¿A QUIÉN, LEALTAD? ¿EN QUIÉN LA FE?
Se es leal cuando lo que preside la mente y vive en el corazón es
fiel a los talentos que Dios nos dio para construir la Nueva Humanidad.
Es entonces, si lo hacemos como ofrenda viva, cuando nos convertimos en
signos evidentes de FE y de Reino.
¿Dónde
nace nuestra esperanza?,
¿Dónde nacen los pasos que nos llevan a esperarlo todo de
la vida?,
¿En que lugar de nosotros mismos se empiezan a movilizar las fuerzas
necesarias para una transformación profunda del ser humano y del
mundo?,
¿A
quienes somos fieles cuando decimos que trabajamos por una tierra y un cielo
nuevo? Decir a Dios es lo más sencillo, lo que hemos aprendido a
respondernos a nosotros mismos y a los demás, sobre todo, dentro
de una retórica y ambiente cristiano, pero, ¿es el primer
paso?, ¿Ser fieles a Dios? Entendemos que "somos lo mejor que
tenemos". Intuimos que Dios nos ha regalado todo eso que hay de bueno
en nosotros. Y pensamos que siendo fieles a esa realidad positiva del ser
humano, somos, de una forma más auténtica, fieles a Dios.
"El
Reino de Dios está dentro de vosotros"
¿Somos
fieles a nosotros mismos cuando decimos que queremos construir el Reino
de Dios? ¿o somos fieles a lo que se espera de nosotros dentro de
un ambiente determinado -social, religioso-?
¿Existe
en realidad en nosotros un proceso dinámico y continuo de identificación
entre los valores del Reino de Dios y nuestras aspiraciones más profundas?,
¿De que sirve un Dios que sueña con una nueva humanidad si
el hombre no aspira a ella y se compromete desde lo más auténtico
de sí mismo?
Para contestar a esta pregunta en primer lugar, un ser humano debe ser consciente
de cuales son las aspiraciones y deseos más profundos, lo que lo
conforma en esencia, los talentos que nos han sido regalados.
Pueden existir muchas formas de acceder a este yo profundo del ser humano:
§ a través de nuestras opciones vitales,
§ a través de lo que los demás ven de positivo en mí,
§ imagen q tenemos de nosotros (lo que sentimos profundamente que somos
),
§ por lo que vivimos de forma natural sin esforzarnos,
Y
¿por que no acceder a ese lugar donde vive lo mejor de nosotros mismos
a través de lo que creamos?,
¿por qué no usar el arte, la creación como forma de
comenzar a vivir o de crecer en coherencia con lo que somos realmente en
esencia?.
Es
tan importante este aspecto en la vida del ser humano, que no sólo
determina que seamos o no felices con lo que hacemos, sino que la coherencia
interna es el ingrediente fundamental para que lo que compartimos con los
otros transforme profundamente, desde la raíz, nuestra realidad más
cercana.
La
coherencia llama a la coherencia. Lo mejor de ti, cuando se expresa, remueve
lo mejor del otro.
1.
Hacia las fuentes de la creación. Reflexiones en torno a los procesos
creativos.
La
creación artística puede tener diferentes fuentes, motivaciones
y procesos.
Para algunos puede ser una cuestión de supervivencia ante la frustración.
Un mecanismo de defensa con el que sublimar cualquier experiencia que pueda
romper por dentro. Pero no solamente vivimos del sufrimiento. También
sensaciones agradables, incluso de plenitud, pueden tener cabida en nosotros
y ser motivo de inspiración. La creación se convierte entonces
en camino de expresión de lo inexpresable, en proceso a través
del cual compartimos con los demás, aquella belleza que hemos experimentado.
O bien, algo surge, una idea, una frase, algo desconocido, y ocupa un espacio
en nosotros. Previamente, podemos estar recorriendo un camino de apertura
al discurso creativo, en búsqueda de algo
como forma parcial
de indagación que se manifiesta sin un deseo muy claro.
Tras
ello, podemos dejar que la idea o el sentimiento tomen relieve en nosotros.
