LA ESPIRITUALIDAD DE COMUNIÓN COMO FUNDAMENTO
DEL "TODOSUNO O CASA PARA LA COMUNIÓN Y LA VIDA"
I)
PROEMIO
Indudablemente estamos ante una tarea que a lo largo de nuestro devenir
se hace muy clara y concisa. Verlo o no es cuestión de análisis
profundo hasta reconocer lo que es y lo que encierra. Rebatirlo demostraría
no conocer la trayectoria y circunstancias de la historia. En nuestro recorrido,
durante algún tiempo se habló de vocación específica.
Así lo manifestaban quienes nos veían y escuchaban. De una
u otra forma, lo que los demás iban viendo en nosotros, y nos parecía
nacido de la Palabra y necesario dentro de la Iglesia, nos fue marcando
el camino de búsqueda del Espíritu.
En
el correr de los años y sin ser muy conscientes de lo que podía
suponer, comenzamos a hablar de vocación única; no era tanto
por tener conciencia de lo que suponía como razón de nuestra
andadura, o saber a qué se debía, ni cual sería su
misión. Por la forma en que apreciábamos cómo se contemplaba
en general el seguimiento a Jesús, veíamos que su consideración
parcializada desconectaba entre sí la reciprocidad de los carismas
y servicios, a través de los cuales y en su conjunto, se mostraban
para la universalidad de la tarea evangelizadora. Este modo de contemplación
y estructura de actuación, si no mataba de cuajo la comunión,
conllevaba en gran medida la desestimación inconsciente de su esencia.
Y a pesar de ello todos decían que ahí se manifestaban las
maravillas del Espíritu y la gran riqueza de la Iglesia. Eso, jamás
pudimos comprenderlo.
II) PREPARANDO EL TERRENO
Antes
que hablar de "Espiritualidad de Comunión" que, desde Jesús,
su Vida y su Mensaje está perfectamente definida y no existe lugar
a la duda de lo que nos plantea, sentimos la necesidad de ver qué
causas provoca hablar de ello, qué cosas profundas recomiendan abordarla,
qué realidades la entornan, que dificultan lo que es y la construye.
En definitiva, qué es lo que causa y provoca la consideración,
contemplación y re-creación de dicha "espiritualidad
de comunión".
Desde este planteamiento, nos cuestionamos:
·
¿Qué realidades o circunstancias pueden haber desviado la
raíz y sentido de la misma?
·
Recordemos que Jesús nos decía "O conmigo o contra
Mi". "Quien conmigo no recoge, desparrama". "Vuestro
SI sea siempre SI, y vuestro NO siempre sea NO, porque todo lo que no
es así da ocasión a la actuación del Maligno".
¿No podrá ser que la desconsideración de tales Palabras
del Maestro sean las causas que originan - sin darnos cuenta y en contra
de todo deseo nuestro - el desvío lo que a buen seguro queremos,
pero que al no ser considerado en su raíz no obedece a la radicalidad
con que Jesús nos lo dice, y por lo tanto, lo que hacemos e intentamos
vivir no produce los frutos que deben darse?
·
Sin pensar en qué fundamentos son o no son según el Mensaje
evangélico, ¿por qué todos no pensamos en que si
hemos de buscar una "Espiritualidad de Comunión" es justamente
porque existen "muchas espiritualidades" que no se comulgan?
·
Sin juicios, con humildad y con Misericordia, ¿seríamos
capaces de adentrarnos en la incidencia que han tenido las distintas espiritualidades
dentro de la Iglesia, las cuales originaron cada una la suya propia "según
su carisma"? Sin cargar tintas de desconfianza o desesperanza, pero
sí de tratar de ver los frutos que recogemos, ¿somos exagerados
al decir que se ha producido un desparramamiento de la Palabra, posiblemente
porque cada uno nos detuvimos y afincamos en aquello que descubrimos como
solución parcial a las necesidades que veíamos, y que sin
quererlo produjo un ensimismamiento, y como consecuencia inconsciente,
olvidamos la complementariedad y universalidad de la Palabra?
·
Desde aquí, y sin otro ánimo e intención que la de
dar pautas para pensar a quienes nos encontramos incidiendo en esta historia,
¿comprendemos la incidencia que han tenido "las fundaciones"
y sus consecuencias? Y si en esto último tenemos un mínimo
de razón y conciencia, ¿podemos deducir por qué nosotros
- inconscientemente y sin saber por qué - jamás fundamos
ni nos pasó por la imaginación? ¿Qué había
en ello de Dios, sabiendo de igual manera que en todo lo demás
se estaba manifestando?
De
cuanto hemos apuntado y tantas otras cuestiones que podemos señalar
todos, ¿qué creemos crucial y muy importante en todo lo que
manifestamos, de manera que pueda llevarnos conjuntamente a obtener criterios
objetivamente evangélicos? ¿Cómo descubrirlos entre
todos, supuesto que cada uno - previamente - descubre por si mismo la trascendencia
del planteamiento?
III)
EL EVANGELIO, ANTE TODO, ES SIEMPRE BUENA NOTICIA
Pasando
a otro orden de cosas, creemos que es bueno recordar que el Evangelio es
Buena Noticia, y que todo aquello que en su nombre no se hace con gozo es
porque no parte de su razón ni tiene en cuenta su trascendencia.
