menos que, desde como se plantea "la vuelta a lo nuevo", no lo hacemos desde la raíz de la cual nace el Proyecto de Dios, vivo y expreso en la persona de Jesús. Dios, al ver que los hombres no entendimos Su Proyecto a través de los profetas, Reyes, Jueces en el Antiguo Testamento, vino a mostrarnos cómo únicamente se podía restablecer, y ser "en la tierra como en el cielo". Y "la Palabra de Dios se hizo carne" para recordarnos que "el que quiera permanecer en EL debe vivir como vivió EL".