Federico García Lorca decía que "el estado de inspiración
es un estado de recogimiento, pero no de dinamismo creador. Hay que reposar
la visión del concepto para que se clarifique". Podría
ser otro momento en la búsqueda de la fuente: nace una sensación,
una idea y ella misma lleva implícita una fuerza contemplativa que
te obliga al recogimiento para poder observarla, entrar en ella, descifrarla
y acogerla con su dinamismo propio.
Por
consiguiente, la primera fase de la creación puede consistir, desde
nuestra experiencia, en dejar que los sentimientos tomen vida, que las ideas
adquieran vigor, hasta convertirse en tan conocidas que las podamos llamar
por su nombre, ponerle palabras, describirlas
Y
es aquí donde comienza la segunda fase de la creación: expresar
en un lenguaje creativo -música, pintura, expresión corporal,
poesía
- aquello que pienso o siento. Martin Heidegger afirma
que "la poesía es la fundación del ser por la palabra.
Poéticamente hace el hombre su habitación en la tierra".
Es decir, el proceso de poner palabras a esos sentimientos o ideas contemplados
y acogidos, supone la apropiación o reconciliación en algunos
casos, con aquello que vive en nuestro interior. Además, ampliamos
nuestro mundo, pues somos capaces de usar o gestionar ese algo que empezamos
a conocer. Es una idea acogida desde la poesía, pero ampliable a
cualquier lenguaje creativo.
En la tercera fase comenzamos a pensar en la forma teniendo en cuenta el
contenido. Buscamos la técnica que mejor pueda representar la materia
prima que tenemos mientras comenzamos a objetivar lo subjetivo, a añadirles
una carga de universalidad para que pueda conectar con el que la va a acoger.
Y entre unas cosas y otras, vamos condensando la obra de forma que sugiera
todo lo posible
De
cualquier forma, todo eso que se mueve dentro de nosotros para crear, puede
ser lo mejor de nosotros mismos, una vía de acceso a nuestra identidad
profunda y a la relación con Dios.
PREGUNTAS
AL AIRE
§
Dedica un minuto a recordar cosas que has creado -cuento, dibujo, canción,
poema-: Fíjate en la actitud que tenías cuando lo creaste,
en los colores, la estética musical, la forma, en cómo te
sentías en aquel momento ¿de que parte de ti están
hablando?¿ Identificas esa parte como propia o te parece ajena a
lo que eres?
§ ¿Te vives desde lo mejor de ti en el proceso creativo?
§ El proceso de creación ¿te ayuda a reconciliarte contigo
mismo y con el mundo? ¿aportas reconciliación con tu obra?
§ ¿Cuál es la finalidad de tu obra?
2. Hacia las fuentes de la trascendencia.
Del norte al sur caminaré.
Hemos
comenzado ciñéndonos al proceso de creación. Ahora
queremos dar un paso más. Intuimos que la fuente de donde surge la
creación y el lugar de encuentro con Dios son parte de un mismo espacio.
Ya anteriormente observábamos como en el proceso de creación
es necesario un momento de recogimiento para poder acoger aquello nuevo
que surge. Es evidente que en la oración este recogimiento también
es necesario. Realizamos un camino desde la dispersión hasta la concentración
para estar atentos a nuestras realidades interiores. Si bien las objetos
son distintos, hay actitudes comunes en la oración contemplativa
y en el proceso de interiorización para la creación: el recogimiento
desde la humildad ante algo cuya novedad me sobrepasa; la apertura ante
esa realidad que deseo acoger; la sensación de que es un regalo lo
que acojo, la admiración casi infantil -en el mejor sentido- ante
lo que recibo
Por consiguiente, tanto en el proceso de creación como en el de oración,
realizamos un camino del norte de nuestras ideas, de nuestros prejuicios,
de todo aquello que se impone casi por ósmosis social y que, en el
fondo, nos deja insatisfechos, hacia el sur de nuestras realidades interiores,
de lo nuevo, de lo que da Vida, y vida en abundancia. Un camino, en definitiva,
hacia el sur de las fuentes de nuestra humanización.