Incluso el cargar con la cruz. Al hacerlo nos convertimos en cireneos del
mundo, en puentes que van de la vida e inquietud que gozamos hasta la que
aspiramos a construir. La tarea a favor de una Humanidad Nueva que no nace
del compromiso gozoso y esperanzado ante la Palabra y la Vida de Dios, puede
estar hecha con buena voluntad, pero no es esencialmente evangélica.
Jesús llama para que le sigamos a ÉL, y sus consignas son
claras en extremo. Quien se entrega a la Causa del Evangelio tiene su satisfacción
en la entrega al sentirse llamado, sin esperar nada, ni de las circunstancias
ni de las personas por las que se siente urgido a entregar su vida. Es muy
lamentable contemplar a lo largo del camino que cuanto hacemos y no tiene
los resultados que quisiéramos, nos hace entrar en conflictos con
aquellos que compartimos la tarea, sabiendo que "lo nuestro" es
el olvido de si mismo. Cuántas veces nos pedimos cuenta de lo que
no nos gusta o vemos, y al no recibir lo que creemos justo, abandonamos.
Necesariamente
hemos de cuestionarnos, ¿a quién seguimos, qué buscamos,
qué tipo de tarea gratuita y sin reconocimientos hemos entendido?
Muchas
veces hemos escuchado expresiones que se manifiestan diciendo "Más
que por Dios, por ti", se puede entender porque vemos a Dios y a su
tarea en quién lo decimos. Más ése a quien expresamos
tal sentimiento es humano, con sus aciertos y errores, y en caso alguno
consciente total de lo que hace ni de lo que Dios tiene proyectado sobre
él. Lo que hacemos es por Dios al que no vemos en los hombres a los
que vemos. Cualquier búsqueda de otra explicación o reconocimiento
es no haber entrado en el Mensaje de gozo, con toda su riqueza y trascendencia.
Entretener el tiempo en cuestiones personales que nos desconectan entre
nosotros, y con ello dl celo conjunto por la tarea evangelizadora es el
mayor agravo a quienes aguardan una vida digna y de Dios.
IV)
JESÚS, PALABRA REVELADA, HECHA CARNE, PARA DAR VIDA AL PROYECTO DE
DIOS.
·
Jesús, Palabra de Dios. A través de su vida y mensaje nos
muestra el Proyecto de Dios, cómo hacerlo presente y como han de
ser sus consecuencias.
·
Seguir a Jesús es ir tras la huella de su espíritu y dar Vida
a su por qué en la tierra, hasta alcanzar sus consecuencias.
· Las consecuencias son el resultado de nuestra tarea según
la búsqueda abierta y liberadora que nos ofrece su Espíritu.
· ¿Hay intención en nuestra vida por ser Palabra, y
reflejar a Jesús viviendo en libertad su espíritu, con todas
sus consecuencias?
V)
LA IGLESIA, CAUCE OFICIAL DEL MENSAJE DE JESÚS
·
La Iglesia es el cauce de cuantos se disponen para dicha tarea, y que lógica
e irremisiblemente han de hacerlo según el Espíritu de Jesús
y han de ser según las consecuencias por las que Jesús se
hace presente en la tierra.
· Si éstas no se dan según Jesús es porque quienes
le seguimos tenemos una espiritualidad pero no es según el espíritu
esencial de Jesús, y que en sus seguidores se manifiesta de forma
complementaria; cuando esto no ocurre es porque algo o mucho les diferencia
y les distancia. Es ello por lo que dichas espiritualidades "no se
comulgan". Bajo este análisis podemos entender la "Espiritualidad
de comunión", sin máscaras ni caretas de la que nos habla
Juan Pablo II en Novo Millenium Ineunte.
Ante
este examen y las interrogantes que conlleva, ¿qué entendemos
que supone, cuáles creemos que son las circunstancias que lo provocan?
Desde lo que nos importa y, dado el valor que le presuponemos, ¿qué
creemos que hemos de ver personalmente, en grupo?
Hemos
de partir de la convicción y seguridad que quienes están al
servicio de la Causa de Jesús y Su Mensaje, en ningún caso
- en ninguno - tenemos una conciencia total de lo que es querer vivir una
espiritualidad exacta según la que mueve la presencia, la vida y
la tarea de Jesús en la tierra; nadie es capaz de concebir ni pensar
la plenitud de Dios que podemos alcanzar si nos ponemos en sus manos confiadamente,
Ef. 3. Por esto y en coherencia y consecuencia con esto, desconsiderar esta
realidad que nos manifiesta la Palabra, y no querer alcanzar la conciencia
que encierra invalidaría - por definición y razón de
la tarea de comunión - nuestra presencia en dicha tarea. A partir
de esta irremisible cláusula, hemos de investigar en las razones
que pueden provocar los distintos resultados de aquello que pretendemos.
Y esto, ¿qué puede ser?
·
Los fundamentos de los que ha de partir la tarea no son, no están
dentro del espíritu y verdad que ha de ocasionar los resultados que
ha de producir a favor del Mensaje genuino.
· Esto que apuntamos tiene que ser necesariamente provocado por motivaciones
erróneas inconscientes, que no sabemos, que no reconocemos, y a las
que tenemos tal "fidelidad" que nos impide poder ver otra forma
de contemplarlas, sea cual fuere la razón. Alguna de éstas
puede ser:
§
¿presunción personal de estar en la "única verdad"?
§ ¿obediencia y seguimiento a razones nacidas por circunstancias
concretas?
