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Oficialidad- Diocesaneidad
24 de julio de 2.002
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OFICIALIDAD - DIOCESANEIDAD DEL ESPACIO "TODOS UNO" en la DIÓCESIS DE HUELVA

Hablar de diocesaneidad desde lo que hemos recibido y vivido en nuestra historia es hablar de "Fundación" nacida de las partes que se urgen entre sí una conciencia profunda, real y visible, de Cuerpo de Evangelio. Ello implica la vuelta al origen universal de la vocación, y que obviamente luego se ramifica. Termina en lo que hoy podemos decir que es cuanto existe en torno a este tema. Sin embargo, en la clave que hablamos tiene como diferencia que nace desde una distinta concepción, convencida de pertenecer a un todo, alimentándose y debiéndose a la conciencia conjunta creada por todas las partes. Éstas, sin abandonar su carisma y servicio, le encuentran a su vez mayor razón evangélica y eclesial, precisamente lo que entendemos como clave diocesana, razón universal del Proyecto de Dios contenido en Su palabra.

De esta "Fundación" diocesana sobreviene y se da la "Vocación Universal". Nace de la relacionalidad, reciprocidad y complementariedad de las partes; sin ellas, cuando se les toma el pulso y su por qué, vemos que les resulta imposible contemplarse de otra manera, al descubrir la sobre-dimensión que adquiere y comprender su papel más hondamente evangélico. La "Vocación Universal", más que algo específico, que establece formas, caminos a recorrer... es un estado de encuentro con la llamada "multifuncional" de la Palabra de Dios en su respuesta al mundo, cuando nos encarnamos en su problemática. La respuesta no nace de la sensibilidad ante la misma, sino de la no aceptación de las diferencias históricas establecidas, dadas por válidas, lo cual es causa de enajenación y circunstancialidad.

Todos Uno, por la historia que la produce en la que todos intervienen, por la razón por la que nace, que lo hace con conciencia de todos y para que llegue a todos, en si mismo encierra toda una espiritualidad universalmente evangélica

1. Nace desde el cuerpo
2. Con conciencia de Cuerpo, no dejar a nadie atrás, para llegar y asumir a todos.
3. Al convocar a todos, desde su servicio, medida, participación indiscriminada, realidad de conjunto que manifieste la universalidad del Proyecto de Dios y éste en la Iglesia, encierra la Unidad Trinitaria.
4. Ayuda a comprender la falta de conciencia Universal de la Palabra a quienes sentimos que nuestra realización y servicio dentro de la Iglesia lo sentimos y es por separado.

Trascendencia, ¿qué hacer para advertirla? ¿Cómo nos implica y complica, por deseo personal nacido de lo que queremos que llegue y no acaba de producirse?

Espiritualidad de comunión, ¿cómo llegar a su verdadera esencia?

Todo en contexto TODOS UNO.

Ofrecimiento personal al Señor Obispo sobre la presencia eclesial en cada parroquia. Proposición alto arriesgado desde como son las tradicionales realidades en las que se ha utilizado al seglar, y en la medida tan poco reconocida, gratuita, cuando ha hecho falta.

A los misioneros populares tradicionales los llaman los párrocos porque no hay otra cosa, pero están convencidos de que los párrocos no creen en sus resultados porque no creen en las parroquias.

Todos Uno tendrá que sostener los comienzos. Debemos llevar convicciones y desaparecer. Esto lo veo cada vez más grande, desaparecer. Nos toca sembrar. Desaparecer significa dejarnos en libertad y liberar a los demás. De no ser así siempre seremos dependientes. Esto es un grito muy fuerte a nosotros, hoy. La libertad nos deja vacíos, sin posesión

<< Estamos convencido de tener ante nosotros una tarea común "no usual", que por como se ha ido resolviendo incorpora en igual medida y manera a todos, a participar desde su propia experiencia. Es por lo tanto, riquísima en la apertura y en el contenido "totalmente diocesano/eclesial" que entre todos iremos construyendo. Esto encierra una responsabilidad tal que hay que tomarla "en efecto" tal y como se plantea. De ahí la continuidad, permanente y en libertad de presencia según lo vean y se entienda, que hemos de tener en cuenta desde el principio.>>