Pero también en los frutos de la creación y la oración
podemos encontrar similitudes. El contacto con Dios nos llama al canto y
al compromiso, a la alabanza por tanto don, y al compromiso en la construcción
de una sociedad más fraterna. La creación, bien digerida,
nos lleva también a uno y otro. De hecho, para el artista cristiano,
lo creado es su alabanza al Dios creador, y, a través de su trabajo
o a partir de él, el artista se compromete con la construcción
de una realidad más bondadosa, más bella. Por otra parte,
en la oración siempre se nos regala la novedad de Dios. En la creación,
¿podéis imaginar algo más novedoso que lo surgido de
la nada?
Por último, entendemos que el arte es un instrumento educativo de
primer orden. A través de él, podemos educar en la intuición
de la trascendencia para posibilitar una apertura a la experiencia contemplativa
de Dios.
la
cueva del creador
donde mousse y musa
se besan
allí...
hallaré
el rincón más fresco ¿Qué intuyes?
y creativo;
el último
el tenue
rincón vital
de donde surge
la poesía
PREGUNTAS
AL AIRE
§ Te invitamos a bucear en tus recuerdos ¿te has sentido llevado
alguna vez hacia Dios desde el acto de crear?
§ ¿Encuentras las mismas similitudes que nosotros entre la creación
artística y la búsqueda de Dios? ¿Percibes diferencias?
¿Cuáles?
§ En la búsqueda de Dios ¿qué desasosiegos encuentras?
¿Qué alegrías profundas?
§ El encuentro con Dios ¿te ayuda a hacerte más humano,
a sacar lo mejor de ti?
3.
Crecer bebiendo desde el propio pozo. Y sabré, en el sur, a quién
fui fiel.
Aquí
nos queremos parar un poco en la relación entre la creación
artística, el crecimiento como personas y el compromiso por el Reino.
La expresión que da título, original de Gustavo Gutiérrez,
expresa con claridad nuestras intuiciones a este respecto. Entendemos que
la creación artística, cuando surge desde nuestra identidad
original, nos construye como personas, pues es una forma de ser fieles a
lo que somos en profundidad. Nos sentimos invitados desde nuestro quehacer
creativo, a seguir bebiendo de este pozo que Dios nos regala, el de nuestra
propia identidad, para aportar lo mejor que tenemos al compromiso cristiano.
Crecer
bebiendo del propio pozo supone una opción por la coherencia con
lo que nos ha sido dado. Un movimiento de dentro a fuera. Desde los dones,
crecemos en ellos y los ofrecemos a la sociedad. Porque cuando vas descubriendo
lo mejor de ti, a la vez, también percibes que eso es lo que Jesús
te propone. La búsqueda de lo mejor de uno mismo, de nuestro ser
original, es el encuentro con el proyecto de Jesús.
Cuando
el hombre crea desde lo mejor de si mismo, Dios habla y, por consiguiente,
el arte no es sólo una herramienta de autoconstrucción personal,
sino también un camino para despertar en los demás unas potencialidades
que pueden estar dormidas. En la medida en que los hechos de mi vida parten
de mi identidad más profunda y original, puedo poner mi grano de
arena para que los otros vibren y crezcan desde sus raíces. Así,
participamos en la recreación de la creación original y echamos
una mano al Dios que sigue creando a través de nosotros.
De
esta forma, sabremos, desde el sur de nuestra identidad profunda, a quien
somos fieles
vuelvo
a las raíces de mis versos
vuelvo
a las raíces de mis versos
inicio un viaje
¡ojalá que sin vuelta¡
hacia las profundidades
donde moran
lo más verdadero y viviente de mi
siempre
la vuelta
siempre
y
cuando la esquivo
muero poco a poco
escarchado de inanición
PREGUNTAS
AL AIRE
§
¿Qué despierta en ti la expresión que da título
a esta parte?
§ ¿Coinciden las afirmaciones que hacemos con vuestra experiencia?
§ ¿Qué te deja intuir la poesía?
§ ¿Sientes que lo que creas es una herramienta al servicio de
la construcción del Reino?
El crecimiento desde lo mejor de uno mismo, ¿es el encuentro con
el proyecto de Jesús?