§ ¿la búsqueda de resultados evangélicos pero
que, por las circunstancias, se buscaron de forma parcial?
§ ¿la defensa ocasional de lo que podía poner en peligro
el olvido de "lo fundamental" según quienes se sentían
responsables de hacerlo, pero que no estaba basado estrictamente según
la Palabra?
Creemos
que hemos de tratar de poner el acento de nuestra tarea en sincerarnos con
nosotros y nuestra propia historia; sea la que sea y donde sea, saquemos
conclusiones que nos hagan ir más allá de donde estamos. Para
conseguir esto queremos traer hasta aquí aquel pensamiento de León
Felipe Que nos decía:
"Yo
no sé muchas cosas, es verdad, digo tan solo lo que he visto. Y he
visto que la cuna del hombre la mecen con cuentos, que los gritos del hombre
los ahogan con cuentos, y que el miedo del hombre se ha inventado todos
los cuentos" .
Reflexionando
estas palabras - personalmente y en comunidad - ¿podríamos
decir que
"La
soberbia inconsciente, el celo humano, entendido responsablemente y en fidelidad
a lo que hemos entendido de Dios pero que no es de Dios, ha introducido
en el Mensaje de Jesús reseñas y consejos que hoy tienen más
fuerza que la propia Palabra. Esto ha hecho que, por creerlos de ÉL,
el origen, el motivo y la trascendencia de lo que nos transmitió
con su propia vida ha dejado de ser la verdadera razón de quienes
le seguimos".
¿Podemos
pensar que lo que decimos es peligroso y osado? Infinitamente más
aún. Observemos los resultados, y no se nos ocurra pensar que somos
profetas de calamidades, ni de desesperanzas. Miremos al mundo en su conjunto,
¿qué, de lo que vemos, nos manifiesta la Ternura de la Maternidad
de Dios, la Justicia del Reino, la Misericordia y el Amor con los que se
entrega Jesús, la Encarnación del Hijo del Hombre en el último
rincón del pueblo, la Familia Universal sin acepción del Padre
Nuestro? ¿Cuándo seremos capaces de contemplar al mundo con
los ojos de Dios Padre y Madre? Casi todo está montado desde un espíritu
en el que todos creemos dar lo mejor, pero no como lo dio ÉL. Sin
darnos cuenta, lo que en definitiva hacemos es ocultar el enfrentamiento
y la negación que, "en espíritu y en verdad", hemos
de tener consigo mismo y con la realidad del mundo que queremos llevar a
Dios. ¿Adonde nos está llevando tantas acciones variopintas
en Su Nombre? ¿Para qué los seminarios de estudio, las mesas
redondas de búsqueda de la verdad entre todas las opiniones, movidas
de todo tipo y raíz, de ayuda a damnificados, de solidaridad con
los pobres y marginados, de defensa de lo más genuino del Mensaje?
¿Viajes, concentraciones multitudinarias, ejercicios, convocatorias
que van "desde la izquierda defensora de lo más radical a la
derecha más celosa por ser fiel a lo que se entiende como la crema
descubierta por la historia, la vida y el esfuerzo de tantos? Estremece
filtrar todas estas realidades ante las palabras del profeta Isaías,
"Sois
un pueblo cargado de maldad, descendientes de malhechores, hijos pervertidos...
Os habéis alejado del Dios Santo de Israel. Sois rebeldes y en vuestro
cuerpo ya no hay donde castigaros. De la punta a la cabeza no hay nada sano
en vosotros; todo son heridas, golpes, llagas abiertas, nadie os ha curado
ni vendado, ni os ha calmado los dolores... Vuestra tierra es un desierto...
Estoy harto de holocaustos y sacrificios, me repugnan. Cuando os presentáis
ante mi, ¿quién os pidió que pisotearais mis atrios?
No me traigáis más ofrendas sin valor, no las soporto; tampoco
vuestras fiestas, las aborrezco. Vuestras reuniones se me han vuelto insoportables,
no las aguanto. Cuando os dirigís a mi aparto mis ojos de vosotros,
y aunque hacéis muchas oraciones no las escucho. Tenéis las
manos manchadas de sangre. ¡Lavaos, limpiaos, apartad de mi vista
vuestras maldades, dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien"...!
Is. 1.
Si
todas estas cuestione no son tratadas hasta lo más hondo y profundo
de cuanto tenemos de conciencia personal y comunitaria, no haremos sino
continuar desparramando, a pesar de toda la buena voluntad y vida que pongamos.
No se trata de demostrar la veracidad y buena intención de lo que
nos mueve. Así, está más que demostrado, en la historia
y en nosotros mismos , visto y padecido en directo, que no llegamos a ningún
lado, si acaso y como hemos apuntado, a estar cada vez más lejos
entre nosotros y de la tarea que nos mueve. Preguntémonos, ¿dónde
está el amaos unos a otros como YO? ¿Dónde el sed Uno
como el Padre y YO? ¿Dónde en el mundo, la Paz que ÉL
nos dejó? ¿Dónde el Reino como primicia de nuestra
vida? Y ¿dónde esas exigencias de todo tipo que solo pueden
obtener frutos partiendo de la negación a si mismo y a nuestra forma
de ser y entender personal, para que mínimamente podamos entrar en
su esencia, conjunta y eclesialmente? Es Jesús el que dice nada puede
anteponerse al Reino ni al seguimiento a su Persona. Quién lo intente
no teniendo en cuenta sus palabras no es digno de Él. A esto, pongamos
Palabra de Dios, y desde la que pongamos desnudémonos. Y tras hacer
esto, manifestemos donde está la razón y por qué el
Papa nos insta a vivir una "espiritualidad de comunión".
