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Todo esto es para decirte, deciros, que los espacios que en cierta medida
conocéis, Noche y Arte en Oración (N.A.O.), Reflexión
Eclesial Plural, participación en los encuentros Pentecostés
98, reuniones de sacerdotes de distintos carismas, participación
en las misiones populares renovadas... no tendrán su verdadero sentido
en tanto no estén asumidas y enviadas por todos. Pensar así,
solo nos resulta posible conseguirlo y donde mejor lo podemos entender es
en lo diocesano, es decir, en clave de diocesaneidad. Ahí, y arriesgando
en Nombre del Espíritu, sabemos que el Pastor cuidará y apoyará
tal espacio, reconociendo el deseo conjunto y al mismo tiempo, dando a cada
carisma el lugar que dentro del cuerpo le corresponde. En definitiva, hablamos
de un espacio a construir por todos de forma permanente, nacido de:
§
la esencia evangélica,
§ de la necesidad eclesial de "crear una espiritualidad de comunión"
que a todos nos avale y nos impulse, y ello,
sin que se convierta en un grupo al que hay que apuntarse y comprometerse,
ya que donde hemos de darle vida es en el corazón. Y desde ahí,
y desde la Libertad que da gloria a Dios, participar en dicho espacio, de
forma permanente - según la importancia y urgencia que cada persona
o grupo le conceda. Un espacio Uno y Plural, Ecuménico y Universal.
-
Estamos convencidos que "todo lo que no sea trabajado, descubierto
y puesto en práctica entre todos -cuanto más diferentes seamos
más de Dios será-, llevará un algo parcial que anulará
los resultados cual Dios y la Palabra los quiere, para toda la Iglesia y
como consecuencia, para toda la humanidad".
Según
esto y basado en:
-
la Palabra de Dios "Que todos sean UNO para que el mundo crea"
Jn 17, 21
- la N.M.I nº 43, en la que el Papa nos llama a vivir una "Espiritualidad
de Comunión"
- el hambre general de toda la Iglesia por ser fiel a la esencia del camino
y el aterrizaje de sus llamadas
ha traído como resultado un generar en la mente y el corazón
"Espacios de Diocesaneidad" desde una experiencia "Nacida
de todos y para todos", cuya realización solo tiene posibilidad
desde la Diócesis y bajo la asunción de su pastor.
Pongámonos
en contacto, investiguemos juntos, compartamos experiencias, pero sobre
todo en Libertad y Comunión. Entremos en esa unidad plural de carismas,
funciones y ministerios que el Espíritu suscita y enriquece a toda
su Iglesia, y busquemos en Su Nombre lo que nos puede llevar al Sueño
de Dios para toda la humanidad.... ¡SINTÁMONOS UNO, EN ESPÍRITU
Y EN VERDAD ... ¡Conozcamos todos juntos el don de Dios.
¿Cómo
ver qué nos pasa? ¿Cómo hacerlo, no de forma reducida
o parcial (clave de miembro), que es lo que en definitiva produce la dispersión
y la confusión, sino de forma conjunta (clave de cuerpo) , donde
todos puedan opinar, y nadie sienta que se le juzga, excluya, margina o
no se le tiene en cuenta?.
¿Es
bueno, oportuno y constructivo el cuestionarnos sin emitir juicios alguno,
el juicio solo es de Dios -desde el Amor, en la intimidad de nuestra alcoba
y en oración ante la Palabra- sobre:
- si nuestros grupos de Iglesia, responden más al seguimiento de
Cefa, Pablo o Apolo que al seguimiento radical de Cristo y a su Mensaje
de encarnación universal en toda la humanidad,
- lo qué hay en nuestras comunidades, movimientos, parroquias, grupos,...
que está impidiendo la Unidad que Jesús quiere para que el
mundo crea y que de forma sibilina no apreciamos ya que lo hemos revestido
de mascaras de comunión?
Recordando
lo que os pusimos en la carta anterior, hablamos de un "Espacio Cuerpo"
a construir por todos de forma permanente, que huela a Iglesia Una y Plural
y nazca de:
§
la esencia evangélica,
§ de la necesidad eclesial de "crear una espiritualidad de comunión"
que a todos nos avale y nos impulse, y ello,
§ sin que se convierta en un grupo al que hay que apuntarse y comprometerse,
ya que donde hemos de darle vida es en el corazón. Y desde ahí,
y desde la Libertad que da gloria a Dios, participar en dicho espacio según
la importancia y urgencia que cada persona o grupo le conceda. Un espacio
Uno y Diverso, Ecuménico y Universal.
- Está acabando el tercer año del inicio de este milenio y
se acerca la celebración del acontecimiento de vida más importante
y trascendental ocurrido en la historia de la humanidad: la Navidad o vida
y encarnación de un Dios hecho niño entre pajas, tablas y
animales, en un establo pobre y olvidado. Un niño pequeño
y pobre nacido en la inseguridad, en la persecución, en la frontera,
en lo liminal y excluido de la sociedad ...
Este
reciennacido fue en cierta medida el primer refugiado que tuvo que emigrar
a una tierra desconocida, el primer "camisa mojada" que cruzó
los mares del desierto de Egipto, en una patera "de cuatro patas"
hacia un país extranjero. Y este sí tuvo la suerte de llegar
a Egipto. Hoy la mayoría se quedan en el intento.
Sin
parientes ni familia huyeron hacia el destierro, como miles, millones de
niños, mujeres y hombres que deambulan hoy de aquí para allá
buscando la Vida, el modo de sobrevivir.... Vida y alimento que paradógicamente
sólo pueden encontrarlo auténticamente, en aquel niño
pequeño y pobre "convertido en alimento de la vida" que
ya antes recorrió y que ahora continúa recorriendo junto a
ellos y entre ellos (Enmanuel = Dios con y entre su pueblo) el mismo camino
de pobreza, abandono y persecución.
Parémonos
y reflexionemos un momento. Si hoy tuviese que nacer de nuevo Jesús
¿en qué lugar preferente nacería? ¿A qué
país, a qué pueblo, a que establo... habría que ir
para encontrarnos con él, y adorarlo con todo nuestro ser?
¿Dónde
nacerá hoy el Dios de la Vida?
Los
espacios TodosUno o Casa para la Comunión y la Vida, intentan pobre
y humildemente ser una pequeña respuesta afirmativa a esta pregunta.
Hace algo así como un año, si recordáis, comenzamos
estos encuentros o "Círculos de Escucha" tras la reunión
- con el cardenal D. Antonio María Rouco - de presentación
de dicho espacio; enmarcados en un ambiente de oración y con vocación
de hacer nacer lo común entre todos.
Escucharnos
como plurales para hacernos UNO en la opción, y comunicarlo a los
hermanos para crear un "Espíritu de Comunión ("Al
comienzo del nuevo milenio"); un espíritu que llegara al corazón
de la Iglesia: "Procurad lo que edifica a la Iglesia y así tendréis
en abundancia" (1Co14,23), y que hiciera posible hacernos familia en
torno al único Señor.