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El Placer de Servir
Jn. 13, 1-17; Mc. 10, 45

 

La Naturaleza y sus criaturas, todas fueron creadas para gozar, precisamente desde la vivencia del Servir. Servir es alcanzar la máxima cota de anonadación, de hacerse el último por amor a todas las mujeres y hombres de todos los tiempos. El servicio tiene su arranque en el Evangelio, en Jesús de Nazaret, que sirvió al dolorido, al loco, al tullido, a la adúltera...El servir era la razón profunda de su vida, y a ella optó desde el silencio y desde su Palabra: "No he venido a ser servido sino a servir" Mc 10, 43-45.

Está basado en la grandiosidad de la Naturaleza. En ella todo es un anhelo de servicio. Sirven la nube, el viento, el surco, la flor, la tierra. Cada miembro está llamado a sembrar lo que hubiere de ser sembrado y ejecutar los esfuerzos que otros rehuyen. A allanar los caminos y poner fin a los problemas. A hacer crecer la Fe y la Esperanza donde los demás la perdieron y a salpicar la nota alegre en los corazones tristes.

El Servicio que tiene límites, ya no es servicio, puesto que éste es el manifiesto externo del Amor. SERVICIO, como Él sirvió, haciéndose el último.

Toda la naturaleza es un anhelo de servicio.
Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco, sirve la flor, sirve la tierra.
Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú;
donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú;
donde haya un esfuerzo que todos rehuyen, hazlo tú;
sé tú el que aparte la piedra del camino,
el que ponga fin al problema, el que ponga luz donde los demás perdieron la esperanza, el que salpique gozo en los corazones tristes.

Pero, qué triste sería el mundo si todo en él estuviera hecho;
si no hubiera un rosal que plantar, un niño que peinar,
o una misión una empresa que emprender.

Hay alegría de ser santo y la de ser justo,
pero hay, sobre todo, la hermosa, la inmensa alegría de servir.

No caigas en el error,
de que sólo se hacen méritos con los grandes trabajos;
hay pequeños servicios:

arreglar una mesa, ordenar unos libros, peinar una niña.
Aquel el que critica, éste el que destruye;
sé tú el que sirve.

El servir no es una faena de seres inferiores.
Dios, que es el Creador y la Luz, sirve.
¡Pudiera llamarse: "el que sirve"!

Y tiene sus ojos en nuestras manos
y nos pregunta cada día:
¿Serviste hoy? ¿A quién?
¿Al árbol? ¿A tu hermana? ¿A tu madre?

Gabriela Mistral