nao III
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Sonetos a María
Hector Pérez de los Santos
Comunidad Pueblo de Dios.

hectorpueblo@yahoo.es

 

LO QUE VISTE, MARÍA


Di, María, qué viste en el camino.
Yendo hacia Egipto, miedo en el desierto;
siendo niño, inquietud por tanto incierto;
y a los doce, vislumbras su destino.

Cuando haces que convierta el agua en vino,
su Mensaje dejaste al descubierto;
desde ahí hasta ver costado abierto,
fuiste viendo su amor a lo divino.

No dejes de decirnos lo que viste,
pues queremos obrar en consecuencia.

Los errores no te hagan, Madre, triste,
sino nos insinúe tu advertencia,

de que felicidad mayor no existe,
que al Mensaje entregar nuestra existencia.

LO QUE OÍSTE, MARÍA


Lo primero que oíste fue su llanto,
después de que Gabriel te lo anunciara,
y oíste el chillido y algazara
de quien por hijo y niño era tu encanto.

Y oíste al carpintero, en adelanto,
clavar de forma firme y clara,
sonido que sabías se compara
al de clavar en cruz, muerte de espanto.

Te aprestas a escuchar nuestro lamento,
pues tuviste muy duro aprendizaje;

perdemos en gritar todo el aliento,
sin saber que el silencio es tu lenguaje.

Oírte como ella es fundamento,
de estar desde el principio en tu Mensaje.

LO QUE TOCASTE, MARÍA


¿Fue, quizás, darle a luz satisfactorio?
Fuiste Madre de un cuerpo consagrado,
y lo mismo que estando a tu cuidado,
lo acogió tu regazo mortuorio.

Tocaste y ofreciste en ofertorio,
a un Dios que en ti al mundo se ha bajado;
dichosas esas manos que han tocado,
sólo a ti, lo esencial y lo accesorio.

Y ahora recordamos su Palabra,
que es feliz el menor en este mundo,

que su vida al Mensaje solo se abra,
y yendo a lo esencial, a lo profundo,

el terreno rotura, lo ara y labra,
para que en todo el mundo sea fecundo.

LO QUE SENTISTE Y GUSTASTE, MARÍA


Al final te sentiste abandonada,
gustaste de la sangre su amargura,
con razón quien predijo tu ventura,
te ve ser traspasada por espada.

A un nuevo Testamento das entrada,
y en ti hace el antiguo sepultura,
tú sentiste el dolor de esa ruptura,
el gozo de lo nuevo... poco o nada.

Tu dolor sigue vivo en esta tierra,
para ti sigue siendo un crucifijo,

pues quien a lo que ve sólo se aferra
sin hacer en verdad lo que él nos dijo,

la puerta de lo nuevo así la cierra,
e inútil fue tu ver en cruz al Hijo.