Queridos
amigos:
Nos
hubiera gustado estar presente en esta reunión que pretende profundizar
en lo que la NAO está siendo en la Iglesia y en las personas que
han participación o se han implicado n su realización. Tal
vez aún podamos acercarnos, pero por si ello no fuera posible os
dejamos estas palabras que sólo quieren ser clarificadoras, desde
lo que vemos y entendemos.
Todo lo que nace del Espíritu es Espíritu, y sólo esto
lo es. Sabemos que es algo obvio, por su origen evangélico, pero
ha de ser el criterio de la referencia a cuanto se proponga, de cara a presentar
una propuesta de oración y expresión de unidad y pluralidad.
Con frecuencia se hacen cosas porque parecen responder a fines en apariencia
buenos, o porque parecen dar respuesta a ciertas inquietudes, o por muchas
razones que pueden calificarse de aceptables. Pero pocas veces se profundiza
en la razón de ser de un compromiso de un algo abierto a todos. Por
eso, compartir lo que nos ha llevado en años pasados a la NAO, lo
que nos dice ahora, lo que hemos oído por otros, todo esto ha de
ser traído y meditado.
Queremos fijarnos en algunas de las palabras que la carta de invitación
a esta reunión contenían:
"Espacio
abierto, incondicional, permanente"
De
entre estas palabras se ha subrayado una: "permanente". ¿Por
qué? ¿es la NAO un proyecto de permanencia? ¿invita
a hacer surgir de ella, aunque con sus adaptaciones, una realidad de continuidad
y estabilidad? Nosotros no estamos seguros, no lo sabemos, y aunque hemos
participado en todas ellas, aún lo sentimos como un momento especial
en el año, como un encuentro de grupos y personas que viven cada
cual su realidad, pero que han comprendido que hay momentos para los que
son llamados a encontrarse. Es como un "concilio del arte y la fe",
para llevar a él la mejor expresión posible del artista que
Dios ha puesto en cada uno de nosotros, y desde él sugerir nuevas
formas y propuestas. Tal vez la permanencia le quite su frescura, no lo
sabremos hasta ponerlo a prueba. Si así fuera debería contar
con una aportación muy plural en las personas llamadas a dinamizarlo
y mantenerlo despierto.
Abierto:
Nave de todos. Ese es uno de los signos más importantes que le hacen
ser valioso. Aunque surgida en el seno de la Iglesia, está llamada
a dar cobijo a cuantos se suban a ella, aunque incordien, desentonen o no
sean del todo agraciados en su presencia y forma de ser, siempre que haya
un mínimo de respeto a la esencial dignidad de la persona. Esto es
tan difícil como necesario.
Incondicional:
La tensión entre libertad y compromiso que todo reto contiene dentro
de sí tiene un claro desenlace; la coexistencia, no siempre pacífica,
de ambas realidades en el corazón de cada hombre y mujer; como coexisten,
aunque sea a niveles puramente didácticos, el corazón y la
mente, el deseo y el deber, la luz y la oscuridad.
Lo que empieza siendo permanente termina resultando estático. Parece
ser una ley del quehacer humanos, tal vez, porque a las personas nos resulta
enormemente difícil resistirnos a la tentación de dejar una
huella perenne de nuestro paso por el mundo. Hoy todo dura muy poco, la
atención de las personas se completa con el instante presente, todo
está gravado con el estigma de lo efímero, la moda volátil,
al hombre le cuesta aceptar las cosas nacidas con vocación de permanencia.
Por ellos mismo esta propuesta de continuidad sea de difícil realización
pero a la vez puede ser un signo de contradicción.
Tal
vez no sea de gran ayuda cuanto hemos dicho aquí, pero hemos querido
dejar huella de nuestra inquietud por el tema y, sobre todo, de nuestra
presencia fraterna entre vosotros. A fin de cuentas en el mundo quedará
lo que antes quedó grabado en nuestro corazón.
Un
abrazo.