nao IV
documentos


César y Cristina
Colectivos de comunidades EN COMÚN

 

 

¿En qué medida LAS COMUNIDADES CRISTIANAS, favorecen que la Iglesia sea Sacramento del Reino en medio del mundo?

Desde mi realidad de vida sacerdotal en familia y nuestra vivencia de fe en comunidad he descubierto que las comunidades cristianas favorecen que la Iglesia sea manifestación del Dios-con-nosotros entre los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Mi ser cristiano está fuertemente enraizado en lo cotidiano y en lo cotidiano es donde vivo en familia y en comunidad. Todos tenemos experiencia de que cuando se nos invita a escribir nuestras cualidades nos cuesta hacerlo, pensamos que eso mejor lo harían los otros. Para expresar bien cómo entiendo que las comunidades favorecen una Iglesia con futuro de Reino (y es ésta una gran cualidad) necesito fijarme en otras realidades parecidas a la mía, mirar más que mirarme en el espejo.

En Madrid, en mi comunidad, caminamos desde hace cinco años en un colectivo de comunidades cristianas que llamamos Encomún. Encomún pretende ser un "punto de encuentro" de comunidades que han seguido un proceso parecido en su formación (la pastoral de Madrid en tiempos del obispo Tarancón) y mantienen una dinámica similar en su vivencia. En Encomún nos encontramos personas, hombres y mujeres, seglares y religiosos, casados y célibes en un plano horizontal, con luces y sombras compartidas, decisiones consensuadas y algunas acciones que favorecen la vida de cada comunidad.

Sí, creo que las comunidades cristianas favorecen que la Iglesia sea Sacramento del Reino en medio del mundo en la medida de aquello que queda además de la fe y la esperanza y de lo que Pablo escribía a la comunidad de Corinto: el amor; y todos sabemos que la medida del amor es el amor sin medida.

He visto el rostro de Dios en la buena gente con la que me encuentro en Encomún, gente que en los reencuentros parece que además de una sonrisa llevan la luz y la sal del Evangelio. Yo también me identifico como uno más que lo intenta, como llamado, vocacionado, enviado y seducido para hacer que el mundo tenga sabor de Reino de Dios y eso lo he aprendido con el roce, el cariño, el caminar con mi mujer y mi comunidad en relación con otras comunidades.

¿Es la Iglesia hoy una nave que lleva al Reino?

A los niños y niñas de ocho años que acompaño en catequesis, resulta muy difícil hacerles comprender que cada uno y cada una es Iglesia. En la edad madura yo ya no puedo hablar de la Iglesia como algo que está fuera de lo que soy. Entiendo que si hablo, opino, escribo sobre la Iglesia lo estoy haciendo sobre mí mismo en relación fraterna con el pueblo de Dios.

Somos Iglesia, somos nave que lleva al Reino, claro que sí, pero, siguiendo con el símil, hoy la nave está necesitada de una profunda renovación en su organización. Ya no existen herejías, ni cismas entre nosotros, ya todas y todos tenemos clara la esencia de nuestra fe en el Dios de Jesús de Nazaret, pero sí existen personas a los "mandos" que se empeñan en tirar por la borda aquello y aquellos que no cuadran con la ley.

Los divorciados y vueltos a casar, la moral sexual que se impone, la falta de corresponsabilidad hacia los seglares, la exclusión de las mujeres, la obligatoriedad del celibato para los sacerdotes, la indiferencia hacia los homosexuales y lesbianas, la falta de democracia como mínimo de convivencia... No se abre la puerta del "camarote" para dialogar, para buscar juntos la verdad y la voz de los que están sentenciados a caer al mar, no se escucha en la institución y tampoco interesa en la sociedad que, en gran medida, "pasa" de la religión o conoce de la Iglesia sólo "lo que se oye" y hace uso de ella de forma puntual para "bodas, bautizos y comuniones".

La Iglesia es hoy nave que lleva al Reino pero las cosas deben cambiar. Cuando hay coherencia de vida, testimonio de fe y compromiso serio nadie puede establecerse como juez castigador, más bien al contrario, el amor, el diálogo pausado, el perdon y la paz deberían ser la mano que nos sostiene y el techo que nos cobija, Cristo en medio y Dios al fondo. Así sí se puede creer en la Iglesia, así parece que sería más cercana al Evangelio la propuesta de ser nave que lleva al Reino, que es Reino de Dios entre los hombres y mujeres de nuestro tiempo.