MONICIÓN
A LA ORACIÓN
¡Cuántos
alimentos llegan hoy a nuestras bocas! ¡Y cuántos digerimos
sin pararnos a discernir aquello que comemos! Podemos caer en el peligro
de abrir la boca y alimentarnos de cualquier cosa, sin tener certeza ( a
veces sin buscar siquiera) de sí el alimento está o no en
función de la voluntad de Dios.
No
es tarea fácil, pero no por ello hemos de renunciar a emprenderla.
Jesús de Nazaret nos abre el camino: su único alimento es
hacer la voluntad del Padre y llevar a pleno cumplimiento su Proyecto. Nosotros,
que queremos ser sus seguidores, estamos llamados a lo mismo: no sirven
sucedáneos, transgénicos, ni lights. Hay que buscar el verdadero
y auténtico alimento, el que hará posible que se haga su voluntad
(la de Dios) aquí en la tierra como en el cielo.
Ya
la Palabra nos enseña como hacerlo: una búsqueda conjunta,
entre hermanos e iguales, del único cimiento (Jesús de Nazaret)
y desde los dones y talentos de cada uno. No podemos eludir responsabilidades
que nos corresponden muy personalmente. No podemos dejar nuestros talentos
en manos de otros, ni nuestra búsqueda, ni la pelea por vivir desde
la voluntad de Dios, ni los pasos que nos lleven a madurar en libertad
Buscar juntos sí, pero no revueltos, sin suplantar, incidir, ni alterar
la búsqueda íntima de cada ser que se pone en manos de Dios.
No podemos saltarnos las reglas del juego evangélico: solo entenderemos
la voluntad de Dios desde los criterios del Espíritu, siendo obedientes
únicamente a Él.
A veces, nos es costoso comprobar como nuestra búsqueda juntos es
un revuelto de malos entendidos, que los criterios que nos mueven en vez
de unirnos nos distancian, que la obediencia a las parcelas nos hacen desobedientes
al único mandato: "Amaos unos a otros como yo os he amado".
Seamos
honestos y preguntémonos a quién estamos siendo fieles, quién
gobierna nuestras vidas, qué ocupa nuestro corazón: el todo
de la Iglesia o la propia parte.
La
Palabra nos sigue aguijoneando: hay que obedecer a Dios antes que a los
hombres, hay que poner los carismas al servicio del cuerpo, no se puede
poner en la construcción del Reino otro cimiento que el de Jesús
(¡y cuántos hombres y mujeres, santos y fundadores, hemos puesto
en su lugar!). Después de tantos siglos, en la multiplicación
de congregaciones, grupos, movimientos, puede que siga vigente aquella frase
de Erasmo "al parecer, el solo nombre de cristiano no basta
"
Más
que un manifiesto, estas palabras son un grito de ayuda. ¡Es urgente
sentarnos a la misma mesa!, comer del mismo alimento que nos conducirá,
siendo miembros, a un único cuerpo; que hará brotar, de nuestra
pluralidad, la unidad de Dios.
Y
podemos decir a boca llena que, por fin, somos su pueblo y que Él
es nuestro Dios. Un sueño soñado por todos que se hará
verdad al ser propiciado también por todos. Un sueño que nos
impulsa a seguir apostando por una Iglesia fermento de Vida y Comunión.
Con
este hambre nace "Casa para la Comunión y la Vida", un
espacio diocesano de conjunción plural para el encuentro y la reflexión,
de religiosos y seglares, parroquias y movimientos, sacerdotes y matrimonios.
No es un grupo particular, un apartado o parcela, sino un espacio creado
por la diócesis y para toda la diócesis.
Siguiendo
la insistencia de Juan Pablo II y desde nuestro Pastor, quiere buscar y
fomentar ámbitos para la comunión, espacios en los que comulguemos
unos en otros, y así saciar el hambre de todos los que ansían
a Dios. Aunar los esfuerzos para que no se desparramen, conectándonos
todos los miembros hasta formar un cuerpo en armonía. Con este deseo,
nos ofrecemos en una búsqueda y un esfuerzo permanente, para poder
responder al reto eclesial evangélico: hacer de la Iglesia la escuela
y la casa de la comunión.
Casa,
que es familia de Dios.
Para la comunión, buscando ser Uno.
Y la Vida, para dar fruto en abundancia.
Un regalo de dios para ser construido, impulsado y gozado por todos.
La
Iglesia: aquí tienes tu casa para cuando quieras.
ORACIÓN
En
el nombre del Padre...
Canto:
El Señor os dará su Espíritu Santo.
Ya no temáis, abrid el corazón.
Derramará todo su amor.
Él transformará hoy nuestras vidas.
Como a hijos os acogerá.
Abrid vuestros corazones a la libertad.
Monición:
Cántico:
Ez. 36, 24-28
Lector: Os recogerá de entre las naciones,
os reuniré de todos los países,
y os llevaré a vuestra tierra.
Todos: Vosotros seréis mi pueblo.
Y yo seré vuestro Dios.
Lector: Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará.
De todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar.
Todos: Vosotros seréis mi pueblo.
Y yo seré vuestro Dios.
Lector: Os daré un corazón nuevo.
Y os infundiré un espíritu nuevo.
Arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne.
Todos: Vosotros seréis mi pueblo.
Y yo seré vuestro Dios.
Lector: Os infundiré mi espíritu,
y haré que caminéis según mis preceptos,
y que guardéis y cumpláis mis preceptos,
y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Todos: Vosotros seréis mi pueblo.
Y yo seré vuestro Dios.
Lectura:
Rom. 12, 1-5
"Os pido, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que os ofrezcáis
como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Este ha de ser vuestro auténtico
culto. No os acomodéis a los criterios de este mundo: al contrario,
transformaos, renovad vuestro interior, para que podáis descubrir
cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada,
lo perfecto.
Os digo además, a todos y cada uno de vosotros, en virtud de la gracia
que Dios me ha confiado, que no os estiméis más de lo debido:
que cada uno se estime en lo justo, conforme al grado de fe que Dios le
ha concedido. Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros
y no todos los miembros tienen una misma función, así también
nosotros aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo al quedar unidos a
Cristo, y somos miembros los unos de los otros."
(Palabras
del Obispo)
Presidente:
Acudamos a Dios, Padre de todos y presentémosle nuestra búsqueda,
nuestros sueños y nuestro trabajo, para que nuestras vidas sirvan
a la edificación de su Reino.
Preces:
Por toda la Iglesia, para que sea verdaderamente "Casa y escuela de
Comunión", y así responda fielmente al designio de Dios
y a las esperanzas de la humanidad.
Roguemos al Señor.
Todos: Te rogamos, óyenos.
Por
la diócesis de Huelva, que celebra el Cincuentenario de su creación,
para que experimente la alegría de la unidad y descubra la llamada
de Dios a ser un solo cuerpo y una sola familia.
Todos: Te rogamos, óyenos.
PALABRAS
DE D. IGNACIO
El
fruto definitivo es el Reino de Dios y cada uno dentro de su carisma, desde
su llamada particular, en comunión con los demás, formando
el verdadero cuerpo de Cristo, estamos al servicio del mensaje evangélico
para nuestro mundo y también para nosotros.
Y porque somos como niños tenemos que aprender. Y porque somos como
niños tenemos que tener conciencia de nuestras limitaciones. Y porque
somos como niños tenemos que confiar y abrir nuestro corazón
a lo que la Palabra de Dios y las palabras de los hermanos pueden enriquecernos
y unirnos, porque ahí esta precisamente el fruto de nuestro trabajo
personal, comunitario, en cuanto que son diversas las líneas por
las cuales el Señor actúa en su Iglesia. Son talentos, por
tanto, que recibe cada uno y que el que recibe, recibe cada una de esas
líneas para el Reino de Dios, y no para nuestro propio bien. Y el
Señor nos pedirá cuentas del amor con que le hemos amado a
Él, del amor con que hemos compartido con los demás todo nuestro
saber, y nuestro ser, y de la fuerza que le hemos puesto con los demás
en formar verdaderamente el cuerpo de Cristo mientras estamos en este mundo.
Sea,
por tanto, todos bienvenidos a este segundo encuentro para nuestra formación,
porque lo necesitamos: aquí estamos, y abrimos nuestro corazón
a esa palabra que nos viene autorizada para que nos formemos todos con los
mismos criterios al bien que podemos hacer al servicio de los demás.
PONENCIA
1
I.
La Parábola informática
1. Novo Millenio - programa de comunión eclesial en red (nueva versión).
Con motivo del año 2000, fin de siglo y milenio y comienzo de un
nuevo siglo y milenio, nuestro Papa Juan Pablo II, ha lanzado una nueva
versión del programa Eclesiología de Comunión. Este
programa fue diseñado y lanzado hace unos cuarenta años por
el Concilio Vaticano II. Ha ido siendo actualizado oportunamente en los
diversos Sínodos y en el amplio Magisterio pontificio y episcopal.
Hoy disponemos de una nueva versión: Novo Millenio Ineunte.
El objetivo general de esta nueva y última versión queda bien
expuesta en las siguientes palabras:
Hacer
de la iglesia la casa y la escuela de la comunión: éste es
el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza,
si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a
las profundas esperanzas del mundo (NMI 43. Cf PG 22. 73).