Al menos y a partir de cada uno, tengamos la suficiente sinceridad para
no pensar en los demás.
"Espiritualidad
de Comunión significa, ante todo, una mirada del corazón al
Misterio de la Trinidad que habita en nosotros, ... capacidad de sentir
al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo Místico y, por
tanto, como uno que me pertenece, para saber compartir sus alegrías
y sus sufrimientos... Capacidad de ver ante todo, lo que hay de positivo
en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un don para mí...
No nos hagamos ilusiones; sin este camino espiritual de poco servirían
los instrumentos externos de Comunión. Se convertirían en
medios sin alma, máscaras de Comunión más que modos
de expresión y crecimiento". N.M.I. 43.
Ahora
sí. Tras los previos que hemos tomado para que nos ayuden a reflexionar
sobre nuestros errores y concienciarnos de las lagunas, inconsciencias,
antecedentes que nos pueden impedir la magnitud de la tarea, hablamos
SOBRE
LA ESPIRITUALIDAD DE COMUNIÓN
Hablar
de Comunión es hablar de la relación esencial trinitaria,
en la que "Las Tres Personas" se asumen recíprocamente
y cada una da razón y complementariedad de lo que son. Desde ahí,
hablar de "Espiritualidad de Comunión" es hablar sobre
cómo "las esencias" de las Tres Personas tienen personalidad
distinta, y que son precisamente las diferencias en su complementariedad
donde se encuentra y se da razón de ser las tres juntas el Único
Dios. Esto es de hecho ineludible y lo que da razón "al misterio",
misterio que, mirándolo desde nuestra mentalidad pero contemplándolo
desde como se nos manifiesta, deja de ser tal misterio. Quizás sea
por ello, por quererlo entender desde nuestra humanidad, ésta se
rebela ante el egoísmo que nos es significativo; y nos pasamos toda
la vida viviendo una "pseudo-unidad", imposible de casar con la
que nos muestra Jesús de Nazareth. Y esto, ¿es que acaso no
podemos entenderlo? De haber sido así no hubiera rogado Jesús
al Padre que sus discípulos fuésemos UNO como Ellos, dejándolo
patente en Su Palabra. Por tanto, hablar de "Espiritualidad de Comunión"
es hablar - en definitiva - de algo posible y de la única puerta
de entrada a la razón profunda del Mensaje de Jesús y el aterrizaje
del Reino de Dios, resultado inevitable cuando se produce la sentencia más
fuerte que nos plantea: "Amaos como YO os he amado".
Para
adentrarnos en el conocimiento de tal sentencia tratamos de encontrar explicación
a la misma (ya que en definitiva es la esencia raíz y final del Mensaje)
haciendo lo imposible por entenderla de esta forma: "Jamás os
amaréis como YO os he amado, si en libertad y propio convencimiento
no sois lo que sois según los talentos que os hacen distintos, y
desde ahí sois UNO, como el Padre y el Hijo en clave de Espíritu
Santo". Las tres Personas siempre actúan desde la única
raíz que les hacer ser esencialmente lo que son, y desde la única
que, aún siendo Personas Dios por separado, les hace "UN SOLO
DIOS".
Hablar
de Espiritualidad de Comunión es hablar sobre cómo la acción
de dicho Espíritu actúa como tal en las Tres Personas, conjuntamente
y complementadas, dando razón de su multiplicidad, diversidad y universalidad.
Vamos a tratar de centrarnos en la Palabra de Dios que tras el Amor da la
razón y motivación más original y genuina sobre tal
cuestión.
En
el Evangelio de San Juan, es Jesús el que, orando por sus discípulos
para que sean y vivan según "Su Voluntad", pide al Padre
"QUE TODOS SEAN UNO, COMO TÚ PADRE, Y YO, SOMOS UNO". Jesús,
al hacer este ruego, está yendo infinitamente más allá
del hecho físico y de lo que cada uno entendemos a nuestra manera
por unidad. Al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, es la unidad en
lo esencial la que los constituye como Dios Uno y Trino en esencia. En ella
es donde se manifiesta toda la capacidad, el conocimiento, las posibilidades,
la inmensidad creativa, el Amor entre las Tres Personas... Todo eso e infinitamente
más de lo que nosotros podemos imaginar, se incluye en el ruego de
Jesús al Padre.
No
podemos dejar pasar desapercibido que en estos momentos finales de Jesús
en la tierra, al dirigirse al Padre le ruega que le conceda "su última
voluntad": la Unidad, SER UNO como lo son el Padre y Él. Sabemos
que el Amor es lo esencialmente más profundo y significativo en la
vida y el Mensaje de Jesús. Esto es lo que le dice a sus discípulos,
"sin contar externamente" con el Padre; no le dice al Padre "Que
se amen como nosotros nos amamos".
La
situación es "altamente significativa". Dentro de este
pensamiento y reflexión podemos cuestionarnos muy íntimamente.