REFLEXIONES PREVIAS A "LA OFICIALIDAD DE LOS TODOS UNO" EN LA DIÓCESIS DE HUELVA

Hemos vivido una larga historia de búsqueda, intentando ser fiel a lo que se fuese presentando, sometidos a muchas dificultades nacidas de ese intento de fidelidad. En ello se entremezclaba lo ingenuo, lo tradicional, lo no entendible desde lo poco que se sabía de la Palabra, y los escasos conocimientos de la historia de la Iglesia, de teología, de cierta formación al respecto... Todo esto ha traído muchos conflictos y malos entendidos, ya que desde la buena voluntad y afán de los participantes, todos queríamos hacer prevalecer algo de lo que conocíamos, a lo que queríamos ser fieles... Y en esa buena voluntad, no nos interpelaba mucho la no-coincidencia de los pareceres; cada uno defendíamos nuestra forma de ver, sin que os interpelara seriamente lo que los otros manifestaban, "descuadrado" de lo que pensábamos. De haberlo tenido en cuenta, el examen y análisis de cuanto aportábamos entre todos nos hubiera ofrecido razones que diesen posibilidad al Espíritu de estar operando a favor de la Verdad de Dios que todos supuestamente buscábamos. Sin embargo, de esta "sin razón" fue naciendo una autoridad de reflexión sobre muchas de las interrogantes sin respuesta que hoy envuelve a la Iglesia.

Reconocemos - humildemente por un lado y dando gracias a Dios por lo vivido, que no es ese el caso de los "escritos al respecto en general" que aparecen hoy en torno a la Iglesia y a su papel evangelizador en el mundo. En la mayoría de las ocasiones están movidos más para el rescate de situaciones vividas anteriormente (que evidentemente no están dando los frutos de Dios anhelados), que para encontrar la raíz y el por qué no los produce. En general se intenta la continuidad y fidelidad a algo que anteriormente tuvieron circunstancias y resultados mejores que las que actualmente se ven, buscando y esperando su continuidad. No obstante, en aras y la defensa de lo que debieran ser "los frutos reales evangélicos", de familia universal, de encarnación recíproca de los miembros convencidos, no podemos decir que obedecieran a realidades nacidas del espíritu y la verdad de la Palabra, que diesen motivos y respuestas a lo que desde dicha Palabra de Dios ha de ser abundante y permanente. Debemos intentar analizar y llegar a encontrar fundamentos sobre, ¿por qué cae lo que se estaba dando y produciendo? ¿Es que no podemos contemplar en nombre y en la acción del Espíritu, que puede ser ÉL - el Espíritu vivificador del Proyecto de Dios - el que esté haciendo caer lo que hacemos, porque lo que hacemos no es de ÉL? ¿Por qué sentir tanto dolor en lo que nos ocurre, en vez de alegrarnos porque es posible que Dios nos esté queriendo hace ver que "sus cosas y resultados" no son como nosotros las entendemos, y que con la caída de lo existente, nos quiere llevar al encuentro de Su Espíritu y su Verdad, y con ello, los frutos abundantes y permanentes que nos habla la Palabra de Dios?

La Novo Millenium Ineunte, "Al comienzo del nuevo milenio", llama a la Unidad, remando, aventurándonos en ir "Mar adentro", lo cual implica la tarea de un ir donde nunca estuvimos, navegar donde nunca quisimos, exento de las seguridades que pueden hacernos permanecer en la tierra desde la que - por estar instalados - no podemos descubrir lo que Dios mismos nos prepara de nuevo. Hay que salir de la tierra, sin saber dónde ni cómo. Y si lo hacemos, hemos de confiar en Quién nos lo pide, sabiendo que seremos bendición para muchos. De continuar en la misma posición y actitud, desde los posibles equívocos que puede incluir, nunca sabremos lo que Dios quiere de nosotros.

Actualmente, todo aquello que puede no estar en clave de Unidad en su más profunda raíz, se detecta más evidentemente y en gran medida - obviamente - en los grandes grupos de Iglesia del momento, y que son los que aportan vocaciones a "eso que está cayendo". Podríamos decir que ante una Iglesia que no tiene credibilidad, atractivo y enamoramiento recíproco entre sus miembros, las vocaciones que nacen para que ejerza su servicio, son vocaciones de dudosa fidelidad al Espíritu único que la mueve y la conduce. Éstos tratan de responder al encuentro del motivo de la falta de Unidad desde la Palabra, a la llamada constante del Papa en el encuentro del Pentecostés 98. Y dedican tiempo, buscan y programan reuniones que tratan de compatibilizar lo que cada uno tiene desde su visión; el esfuerzo se hace patente. Sin embargo no tratan de ver en dónde está la razón por la que no son UNO con todo el resto de la Iglesia, y que lo que buscan no tiene la intención de quererlo ser, al menos intentando contemplar lo que de Dios tienen para añadirlo a la complementariedad del Espíritu... La realidad eclesial, al no ser UNO con el resto, es la propia Palabra la que nos dice que en ello reside la incapacidad de atraer a nuevos miembros a la familia de Dios, precisamente porque no nacen del genuino y auténtico manantial de Dios y su Palabra, que es "Agua Viva" para todos... Al faltar el espíritu y la verdad de la Palabra, "lo nuevo en renovación constante" no está ni se produce, y como consecuencia, nadie se embarca en algo falto de prestigio y enamoramiento de aquello que se promulga.