Se trata, por consiguiente de una nueva praxis que consiste en hacer, re-hacer
la Iglesia como casa y escuela de la comunión. La Iglesia que es
comparada por la tradición eclesiológica con la Casa de Dios,
se entiende ahora como Casa de la Comunión. Es interesante ver que
no se dice: casa de la uniformidad, del uno-pensamiento, del uniprograma,
sino de la comunión, y, por lo tanto, con referencia a lo diversos,
a lo plural. Al mismo modo, se añade el deseo de hacer y rehacer
la Iglesia como escuela de la comunión. Se trata de un lugar de aprendizaje,
de entrenamiento, de un taller en el que se aprende el arte de la comunión
y donde se espera que haya maestros que enseñen ese arte de la forma
más pedagógica y profunda posible.
Esta nueva versión del programa Novo Millenio se expresa también
en algunos objetivos más particulares:
Los espacios de comunión han de ser cultivados y ampliados día
a día, a todos los niveles en el entramado de la vida de cada Iglesia.
En ella, la comunión ha de ser patente en las relaciones entre Obispos,
presbíteros y diáconos, entre Pastores y todo el Pueblo de
Dios, entre clero y religiosos, entre asociaciones y movimientos eclesiales
(NMI 45).
Se pide, por lo tanto, el cultivo, la ampliación -o eventualmente
la creación- de espacios de comunión. Además se pide
un ritmo diario (día a día) y plural (a todos los niveles).
Y no solamente se hace referencia a la Iglesia universal, sino a cada una
de las Iglesias particulares. El programa es, por lo mismo, enormemente
ambicioso. Se desea que llegue a todos los lugares donde la Iglesia está
capilarmente presente, a todas las tramas de su tejido. Lo que se quiere
decir con espacios de comunión, creados, cultivados y ampliados,
no es inmediatamente explicitado. Queda ahí como un reclamo, como
un deseo, que la imaginación creyente ha de plasmar en diversas iniciativas.
En lo que sí es explícita esta formulación de los objetivos
particulares de la Nueva Versión es en que la comunión tiene
que ver con las relaciones mutuas entre todos los miembros, formas de vida
y ministerio, eclesiales. El programa intenta que dentro del Pueblo de Dios
la pluralidad se convierta en pluralidad orgánica, solidaria, comunicante.
La gran intención, subyacente a todo, es que la Iglesia -en dinamismo
interno de comunión- se convierta en parábola y ejemplo de
comunión para la humanidad, a fin de que -movida por la Casa y Escuela
de la Comunión- consiga formar un solo pueblo de Dios.
2. Elementos sustanciales de versiones anteriores
Apoyándose en la doctrina paulina de Un solo Cuerpo y muchos miembros
diferentes (1Co 12, 13; Rom 12, 5), y de Un solo Espíritu y muchos
carismas diversos (1 Cor 12,7ss), la Iglesia ha afirmado y reafirmado muchas
veces durante estos últimos años la diversidad y unidad de
dones, la diferencia y la complementariedad de los diferentes carismas y
servicios. Todo está orientado hacia la única misión
(Cf. Mutuae Relaciones, 2. 4. 9).
La Iglesia es Misterio en el que se actualiza y plasma el Misterio trinitario
de Dios. Por eso, la Iglesia es también -al estilo de la Trinidad
Santa- Misterio de Comunión con Dios y de los seres humanos entre
sí.
La Iglesia es también presentada por el Vaticano II como Pueblo de
Dios, que recoge las diferencias culturales, de género y carismáticas,
en una gran comunidad humana, convergente, dialogante, inclusiva, profética,
sacerdotal, consagrada.
Desde esta perspectiva de pluralidad y comunión resulta teóricamente
evidente que nada, ni nadie adquiere identidad en la Iglesia sin correlación.
Desde la correlación todas las identidades son correlativas, es decir,
interdependientes y en constante movilidad. El cambio producido en una forma
de vida, repercute en todo el conjunto de las formas de vida. El desequilibrio
entre las formas de vida, desequilibra el Cuerpo de Cristo, el Pueblo de
Dios. Un cuerpo desequilibrado puede padecer de raquitismo, o de parálisis
parcial... Un pueblo desequilibrado pierde su capacidad creadora, generativaY
se torna repetitivo y decadente.
De todo esto, se ha hablado de forma bella y determinada en cada uno de
los Sínodos dedicados a las diversas formas de vida cristiana: Familiares
Consortio, Christifideles Laici, Pastores Dabo vobis, Vita Consecrata, Pastores
Gregis.
Se ha ido diseñando, poco a poco, lo que algunos llaman un programa
de una nueva eclesialidad. En ella todas las formas de vida cristiana tienen
su estatuto teológico, su legitimidad, su pertenencia esencial y
activa a este Pueblo de Dios. Todas las formas de vida forman parte del
Pueblo de la propiedad de Dios, del Cuerpo de Cristo, del templo del Espíritu
Santo, que es la Iglesia.
También se ha puesto siempre muy de relieve en esta teoría
o eclesiología de comunión que no se trata únicamente
de un proyecto de Iglesia del bienestar o iglesia donde a cada uno le sean
reconocidos sus deberes y derechos, sino de una ineludible finalidad misionera:
la Iglesia sabe que el deseo más hondo de Jesús era que viviera
unida para que el mundo crea. Deseaba que su comunidad fuera casa de la
fraternidad; oró para que todos sus discípulos fueran uno
y se ofreció hasta la muerte por todos, como redentor de todos. Nadie
tiene mayor amor que este de dar uno la vida por sus amigos (Jn 15,13).
Y ordenó a los apóstoles predicar a todas las gentes la nueva
evangélica, para que la humanidad se hiciera familia de Dios, en
la que la plenitud de la ley sea el amor (GS 32).
La Iglesia es, por tanto, portadora de un mensaje y proyecto de comunión
para todos los seres humanos de la tierra.
Pero dicho esto, es necesario ver, descubrir cómo está funcionando
este programa en nuestros ordenadores. Podríamos imaginarnos un gran
sistema de ordenadores en red, que han de funcionar todos conjuntamente.
Pero ¿qué ocurriría, si este programa en red estuviera
bloqueado y bloqueara todo el sistema informático, de modo que cada
ordenador hubiera recurrido a funcionar aisladamente, excluyéndose
de la red? ¿Funcionamos desde la eclesiología de la comunión
o no?
3. System error: bloqueos del programa
La vida es siempre acontecimiento de comunión. Por eso, las fuerzas
de muerte atentan siempre contra la comunión. Ante todo, obstaculizan
el flujo de la vida, lo amortiguan, lo impiden. Si es posible, intentan
bloquear la vida y, si pueden, hasta producen la muerte. ¡Qué
bien lo expresa el libro del Apocalipsis! Por una parte en las siete Cartas
que el Espíritu envía a las Iglesias denuncia la corrupción
que el Maligno inocula en las Comunidades. Por otra parte, el capítulo
12 presenta al Dragón que atenta contra la Vida que la Mujer va a
dar a luz. Es verdad que el simbolismo del nacimiento se refiere al Mesías,
pero también ese símbolo queda abierto a nuevos significados
como el siguiente: allí donde algo está naciendo allí
están Bamenazantes- las fuerzas de la muerte, para abortar la vida
que nace o asesinarla.
Pues bien, se constatan en la iglesia no pocos laberintos diabólicos
en los cuales la vida, la comunión es obstaculizada. En unos casos
se trata de meros obstáculos que hacen más lento el sistema
eclesiástico. Otras veces se trata de auténticos obstáculos
que impiden el camino de la Iglesia y en otros incluso bloqueos paralizantes.
Es entonces cuando el sistema detecta serios errores.
Los bloqueos u obstáculos -a los que yo en este momento apuntaría-
y que impiden que la Iglesia sea una Biocenosis, una comunidad de Vida,
y se convierta a veces en comunidad de muerte, son los siguientes:
- La diocesanización excesiva, como fundamentalismo diocesano, localista,
particular. Es como una versión eclesiológica de los nacionalismos.
Se vive bajo la dictadura de lo local. Todo lo que venga de fuera, lo foráneo
será acogido, pero siempre con recelo, como algo de segundo plano.
Todo ha de pasar por el aro de lo local. Vemos esta actitud reflejada en
los cristianos judaizantes de la Iglesia de Jerusalén en su actitud
respecto a los helenistas.
- La dependencia excesiva de la iglesia universal o el clientelismo vaticano,
que llevan a la vaticanización de la diócesis y a la pérdida
de inserción local.
- El equilibrio entre la dimensión local particular y universal global
no es fácil, pero apunta hacia la necesaria inclusividad de ambos
aspectos. Es necesario aprender el arte de mantener la Iglesia, inserta,
encarnada y perteneciente a un lugar, a una cultura, a una comunidad humana
y, por otra, abierta, dialogante, hospitalaria.
El mismo fenómeno se da en los grupos o comunidades que forman la
Iglesia:
- El Congregacionalismo o fundamentalismo grupal. En ese caso, los grupos
de los movimientos o las comunidades de los institutos universales están
en la diócesis o iglesia particular como sucursales que defienden
los intereses del grupo universal. Sólo buscan el interés
grupal, realizar el proyecto grupal, sin ningún tipo de compromiso
con la realidad local, ni atención o respeto hacia ella.