El Amor nos viene dado por pura Gracia, ya que su origen y sus consecuencias
nos resulta imposible de entender, humanamente hablando. La Unidad, a pesar
de ser un valor divino, es algo que podemos entender en su plenitud. Hablar
de unidad conlleva la actitud y voluntad de entenderla, de comprender qué
cosas nos separan de los demás, de aprender de lo que otros tienen
y no tenemos nosotros, de rechazar en nosotros lo que en los demás
no nos gusta... Todo eso lo podemos conseguir si nos lo trabajamos, y más
aún, si siendo coherentes con lo que creemos, sabemos que Dios está
con nosotros, apuesta por nosotros al llamarnos y en ello va a estar hasta
el final de los tiempos... Eso, como decimos, solo a través de nuestro
esfuerzo, después de poner todo lo que desde nosotros y "sin
ÉL", quiere que hagamos por nosotros mismos. Cuando llegue nuestra
imposibilidad, nuestra debilidad, ahí intervendrá y se manifestará
la fuerza de Dios. Si lo que pensamos creemos que ha de darse según
lo entendemos y desde nuestro esfuerzo, impedimos a Dios hacerse fuerte,
solo posible a través de nuestra debilidad asumida.
En
esto entendemos por qué Jesús pide al Padre la Unidad. Es
como decirle, "Padre, ayúdales a descubrir qué es SER
TODOS UNO, para que pongan toda su vida en conseguirlo". Es ahí
donde encaja perfectamente la petición. A partir de tal situación,
por pura Gracia divina pero desde el esfuerzo personal de cada uno, se produce
la Unidad. Y tras la Unidad, EL AMOR. ¿Podríamos llegar a
entender el AMOR DE DIOS sin antes sentirnos UNO entre nosotros, nacido
de nuestro intento, lucha y esfuerzo por conseguirlo? ¿No vemos que
en definitiva, lo que Jesús nos propone es "una tarea de conjunto",
para que entre todos consigamos posibilitar el amarnos como ÉL nos
amó, imposible por nosotros mismos si lo entendemos y hacemos por
separado? ¿Quién puede, quién se atreve a dar la vida
por todos sin antes haber entendido que tiene que ser uno con todos?
Como venimos diciendo, vamos a centrarnos en el ruego de Jesús al
Padre. Ésta, la hacemos desde dos ángulos distintos:
A) Primero contemplamos aquel "QUE TODOS SEAN UNO", de Jesús,
entendido desde la mentalidad humana, ya personal, ya grupalmente. Aquí,
evidentemente, juega un papel muy importante las circunstancias, educación,
cultura, formas de entenderlo y maneras y enfoques externos que nos ha hecho
comprenderlo, y como consecuencia, vivirlo. Es por esto por lo que el apóstol
Pablo, al escribir a los romanos, 12, 1 - 2, les recordaba, les exhortaba
- desde y por la Misericordia de Dios - que se ofreciesen como ostias vivas,
cambiando sus mentes, no viviendo como se vivía en aquel tiempo,
para así descubrir lo que Dios les pedía vivir, "Lo bueno,
lo agradable, lo perfecto, lo acabado". Sin dicho cambio él
sabía que era imposible comprender dichas palabras.
B)
Con esta otra visión intentamos manifestar lo que ocurre tras el
descubrimiento de la esencia del ruego de Jesús, en la dimensión
trinitaria. Cuando mínimamente se comprende aquel pasaje de Isaías
55, 8, en el que nos asegura que los caminos y proyectos del hombres distan
de los de Dios más que de la tierra al cielo, hemos de comprender
que el ruego de Jesús al Padre es imposible entenderlo desde nuestra
capacidad mental; es entonces, por necesidad y convencimiento íntimos,
que ante dicha Palabra hemos de mantener una actitud: "TENER SED POR
ENTENDER EL ESPÍRITU Y LA VERDAD DEL SER UNO DE JESÚS CON
EL PADRE" - SED POR SER UNO CON TODOS - sin cuya sed siempre nos quedaremos
en nuestra visión, en nuestra traducción humana del Mensaje
que entraña, acomodado a todo eso interior que nos impide SER UNO
con ÉL.
Por decirlo de alguna manera y para tratar de explicar dónde está
la diferencia en el apunte que hacemos,
A)
Es "la teoría", que por ser Palabra de Dios y el ruego
de Jesús al Padre refiriéndose a todos sus discípulos,
lo podemos entender y sentir como una obligación a cumplir, vivir,
dar razón a los demás y a nosotros de haberlo entendido.
B)
Está basado en el descubrimiento de lo esencial cristiano en cuanto
a la Unidad. Sin ello estaremos viviendo en Nombre de ÉL pero jamás
en la clave del Mensaje Universal, sin acepción, diferencia ni privilegio
parcial alguno, ni olvidar nada ni nadie, porque entendemos que "todo
es nuestro, y nosotros somos de todos", y por lo tanto, en lo que incluye
de trascendencia. El "SER TODOS UNO", desde como se pronuncia
en su genuino origen, así como descubrirlo en su raíz, se
convierte en "SED POR SER" lo que Dios ha puesto en nosotros.
Comprendemos que sin esa sed jamás estaremos en onda del cristianismo,
porque no somos ni estamos en lo que podemos y debemos ser. Como consecuencia,
por no sentirlo así, por no tener Amor a esa "SED", lo
que hacemos y vivimos lo creemos en la clave de Jesús de Nazareth,
pero no servirá según ÉL por no estar bajo la función
/ acción que le identifica y la da razón trinitaria de Unidad
y de Amor.
