La historia Brotes
de Olivo y la comunidad de Pueblo de Dios,
desde sus comienzos, ha sido del todo inconsciente, sin más planteamiento
- también inconsciente - que el de buscar el Espíritu
de Dios en los distintos pasos que se fueron dando desde hace algo más
de 40 años. Éstos siempre estuvieron motivados por lo
que los demás pensaban o veían en nosotros. En ello fuimos
entendiendo por donde debía ir nuestro camino hacia Dios.
1. Cuando comenzábamos a analizar y profundizar lo que entendíamos
como "Vida en Comunidad" , se produjo un problema familiar
grave entre quienes buscábamos vivir tal realidad y consecuencias;
ésto conmovió la vida entre varias familias. Nos decían
que existía una desencarnación del problema, y ello va
a generar una reflexión profunda. De ahí nació
aquel canto - acababan de comenzar a cantar los Brotes de Olivo - y
oración de "Tu alegría, mi alegría, tu tristeza,
mi tristeza..." Con ello, en una de las primeras pruebas que nos
aparecía, el Señor nos alentaba a vivir "Todos Juntos"
en el espíritu la verdadera realidad de todos. Transcurridos
treinta años, hoy podemos decir que Dios nos manifestó
nuestro papel para lo que iba a ser nuestro futuro dentro de la Iglesia
Universal. Sucedía en los años 1.971 / 72.
2. Se fue propiciando
la vivencia entre "pequeños y grandes", "listos
y no tan listos", laicos y religiosas/-os, niños y adultos.
Se planteó desde una vida en libertad permisiva sin imaginar
la trascendencia que supondría. Surgió una apertura a
todo, y en ella, la aceptación de lo que Dios nos fuese manifestando
a favor de la unidad en la raíz y en las circunstancias, aludida
en el párrafo anterior. Sucedía entre 1.972 y 1.974.
3. En la visita
a cierto obispo castellano de aquellos años y hablar de lo que
estábamos viviendo, nos manifestó algo sobre lo que intuía
a través de lo que fue advirtiendo: nuestro papel en la Iglesia
iba a ser el de "fermento de comunión". Por razones
que para muchos se convertía en "nuestra responsabilidad",
se nos instaba a fundar un movimiento que garantizase no perder lo de
Dios que a todas luces estaba sucediendo. Hemos de manifestar que desde
como lo sentíamos, jamás nos sentirnos llamados a hacerlo.
Hoy creemos que de haberlo hecho, la intuición del Pastor sobre
nuestro ser fermento jamás pudiera haberse dado, desde el momento
en que el fermento desaparece sin dejar huella, sabor, color o apellido.
Lo que comentamos ocurría allá por el año 1.976.
4. La llamada
a la santidad dentro de los esquemas de los citados años, nos
propició distintas vivencias que nos hizo dar un vuelco total
a los mismos, hasta el punto de producirnos una fortísima interrogante:
¿por qué tantos santos en la Iglesia y no existir ninguna
"Comunidad Santa" a lo largo de 20 siglos?. Este apercibimiento
iría provocando reflexiones cada vez más profundas. En
el trasfondo de las mismas siempre aparecían raíces en
el Antiguo Testamento: "el Pueblo Santo". En la actualidad,
y ante lo que ocurre a todos los niveles de la sociedad, la política,
la economía, la propia Iglesia, cada vez vemos con mayor necesidad
tomar el pulso a estos planteamientos y encontrarle una genuina respuesta,
dada la trascendencia que encierra. Esto que decimos sucedía
en el otoño de 1.978.
5. El Pentecostés
98, la Novo Millenium Ineunte, las apreciaciones de ciertos teólogos
en cuanto a "Nuestra Pasión por el Todo", y la opinión
generalizada de tantos sobre nuestra credibilidad histórica en
el papel de Unidad, hoy nos hacen comprender que "nuestra llamada
a desaparecer", a no hacer proselitismo más que del Evangelio,
a dejar huellas del mensaje y ninguna de nosotros como mensajeros, ha
constituido un camino que mucho tiene que ver con el papel que nos ocupa.
Para ello, como alguien también nos insinuara, debíamos
tener "carretones de humildad". Es en esto donde ponemos toda
el alma, la mente y el corazón. Si es de ÉL lo que entendemos,
ojalá sepamos ejercer tal tarea, como forma única desde
la que ejercer tal labor. Que Dios nos ayude. Año 2000 hasta
nuestros días.