- La parroquialización o diocesanización excesiva, que llega
a las comunidades de los institutos o grupos de los movimientos a una inserción,
cada vez más indiferenciada y menos carismática. Entonces
se le niega a la Iglesia particular el don que ella puede recibir de ese
grupo.
- El equilibrio entre la doble dimensión universal y particular en
los institutos consagrados o movimientos no es fácil. Pero no debería
olvidarse que esos movimientos o congregaciones han nacido ordinariamente
en una iglesia particular. Desde ella se han extendido y crecido en otras
iglesias particulares. Después la iglesia universal lo has reconocido
y oficializado. Después tornan a las iglesias particulares como un
don para todos. Ese es el regalo que se ofrecen mutuamente las iglesias
particulares, que intentan vivir el don de la Colegialidad, la Communio
Sanctorum.
En línea práctica, hay bloqueos que surgen de la misma condición
humana limitada, pecadora. Lo expresaría en los siguientes ítems:
- Solo se lame lo que se pare: este dicho popular expresa esa tendencia
normal que existe en nosotros a defender, acariciar, promover aquello que
reconocemos como nuestro y, a dejar de lado, postergar, lo que es de otros.
En el fondo, hay un ego-centrismo, individual o comunitario, que impide
la auténtica acogida de lo diverso. Es la falta de auténtica
hospitalidad y a la larga el empobrecimiento de lo propio.
- Expansionismo y competitividad, la ambición: lo que es creación
propia, producto de la casa, tiende a entrar en procesos de competitividad,
de expansiónY sin respetar los espacios de los demás. El expansionismo
no atiende a los derechos de las minorías, a los dones particulares:
es tendencialmente universal. Reproduce la lógica neoliberal presente
en muchos procesos actuales de globalización.
- Si la envidia fuese tiña, cuántos tiñosos habría:
tendemos mucho a compararnos y por consiguiente a crearnos enemigos en los
dones de los demás. La envidia bloquea la comunión. A la envidia
suele ir unida la ira, como reacción violenta contra quienes parecen
hacer las cosa mejor que nosotros y reivindican poderes que juzgamos no
les pertenecen.
Las situaciones que estos demonios crean son frecuentemente insoportables.
Crean mucha división y no permiten que el sistema funcione normalmente,
positivamente.
II.
El Fundamento: Carismas y Cuerpo.
La
realidad misteriosa e inaferrable del Espíritu se manifiesta a través
de sus dones, de las energías que suscita en el universo y en la
humanidad. El antiguo testamento preveía la entrega de los dones
espirituales en la época mesiánica (Is 11, 2). Sobre Jesús
se derramó el Espíritu con sus dones en el bautismo; sobre
la iglesia en Pentecostés con signos de poder (Hech 2, 17-39) y carismas.
El sustantivo carisma (xa / risma)-y sus derivados carismático/a
pertenece (como su misma raíz griega xa (r-) a esos vocablos que
se refieren al mundo de la gracia (xa (rij); aparece 17 veces en el nuevo
testamento, en textos mayoritariamente paulinos (Cor y Rom). Es con toda
probabilidad un vocablo acuñado por Pablo. Fue utilizado por el apóstol
cuando dirigió sus cartas a la iglesia de Corinto y, desde allá,
escribió a los Romanos. Para Pablo el carisma supremo es el regalo
de la vida eterna (Rom 5, 15; 6, 23; 11, 29); pero la gracia se manifiesta
de modos muy diversos.
1.
Carismas según la gracia.
En
gran parte de los textos de 1 Cor y de 2 Cor carisma es lo mismo que gracia
de Dios en su concreción y particularidad (la terminación
-ma, charis-ma, denota el resultado concreto de una acción!). Los
carismas son concretizaciones y plasmaciones de la única gracia:
una de sus plasmaciones es el carisma de la continencia que no es concedido
a todos; otra, una eventual liberación de la muerte otorgada por
Dios en respuesta a la súplica de la comunidad; otra, los dones que
Dios concedió a su pueblo en la antigua alianza y concede después
en la nueva alianza.
En la carta a los romanos Pablo expresa el deseo de compartir con los hermanos
algún carisma espiritual, que pueda robustecerlos en la fe. En esa
misma carta carisma se refiere a la gracia en su contraposición al
pecado: del pecado procede la transgresión, de la gracia el carisma
que lleva a la vida eterna. La gracia es tan poderosa que rompe todo posible
parangón entre Adán y Cristo (Rm 5, 15-16). La transgresión
de Adán Bcomprendida en su totalidad, es decir en cuanto acción
individual, y en sus efectos en la humanidadB, se ve superada abundantemente
por el acontecimiento de la gracia de Dios, cuyo resultado Pablo denomina
xa / risma. El carisma aparece entonces como una donación gratuita
de Dios que anula la sentencia condenatoria, merecida por la transgresión
y comunica la vida eterna en Cristo Jesús (Rm 6, 23).
Carismas según la gracia (Rm 12, 6) es la expresión paulina
que conecta los carismas con la gracia. Pablo somete el fenómeno
carismático, que él reconoce como proveniente del Espíritu,
al criterio de la gracia. Esto significa que los carismas son concedidos,
no al margen, sino dentro del plan salvífico que hace desplegarse
el acontecimiento de la gracia: son exigidos por el mismo plan salvífico.
Los carismas manifiestan el acontecimiento de la gracia, el Espíritu,
pero adquieren su individuación por la medida de la fe individual
(Rm 12,3).
Queda por estudiar el texto más importante que es 1 Cor 12 (4.9.28.30.31);
la palabra carisma se entienden mejor en el contexto de los tres capítulos
(1 Cor 12-14) en los que Pablo responde a preguntas de los Corintios sobre
los fenómenos pneumáticos.
2.
Un solo cuerpo bajo la primacía del Espíritu: los dones espirituales
(1 Cor 12-14)
El
punto de referencia ineludible para hablar de carismas, en plural, son los
capítulos 12 al 14 de 1 Cor. Ese gran contexto es importante. Los
tres capítulos constituyen una unidad temática. Comienzan
y concluyen hablando de los carismas en plural, pero en el centro hablan
del carisma de los carismas que es la caridad.
El texto de 1 Cor 12-14 puede estructurarse en cuatro partes:
1) manifestaciones del Espíritu;
2) miembros del cuerpo de Cristo;
3) El camino hiperbólico: la caridad que relativiza todos los carismas;
4) la profecía y la glosolalia.
En esta estructura es importante destacar que Pablo inicia su reflexión
subrayando, ante todo, la existencia de la diversidad carismática
y el derecho inalienable a ella. Cada individuo ha recibido su don peculiar
y tiene todo el derecho a ser reconocido y valorado como tal. La afirmación
de la individualidad carismática se armoniza con la unidad del único
Espíritu, del único Cuerpo; pero se es cuerpo desde la diversidad
de funciones. La fuerza que reconstruye la armonía y da consistencia
y entidad a cada uno de los carismas y miembros del cuerpo es la caridad.
Con todo, la caridad, como carisma de los carismas, no debe impedir el ejercicio
de todos los carismas, especialmente del carisma de profecía.
Manifestaciones del Espíritu (1 Cor 12, 1-11)
*En cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que estéis
en la ignorancia. Sabéis que cuando erais gentiles, os dejabais arrastrar
ciegamente hacia los ídolos mudos. Por eso os hago saber que nadie,
hablando con el Espíritu de Dios dice: "Anatema es Jesús";
y nadie puede decir: "Jesús es Señor" sino con el
Espíritu Santo.
Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversidad
de ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones,
pero es el mismo Dios que obra en todos.
A cada cual se le da la manifestación del Espíritu para provecho
común. Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría;
a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro,
fe, en el mismo Espíritu; a otro, carismas de curaciones, en el único
Espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro,
discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro,
don de interpretarlas. Pero todas estas cosas las obra un mismo y único
Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según
su voluntad.
La comunidad cristiana de Corinto estaba interesada por los fenómenos
espirituales (pneumatika/). Las razones de semejante interés podían
ser distintas. En todo caso, la conciencia de incorporación sacramental
a Cristo por el bautismo era muy fuerte en Corinto y Cristo era confesado
como perteneciente ya a la esfera del Espíritu.
Los fenómenos espirituales cristianos son manifestaciones del Espíritu.
Es necesario resaltar, ya desde el principio, la neta separación
que existe entre la comprensión griega del espíritu (pneuma)
y la comprensión de Pablo. Pablo entiende el Espíritu en línea
con el antiguo testamento, con su pensamiento judío y desde sus propia
experiencia personal. El Espíritu no aparece como una potencia impersonal
que se sirve del hombre como de un juguete, según la interpretación
animista del gnosticismo. Tampoco es la fuerza que provoca las experiencias
espirituales entusiásticas y extáticas (pnematika/) que los
paganos y los corintios en su etapa pagana, experimentaban ante sus ídolos
durante las celebraciones mistéricas. La persona poseída por
el Espíritu de Dios, en cambio, es libre y responsable; entra en
relación personal de fe con Cristo Jesús. El Espíritu
es Dios mismo, que llama al ser lo que no es, que justifica al impío,
que resucita a los muertos. Es el Espíritu que vivifica todo lo mortal
(1 Cor 15, 45), es la fuerza de la resurrección y de la nueva creación
(Rm 8, 11; 4, 17). Esa presencia produce unos fenómenos que Pablo
denomina en 1 Cor 12, 1 _xa / rismata en contraposición a los pnematika
de los paganos. Pablo se muestra preocupado por el peligro de división
en la comunidad y por la posible autosuficiencia que estos fenómenos
pudieran generar; sin embargo, no aboga por una mengua del entusiasmo carismático.
