OFICIALIDAD
- DIOCESANEIDAD DEL ESPACIO "TODOS UNO" en la DIÓCESIS
DE HUELVA
Hablar
de diocesaneidad desde lo que hemos recibido y vivido en nuestra historia
es hablar de "Fundación" nacida de las partes que se urgen
entre sí una conciencia profunda, real y visible, de Cuerpo de Evangelio.
Ello implica la vuelta al origen universal de la vocación, y que
obviamente luego se ramifica. Termina en lo que hoy podemos decir que es
cuanto existe en torno a este tema. Sin embargo, en la clave que hablamos
tiene como diferencia que nace desde una distinta concepción, convencida
de pertenecer a un todo, alimentándose y debiéndose a la conciencia
conjunta creada por todas las partes. Éstas, sin abandonar su carisma
y servicio, le encuentran a su vez mayor razón evangélica
y eclesial, precisamente lo que entendemos como clave diocesana, razón
universal del Proyecto de Dios contenido en Su palabra.
De
esta "Fundación" diocesana sobreviene y se da la "Vocación
Universal". Nace de la relacionalidad, reciprocidad y complementariedad
de las partes; sin ellas, cuando se les toma el pulso y su por qué,
vemos que les resulta imposible contemplarse de otra manera, al descubrir
la sobre-dimensión que adquiere y comprender su papel más
hondamente evangélico. La "Vocación Universal",
más que algo específico, que establece formas, caminos a recorrer...
es un estado de encuentro con la llamada "multifuncional" de la
Palabra de Dios en su respuesta al mundo, cuando nos encarnamos en su problemática.
La respuesta no nace de la sensibilidad ante la misma, sino de la no aceptación
de las diferencias históricas establecidas, dadas por válidas,
lo cual es causa de enajenación y circunstancialidad.
Todos
Uno, por la historia que la produce en la que todos intervienen, por la
razón por la que nace, que lo hace con conciencia de todos y para
que llegue a todos, en si mismo encierra toda una espiritualidad universalmente
evangélica
1.
Nace desde el cuerpo
2. Con conciencia de Cuerpo, no dejar a nadie atrás, para llegar
y asumir a todos.
3. Al convocar a todos, desde su servicio, medida, participación
indiscriminada, realidad de conjunto que manifieste la universalidad del
Proyecto de Dios y éste en la Iglesia, encierra la Unidad Trinitaria.
4. Ayuda a comprender la falta de conciencia Universal de la Palabra a quienes
sentimos que nuestra realización y servicio dentro de la Iglesia
lo sentimos y es por separado.
Trascendencia, ¿qué hacer para advertirla? ¿Cómo
nos implica y complica, por deseo personal nacido de lo que queremos que
llegue y no acaba de producirse?
Espiritualidad
de comunión, ¿cómo llegar a su verdadera esencia?
Todo
en contexto TODOS UNO.
Ofrecimiento
personal al Señor Obispo sobre la presencia eclesial en cada parroquia.
Proposición alto arriesgado desde como son las tradicionales realidades
en las que se ha utilizado al seglar, y en la medida tan poco reconocida,
gratuita, cuando ha hecho falta.
A
los misioneros populares tradicionales los llaman los párrocos porque
no hay otra cosa, pero están convencidos de que los párrocos
no creen en sus resultados porque no creen en las parroquias.
Todos
Uno tendrá que sostener los comienzos. Debemos llevar convicciones
y desaparecer. Esto lo veo cada vez más grande, desaparecer. Nos
toca sembrar. Desaparecer significa dejarnos en libertad y liberar a los
demás. De no ser así siempre seremos dependientes. Esto es
un grito muy fuerte a nosotros, hoy. La libertad nos deja vacíos,
sin posesión
<<
Estamos convencido de tener ante nosotros una tarea común "no
usual", que por como se ha ido resolviendo incorpora en igual medida
y manera a todos, a participar desde su propia experiencia. Es por lo tanto,
riquísima en la apertura y en el contenido "totalmente diocesano/eclesial"
que entre todos iremos construyendo. Esto encierra una responsabilidad tal
que hay que tomarla "en efecto" tal y como se plantea. De ahí
la continuidad, permanente y en libertad de presencia según lo vean
y se entienda, que hemos de tener en cuenta desde el principio.>>
REFLEXIONES
PREVIAS A "LA OFICIALIDAD DE LOS TODOS UNO" EN LA DIÓCESIS
DE HUELVA
Hemos vivido una larga historia de búsqueda, intentando ser fiel
a lo que se fuese presentando, sometidos a muchas dificultades nacidas de
ese intento de fidelidad. En ello se entremezclaba lo ingenuo, lo tradicional,
lo no entendible desde lo poco que se sabía de la Palabra, y los
escasos conocimientos de la historia de la Iglesia, de teología,
de cierta formación al respecto... Todo esto ha traído muchos
conflictos y malos entendidos, ya que desde la buena voluntad y afán
de los participantes, todos queríamos hacer prevalecer algo de lo
que conocíamos, a lo que queríamos ser fieles... Y en esa
buena voluntad, no nos interpelaba mucho la no-coincidencia de los pareceres;
cada uno defendíamos nuestra forma de ver, sin que os interpelara
seriamente lo que los otros manifestaban, "descuadrado" de lo
que pensábamos. De haberlo tenido en cuenta, el examen y análisis
de cuanto aportábamos entre todos nos hubiera ofrecido razones que
diesen posibilidad al Espíritu de estar operando a favor de la Verdad
de Dios que todos supuestamente buscábamos. Sin embargo, de esta
"sin razón" fue naciendo una autoridad de reflexión
sobre muchas de las interrogantes sin respuesta que hoy envuelve a la Iglesia.
