La
CASA PARA LA COMUNIÓN Y LA VIDA, quiere ser un ESPACIO DE ENCUENTRO
DIOCESANO en el que las distintas realidades eclesiales busquen unidas hacer
verdad y vida, la oración y el deseo profundo de Jesús antes
de morir: "Que todos sean una sola cosa; como tú, Padre, estás
en mí y yo en ti, que también ellos sean una sola cosa en
nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he
dado la gloria que tú me diste para que sean uno, como nosotros somos
uno. Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectos en la
unidad, y así el mundo reconozca que tú me has enviado y que
los amas a ellos como me amas a mí." (Juan 17, 21-23). Esta
oración de Jesús por la unidad, cuando la asumimos en la misma
clave que Él la asumió, nos lleva a vivir APASIONADOS por
el TODO, o lo que es lo mismo, vivir apasionados por el Reino de Dios y
su justicia para todos los hombres y mujeres de todos los tiempos.
Esta petición de Jesús al Padre sería suficiente motivo
para que estos espacios y encuentros diocesanos se produzcan, pero además
la llamada urgente del Papa, en su Carta Apostólica NOVO MILLENNIO
INEUNTE nº 43, al terminar el Jubileo del año 2000, y dirigida
a todo el Pueblo de Dios, nos exhorta a todas las realidades eclesiales,
(congregaciones religiosas, movimientos eclesiales, sacerdotes, religiosos
y religiosas, laicos y seglares, pastores... ) a hacer de la Iglesia la
casa y la escuela de la comunión. Ya han pasado tres años
desde que se nos alentaba a esta tarea, y la búsqueda de esa espiritualidad
de comunión ha dado como fruto estos encuentros que humildemente
quieren ser una CASA PARA LA COMUNIÓN Y LA VIDA donde "dar espacio"
a las distintas realidades eclesiales.
La CASA PARA LA COMUNIÓN Y LA VIDA desea y busca la diversidad, y
la siente como necesaria. La verdad no es de nadie en exclusiva y necesitamos
de los otros. Los encuentros son como nos decía José Cristo
Rey "círculos de escucha" donde cada uno expresa con naturalidad
lo que intuye y descubre. Estos Espacios de Encuentro no quieren ser un
grupo más dentro de la Iglesia, que tenga como carisma la búsqueda
de esa espiritualidad de comunión. Son y deben ser ante todo, momentos
de encuentro entre las distintas y diferentes pluralidades de la Iglesia,
en los que, todos juntos, busquemos la forma de ir haciendo de la Iglesia
diocesana una casa y una escuela de comunión. La CASA PARA LA COMUNIÓN
Y LA VIDA como pequeño germen de búsqueda común, nace
en la diócesis y quiere ser eminentemente diocesana.
La Palabra de Dios nos revela que los carismas y dones espirituales recibidos,
son para el bien común, es decir, para el bien de toda la Iglesia:
1 Corintios 12, 4-7: Hay diversidad de dones espirituales, pero el Espíritu
es el mismo; diversidad de funciones, pero el mismo Señor; diversidad
de actividades, pero el mismo Dios, que lo hace todo en todos. A cada cual
se le da la manifestación del Espíritu para el bien común.
La CASA PARA LA COMUNIÓN Y LA VIDA investiga y trata de descubrir
cómo poner al servicio de toda la Iglesia los carismas que cada realidad
eclesial tiene. Esto trae como consecuencia "salir" del grupo
de cada uno, de la mentalidad que tenemos, para buscar lo que ninguno posee,
y lo que solamente, todos juntos podemos descubrir. Se nos plantea "perder
nuestra propia identidad".
Estos
espacios quieren tener como fundamento la Libertad Gloriosa de los Hijos
de Dios, porque a eso fuimos llamados: Gálatas 5, 1. 13-15: Cristo
nos ha liberado para que seamos hombres libres; permaneced firmes y no os
dejéis poner de nuevo el yugo de la esclavitud. Nuestra vocación
hermanos es la libertad. No hablo de esa libertad que encubre los deseos
de la carne, sino del amor por el que nos hacemos esclavos unos de otros.
Porque toda la ley se resume en ese precepto: Amarás a tu prójimo
como a ti mismo. Pero si os mordéis y devoráis los unos a
los otros, llegaréis a destruiros mutuamente.
¿No
es esto lo que está ocurriendo en tantas Parroquias y movimientos
donde no se asumen como míos, los éxitos y los errores de
los otros a los que no consideramos de nuestra Familia (tal vez porque nosotros
somos los buenos, los que cumplen con lo establecido, los que de verdad
sabemos lo que hay que hacer?) ¿Nos estamos destruyendo mutuamente
al no descubrir ese amor que nos hace hacernos esclavos unos de otros?
Actualmente la CASA PARA LA COMUNIÓN Y LA VIDA desarrolla estos espacios
de encuentro en el Centro Ecuménico de las Misioneras de la Unidad,
situado en la calle José Arcones Gil, 37-2º (metro Ciudad Lineal).
Estos encuentros se producen mensualmente con la intención de buscar
entre todos y con todos, cómo hacer de la Iglesia la Casa y la Escuela
de Comunión.
Estos encuentros son además encuentro personal con Dios a través
de la oración, (todos los viernes a las 20:00 h.) Vamos descubriendo
que es imprescindible un trabajo personal constante y un encuentro diario
con la Palabra, como la única manera de vivir la unidad que Jesús
quiere y no la que nosotros pensamos. El discernimiento de ese encuentro
personal con Dios lo trasladamos a la reunión mensual.
En
este momento la CASA PARA LA COMUNIÓN Y LA VIDA va experimentando
la necesidad de visitar y conocer otras realidades eclesiales para compartir
y aprender con ellas. Con sufrimiento, con misericordia y aún sin
entender, intentamos asumir como nuestra cualquier infidelidad de la Iglesia
que sentimos también como las nuestras.
Es
muy importante el papel que juegan en esto, nuestros pastores, puesto que
han sido invitados a participar, y son guardianes de la unidad de la Iglesia.
Sin ellos no buscaremos "en Espíritu y Verdad" lo que Dios
nos pide. Es importante en estos encuentros lo que el Magisterio de la Iglesia
nos enseña en este sentido. Estamos abiertos a lo que podamos aprender.