En su discernimiento, Pablo ofrece algunas claves: la referencia de estos
fenómenos al Espíritu y a Jesús, por una parte, y su
capacidad de construcción comunitaria.
El primer criterio de discernimiento es que los fenómenos espirituales
cristianos son "memoria Jesu". En ellos se expresa el Espíritu
de Jesús, o Jesús que es el Espíritu. Por eso, es carisma
del Espíritu aquel que proclama que "Jesús es Señor"
(1 Cor 12, 3). Es carisma cristiano aquel que de una forma u otra proclama
a Jesús. El Espíritu proclama al Señor Jesús
de diversas formas. A cada uno le concede manifestación particular
del Espíritu (1 Cor 12, 7). El mismo Espíritu que clama en
el interior del creyente ¡Abbá! (Rom 8,15; Gál 4,6),
le hace confesar que ¡Jesús es el Kyrios! El Espíritu
es el protagonista de nuestra relación con el Abbá y con Jesús,
el Señor. Es, a partir de este dato fundamental, desde donde se entiende
el fenómeno carismático.
El don otorgado no es el mismo Espíritu, sino la manifestación
del Espíritu. El Espíritu se distingue de los efectos que
suscita en la persona humana: El los comunica. Los carismas son, en este
sentido, signos de la presencia del Espíritu. Es cierto que Pablo
refiere el término xari /smata solamente al don de glosolalia y al
don de profecía (1 Cor 14, 22), pero fundamentalmente todos los carismas
son signos expresivos del Amor de Dios que a través del Espíritu
ha sido difundido en nuestros corazones (Rm 5, 5).
Un segundo criterio de discernimiento de los carismas cristianos es que
sirven para la edificación de la iglesia. El criterio de un carisma
genuino no está en el mero hecho de su existencia, sino en el uso
que se hace de él. Expresión de la obediencia cristiana al
Señor que llama es poner los propios dones al servicio de los demás
(Rom 12, 6). Los carismas crean la iglesia y renuevan el mundo. Manifiestan
al Espíritu de la nueva Creación. El carisma no manifiesta
el Espíritu como realidad que afecta al ser humano en su individualidad
sin más; los carismas son tales en la medida en que no niegan su
esencial relación a la comunidad eclesial y manifiestan el Espíritu
que construye y unifica la iglesia. En este contexto los carismas pueden
ser calificados con términos diversos: fenómenos espirituales
(pnematika), servicios (diakoniai), actividades o energías (e) nerghma
/ ta), gracias o dones (xarisma / ta) (1 Cor 12, 4-6) . Pablo no describe
todos los posibles carismas de la comunidad cristiana, aunque no deja de
ser orientadora su clasificación, si tenemos en cuenta las dos listas
que ofrece en 1 Cor 12 (vv. 8-10 y 28-29) y los demás escritos paulinos
y deuteropaulinos.
Es importante resaltar que en su concepción de la comunidad cristiana,
Pablo ponga tan de relieve la diversidad que la constituye. La afirmación
de cada persona, en su individualidad, en su valor, en su razón de
ser, es el punto de partida para la edificación de la comunidad.
El relato de Pentecostés precisa que la gracia del Espíritu
se posó sobre cada uno de los presentes, personalmente: "las
lenguas se dividían y se posó (e) ka / qisen) sobre cada uno
de ellos" (Hech 2,3). (Cada uno tiene inconfundiblemente su propio
carisma! Pero al mismo tiempo, hay que ser bien conscientes de que el autor
de la diversidad es uno solo, el Espíritu, un mismo Espíritu,
como Pablo repite constantemente. La diversidad entre el Espíritu,
el Señor y el Dios y Padre está sosteniendo la diversidad
carismática. La unidad trinitaria es la mejor referencia para descubrir
cómo la diversidad eclesial está llamada a la más profunda
unidad: unidad de espíritu, en el Espíritu.
Entre los carismas que reseña en la primera lista (1 Cor 12, 8-10)
están: sabiduría, ciencia, fe que mueve montañas, carisma
de curaciones, poder de milagros, profecía, discernimiento de espíritus,
glosolalia e interpretación de lenguas. No aparecen aquí carismas
de dirección o gobierno. Pablo se refería probablemente a
carismas o ministerios que verificaba tanto en lo que nosotros hoy llamamos
Jerarquía como Laicado. Lo que sí se aprecia en esta primera
lista de carismas o manifestaciones del Espíritu es que no se trata
de meras cualidades naturales, sino de dones Bpermítaseme la palabraB
relacionales; en el sentido de que hay sabiduría, ciencia, fe etc.
como resultado de una profunda comunicación con el Espíritu
de Jesús, hasta el punto de rezumar a través de la persona
carismática. No se trata de una auto-moción, o auto-expresión,
sino de ser movido por el Espíritu y de percibir cómo el Espíritu
se automanifiesta a través de la persona.
Como el Cuerpo es uno: miembros del cuerpo de Cristo (1 Cor 12, 12-31)
"Pues
del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos
los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más
que un solo cuerpo, así también Cristo.
Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar
más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y
todos hemos bebido de un solo Espíritu. Porque también el
cuerpo no tiene un solo miembro, sino de muchos.
Si dijera el pie: "Puesto que no soy mano, yo no soy del cuerpo"
¿dejaría de ser parte del cuerpo por eso? Y si el oído
dijera: "Puesto que no soy ojo, no soy del cuerpo" ¿dejaría
de ser parte del cuerpo por eso? Si todo el cuerpo fuera ojo ¿dónde
quedaría el oído? Y si fuera todo oído ¿donde
el olfato? Ahora bien, Dios puso cada uno de los miembros en el cuerpo según
su voluntad Si todo fuera un solo miembro ¿dónde quedaría
el cuerpo? Ahora bien, muchos son los miembros, mas uno el cuerpo. Y no
puede el ojo decir a la mano: ¡No te necesito! Ni la cabeza a los
pies: ¡No os necesito! Más bien los miembros del cuerpo que
tenemos por más débiles, son indispensables. Y a los que nos
parecen los más viles del cuerpo, los rodeamos de mayor honor. Así
a nuestras partes deshonestas las vestimos con mayor honestidad. Pues nuestras
partes honestas no lo necesitan. Dios ha formado el cuerpo dando más
honor a los miembros que carecían de él, para que no hubiera
división alguna en el cuerpo, sino que todos los miembros se preocuparan
lo mismo los unos de los otros. Si sufre un miembro, todos los demás
sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman
parte en su gozo.
Ahora bien, vosotros sois cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por
su parte. Y así los puso Dios en la iglesia, primeramente como apóstoles;
en segundo lugar como profetas; en tercer lugar como maestros; luego, los
milagros; luego, el don de las curaciones, de asistencia, de gobierno, diversidad
de lenguas. ¿Acaso todos son apóstoles? O ¿todos profetas?
¿Todos maestros? ¿Todos con poder de milagros? ¿Todos
con carisma de curaciones? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan
todos?
¡Buscad los carismas superiores (xari ¿snata ta \ mei ¿zona)!
La afirmación de la individualidad cristiana sigue siendo subrayada
por Pablo en este texto. Al utilizar la imagen del cuerpo el apóstol
no quiere en manera alguna corregir o matizar la afirmación de la
diversidad carismática, hecha anteriormente, sino profundizar todavía
más en ella. Quien tenga ante los ojos la imagen del cuerpo humano,
percibirá la diferencia de miembros, la diversidad de funciones.
Se dará cuenta que cada miembro tiene posibilidades inéditas
en la medida en que aprenda a independizarse adecuadamente del conjunto
para enriquecer el conjunto. En la unidad del cuerpo, cada miembro tiene
su propio rostro: "estamos como fundidos en un solo cuerpo, pero divididos
en personalidades", decía Cirilo de Alejandría. No es
la anulación de la singularidad de los órganos la que hace
al cuerpo más sano, sino al revés. Evitar cualquier desequilibrio
corporal implica cuidar del desarrollo armónico de todos los miembros
y atender de una manera muy especial a los miembros más débiles.
Es, además, a partir del cuidado y honra de los miembros más
débiles, desde donde se construye la comunión y la cohesión
de todo el cuerpo.
Para Pablo cada persona en la comunidad está agraciada con su propio
carisma. Dios ha determinado que el cuerpo eclesial esté formado
por diversos miembros. Dios no quiere que haya división en el cuerpo,
ni rivalidades entre las partes, dado que todos comparten la misma vida
en el Espíritu. Nadie debe presumir de superioridad, porque los miembros
más fuertes (los agraciados con una fe más activa, basada
en la gnosis y la sabiduría) necesitan de los más débiles.