Reconocemos
- humildemente por un lado y dando gracias a Dios por lo vivido, que no
es ese el caso de los "escritos al respecto en general" que aparecen
hoy en torno a la Iglesia y a su papel evangelizador en el mundo. En la
mayoría de las ocasiones están movidos más para el
rescate de situaciones vividas anteriormente (que evidentemente no están
dando los frutos de Dios anhelados), que para encontrar la raíz y
el por qué no los produce. En general se intenta la continuidad y
fidelidad a algo que anteriormente tuvieron circunstancias y resultados
mejores que las que actualmente se ven, buscando y esperando su continuidad.
No obstante, en aras y la defensa de lo que debieran ser "los frutos
reales evangélicos", de familia universal, de encarnación
recíproca de los miembros convencidos, no podemos decir que obedecieran
a realidades nacidas del espíritu y la verdad de la Palabra, que
diesen motivos y respuestas a lo que desde dicha Palabra de Dios ha de ser
abundante y permanente. Debemos intentar analizar y llegar a encontrar fundamentos
sobre, ¿por qué cae lo que se estaba dando y produciendo?
¿Es que no podemos contemplar en nombre y en la acción del
Espíritu, que puede ser ÉL - el Espíritu vivificador
del Proyecto de Dios - el que esté haciendo caer lo que hacemos,
porque lo que hacemos no es de ÉL? ¿Por qué sentir
tanto dolor en lo que nos ocurre, en vez de alegrarnos porque es posible
que Dios nos esté queriendo hace ver que "sus cosas y resultados"
no son como nosotros las entendemos, y que con la caída de lo existente,
nos quiere llevar al encuentro de Su Espíritu y su Verdad, y con
ello, los frutos abundantes y permanentes que nos habla la Palabra de Dios?
La
Novo Millenium Ineunte, "Al comienzo del nuevo milenio", llama
a la Unidad, remando, aventurándonos en ir "Mar adentro",
lo cual implica la tarea de un ir donde nunca estuvimos, navegar donde nunca
quisimos, exento de las seguridades que pueden hacernos permanecer en la
tierra desde la que - por estar instalados - no podemos descubrir lo que
Dios mismos nos prepara de nuevo. Hay que salir de la tierra, sin saber
dónde ni cómo. Y si lo hacemos, hemos de confiar en Quién
nos lo pide, sabiendo que seremos bendición para muchos. De continuar
en la misma posición y actitud, desde los posibles equívocos
que puede incluir, nunca sabremos lo que Dios quiere de nosotros.
Actualmente,
todo aquello que puede no estar en clave de Unidad en su más profunda
raíz, se detecta más evidentemente y en gran medida - obviamente
- en los grandes grupos de Iglesia del momento, y que son los que aportan
vocaciones a "eso que está cayendo". Podríamos decir
que ante una Iglesia que no tiene credibilidad, atractivo y enamoramiento
recíproco entre sus miembros, las vocaciones que nacen para que ejerza
su servicio, son vocaciones de dudosa fidelidad al Espíritu único
que la mueve y la conduce. Éstos tratan de responder al encuentro
del motivo de la falta de Unidad desde la Palabra, a la llamada constante
del Papa en el encuentro del Pentecostés 98. Y dedican tiempo, buscan
y programan reuniones que tratan de compatibilizar lo que cada uno tiene
desde su visión; el esfuerzo se hace patente. Sin embargo no tratan
de ver en dónde está la razón por la que no son UNO
con todo el resto de la Iglesia, y que lo que buscan no tiene la intención
de quererlo ser, al menos intentando contemplar lo que de Dios tienen para
añadirlo a la complementariedad del Espíritu... La realidad
eclesial, al no ser UNO con el resto, es la propia Palabra la que nos dice
que en ello reside la incapacidad de atraer a nuevos miembros a la familia
de Dios, precisamente porque no nacen del genuino y auténtico manantial
de Dios y su Palabra, que es "Agua Viva" para todos... Al faltar
el espíritu y la verdad de la Palabra, "lo nuevo en renovación
constante" no está ni se produce, y como consecuencia, nadie
se embarca en algo falto de prestigio y enamoramiento de aquello que se
promulga.
