¿En
qué medida LAS COMUNIDADES CRISTIANAS, favorecen que la Iglesia sea
Sacramento del Reino en medio del mundo?
Desde mi realidad de vida sacerdotal en familia y nuestra vivencia de fe
en comunidad he descubierto que las comunidades cristianas favorecen que
la Iglesia sea manifestación del Dios-con-nosotros entre los hombres
y mujeres de nuestro tiempo. Mi ser cristiano está fuertemente enraizado
en lo cotidiano y en lo cotidiano es donde vivo en familia y en comunidad.
Todos tenemos experiencia de que cuando se nos invita a escribir nuestras
cualidades nos cuesta hacerlo, pensamos que eso mejor lo harían los
otros. Para expresar bien cómo entiendo que las comunidades favorecen
una Iglesia con futuro de Reino (y es ésta una gran cualidad) necesito
fijarme en otras realidades parecidas a la mía, mirar más
que mirarme en el espejo.
En
Madrid, en mi comunidad, caminamos desde hace cinco años en un colectivo
de comunidades cristianas que llamamos Encomún. Encomún pretende
ser un "punto de encuentro" de comunidades que han seguido un
proceso parecido en su formación (la pastoral de Madrid en tiempos
del obispo Tarancón) y mantienen una dinámica similar en su
vivencia. En Encomún nos encontramos personas, hombres y mujeres,
seglares y religiosos, casados y célibes en un plano horizontal,
con luces y sombras compartidas, decisiones consensuadas y algunas acciones
que favorecen la vida de cada comunidad.
Sí,
creo que las comunidades cristianas favorecen que la Iglesia sea Sacramento
del Reino en medio del mundo en la medida de aquello que queda además
de la fe y la esperanza y de lo que Pablo escribía a la comunidad
de Corinto: el amor; y todos sabemos que la medida del amor es el amor sin
medida.
He
visto el rostro de Dios en la buena gente con la que me encuentro en Encomún,
gente que en los reencuentros parece que además de una sonrisa llevan
la luz y la sal del Evangelio. Yo también me identifico como uno
más que lo intenta, como llamado, vocacionado, enviado y seducido
para hacer que el mundo tenga sabor de Reino de Dios y eso lo he aprendido
con el roce, el cariño, el caminar con mi mujer y mi comunidad en
relación con otras comunidades.
¿Es
la Iglesia hoy una nave que lleva al Reino?
A los niños y niñas de ocho años que acompaño
en catequesis, resulta muy difícil hacerles comprender que cada uno
y cada una es Iglesia. En la edad madura yo ya no puedo hablar de la Iglesia
como algo que está fuera de lo que soy. Entiendo que si hablo, opino,
escribo sobre la Iglesia lo estoy haciendo sobre mí mismo en relación
fraterna con el pueblo de Dios.
Somos
Iglesia, somos nave que lleva al Reino, claro que sí, pero, siguiendo
con el símil, hoy la nave está necesitada de una profunda
renovación en su organización. Ya no existen herejías,
ni cismas entre nosotros, ya todas y todos tenemos clara la esencia de nuestra
fe en el Dios de Jesús de Nazaret, pero sí existen personas
a los "mandos" que se empeñan en tirar por la borda aquello
y aquellos que no cuadran con la ley.
Los
divorciados y vueltos a casar, la moral sexual que se impone, la falta de
corresponsabilidad hacia los seglares, la exclusión de las mujeres,
la obligatoriedad del celibato para los sacerdotes, la indiferencia hacia
los homosexuales y lesbianas, la falta de democracia como mínimo
de convivencia... No se abre la puerta del "camarote" para dialogar,
para buscar juntos la verdad y la voz de los que están sentenciados
a caer al mar, no se escucha en la institución y tampoco interesa
en la sociedad que, en gran medida, "pasa" de la religión
o conoce de la Iglesia sólo "lo que se oye" y hace uso
de ella de forma puntual para "bodas, bautizos y comuniones".
La
Iglesia es hoy nave que lleva al Reino pero las cosas deben cambiar. Cuando
hay coherencia de vida, testimonio de fe y compromiso serio nadie puede
establecerse como juez castigador, más bien al contrario, el amor,
el diálogo pausado, el perdon y la paz deberían ser la mano
que nos sostiene y el techo que nos cobija, Cristo en medio y Dios al fondo.
Así sí se puede creer en la Iglesia, así parece que
sería más cercana al Evangelio la propuesta de ser nave que
lleva al Reino, que es Reino de Dios entre los hombres y mujeres de nuestro
tiempo.