Tiene que darse intercambio mutuo y complementariedad. El que el Espíritu
reparta los carismas como quiere y que cada parte del cuerpo ocupe el lugar
que Dios le asigna evita la sobre-estima y la infravaloración. Más
fuerte es una cadena, cuanto más fortalecido está el eslabón
más débil. Lo mismo hay que decir en el cuerpo: más
fuerte es el cuerpo, cuanto más fortalecido y honrado está
el miembro más débil.
Es auténticamente emocionante ver cómo Pablo, después
de exponer su alegoría del cuerpo, afirma contundentemente: ¡Vosotros
sois el cuerpo de Cristo y sus miembros cada uno por su parte! Cada hermano
o hermana de la comunidad cristiana no es sólo un ámbito donde
el Espíritu se manifiesta y se expresa, sino también un miembro
del cuerpo de Jesús Resucitado, el Señor; también a
través del miembro Jesús se expresa y actúa. La unidad
del Espíritu coincide ahora con la unidad del Cuerpo. Se trata de
un cuerpo con espíritu y un espíritu con cuerpo. Cada miembro
está agraciado con los carismas, cada carisma potencia el cuerpo.
En el contexto del Cuerpo, que es Cristo, y está formado por todos
los miembros de la comunidad cristiana, presenta Pablo una segunda lista
de carismas o ministerios (1 Cor 12, 28-29). En ésta los carismas
se inician con una tríada: "apóstolesBprofetasBdoctores+;
pero según un orden bien establecido: *primeroBdespuésBen
tercer lugar+.
El primero de ellos es el carisma de los apóstoles (1 Cor 12, 28-29).
El carisma de apóstol, al que Pablo se refiere no se identifica con
el carisma de Los Doce. Se trata de un concepto más amplio. Pablo
no pertenecía al grupo de los Doce. El fundaba su carisma en haber
visto directamente al Señor (1 Cor 9, 1) y haber recibido inmediatamente
de Él la misión (Gál 1, 1.16-17). En sus cartas refiere
a otros, distintos de los Doce, el título de apóstoles. Apóstoles
eran llamados los misioneros enviados por el Señor, o el Espíritu,
o la iglesia para anunciar el Evangelio en nuevas regiones (Hech 13,1-3).
Esta palabra apóstol debe ser entendida más en clave carismática,
que institucional. Entre los apóstoles carismáticos no se
daba una sucesión apostólica, tal como hoy la entendemos.
El segundo es el carisma de los profetas (1 Cor 12, 10.28; Rm 12, 7). En
el primer período pos-apostólico se tiene en cuenta el carisma
de los profetas. Propio de ellos es una triple función: edificar,
exhortar y consolar (1 Cor 14,3), tal como hicieron durante un tiempo los
profetas Judas y Silas en Antioquía (Hech 15,32). Este carisma era
concedido también a las mujeres (1 Cor 11,5; Hech 21,9) La palabra
de los profetas convence a quienes están ofuscados por el egoísmo
y los conduce a una nueva comprensión, les descubre sus secretos
más ocultos. El profeta lleva a los creyentes a la adoración
de Dios y a la proclamación de su presencia en la iglesia (1 Cor
14,24s). El discernimiento de espíritus está íntimamente
conectado con el don profético (1 Cor 12,10). En 1 Cor 14, 29 el
discernimiento es ejercitado por los profetas, aunque sea concedido también
a todos los cristianos (1 Tes 5,21; 1 Jn 4,1) y sea recomendado de forma
especial a aquellos grupos de activistas cristianos mencionados en 1 Tes
5, 12.
En tercer lugar menciona Pablo el carisma de los doctores (1 Cor 12,28;
Rm 12,7). De los doctores se hablaba en la primera iglesia de Antioquía.
Desapareció pronto como título. Eran un grupo dedicado a preservar
y transmitir la tradición cristiana. También podríamos
asimilar a este carisma el de los exhortadores (1 Cor 12,7), el de la inspiración
(1 Cor 12, 10) y éxtasis que acompañaban a la glosolalia con
su interpretación. El éxtasis, aun superando la oposición
del sujeto y del objeto, no niega ni destruye la estructura racional y ética
del espíritu humano. Pablo, en conformidad con los demás relatos
del Nuevo testamento subraya el elemento extático de la acción
del Espíritu, pero discierne el éxtasis del Espíritu
de situaciones caóticas y de desorden tanto en el individuo como
en la comunidad.
Además de la tríada, Pablo reconoce en la segunda lista (1
Cor 12, 28.31) la existencia de otros carismas a los que ya había
aludido en la primera lista, pero añadiendo ahora dos más:
el carisma de *asistencia (_____________)+ y de *gobierno (____________)+.
Estas palabras se refieren probablemente a las formas nacientes de autoridad
local que se desarrollaban en la iglesia de Corinto, que Pablo conoce y
reconoce: presidentes de las asambleas de los creyentes (1 Cor 12,28; Rm
12,8). También el carisma de discernimiento es reconocido como un
carisma de gobierno eclesial. Estefanas ejercía un cierto liderazgo
en Corinto (1 Cor 16, 13-17); en Tesalónica eran Bcomo decía
PabloB *los que trabajan entre vosotros (________________), los que os presiden
(_______________) y amonestan (_____________)+ (1 Tes 5, 12-15), y en Filipos
los obispos y diáconos (Fil 1, 1). Al hablar Pablo así coloca
las incipientes formas de gobierno en la iglesia de Corinto en la categoría
de carismas. El liderazgo cristiano debía ser Bsegún Pablo-
alternativo al liderazgo ambiental. No quería que se introdujera
en la iglesia de Corinto el estilo de quienes basaban su liderazgo en el
status (elite social, buena situación económica, capacidad
política, oratoria). El auténtico liderazgo debe ser tarea,
función, servicio. Buenos líderes son quienes se caracterizan
por su servicio desinteresado a los demás; así fue Estefanas;
así actúa el mismo Pablo.
Había en las primeras comunidades hombres y mujeres con el carisma
de la diaconía, del servicio (1 Cor 12,7): la hermana Febe, diaconisa
de la iglesia de Cencreas (Rm 16,1); también Pablo y Timoteo recibieron
el carisma de la diaconía (Filp 1,1); pero la diaconía no
tiene carácter institucional o ministerial. Entre los carismas diaconales
está el de quienes contribuyen al bien de la iglesia con su dinero
(Rm 12,8), los que asisten a los demás (1 Cor 12,28; Rm 12,8). Un
carisma diaconal de especial interés es el carisma de curaciones:
este carisma no era algo extraordinario, sino que era la expresión
de la démocratisation de la sainteté (Card. Suenens). Los
exégetas se preguntan porqué Pablo reserva a este don únicamente
el nombre de carisma. Wambacq opina que Pablo lo hizo sin intención
alguna especial.
Otro de los carismas diaconales es la fe que hace milagros. No se trata
ciertamente de la fe salvífica, sino de la fe que mueve montañas.
Es una fides miraculosa según la cual se cumple la voluntad de Dios
superando aun toda resistencia natural; es, sobre todo, el poder de triunfar
de un mundo en enemistad con Dios. Otros se preguntan si, en lugar de tratarse
de un don extraordinario no se refiere más bien a un determinado
grado de fe que recibe el individuo, dado que Pablo conoce grados de fe
y se puede hablar de una fe débil o de la fuerza de la fe.
c) El camino hiperbólico: la caridad (1 Cor 13,1 - 14,1)
*Y aun os voy a mostrar un camino más excelente (_______________________).
Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no
tengo caridad (_____________________), soy como bronce que suena o címbalo
que retiñe. Aunque tuviera el don de profecía, y conociera
todos los misterios y toda la gnosis; aunque tuviera plenitud de fe como
para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy. Aunque repartiera
todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad,
nada me aprovecha.
La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es
jactanciosa, no se engríe; no es indecorosa; no busca su interés;
no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se
alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo
lo soporta.
La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán
las lenguas. Desaparecerá la ciencia. Porque parcial es nuestra ciencia
y parcial nuestra profecía. Cuando vendrá lo perfecto, desaparecerá
lo parcial. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba
como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé
todas las cosas de niño. Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces
veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré
como soy conocido. Ahora, subsiste la fe, la esperanza y la caridad, estas
tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad.
Buscad la caridad+.
Superior a todas estas manifestaciones del Espíritu es el carisma
de la caridad. Pablo ha contribuido enormemente al enriquecimiento del concepto
cristiano de amor. Él se sabía profundamente amado por Dios,
por Jesucristo y era consciente de que su vida dependía de ese amor:
*Vivo por la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó
por mí+ (Gál 2, 20). Dios era para Pablo *el Dios del Amor
(______________________)+ (2 Cor 13, 11); afirmaba que su amor se ha derramado
sobre nuestros corazones a través del Espíritu Santo (Rom
5, 5) y sin ningún tipo de presupuesto (Rom 5, 8.10). Para Pablo
el amor es el primero de los frutos del Espíritu.
En este texto de 1 Cor 13 Pablo canta al amor. Llama la atención
la ausencia de referencias a Dios o a Cristo (teología o cristología).
Algunos autores se han cuestionado, por eso, la originalidad paulina del
himno. Algunos opinan que se trata de una interpolación que intenta
introducir en el cristianismo valores estoicos; según otros depende
de influjos del pensamiento rabínico o de la sabiduría judía
en sentido más amplio; otros autores, sin embargo piensan que existe
una fuerte conexión entre 1 Cor 13 (donde nunca aparece la palabra
Dios, ni la palabra Cristo) y el resto de la teología paulina.