La unidad no puede sobrevenir por necesidades de un sistema que las reclama, y que a la vista de sus resultados, no enamoran, no producen la Fe en aquellos que los contemplan.

Y todo esto es para decir que muchos no buscan por los derroteros que nos sitúan ante los nuevos senderos de algo que está cambiando. A nosotros se nos ha otorgado la gravísima responsabilidad de encontrarnos de forma inconsciente, sin programas ni deseos que obedezcan a nada que tenga que ver con algo que no sea la Unidad Universal. Y así, la Familia universal, la encarnación de todos en todos, la constatación de que Dios no lo hacemos presente allí donde algo se nos olvida, o nos resulta ajeno o circunstancial.

Ante tan infinita y nueva tarea hemos de sentirnos la más grande de las miserias, y sabiendo que cada uno ha de jugar su papel, ninguno más importante que los demás; si acaso menos por sí mismo al haber podido recibir solo una gestión "coordinadora" entre todo aquello que se vaya descubriendo. Podemos decir que los avances que se han ido produciendo son precisamente porque ante la riqueza que supone aprender de todos, esa razón de conjunto venida desde fuera por pura Gracia, es la que produce un verdadero avance en el reconocimiento de todo lo que Dios va manifestando. Ahí radica la importancia de reconocer al Espíritu en los demás, y junto a esto, el intento inconsciente de seguir acumulando datos que hablen en su momento de la verdadera presencia del Espíritu en nosotros.

Pasado el tiempo, la oficialidad que se avecina en la diócesis de Huelva nos hace presumir (no sentirnos presumidos, sino intuir, esperar...) que con lo que vamos a comenzar se avecina una etapa en la que lo presuntamente de Dios necesario para la Iglesia real en la que estamos, pone en nuestras manos una llave de "acceso universal", primero en nuestra Iglesia particular; al tener la oficialidad de la universal, dispara su acción y repercusión al resto de la Iglesia, en nuestro caso "un resto" que es el 99% de toda la Iglesia.

Se trata de una llave del Espíritu abierto a la posibilidad de manifestar la acción incontrolada del mismo, para toda la Iglesia. Y esto con la responsabilidad de saber que la Iglesia es del Espíritu, habla de Espíritu, y lo busca siempre, pero sin dejar de reconocer que los frutos que produce hoy no son precisamente los del Espíritu Santo de Dios, guía, aglutinador, defensor de la Causa del Amor, generador de confianza en todas las circunstancias, tanto más cuanto más difíciles son aguijón en tiempos de conformismo, relax, desvío de la esencia de Dios... Es en definitiva, el Espíritu que nos defiende y estará con nosotros hasta el final de los tiempos, de forma que todo esté según ÉL, claro está, en la medida en que su acción múltiple, sea una realidad vital consecuente en quienes se fían de ÉL

Estar en una Iglesia, que cree vivir con conciencia de Espíritu y no observar consecuentemente la gravedad de que sus frutos no son los que nos manifiesta la Palabra, encierra un cúmulo de presupuestos, cuidados, reflexiones interpelativas hasta lo más íntimo... por parte de todos. Así, desde como al día de hoy nos ha constituido la historia, por la forma que lo entendemos se nos hace prácticamente imposible. ¿Cómo crear una mínima reflexión en la que - mirándonos cada quién a sí mismo - podamos ver dónde no damos razón del tan repetidamente buscado Espíritu, a lo largo de la historia, y sobre todo a partir de Jesús? Fue ÉL Quién nos prometió que nos lo enviaría para que entendiésemos lo que a través de Su Palabra y con su Vida no supimos comprender.