Desde
y tras este análisis de lo que podemos entender como "centro
neurálgico de las palabras de Jesús", y que obviamente
van más allá de como las entendemos y practicamos, intentamos
crear y vivir ese espacio interior de "SED DE SER", "obsesionados",
"devorados por el celo de Dios", tratando sintonizar con su espíritu
y verdad. Aquí intentamos contemplar una reciprocidad entre "Espíritu
y Verdad" y "Unidad y Amor", trasladables entre sí,
En
el SER TODOS UNO vemos la acción del Espíritu. En el AMOR,
la Verdad visible de lo que creemos: amar hasta dar la vida.
Cuando
entendemos esto es cuando podemos ver que el Espíritu se hace Verdad,
en Unidad verdadera con la esencia del Amor. De ahí surgirán
los frutos que hemos de recoger en nosotros para luego sembrarnos para el
mundo, en Unidad por Amor; esto es palpable que no lo hemos entendido. La
tarea que nos reta es, ¿cómo reconocerlo y entrar en dicha
onda, de manera que desde la reflexión y participación personal
en Libertad Gloriosa, dispongamos un espacio interior permanente, que dé
razón de lo que dice la Palabra de Jesús, descubierta con
sed y nunca manifestada y practicada como obligación? ¿Cómo
generar un cauce abierto, sin estamentos y principios establecidos, que
nos haga olvidar todo lo que hemos ido recibiendo e instituyendo a través
del curso de la historia, donde en vez de vivir la sed esencial del SER
UNO vivimos lo que podríamos llamar "desparramamiento oficializado",
dentro de un cuerpo que, por el comportamiento de sus miembros parecemos
"ortopédicos", insensibles unos de otros desde el verdadero
espíritu que ha de moverlos? Y si somos insensibles entre los que
nos suponemos en razón del mismo cuerpo trabajando en la construcción
del Reino, ¿qué podemos pensar de nuestra actuación
ante y para los que trabajamos, que se presuponen fuera de la Fe de Jesús
de Nazareth, y a los que nos pidió hacer a todos discípulos
suyos, a todas las naciones? Evidentemente, este espacio interior solo puede
ser construido personal e intransferiblemente tras descubrir lo que trasciende
en clave de cristianismo para toda la humanidad.
Ante
la descripción analítica que hacemos somos suficientemente
conscientes de comprender la gravedad que encierra, tanto si se acerca a
la verdad como si se aleja de ella. A través de lo que se nos ha
ido presentando y hemos ido viviendo y descubriendo, Dios ha puesto una
tarea y con ella, sed por descubrirla. Por la naturaleza que encierra y
la trascendencia universal que incluye, tiene que ser buscada, construida
y contemplada por el conjunto de todos los que se incluyen en dicha tarea.
Hacerlo de otra forma sería verlo desde nuestro miope, subjetivo
y condicionado punto de vista.
DESDE LA FE, NUESTROS HIJOS, ¿SON HIJOS O HERMANOS? NUESTROS CÓNYUGES,
QUE SON REALMENTE EN CUANTO A LA PROCREACIÓN, VÁLIDA SIEMPRE
DESDE CUALQUIER FORMA DE ENTENDERLA. MÁS, SI LOS HIJOS SON HERMANOS,
¿NO ES LO MISMO EL CÓNYUGE? SIN FE O SIN PLANTEAMIENTOS DE
RESPUESTA A LA LLAMADA QUE ENCIERRA LA CONSTRUCCIÓN DE LA JUSTICIA
DE DIOS Y SU REINO, EL CÓNYUGE TRAE A LA VIDA HIJOS FÍSICOS,
BIOLÓGICOS. MÁS, EN CLAVE DE RESPUESTA POR OPCIÓN CONSCIENTE,
¿NO PODEMOS DECIR QUE SOLO DIOS ES EL QUE PUEDE HACERNOS ENTENDER
EL QUE LOS HIJOS CON CONCIENCIA DE REINO, SOLO PUEDEN SOBREVENIR CUANDO
EN EL CÓNYUGE VEAMOS A DIOS? O LO QUE ES LO MISMO, ¿NO ES
DIOS EL QUE SE CASA CON NOSOTROS?
De
esto, y desde nuestra manera de ver - incluso la más gozosa y comprometida
- hemos estado hablando en el encuentro que estamos teniendo sobre la "Espiritualidad
de Comunión". Estamos hablando de cómo lo entendemos,
cómo se ha entendido históricamente y los resultados que estamos
obteniendo. Se ha hablado de Cuerpo Místico y lo que sin quererlo,
podemos haberlo convertido en un "cuerpo robot, de miembros ortopédicos
insensibles". Cómo hemos intentado asociar la espiritualidad
que entendemos con la Unidad Trinitaria, que en su contemplación
divina nos lleva necesariamente a acercarnos a como la entiendes y son en
las Tres Personas.
Y
también hemos hablado de cómo - desde la Fe - nuestros hijos
son nuestros hermanos, como cualquiera del resto de los nacidos y de los
que nacerán. Ahí, podemos decir que la comunión de
"las carnes de Dios" que está y se hace presente en cada
nacido toman para nosotros una forma y dimensión distintas, que nos
lleva al misterio, no para hacerlo más imposible de entender, sino
para poder entender lo que de Dios nos parece misterio, y que al contemplarlo
desde el intento de comprenderlo desde lo de Dios existente en nosotros
y que jamás se nos puede olvidar, aparece es Luz increíble
e inesperada por la que el Misterio deja de ser misterio; como decimos,
no lo es, al menos en cuanto esto que nos ocupa: LA ESPIRITUALIDAD DE COMUNIÓN.