Pablo presenta el amor como un camino superexcelente, hiperbólico
(________________). La caridad (___________), substantivada, parece una
realidad personal. Pablo la presenta como el don de todos los dones, derramado
por Dios en el corazón de los creyentes (Rm 5); pero es también
un *camino+, una forma de vida, una metodología vital. El llamado
himno a la caridad tiene una estructura cuatripartita: 1) la superioridad
de la caridad sobre los demás carismas; 2) diez características
de la caridad: dos expresadas de forma positiva y ocho expresadas de forma
negativa; 3) cuatro afirmaciones de totalidad en la caridad; 4) la caridad
no acaba nunca.
En primer lugar, se refiere Pablo al carisma de lenguas, al don de profecía,
gnosis y fe, y a la entrega de los propios bienes y aun de la vida. Todo
esto, sin caridad, no sirve de nada. El resultado es nulo.
Después presenta Pablo la fenomenología de la caridad con
diez características, dos expresadas en clave positiva y ocho en
clave negativa. La caridad es un auténtico don de Dios, que hace
que una persona camine por este mundo de forma alternativa, como un icono
viviente del Dios-Amor. Quien ama es lento a la ira, es cordial y solícitamente
acogedor y hospitalario, rechaza la tristeza envidiosa por el bien de otro,
o los celos, no es petulante ni presuntuoso, ni se hincha, no es grosero
en ningún sentido, no es egocéntrico, ni ácido o agrio,
no da importancia al mal y por eso, no juzga, ni acusa. El que ama aplaude
lo verdadero, lo auténtico y disimula el mal del prójimo;
interpreta todo en el buen sentido, cree en el triunfo del bien, resiste
sin flaquear. Pablo repite cuatro veces el *todo+ (______):
*todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta+. Así
indica el maximalismo del amor. Sabe que todo puede acabar, menos la caridad.
La organización de este himno no es lógica, sino retórica.
La dimensión cristiana aparece al hablar de fe, esperanza y amor.
Las formas de conducta que pertenecen al ágape en el judaísmo
(paciencia, esperanza, fe, ser amigables con el prójimo), se concentran
en el concepto paulino de ágape. El último versículo
(1 Cor 13,13) apunta hacia la dimensión escatológica del amor.
El amor nunca falla; supera a las tres categorías carismáticas
(lenguas, profecía y gnosis) (1 Cor 13, 8B12).
d) Profecía y don de lenguas (1 Cor 14, 2-40)
*pero aspirad también a los dones espirituales (__________), especialmente
a la profecía. Pues el que habla en lengua no habla a los hombres
sino a Dios. En efecto, nadie le entiende: habla en espíritu misterios.
Por el contrario, el que profetiza, habla a los hombres para su edificación,
exhortación y consolación. El que habla en lenguas, se edifica
a sí mismo; el que profetiza, edifica a toda la asamblea. Deseo que
habléis todos en lenguas; prefiero, sin embargo, que profeticéis.
Pues el que profetiza, supera al que habla en lenguas, a no ser que también
interprete, para que la asamblea reciba edificaciónY Así pues,
ya que aspiráis a los dones espirituales, procurad abundar en ellos
para la edificación de la asambleaY Así pues, las lenguas
sirven de signo (______________) no para los creyentes, sino para los infieles;
en cambio la profecía, no para los infieles, sino para los creyentesY
Por el contrario, si todos profetizan y entra un infiel o un no iniciado,
será convencido por todos, juzgado por todos. Los secretos de su
corazón quedarán al descubierto y, postrado rostro en tierra,
adorará a Dios confesando que Dios está verdaderamente entre
vosotrosY Por tanto, hermanos, aspirad al don de la profecía, y no
estorbéis que se hable en lenguas. Pero hágase todo con decoro
y orden+.
A pesar de afirmar el primado de la caridad, Pablo no excluye la aspiración
a otros carismas. Subraya, sobre todo, la importancia de aquellos carismas
que construyen la comunidad, que favorecen a los demás. Entre estos
carismas, Pablo pone el énfasis en el carisma de profecía.
Sin embargo, el carisma de oración en lenguas (la glosolalia) es
valorado en su justa medida, a partir del criterio de la edificación
de los demás.
En el mundo en que nació el cristianismo los términos profeta,
profetismo, profecía, profetizar, eran muy utilizados aunque con
significados diferentes. Normalmente significaba *portavoz+, pero en sentido
religioso, es decir, portavoz de Dios e intérprete de su voluntad
para los seres humanos. Pero esas funciones se expresaban también
con otros términos como *videntes+, *mantis+, *sibilas+. Donde más
se habla de profecía en el cristianismo neotestamentario es en este
texto de 1 Cor 12-14. Pablo se muestra favorable a la profecía y
la antepone a la glosolalia. (cf. 1 Cor 14, 29B32; Rm 12,3-8).
)De qué revelaciones disponían los profetas de Corinto? No
lo sabemos; sólo podemos entrever que Ben contraste con la glosolaliaB
se expresaban en un lenguaje comprensible y que Bsegún el punto de
vista de PabloB se orientaba a la edificación de la iglesia y no
tanto a los intereses individuales. Para Pablo vale un principio: donde
hay iglesia allí actúa el Espíritu y donde actúa
el Espíritu allí hay profecía. De hecho es el único
elemento constante en todas las listas de carismas (1 Cor 12, 8B11, 28B30;
13, 1B2; Rom 12, 6B8). En el ranking de los dones espirituales, la profecía
ocupa siempre el segundo lugar, o después del servicio apostólico
o después del amor.
Pablo fue realmente un profeta. Tuvo visiones y revelaciones del Señor
(2 Cor 12, 1B10). Pablo era consciente de formar parte de la sucesión
de los antiguos profetas. Hay numerosos textos en los que Pablo incorpora
sus revelaciones proféticas o los oráculos de otros profetas
cristianos. Pablo entiende la profecía en línea con el antiguo
testamento y las tradiciones judías, más que en el contexto
helenístico.
La profecía cristiana tiene tres características: la edificación,
la exhortación y la consolación. No puede faltar este carisma
en las comunidades cristianas. El profeta hace ver que Dios está
verdaderamente entre nosotros (1 Cor 14, 25). El profeta es un inspirado
por el Espíritu y quien es tal, reconoce los mandatos del Señor
(1 Cor 14, 37).
f)
Conclusión
Concluyendo esta visión panorámica del término *carisma+
en estos escritos de Pablo, podemos decir que la noción paulina de
carisma es compleja. Por una parte expresa el acontecimiento de la gracia
de Dios, en el que es incluido el hombre al ser elegido (Rm 11, 29), justificado
(Rm 5, 15.16) y glorificado (Rm 6, 23; 1 Cor 1, 7). Por otra parte, es una
manifestación individualizada, según la medida de la fe, del
Espíritu en el conjunto de la economía de la gracia (1 Cor
12 y Rm 12). Carisma es una noción genérica e indeterminada;
tiene un campo semántico muy amplio, que más tarde se perderá
en Lucas y Mateo y en las cartas pastorales.
Pablo contempla el carisma como un efecto de la charis, como una materialización
concreta de la gracia gratuita de Dios. El Espíritu o lo espiritual
no es constitutivo del carisma. No obstante en 1 Cor 12, 4 Pablo asocia
carisma con el concepto de Espíritu. A pesar del uso limitado de
este término carisma, su significado neotestamentario no es unívoco,
ni siquiera en 1 Cor y en Rm: todo depende de su oscilación en torno
a otros dos términos: gracia y Espíritu. Yves Congar llega
a esta noción genérica de carismas como *dones variados de
la gracia para la construcción de la iglesia+.
Podemos suponer, por tanto, cómo eran las formas de vida en la iglesia
de los apóstoles. Cada uno permanecía en el estado en que
había sido llamado. Cualquier forma de vida tenía su lugar
en la comunidad cristiana. El único elemento imprescindible y fúndante
era el *vivir en Cristo Jesús+. Por lo demás, el Espíritu
concedía a cada uno peculiares dones, Dios Padre constituía
a cada creyente en miembro del cuerpo de Cristo según su voluntad.
En esta primera etapa de fervor carismático predominaba la igualdad,
el principio de la libertad en el Espíritu.
3.
Carisma y ministerio o evolución neotestamentaria del concepto paulino
de carisma
Después
de la muerte de Pablo sus discípulos continuaron profundizando en
la fe bajo su inspiración; surgieron nuevas circunstancias eclesiales
y sociales, que requerían nuevos planteamientos; ello afectó
de forma particular a la concepción carismática y ministerial
de la iglesia.
a)
Hacia la ministerialización de los carismas: Ef 4, 1-16
La distinción entre carismas y ministerios no fue clara en los orígenes.
Se puede afirmar que los ministerios son carismas puestos al servicio de
la comunidad y reconocidos como tales por ella misma. Los carismas logran
su plena razón de ser cuando se convierten en ministerio eclesiales.
Esto es lo que llamo *ministerialización de los carismas+. Hay un
texto en el que ésta aparece con claridad, Ef 4, 1-16:
*Os exhorto ... a que viváis de una manera digna de la vocación
con que habéis sido llamados... poniendo empeño en conservar
la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo Cuerpo
y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis
sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo
Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos.