Es el Espíritu el único que puede hacernos descubrir el Proyecto de Dios. Pero antes de ese descubrimiento, hemos de constatar que estamos liberados de todo aquello que nos ate, nos condicione, nos impide su encuentro. Sin olvidar que el Espíritu sopla donde, cuando y como quiere, que nadie puede decir desde sí mismo que lo tiene "n garantía y monopolio", ni mucho menos pensar que no se pueda manifestar donde menos se piensa. ¿Quién pudo prever que el Hijo del Dios Creador de todo iba a nacer en Belén, en las circunstancias que nació? ¿Es que no recordamos que en la Palabra de Dios, quienes se sentían "dueños" de la sabiduría y conocimiento de la Palabra, exclamaron "es que de Nazareth puede salir algo bueno"? Hay que nacer del Espíritu, que no lo será si cada uno no sabe maduramente que solo sucederá cuando estemos en clave y disposición de la vocación para la cual Dios nos llama. A partir de ahí, cada quién se hace responsable por sí mismo ante Dios de saber que se dispone para ofrecerse gozosamente como víctima santa y agradable, que nadie le quita la vida sino que la da porque la quiere. Saber y dar razón de que hemos nacido para ser libres, y que es precisamente esa Libertad amorosa de Dios la que le da Gloria y nos hace partícipes y constructores en la tierra de esa LIBERTAD.

Desde la LIBERTAD propiciada por el Espíritu para ser el primer escalón de acceso al Proyecto, a cada persona se le plantea por separado que dicho acceso al conocimiento del Proyecto de Dios no se produce cuando cada uno lo busca o lo encuentra personalmente y a su manera, sino EN UNIDAD con todos aquellos que adultamente creen estar buscándolo, obviamente CON CONCIENCIA DE LIBERTAD. Es entonces cuando "desde el menguar de cada persona o grupo" puede propiciarse el crecimiento divino en lo humano de cada parte o persona... Y ahí es donde comienza a darse "en el espíritu y la verdad" de cada persona o parcela, el encuentro con "EL ESPÍRITU / VERDAD" que nos hará reconocer, con el resto de quienes buscan, el "Verdadero Espíritu De Dios". Y así sí se renovará la faz de la tierra, a partir de ÉL mismo en nosotros, en los que con conciencia lo hagamos desde su escalonamiento de conocimiento, trascendencia y verdadera conciencia de que el Evangelio y el Mensaje de Dios es para esta tierra, y no para la otra vida. ¿Por qué, si no fuese así, vino Jesús de Nazareth a recordarnos que la Voluntad del Padre debía ser en la tierra como en ese cielo al que continuamente nos referimos, pero que nadie lo ha visto, y que en lo mejor que podamos pensar de él, ha de ser edificado, contemplado y vivido, aquí entre nosotros? A nuestra mente le resulta imposible pedir o imaginar lo que ha de palparse y vivenciarse "aquí y ahora" desde nuestros pensamientos, distantes de los de Dios más que de la tierra que vivimos al cielo que añoramos.

El Espíritu verdadero del deseo y el Proyecto de Dios se puede encontrar con fidelidad y sin traducciones en "La Palabra De Dios". Ésta, hemos de rescatarla entre todos. Y no podremos tener un conocimiento mínimo de lo que encierra, implica y trasciende. Hemos de partir que nace de Dios, y que ÉL, de ser UNO Y TRINO en el principio, pasa a ENMANUEL, DIOS PUEBLO, por puro misterio para nosotros, pero en clave de AMOR, TERNURA Y MISERICORDIA DE DIOS. La Encarnación de Dios en medio de su pueblo es la que nos puede ofrecer estas pistas. Se encarna entre su pueblo en último lugar; ése es el primer gran descoloque del ser humano ante Dios, que al hombre se le hace misterio, imposible de entender por la mente humana por mucho que lo intentemos. De ahí que, sin mala voluntad y habiendo tratado siempre de ser coherentes con el Proyecto de Dios, la realidad y presencia del Hijo de Dios entre nosotros haya sido continuamente mal entendida a lo largo de la historia. Dios lo hace en medio de su pueblo, con su pueblo, a favor de todo el pueblo, SIENDO DIOS CON SU PUEBLO. Dios se abaja de su SER DIOS UNO Y TRINO para ser DIOS, CON SU PUEBLO.

