Somos
muchos los que en el seno de la Iglesia no solemos apreciar la tarea de
los otros sectores que, dentro de la "multiplicidad de carismas"
y formas de entender la misión, viven para construir el Reino de
Dios. Jesús es el que llama, el que encarga las distintas tareas,
dentro del trabajo conjunto del Cuerpo Místico. En Su Nombre, y desde
la Palabra de Dios, nadie en ningún caso, puede trabajar "por
rivalidad ni vanagloria, sino considerando a las demás superiores
a la propia".
Como
miembros, y junto a la responsabilidad de ser verdaderos testigos de su
papel, no son pocas las veces que solemos ver con escepticismo, desconfianza,
recelos... el papel de los otros que laboran en la tarea recibida del Espíritu
Santo para construir el Reino de Dios. La Iglesia está llena y rebosante
de servicios: "Activos", "Contemplativos", "Teologías
diversas"...entre los que se encuentran "Sectores Críticos",
"Conservadores", "Avanzados", "Operarios",
"Militantes", "Cristianos para el Socialismo", "Activistas
revolucionarios ante un sistema injusto"... incardinados en tareas
tan múltiples y distintas como "Cáritas", "O.N.Gs.",
"Ciudad Acoge", "Madre Coraje", "Teléfono
de la Esperanza"... Todas estas formas de entender y entregar el tiempo
a los demás, son las que en su momento se toman y ensalzan parcialmente
por todos al hablar de una Iglesia "rica en su pluralidad", y
que manifiesta desde la vida "la ingeniosa riqueza del Espíritu".
Sin embargo, la mayoría de las veces no somos conscientes del mal
trato que hacemos del Cuerpo Místico, ya que los esfuerzos de todos
no parecen estar en clave del "Único Espíritu",
no siempre se entienden como "misiones y servicios complementarios
y dispuestos los unos para los otros", dentro de "la diversidad
de Dios". Y como consecuencia, "desparramamos", porque en
el "corazón particular" de quienes estamos en ello, de
forma inconsciente nos sentimos los más aptos, los que más
trabajamos, los más genuinos de aquello que - "supuestamente"
- todos pretendemos.
Hablar
y trabajar para la "Siempre Nueva Evangelización" dentro
de la Iglesia hoy, ante tan increíble tragedia consentida como sufre
nuestro mundo de hoy, debe dar firmes motivos de haber entendido en Libertad
y profundidad de la llamada en lo que significa y encierra la responsabilidad
de ser testigos de Jesús, de su Palabra y de estar construyendo el
Reinado de Dios, que se hará si metemos a toda la humanidad dentro
de nuestro corazón. Esto solo se da cuando "todos somos UNO",
desde "el Todo y no desde la Parte". A este respecto, no son pocas
las veces que decimos que el Reino es más que la Iglesia, que son
muchos los que fuera de la Iglesia, e incluso siendo enemigos, están
construyendo el Reino; esto, que no es otra cosa que reconocer el trabajo
de tantos que no se encontraron con la Palabra, en nada sirve ni justifica
"el desparramamiento" visible y existente entre nosotros. Este
es un tema escabroso y difícil, que está en las mentes de
muchos. Hablar de la Iglesia, SER IGLESIA, conlleva mostrar al mundo - por
los frutos - que somos "testigos del Evangelio", contando con
nuestro ser barro, pecadores y débiles", pero que es con ello
con lo que Jesús nos llama a "ser perfectos como el Padre".
Más que nunca se necesita dar a conocer la responsabilidad que esto
encierra, sin "exclusivizarlo" a los que "se sienten llamado
a ello". Esto empobrece, dificulta, el entender la tarea inmensa y
gozosa de la llamada a la "siempre nueva evangelización",
que con tanto énfasis y urgencia nos viene recordando Juan Pablo
II. Es imprescindible, llega la hora, de descubrir de forma general que
seguir a Jesús es cuestión de seguirlo "en ultimidad",
desde la "auto-expropiación en humildad y mansedumbre que EL
hizo de si mismo, siendo el Hijo de Dios, obediente a la voluntad del Padre
hasta la muerte de cruz". La lejanía de esta conciencia es tan
grande que hoy - salvo excepciones - pudiéramos decir que no existe.
Quizá debiéramos arriesgarnos a gritar con Misericordia que
es ahí donde está la raíz de los problemas de nuestra
"Santa Madre Iglesia", a la que al mismo tiempo llamamos "casta
y prostituta", inconsciente y posiblemente para justificar los pecados
de quienes estamos trabajando en su seno. Es cierto que de esto hay mucho
que hablar, pero no lo es menos que, desde como se plantea "la vuelta
a lo nuevo", no lo hacemos desde la raíz de la cual nace el
Proyecto de Dios, vivo y expreso en la persona de Jesús. Dios, al
ver que los hombres no entendimos Su Proyecto a través de los profetas,
Reyes, Jueces en el Antiguo Testamento, vino a mostrarnos cómo únicamente
se podía restablecer, y ser "en la tierra como en el cielo".
Y "la Palabra de Dios se hizo carne" para recordarnos que "el
que quiera permanecer en EL debe vivir como vivió EL".