A cada uno de nosotros le ha sido concedida la gracia (_________________)
a la medida de los dones de Cristo. Por eso dice: Subiendo a la altura,
llevó cautivos y dio dones a los hombres. )Qué quiere decir
subió sino que antes bajó a las regiones inferiores de la
tierra? Este que bajó es el mismo que subió por encima de
todos los cielos para llenarlo todo. Él mismo dio a unos el ser apóstoles;
a otros, profetas; a otros, evangelizadores; a otros, pastores y maestros,
para el recto ordenamiento de los santos en orden a las funciones del ministerio
(______________________) para edificación del Cuerpo de Cristo, hasta
que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del hijo
de Dios, al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo+.
El autor de la carta a los Efesios reflexiona con profundidad sobre la iglesia
y el ministerio en ella. Intenta así superar tensiones interiores
y peligros exteriores. Los temas que aborda son parecidos Ben su estructuraB
a 1 Cor 12-14: unidad del Espíritu, un solo cuerpo, dones de Dios,
edificación del cuerpo. El tono, sin embargo, es menos carismático.
Se advierte, mucho más que en 1 Cor, la preocupación por la
unidad comunitaria, la unidad en el Espíritu. Por eso no se hace
referencia a la diversidad de carismas de todos los fieles, sino a instancias
fundamentales: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros.
Estos ministerios han sido concedidos por el Señor, resucitado y
entronizado (Ef 1,21-23) a su iglesia para llevarla a la unidad y a la perfección.
Él es su cabeza y principio de su unidad. Actúa siempre a
través del Espíritu (Ef 1,21-23), principio de unidad (Ef
4, 3-6) y fuente de los ministerios concedidos por el Señor.
El Señor resucitado concede *dones+ a los hombres. Estos *dones+
no son los ministerios, sino los ministros de la unidad y del crecimiento
eclesial. No dice el texto de Efesios que comentamos que el Señor
concede *dones+ a los ministros, sino que ellos mismos son dones para la
construcción de la iglesia. La perspectiva es diferente a Rm 12 y
1 Cor 12-14; allí se hablaba de los dones que son concedidos a todos
los creyentes; en este texto de Ef, en cambio, no se presenta una lista
de carismas, sino una serie de cinco ministerios que el Señor del
cielo ha concedido a su comunidad como *dones+ en orden a su edificación:
los ministros del pasado, fundamento de la iglesia que fueron los apóstoles
y profetas; los ministros del presente, sucesores de los anteriores, que
son los evangelistas, pastores y maestros. Éstos asumen las funciones
esenciales de los apóstoles y profetas, como la predicación
y la enseñanza, y, estrechamente vinculada a ellas, la dirección
de las comunidades.
b) El carisma ministerial: Episkopos, presbíteros y diáconos
El tránsito del período apostólico al subapostólico
supuso una serie de crisis en la iglesia primitiva y el peligro de división.
Los intentos de superación de la crisis se ven reflejados en los
más recientes escritos neotestamentarios, que acentúan en
forma relevante la legitimidad de determinados servicios en la comunidad
y del ejercicio de la autoridad que les competía. Asistimos incluso
a un cambio sorprendente con relación al significado del vocablo
*carisma+: (se aplica exclusivamente al ministerio eclesial, ratificado
por la imposición de manos!
Las cartas pastorales, reflejo del -así llamado por algunos- *catolicismo
primitivo+, sólo tienen en cuenta el carisma ministerial (1 Tm 4,14;
2 Tm 1,6). La comunidad de los fieles aparece en estas cartas como un cuerpo
sin forma, sin relieve carismático. No se alude a la guía
del Espíritu por medio de la predicación inspirada, de la
profecía y el Espíritu es apenas mencionado; todo queda confiado
a maestros capaces de enseñar la doctrina tradicional (2 Tm 2,2).
La organización de las comunidades depende de los episkopoi, presbiteroi
y diakonoi.
Los epíscopos eran dirigentes a quienes se confiaba la administración
de los bienes de la comunidad (Filp 1,1), o que se identificaban con los
presbíteros (Hech 20,17.28), o que tenían una función
específica, aunque no corresponde a nuestra imagen actual del obispo.
Presbyteroi eran los responsables, literalmente, los ancianos de la comunidad.
El título procedía de la institución judía,
tanto local (concejal), como nacional (senador); eran miembros laicos, no
sacerdotales, del Consejo o sanedrín, que rodeaba al sumo Sacerdote.
En la iglesia primitiva no correspondían a nuestros actuales presbíteros,
que tienen carácter clerical más acentuado.
c) La prevalencia de las formas ministeriales sobre las formas carismáticas
La gran comunidad de la iglesia fue adaptándose progresivamente a
las nuevas condiciones históricas y culturales; con el tiempo asumió
un rostro mucho más mundano. Se iba encarnando en diferentes culturas
y pueblos, en los cuales germinaba la fe. O dicho mejor, los nuevos creyentes
expresaban la fe recibida de la iglesia apostólica en otras vivencias
y conceptos culturales. Así se iban asumiendo formas de pensamiento,
de moral, de religiosidad, de gobierno, propias de otras culturas distintas
a la cultura judía. Un ejemplo importante, es la traducción
de las categorías históricas propias del judaísmo en
categorías metafísicas en el mundo griego y romano. La tensión
existente entre historia y escatología o culminación apocalíptica
del tiempo se traducía en tensión entre la inmanencia y la
trascendencia, la física y la metafísica, el tiempo y su movilidad
con la eternidad y su inmovilidad.
En las nuevas experiencias culturales la fe se hizo creativa. Surgieron
modelos de gobierno, instituciones permanentes, procesos iniciáticos
y formativos, formas y estados de vida. Lo que en circunstancias anteriores
habían sido soluciones de emergencia se convirtieron en instituciones
permanentes, las formas provisionales de vida en estados de vida. Este asentamiento
en la tierra, en la historia comienza a apreciarse ya en el nuevo testamento,
siendo el evangelio de Lucas el más sensible ante los desafíos
de la historia. Pero en el decurso del primer milenio fue haciéndose
cada vez más intenso, hasta llegar en el segundo milenio a su estabilización
suma.
Hay, pues, dos principios Bno equiparables, por supuestoB que explican el
desarrollo de la comunidad de Jesús: el Espíritu Santo y la
acomodación a las culturas en las que el cristianismo ha ido surgiendo
o la inculturación.
Desde la perspectiva histórico-fenomenológica la comunidad
de Jesús se sintió libre para ir asumiendo diversas iniciativas:
acción evangelizadora y misionera, configuración especial
de su culto y sus celebraciones comunitarias y asambleas, servicios de caridad
y de beneficencia, iniciativas de investigación y estudio, modelos
de gobierno etc. La comunidad eclesial, a través de todas estas formas
de acción, mostraban cuáles eran sus opciones específicas
en cada momento y lugar y encarnaba a través de ellas su respuesta
a la llamada y voluntad de Dios. De ahí surgió una admirable
variedad ministerial y profesional, adaptada a los ambientes, lugares y
tiempos. La helenización y romanización de las comunidades
de Jesús fue un hecho evidente. La capacidad creativa fue mayor cuando
menor era el poder central dentro de la comunidad. En la medida, en cambio,
en que este poder fue siendo mayor, pudo imponer estilos, instituciones
que así fueron consolidándose a lo largo del tiempo.
La inculturación no era simplemente un fenómeno de adaptación
propio de las comunidades humanas. Brotaba de la misma esencia del cristianismo
en el cual se confesaba que el hijo de Dios se había encarnado, hecho
hombre, asumiendo una cultura, un estilo peculiar de vida. )Por qué
ahora, sus discípulos no iban a poder realizar lo mismo con su fe?
No era ajeno a todo esto la acción del Espíritu Santo. Los
discípulos recibieron el Espíritu de Jesús.
En la iglesia ha habido una gran creatividad organizadora y simbolizadora.
Se crea pintura, arquitectura, ritos, oraciones, teologías, experiencia
mística. Hay modelos de santidad y caminos de espiritualidad. Hay
formas de vida diferentes y complementarias. Hay memoria histórica
del pecado, de esperanzas frustradas, de reformas y contrarreformas. Pero
hay unos gestos que no se inventan. Se reciben y se celebran y se actualizan.
Son como Palabras de Dios hechas signos visibles. La iglesia los ha recibido
del Señor: son los sacramentos de la gracia irrevocable e irreversible.
Lo que es o debe ser la iglesia se comprende adecuadamente cuando se aceptan
los dinamismos, aparentemente contrapuestos, a los que nos hemos referido.
La iglesia está en este mundo y no es de este mundo. Participa de
los acontecimientos históricos y espera ansiosamente la superación
de la historia. Valora la creación y sus procesos, pero anhela una
nueva creación en la que reine la justicia, la paz, la reconciliación.
Es la iglesia de Jesús de Nazaret, totalmente determinada por él,
por su persona, su doctrina, su misión; pero al mismo tiempo es la
iglesia del Espíritu, que experimenta en sí misma y en cada
uno de sus miembros energías carismáticas y creativas, que
la llevan a cumplir obras mayores que el mismo Jesús.