Todo lo que decimos nos lleva a considerar:

1. La importancia de adquirir oficialidad eclesial dentro de la Iglesia.
2. Saber imprimir el carácter de Espíritu abierto, libre, de Unidad y de Providencia recibido, dentro de la Iglesia a la que nos debemos.
3. Percatarnos del peligro que supone la posible pérdida del Espíritu en nuestro deseo de "ser oficial", y sabernos reconocidos por la oficialidad.
4. No valorar la posibilidad de trascender lo que tenemos entre manos. Pudiéramos pensar que "no vamos a perder el Espíritu".

Puede suceder que creamos estar en "su clave y verdad". Estamos en la obligación permanente de contemplar la universalidad de lo que el Espíritu lleva en sí mismo, de Libertad, de Gratuidad, de no-proselitismo parcial, y con ello, el papel encomendado por Dios en la Historia de la Salvación. Dios en la Persona del Espíritu, es el que ha de restablecer la Iglesia de Jesús, presencia del Reino en la tierra, no entendida en profundidad por nosotros los hombres. Iglesia que no conoce la realidad Iglesia/Reino - sin diferencia alguna entre ambos términos, y que ha de darse por propio deseo de Jesús según la voluntad del Padre, está abortada y frustrada ya en su gestación. Como consecuencia no se establecerá el Proyecto de Dios sobre todas las mujeres y hombres de todos los tiempos.

En definitiva y de cara a una sinceridad que ha de estar basada en la honestidad consigo mismo ante nuestra participación en los planes de Dios, todos hemos de ver si lo que hacemos es por convencimiento de lo que es e implica, o como consecuencia de tratar de buscar a una solución en la reflexión personal; ésta puede ser honesta pero puede no estar en la clave de lo que Dios quiere para todos. ¿Pudiera ser que nuestra participación en esta tarea conjunta puediese tener "la intención oculta e inconsciente" de buscar argumentos que fundamenten lo que nosotros queremos que sea el plan de Dios desde "nuestra visión de las cosas? ¿No pudiera ser que no esté en lo que supone y trasciende, y que en el camino de conflictos en el que vivimos, estemos tratando de eliminar inconscientemente dichos conflictos con lo que de Dios puede descubrirnos, y al mismo tiempo no enfrentarnos con la crisis personal que debe existir constantemente en cada grupo o persona en la búsqueda del Espíritu de Dios?

Todo ha partido de una historia vivida inconscientemente cuando buscábamos el Espíritu, y hemos podido ver lo mucho que no es, ni arranca, ni procede de dicho Espíritu, sin querer decir con ello que no fuese esa la pretensión. Junto a ello se nos ha ido mostrando muchos aparcamientos, confusiones, inconsciencias, pérdida de valores evangélicos en la vida de la Iglesia. Esta tarea es la que en definitiva ha de hacernos apreciar y vivir la verdadera vida que hemos de proclamar quienes decimos estar dentro de ella. ¡Cuantas veces, por defender lo existente con tanto énfasis, relegamos la propia Palabra de Dios: y la fidelidad a la misma. De continuar así, queriendo hacerla fiel en formas y circunstancias, ni el Propio Dios ni la propia Palabra harán el milagro en caso ni momento alguno. Al ocurrir esto, perdemos el encuentro con la esencia de lo que en definitiva da razón de la veracidad de aquello que nos puede llevar al encuentro con el verdadero espíritu y deseo de Dios en su Proyecto, y como consecuencia, a la vivencia evangélica.

Con lo que estamos diciendo queremos manifestar que en lo que llevamos andado nunca pretendimos encontrar nada que fuese "tabla de salvación" ante una situación humana difícil; éstas fueron incontables, como en cualquier camino de búsqueda, y más aún si la búsqueda es la del Espíritu de Dios. La fidelidad jamás puede ser en una clave preconcebida, sino aquella en la que exista una predisposición diaria al encuentro con "lo Nuevo", recorriéndolo y viviéndolo en una constante apertura y libertad, que al mismo tiempo es siempre liberadora. Nunca hemos de hacerlo desde opiniones o formas establecidas, de interpretar preconcebidamente las situaciones para recibir la confirmación deseada a lo que creemos que Dios puede estar queriendo. ¡Cuantas veces, lo que en verdad hemos querido y queremos, ha sido encontrar "ese certificado de Dios", que diese razón de que lo que hacíamos estaba en la clave de Su Proyecto para la humanidad de todas las mujeres y hombres de todos los tiempos, y cuántas hemos constatado nuestra equivocación. Que esto nos sirva.