De
igual forma, nuestras mujeres y maridos. En cierta medida y aunque nos cueste
trabajo de entender, cuando Dios nos crea, lo hace a su imagen y semejanza,
que cada quién desde la Libertad, puede utilizarla como mejor quiera
y entienda. Más, al llamarnos concretamente para la causa de la evangelización,
para la construcción consciente del Reino y su Justicia, Dios, intentando
hablar desde lo que ha de ser y producir consecuencia profundamente evangélicas,
nos está invitando a casarnos con él. Os. Ap 21. Desde esa
llamada que Dios nos hace, nuestros sentimientos "como pareja"
pueden ser múltiples: de indignidad, de sentirnos infantiles, de
no comprender la propuesta que nos hace, ni por donde ni para qué;
de ser malos habladores de labios impuros, o sentirnos "profanadores"
de su presencia en nuestro interior, de no "querernos tragar lo que
nos propone" - no querer asumirlo por no entenderlo, hasta comprender
que lo que nos dice nos sabe a dulce miel... Ahora, tras tantas vicisitudes
en el intento de comprender para qué y por qué de la tierra
de Pueblo, condicionado por tradiciones históricas, mentalidades
de mayores enfrentadas, problemáticas personales asociadas, inconsciencias
increíbles que anulaban las buenas voluntades y generosidades de
tantos hacemos una lectura sobre todo lo que decimos, posiblemente erróneas.
Pero en caso alguno hemos de comprender que toda la historia de Dios con
el hombre está llena de no entender la petición del Padre.
¿Por qué no equivocarnos en algo que, además de dar
un paso adelante en el riesgo posiblemente nos pueda acercar a eso que todavía
no hemos entendido del todo?
Claramente podemos ver en el contenido global de la Palabra de Dios que
el Reino de Dios tiene que ser construido, recreado por el hombre para que
lo que él destruyó tenga el gozo y satisfacción de
haberlo hecho por su propio esfuerzo. En el Antiguo Testamento vemos que
el hombre no acaba de comprenderlo. Cuando Jesús pasea por el Mar
de Galilea buscando confidentes y ayuda en la tarea que el Padre le encarga
sobre cómo hacer comprender su realización hacemos muchas
observaciones en cuanto entendemos de tal pasaje. Llama a hermanos físicos
de una misma sangre como razón de lo que posteriormente debía
ser la Fraternidad Universal; igualmente se hace alusión a la inmediatez
de la respuesta, y que en general cada uno hace de ella su propia versión
hasta borrar no solo la inmediatez sino el sentido profundo del por qué
de la llamada. Se reflexiona sobre la total inconsciencia de los hermanos
ante lo que va a suponer tal llamada, dejar la barca, las redes, a sus padres...
Sin embargo pocas veces, prácticamente ninguna podemos decir que
hayamos entendido - al menos planteado la posibilidad ¿absurda quizás?
de que en la persona de Pedro se nos descubre cómo el hombre casado
"para y según el mundo" es solicitado por Dios en la Persona
del Hijo, para que se case con ÉL y lo deje todo. Con ello no solo
no le quita ninguna obligación entendida "del mundo" -
más bien todo lo contrario - pero sí que lo que lo propone
es - en matrimonio - una vocación en fidelidad y en compasión,
según la razón suprema de Dios para que el hombre comprenda
la tarea que le presenta y "lo irracional" de la misma al ofrecerse
al hombre como esposo del mismo.
¿Absurdo?
No lo sabemos, más, ¿no es infinitamente más absurdo
que, por como hemos entendido la llamada y la tarea, pasen siglos sin que
los frutos que han de darse no se cosechen? ¿A qué obedece?
Y si éste es un planteamiento absurdo no es sino uno más,
entre los muchos que hemos podido interpretar el hombre de todos los tiempos
en el deseo de encontrar el cómo de la construcción del Proyecto.
Y
ahora, haciendo referencia a algo hablado en las reuniones con los matrimonios,
y como creemos que tiene algo o mucho que ver con lo que hablamos, comunicamos.
"Somos
el amor y el todo de Dios, y se hace cómplice cono nosotros en la
tarea, asumiendo lo que hagamos por ÉL, aunque nos equivoquemos".
Desde ahí, ya con nuestro cónyuge físico en la tierra,
ya con nuestra pareja entendida como Dios casado con nosotros, estamos llamados
a vivir una historia de Dios juntos.
El
libre del Génesis, en 1, 27 se nos manifiesta que el hombre y la
mujer son reflejo de Dios en la tierra, con capacidad de seguir creando
Vida, a la manera de Dios.
En
el Evangelio de Mateo, 18, 19 - 20, refiriéndose a la Comunidad nos
dice que allí donde dos - el matrimonio es cosa de dos - se reúnen
y se ponen de acuerdo para pedir al Padre, lo que sea, ÉL lo dará.
Al traer esta dimensión matrimonial hasta nosotros y hacerlo desde
la perspectiva que le estamos dando comprendemos que las criaturas que han
de nacer en el matrimonio, precisamente porque Dios les concedió
la capacidad de hacer posible el Reino, los hijos nacidos son de Dios, cuando
en el cónyuge no vemos persona humana según nuestra mentalidad
sino al propio Dios, que se ha casado con nosotros.
