nao III
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"Lo que hemos visto y oido"
José Luis Restán
Cadena COPE. Licenciado en Periodismo.

Marzo 2001

 

Queridos amigos y hermanos:

Os ofrezco mi testimonio, nacido de la experiencia de mi trabajo y de mi pertenencia a la Iglesia. La comunicación debe ser siempre un testimonio veraz de la realidad. En el centro de la realidad está el hombre, y en el centro del hombre está su necesidad de sentido, su deseo de felicidad, de justicia, de belleza, es decir, su apertura al Infinito. Silenciar, tergiversar o ridiculizar esto, constituye la mayor mentira en que puede incurrir la comunicación social. Por el contrario, las preguntas y deseos del hombre deberían constituir el primer objeto de cualquier comunicación verdadera.

La sed de Dios permanece hoy en el mundo de los Medios de Comunicación, aunque a veces, por prejuicios ideológicos, se impida que esta sed se exprese libremente. Donde está el hombre que busca y desea, está la pista de Dios. Ya lo decía Edith Stein: "buscar la verdad, es una forma singular de oración", y evidentemente, siguen existiendo personas que buscan. Por otra parte, a pesar de todas las dificultades propias del momento, sigue habiendo cristianos que testimonian la novedad del Evangelio a través de su trabajo en los Medios, e incluso creo que se vislumbra ya una nueva generación de comunicadores cristianos.

En mi trabajo intento dar voz a esa búsqueda incansable del corazón humano, y trato de mostrar que Dios ha respondido implicándose en nuestra historia. Que se ha hecho hombre en Jesús de Nazareth, muerto y resucitado por nosotros, y que permanece a nuestro lado dentro del signo conmovedor de la Iglesia. Con todas sus limitaciones y debilidades (¡las de todos nosotros!), me atrevo a decir que la Iglesia es algo así como "la tierra de los milagros". Y no es extraño, porque el Espíritu del Señor no deja de obrar maravillas. Poder contarlas es un verdadero privilegio para quienes vivimos precisamente de contar cosas.

Con frecuencia se escucha que la Iglesia no sabe conectar con los hombres de nuestro tiempo, con sus inquietudes y preguntas. Sin embargo, observad que allí donde la fe se vive con autenticidad y en totalidad, el diálogo con los hombres de cualquier tipo y condición fluye libre y ligero, hasta llegar a la raíz de sus grandes preguntas y deseos.

Os propongo por tanto que viváis intensamente la fe, en el hogar de la Iglesia. Os invito también a vivir un amor intenso a la realidad, a su significado profundo que debe ser buscado infatigablemente. Si lo hacéis así, no tardaréis en lanzaros a comunicar, incluso a través de los Medios, si esa es la vocación de alguno. Valorad la Comunicación Social en su justa medida, porque está llamada a ser un instrumento precioso para la aventura humana, pero puede pervertirse hasta ser un factor de alienación. Otra sugerencia es que no sucumbáis al mito del hombre que presume de bastarse a sí mismo, tan de moda hoy en día: además de fracasar, este tipo de hombre es objeto de todas las manipulaciones posibles por parte de los poderes de turno. Una persona sólo puede crecer si pertenece a una comunidad en la que es querida por el simple hecho de que existe: la familia, la amistad verdadera, la Iglesia….. Ahí es donde se aprende a comunicar y a discernir todo lo que se recibe a través de los medios de comunicación.

Por último os pido que recéis por cuantos trabajamos en esta frontera de los Medios, para que no decaiga nuestro testimonio de cuanto hemos visto, oído y palpado del Verbo de la vida.

Recibid un fuerte abrazo, en comunión.

José Luis Restán