La
unidad no puede sobrevenir por necesidades de un sistema que las reclama,
y que a la vista de sus resultados, no enamoran, no producen la Fe en aquellos
que los contemplan.
Y
todo esto es para decir que muchos no buscan por los derroteros que nos
sitúan ante los nuevos senderos de algo que está cambiando.
A nosotros se nos ha otorgado la gravísima responsabilidad de encontrarnos
de forma inconsciente, sin programas ni deseos que obedezcan a nada que
tenga que ver con algo que no sea la Unidad Universal. Y así, la
Familia universal, la encarnación de todos en todos, la constatación
de que Dios no lo hacemos presente allí donde algo se nos olvida,
o nos resulta ajeno o circunstancial.
Ante
tan infinita y nueva tarea hemos de sentirnos la más grande de las
miserias, y sabiendo que cada uno ha de jugar su papel, ninguno más
importante que los demás; si acaso menos por sí mismo al haber
podido recibir solo una gestión "coordinadora" entre todo
aquello que se vaya descubriendo. Podemos decir que los avances que se han
ido produciendo son precisamente porque ante la riqueza que supone aprender
de todos, esa razón de conjunto venida desde fuera por pura Gracia,
es la que produce un verdadero avance en el reconocimiento de todo lo que
Dios va manifestando. Ahí radica la importancia de reconocer al Espíritu
en los demás, y junto a esto, el intento inconsciente de seguir acumulando
datos que hablen en su momento de la verdadera presencia del Espíritu
en nosotros.
Pasado
el tiempo, la oficialidad que se avecina en la diócesis de Huelva
nos hace presumir (no sentirnos presumidos, sino intuir, esperar...) que
con lo que vamos a comenzar se avecina una etapa en la que lo presuntamente
de Dios necesario para la Iglesia real en la que estamos, pone en nuestras
manos una llave de "acceso universal", primero en nuestra Iglesia
particular; al tener la oficialidad de la universal, dispara su acción
y repercusión al resto de la Iglesia, en nuestro caso "un resto"
que es el 99% de toda la Iglesia.
Se
trata de una llave del Espíritu abierto a la posibilidad de manifestar
la acción incontrolada del mismo, para toda la Iglesia. Y esto con
la responsabilidad de saber que la Iglesia es del Espíritu, habla
de Espíritu, y lo busca siempre, pero sin dejar de reconocer que
los frutos que produce hoy no son precisamente los del Espíritu Santo
de Dios, guía, aglutinador, defensor de la Causa del Amor, generador
de confianza en todas las circunstancias, tanto más cuanto más
difíciles son aguijón en tiempos de conformismo, relax, desvío
de la esencia de Dios... Es en definitiva, el Espíritu que nos defiende
y estará con nosotros hasta el final de los tiempos, de forma que
todo esté según ÉL, claro está, en la medida
en que su acción múltiple, sea una realidad vital consecuente
en quienes se fían de ÉL
Estar en una Iglesia, que cree vivir con conciencia de Espíritu y
no observar consecuentemente la gravedad de que sus frutos no son los que
nos manifiesta la Palabra, encierra un cúmulo de presupuestos, cuidados,
reflexiones interpelativas hasta lo más íntimo... por parte
de todos. Así, desde como al día de hoy nos ha constituido
la historia, por la forma que lo entendemos se nos hace prácticamente
imposible. ¿Cómo crear una mínima reflexión
en la que - mirándonos cada quién a sí mismo - podamos
ver dónde no damos razón del tan repetidamente buscado Espíritu,
a lo largo de la historia, y sobre todo a partir de Jesús? Fue ÉL
Quién nos prometió que nos lo enviaría para que entendiésemos
lo que a través de Su Palabra y con su Vida no supimos comprender.