Cuando en Mateo 19, 4 - 6, se nos habla del abandono al padre y a la madre,
y lo entendemos simplemente como lejanía física, lo que se
nos está diciendo es que tal abandono es olvido de la forma de entender
la vida que se ha hecho vieja en nosotros y no nos permite comprender al
Dios que vive en nuestra alma. Desde esta perspectiva lo que se nos anuncia
evitar relaciones de exigencia para con el otro, de dependencia que aliena
porque impersonaliza, infantiles sin conciencia, culpabilizantes por no
hacer lo que la tradición nos ha impuesto. Solo así, con mi
cónyuge se puede ser "una sola carne".
La
Palabra se hizo carne, nos dice Juan 1, 1 - 14. Estamos llamados a ser una
solas carne como carne se hizo Él, para hacerse asequible, entendible,
comible, para saciar el hambre de Dios del mundo.
Nuestra
razón de ser como pareja, con nuestro cónyuge, con eso que
para ti es tu tesoro y está por delante de todo, tu comprender el
por qué Dios se casa contigo, es vivir siendo sacramento de Dios,
presencia del Reino d Dios en la tierra. Para esto nos llamó y nos
puso juntos, y por ello hizo que nuestros caminos se encontrasen. Y en tanto
andamos por sus caminos, ¿lo hacemos juntos, unidos en lo más
hondo? ¿Cómo nos transmite el papel de la capilla? Y si comprendemos
que no es así, ¿podemos resolver nuestras diferencias abandonando
los criterios de Dios? ¿Cómo, así, será posible
el encuentro?
Hemos
de pasar de citarnos para recordar tan solo nuestras frustraciones, que
acaban siempre des-uniéndonos a reconocer que más allá
de todo aquello a lo que nos vimos sometidos, fue permitido por Dios para
que nos encontrásemos en la libertad a la que todos, gratuitamente,
fuimos llamados.
A
partir de aquí, buscamos cómo poder tener unos mínimos
datos y convicción de estar entrando en esa fiel espiritualidad de
comunión según Jesús. Es la que ha de convencer y servir
a todos, que todos entiendan y en la que todos contemplemos el Espíritu
y Verdad inequívocos e ineludibles. Así, y desde la Libertad
Gloriosa que hemos de vivir y manifestar quienes nos sintamos motivados
y llamados a estar en la tarea, vamos a volver a hacer una reflexión
sobre la UNIDAD:
A)
La UNIDAD, nacida del ESPÍRITU, buscada, trabajada y vivida desde
la más absoluta LIBERTAD.
B) La UNIDAD, en clave de TOTALIDAD, por la que todos sus miembros dan razón
íntima y externa de la COMUNIÓN genuina que son y sienten,
como el Padre y el Hijo.
A)
UNIDADEf 4, 4 Mt 20, 28 ESPÍRITU
2Co 3, 18 Rom 8,2; 21. LIBERTAD
B) UNIDAD 1Co
12, Lc 22, 19. Jn 13, 15. TOTALIDAD
1Co 11, 23 - 30 COMUNIÓN
Ambas formas de contemplación y expresión necesitan de una
"espiritualidad de comunión" reconocida y vivida, capaz
de ahuyentar de forma absoluta su práctica a través de "medios
sin alma, de máscaras de comunión sin expresión ni
crecimiento de la Unidad" que nos habla el Nº 43 de N.M.I.
Y
todo lo que estamos tratando, ¿cómo verlo y contemplarlo encuadrado
en el servicio del Anawin, bajo la donación por Amor hasta dar la
vida para la libertad de todos?
Se
comenzó el 24/7/2.002
MÁS
SOBRE LA UNIDAD, PARA TRATAR DE ENTENDER QUÉ HA DE SER "UNA
ESPIRITUALIDAD DE COMUNIÓN"
·
Trabajar por la Unidad no es sentir, escribir y cantar una canción
que nace de una honda motivación puntual de des-encarnación.
·
Tampoco el que ante lo que para cierto Pastor pueda ser y apreciar una línea
de conducta de Unidad, en un grupo que cantan sin tener conciencia de por
qué cantan, vaticinándoles que van a ejercer en la Iglesia
una tarea de fermento de comunión.
·
De igual manera, la Unidad no lo es por la convicción personal o
grupal más o menos consciente de "no hacer proselitismo"
ni dejar huella de los mensajeros. Hay muchos "no proselitismos"
y gratuidades que no tienen en su razón de ser la Unidad como convicción
de lo que es e implica.
·
La Unidad no sobreviene por el ansia de responder, con generosidad y desde
como se entiende, a la falta de unión que se ve entre los miembros
de la Iglesia.
·
El que tras muchos años en búsqueda y movidos por una intuición
de trabajar por la Unidad, finalmente seamos reconocidos por la jerarquía
como Fermentos de Comunión, no significa en absoluto que sea esa
tarea la que estamos desarrollando, "en espíritu y en verdad".
La
única "certificación" de estar en onda de Unidad
Trinitaria es la que sin proponérnoslo dejas frutos continuos y perseverantes
de Unidad con todo, porque en todo encontramos algo de Dios con lo que hemos
de unirnos, y eso no es posible sin que viva en el corazón como único
tesoro de nuestro corazón.