Queridos amigos y hermanos:
Os
ofrezco mi testimonio, nacido de la experiencia de mi trabajo y de mi pertenencia
a la Iglesia. La comunicación debe ser siempre un testimonio veraz
de la realidad. En el centro de la realidad está el hombre, y en
el centro del hombre está su necesidad de sentido, su deseo de felicidad,
de justicia, de belleza, es decir, su apertura al Infinito. Silenciar, tergiversar
o ridiculizar esto, constituye la mayor mentira en que puede incurrir la
comunicación social. Por el contrario, las preguntas y deseos del
hombre deberían constituir el primer objeto de cualquier comunicación
verdadera.
La
sed de Dios permanece hoy en el mundo de los Medios de Comunicación,
aunque a veces, por prejuicios ideológicos, se impida que esta sed
se exprese libremente. Donde está el hombre que busca y desea, está
la pista de Dios. Ya lo decía Edith Stein: "buscar la verdad,
es una forma singular de oración", y evidentemente, siguen existiendo
personas que buscan. Por otra parte, a pesar de todas las dificultades propias
del momento, sigue habiendo cristianos que testimonian la novedad del Evangelio
a través de su trabajo en los Medios, e incluso creo que se vislumbra
ya una nueva generación de comunicadores cristianos.
En
mi trabajo intento dar voz a esa búsqueda incansable del corazón
humano, y trato de mostrar que Dios ha respondido implicándose en
nuestra historia. Que se ha hecho hombre en Jesús de Nazareth, muerto
y resucitado por nosotros, y que permanece a nuestro lado dentro del signo
conmovedor de la Iglesia. Con todas sus limitaciones y debilidades (¡las
de todos nosotros!), me atrevo a decir que la Iglesia es algo así
como "la tierra de los milagros". Y no es extraño, porque
el Espíritu del Señor no deja de obrar maravillas. Poder contarlas
es un verdadero privilegio para quienes vivimos precisamente de contar cosas.
Con frecuencia se escucha que la Iglesia no sabe conectar con los hombres
de nuestro tiempo, con sus inquietudes y preguntas. Sin embargo, observad
que allí donde la fe se vive con autenticidad y en totalidad, el
diálogo con los hombres de cualquier tipo y condición fluye
libre y ligero, hasta llegar a la raíz de sus grandes preguntas y
deseos.
Os
propongo por tanto que viváis intensamente la fe, en el hogar de
la Iglesia. Os invito también a vivir un amor intenso a la realidad,
a su significado profundo que debe ser buscado infatigablemente. Si lo hacéis
así, no tardaréis en lanzaros a comunicar, incluso a través
de los Medios, si esa es la vocación de alguno. Valorad la Comunicación
Social en su justa medida, porque está llamada a ser un instrumento
precioso para la aventura humana, pero puede pervertirse hasta ser un factor
de alienación. Otra sugerencia es que no sucumbáis al mito
del hombre que presume de bastarse a sí mismo, tan de moda hoy en
día: además de fracasar, este tipo de hombre es objeto de
todas las manipulaciones posibles por parte de los poderes de turno. Una
persona sólo puede crecer si pertenece a una comunidad en la que
es querida por el simple hecho de que existe: la familia, la amistad verdadera,
la Iglesia
.. Ahí es donde se aprende a comunicar y a discernir
todo lo que se recibe a través de los medios de comunicación.
Por
último os pido que recéis por cuantos trabajamos en esta frontera
de los Medios, para que no decaiga nuestro testimonio de cuanto hemos visto,
oído y palpado del Verbo de la vida.
Recibid
un fuerte abrazo, en comunión.
José
Luis Restán