Es
el Espíritu el único que puede hacernos descubrir el Proyecto
de Dios. Pero antes de ese descubrimiento, hemos de constatar que estamos
liberados de todo aquello que nos ate, nos condicione, nos impide su encuentro.
Sin olvidar que el Espíritu sopla donde, cuando y como quiere, que
nadie puede decir desde sí mismo que lo tiene "n garantía
y monopolio", ni mucho menos pensar que no se pueda manifestar donde
menos se piensa. ¿Quién pudo prever que el Hijo del Dios Creador
de todo iba a nacer en Belén, en las circunstancias que nació?
¿Es que no recordamos que en la Palabra de Dios, quienes se sentían
"dueños" de la sabiduría y conocimiento de la Palabra,
exclamaron "es que de Nazareth puede salir algo bueno"? Hay que
nacer del Espíritu, que no lo será si cada uno no sabe maduramente
que solo sucederá cuando estemos en clave y disposición de
la vocación para la cual Dios nos llama. A partir de ahí,
cada quién se hace responsable por sí mismo ante Dios de saber
que se dispone para ofrecerse gozosamente como víctima santa y agradable,
que nadie le quita la vida sino que la da porque la quiere. Saber y dar
razón de que hemos nacido para ser libres, y que es precisamente
esa Libertad amorosa de Dios la que le da Gloria y nos hace partícipes
y constructores en la tierra de esa LIBERTAD.
Desde
la LIBERTAD propiciada por el Espíritu para ser el primer escalón
de acceso al Proyecto, a cada persona se le plantea por separado que dicho
acceso al conocimiento del Proyecto de Dios no se produce cuando cada uno
lo busca o lo encuentra personalmente y a su manera, sino EN UNIDAD con
todos aquellos que adultamente creen estar buscándolo, obviamente
CON CONCIENCIA DE LIBERTAD. Es entonces cuando "desde el menguar de
cada persona o grupo" puede propiciarse el crecimiento divino en lo
humano de cada parte o persona... Y ahí es donde comienza a darse
"en el espíritu y la verdad" de cada persona o parcela,
el encuentro con "EL ESPÍRITU / VERDAD" que nos hará
reconocer, con el resto de quienes buscan, el "Verdadero Espíritu
De Dios". Y así sí se renovará la faz de la tierra,
a partir de ÉL mismo en nosotros, en los que con conciencia lo hagamos
desde su escalonamiento de conocimiento, trascendencia y verdadera conciencia
de que el Evangelio y el Mensaje de Dios es para esta tierra, y no para
la otra vida. ¿Por qué, si no fuese así, vino Jesús
de Nazareth a recordarnos que la Voluntad del Padre debía ser en
la tierra como en ese cielo al que continuamente nos referimos, pero que
nadie lo ha visto, y que en lo mejor que podamos pensar de él, ha
de ser edificado, contemplado y vivido, aquí entre nosotros? A nuestra
mente le resulta imposible pedir o imaginar lo que ha de palparse y vivenciarse
"aquí y ahora" desde nuestros pensamientos, distantes de
los de Dios más que de la tierra que vivimos al cielo que añoramos.
El
Espíritu verdadero del deseo y el Proyecto de Dios se puede encontrar
con fidelidad y sin traducciones en "La Palabra De Dios". Ésta,
hemos de rescatarla entre todos. Y no podremos tener un conocimiento mínimo
de lo que encierra, implica y trasciende. Hemos de partir que nace de Dios,
y que ÉL, de ser UNO Y TRINO en el principio, pasa a ENMANUEL, DIOS
PUEBLO, por puro misterio para nosotros, pero en clave de AMOR, TERNURA
Y MISERICORDIA DE DIOS. La Encarnación de Dios en medio de su pueblo
es la que nos puede ofrecer estas pistas. Se encarna entre su pueblo en
último lugar; ése es el primer gran descoloque del ser humano
ante Dios, que al hombre se le hace misterio, imposible de entender por
la mente humana por mucho que lo intentemos. De ahí que, sin mala
voluntad y habiendo tratado siempre de ser coherentes con el Proyecto de
Dios, la realidad y presencia del Hijo de Dios entre nosotros haya sido
continuamente mal entendida a lo largo de la historia. Dios lo hace en medio
de su pueblo, con su pueblo, a favor de todo el pueblo, SIENDO DIOS CON
SU PUEBLO. Dios se abaja de su SER DIOS UNO Y TRINO para ser DIOS, CON SU
PUEBLO.
Todo
lo que decimos nos lleva a considerar:
1.
La importancia de adquirir oficialidad eclesial dentro de la Iglesia.
