Si algo necesitamos todos, en este momento, es la fusión de ÉTICA
y MÍSTICA. Hay gente con inquietudes sociales. Quieren cambiar la
sociedad, el mundo, la Iglesia. Pero, si carecen de experiencia mística,
el empeño por el cambio se puede convertir en el vehículo
que canaliza nuestros sentimientos de omnipotencia. Y entonces nos volvemos
fanáticos, duros, intransigentes. Tendrmos muchas "razones",
pero no tendremos "corazón". Y es importanmte recordar
que, en el último siglo, gente cargada de razones se han cargado
a millones de seres humanos. Pero, al mismo tiempo, sólo con mística
no vamos a ninguna parte. O mejor, vamos derechos a la alienación
y al auto-engaño. Aquí me parece que es determinante recordar
que el tema que centró las preocupaciones de Jesús no fue
el tema del pecado, sino el tema del sufrimiento humano. Por aliviar el
sufrimiento, Jesús violó las leyes religiosas, se enfrentó
a los más observantes, provocó el conflicto mortal que le
llevó a morir colgado como un delincuente. Jesús hizo la síntesis
perfecta de mística y ética de la solidaridad. Sólo
así nuestra vida resultará creíble. Y sólo así
la Iglesia y las religiones en general, podrán decir algo que merezca
ser escuchado en este momento.