2. Saber imprimir el carácter de Espíritu abierto, libre,
de Unidad y de Providencia recibido, dentro de la Iglesia a la que nos
debemos.
3. Percatarnos del peligro que supone la posible pérdida del Espíritu
en nuestro deseo de "ser oficial", y sabernos reconocidos por
la oficialidad.
4. No valorar la posibilidad de trascender lo que tenemos entre manos.
Pudiéramos pensar que "no vamos a perder el Espíritu".
Puede
suceder que creamos estar en "su clave y verdad". Estamos en la
obligación permanente de contemplar la universalidad de lo que el
Espíritu lleva en sí mismo, de Libertad, de Gratuidad, de
no-proselitismo parcial, y con ello, el papel encomendado por Dios en la
Historia de la Salvación. Dios en la Persona del Espíritu,
es el que ha de restablecer la Iglesia de Jesús, presencia del Reino
en la tierra, no entendida en profundidad por nosotros los hombres. Iglesia
que no conoce la realidad Iglesia/Reino - sin diferencia alguna entre ambos
términos, y que ha de darse por propio deseo de Jesús según
la voluntad del Padre, está abortada y frustrada ya en su gestación.
Como consecuencia no se establecerá el Proyecto de Dios sobre todas
las mujeres y hombres de todos los tiempos.
En
definitiva y de cara a una sinceridad que ha de estar basada en la honestidad
consigo mismo ante nuestra participación en los planes de Dios, todos
hemos de ver si lo que hacemos es por convencimiento de lo que es e implica,
o como consecuencia de tratar de buscar a una solución en la reflexión
personal; ésta puede ser honesta pero puede no estar en la clave
de lo que Dios quiere para todos. ¿Pudiera ser que nuestra participación
en esta tarea conjunta puediese tener "la intención oculta e
inconsciente" de buscar argumentos que fundamenten lo que nosotros
queremos que sea el plan de Dios desde "nuestra visión de las
cosas? ¿No pudiera ser que no esté en lo que supone y trasciende,
y que en el camino de conflictos en el que vivimos, estemos tratando de
eliminar inconscientemente dichos conflictos con lo que de Dios puede descubrirnos,
y al mismo tiempo no enfrentarnos con la crisis personal que debe existir
constantemente en cada grupo o persona en la búsqueda del Espíritu
de Dios?
Todo
ha partido de una historia vivida inconscientemente cuando buscábamos
el Espíritu, y hemos podido ver lo mucho que no es, ni arranca, ni
procede de dicho Espíritu, sin querer decir con ello que no fuese
esa la pretensión. Junto a ello se nos ha ido mostrando muchos aparcamientos,
confusiones, inconsciencias, pérdida de valores evangélicos
en la vida de la Iglesia. Esta tarea es la que en definitiva ha de hacernos
apreciar y vivir la verdadera vida que hemos de proclamar quienes decimos
estar dentro de ella. ¡Cuantas veces, por defender lo existente con
tanto énfasis, relegamos la propia Palabra de Dios: y la fidelidad
a la misma. De continuar así, queriendo hacerla fiel en formas y
circunstancias, ni el Propio Dios ni la propia Palabra harán el milagro
en caso ni momento alguno. Al ocurrir esto, perdemos el encuentro con la
esencia de lo que en definitiva da razón de la veracidad de aquello
que nos puede llevar al encuentro con el verdadero espíritu y deseo
de Dios en su Proyecto, y como consecuencia, a la vivencia evangélica.
Con
lo que estamos diciendo queremos manifestar que en lo que llevamos andado
nunca pretendimos encontrar nada que fuese "tabla de salvación"
ante una situación humana difícil; éstas fueron incontables,
como en cualquier camino de búsqueda, y más aún si
la búsqueda es la del Espíritu de Dios. La fidelidad jamás
puede ser en una clave preconcebida, sino aquella en la que exista una predisposición
diaria al encuentro con "lo Nuevo", recorriéndolo y viviéndolo
en una constante apertura y libertad, que al mismo tiempo es siempre liberadora.
Nunca hemos de hacerlo desde opiniones o formas establecidas, de interpretar
preconcebidamente las situaciones para recibir la confirmación deseada
a lo que creemos que Dios puede estar queriendo. ¡Cuantas veces, lo
que en verdad hemos querido y queremos, ha sido encontrar "ese certificado
de Dios", que diese razón de que lo que hacíamos estaba
en la clave de Su Proyecto para la humanidad de todas las mujeres y hombres
de todos los tiempos, y cuántas hemos constatado nuestra equivocación.
Que esto nos sirva.