Cuando la fe cristiana se institucionaliza y se politiza porque se convierte
en religión imperial, cuando la fe se va apoderando de todo, todo
se sacraliza, hasta las razones que están a la base de la elección
de una forma de vida. Esto se ve, por ejemplo, en la progresiva sacralización,
o mejor tal vez, eclesialización del matrimonio, o sacerdotalización
del ministerio apostólico, o institucionalización de la vida
religiosa. Lo que en un principio era mucho más normal, humano, carismático,
poco a poco va recibiendo por parte de la institución un carácter
sacral. De este modo, la institución se expresa, se autopresenta
con su poder, con su reivindicación de obediencia.
Cuando la iglesia se convierte en institución, bien estructurada,
según los criterios organizativos del Imperio romano, las formas
de vida entran en la condición de estados u ordines. Hay que cumplir
toda una serie de requisitos para entrar dentro del ordo o para abandonarlo.
Los estados de vida se explican ya únicamente desde la fe. No es
necesario recurrir a opciones antropológicas, anteriores a la fe
cristiana, en cuanto fe histórica.
La especificación de los grupos y de las personas llevan a crear
estamentos, estados, divisiones muy fuertes entre unos miembros y otros
dentro del pueblo de Dios. La falta de expectativa escatológica hace
que se piensen las formas de vida como formas estables, perennes, inmutables.
Nacen de aquí no votos de urgencia escatológica, de compromiso
hasta la muerte inminente, sino votos y promesas de estabilidad para siempre,
contando con un período de tiempo bastante amplio.
En el primer volumen de esta obra pudimos ver cómo fue creciendo
e imponiéndose este tipo de institucionalización de las formas
de vida. Hay que tener en cuenta, no obstante, la cultura en que esto aconteció.
Hoy, nos encontramos en otro modelo cultural, al que hice referencia en
la primera parte del presente volumen. En la sociedad del movimiento todo
es más inestable. La estabilidad se encuentra en el estado de dinamismo,
no de quietud. Es como el caso de los vehículos de dos ruedas (una
bicicleta o una moto), o los vehículos aéreos, que sólo
se mantienen en pie en la medida en que están en movimiento o en
vuelo.
4.
Conclusiones
La
vida cristiana no solo es memoria Jesu, no es únicamente seguimiento
e imitación del Señor y de su Evangelio, sino que es creatividad,
creación, nuevas formas. Todo esto acontece gracias al Espíritu
que procede del Abbá y de Jesús y fue derramado sobre el mundo
y, en especial, sobre la comunidad. Con el envío del Espíritu
culmina el proyecto de Dios. En este capítulo hemos contemplado cómo
el envío del Espíritu configura diversas formas de vida y
ministerio en la iglesia.
_ El Espíritu es el mejor don que una persona puede recibir. Es el
don de los dones, la gracia de todas las gracias, la fuerza de todas las
fuerzas. Es representado por la Ruah, como huracán, tempestad, poder
irresistible. Vivir bajo el Espíritu es sentirse llevado, animado
por un poder divino creador, transformador. Bajo la influencia del Espíritu
la vida es vida en plenitud, la vida es capaz de superar cualquier amenaza.
Por eso, el salmista del antiguo testamento clamaba: (No me quites tu santo
espíritu! (Sal 50).
_ El Espíritu no es una energía anónima, sino que es
el Espíritu del Abbá. Es la irradiación luminosa y
gozosa de su rostro que transmite todas sus bendiciones. El Espíritu
procede del Abbá, permanece en el Hijo y desde Él se irradia
sobre el mundo, sobre nosotros. El Hijo procede del Espíritu: de
Spiritu Sancto ex Maria virgine. El Hijo nace del Padre Spirituoque, como
dicen nuestros hermanos ortodoxos. Pero también hay que afirmar que
el Señor muerto y resucitado, lleno de Espíritu, nos entrega
el Espíritu y nos lo envía juntamente con el Padre. Por eso,
el Espíritu procede del Padre Filioque.
_ La Ruah de Dios, el Espíritu de Jesús es la fuente de la
vida cristiana. De su fuerza, energía e inspiración brotan
las más diferentes configuraciones de la vida humana. No todo se
explica desde Jesús y su mensaje del Reino. Era necesario que Jesús
se fuera para que llegara a nosotros el Espíritu. La venida del Espíritu
anuncia la llegada de Jesús Resucitado a nuestra vida. La relación
que existe entre la primavera y el verano, el tiempo de siembra y de cosecha,
el amanecer y el mediodía, existe entre la venida del Espíritu
y la venida de Jesús. Por eso, el Espíritu es denominado garantía
y aval de la Gloria ( Ef 1,14; 2 Cor 1,22).
_ La iglesia es la casa del Espíritu. En ella el sacerdocio es común
(1 Ped 2,5.9.11 B 3,6). El amor circula como el viento, como el agua y se
convierte en la ley suprema de la comunidad. El Espíritu es el alma
de la iglesia: *mora junto a vosotros y estará siempre con vosotros+
(Jn 14,17). Donde nos envuelve el Viento de Dios, experimentamos la vida
en toda su integridad, totalidad, fuerza, como vida sanada y redimida. Los
sentidos quedan potenciados por su presencia: accende lumen sensibus...
_ Jesús sigue viviendo en aquellos discípulos y discípulas
que el Padre le va dando en cada momento histórico. *No soy yo quien
vive, es Cristo quien vive en mí+, dicen tantas personas, no solo
Pablo. Gracias a la capacidad creadora del Espíritu Jesús,
el Cristo, se hace contemporáneo de todos en su Cuerpo, en sus miembros,
en las más diversas formas de vida. Ninguna de ellas puede apoderarse
de la imitación o del seguimiento más perfecto. Todas están
bajo el primado del Espíritu creador y re-creador.
_ El Espíritu se manifiesta en cada uno de los seres humanos como
pluralidad carismática. El Espíritu de Jesús enriquece
con la Gracia de Dios a la comunidad cristiana, de modo que no le falte
ningún don. Así la iglesia puede aparecer como alternativa
al mundo del pecado. Los carismas son manifestaciones, epifanías
del Espíritu. Hacen memoria de Jesús y edifican la comunidad.
La variedad de carismas es como la variedad de miembros del cuerpo: la unidad
orgánica no atenta contra la diversidad de miembros y de funciones.
El Espíritu que nos hace diferentes, nos hace también regalo
unos para otros. El conjunto que crea es el Cuerpo de Cristo que va creciendo
en la historia y está lleno de dinamismos creadores. Pero el gran
carisma unificador, el don por excelencia, es el amor derramado en los corazones,
que es el Espíritu, el ágape. Es la fuerza, el alma de todos
los carismas.
La iglesia primitiva y, especialmente las comunidades paulinas, estaba regida
por la experiencia sobreabundante de la Gracia y la exuberancia inexplicable
de dones carismáticos. La memoria del Jesús histórico
servía de criterio de discernimiento y de orientación en medio
de tanta vitalidad, cuando surgían conflictos o era necesario pensar
en el futuro. Así surgieron los ministerios, unos permanentes, otros
transitorios.
III.
El dinamismo de la Comunión: (en un solo Cuerpo! (en un solo Pueblo!
Ninguna
forma de vida cristiana es autosuficiente. Ninguna es más perfecta
que las demás, en forma absoluta. Todas ellas tienden hacia la perfección
y se correlacionan entre sí; consiguen su perfección en la
mutua correlación. Lo perfecto es la totalidad, no la parcialidad,
la armonía orquestal o polifónica y no cada una de las voces.
1.
En relación para formar un solo Cuerpo
Se
tiende a definir las cosas preponderantemente por sus elementos diferenciales.
Es lo que en otros tiempos se llamaba principio de individuación.
Pero esto no basta. También es necesario describir la identidad de
la coincidencia y de la relación. Por eso, vamos a ver cuál
es la importancia de la relación y de la llamada a formar un cuerpo
dentro de la existencia cristiana.
a) *Al principio era la relación+
La existencia cristiana, tal como se describe en el nuevo testamento, es,
ante todo, vivir *en relación+, establecer relaciones con los demás.
Carter Heyward entendió muy bien el mensaje del Génesis, del
proceso creador, al escribir:
*Al principio existía la relación y en la relación
está la potencia que crea el mundo, a través de nosotros y
con nosotros y desde nosotros, tú y yo, vosotros y nosotros, y nadie
solo+.
La creación se sustenta en la relación. Y también el
acontecimiento del reino de Dios tiene que ver con modelos de comunión
que unen cuerpo y espíritu, humanidad y naturaleza: restaura las
relaciones. El mensaje de las parábolas de Jesús utiliza como
elemento central imágenes aglomerantes (Lc 13, 20). La misma persona
de Jesús tenía una función aglomerante. El cuerpo del
Resucitado es un cuerpo que incorpora y que por ello tiene miembros. La
misma comunidad eclesial, entendida como cuerpo, es toda ella relación,
o un haz de relaciones.
El amor (_______) define todo tipo de relaciones. Y no se trata de meras
relaciones afectivas, sino de las relaciones que generan una auténtica
con-vivencia. El amor que afecta a todas las relaciones entre los creyentes,
tiene implicaciones tan prácticas como compartir los bienes, ejercer
la hospitalidad y el servicio, practicar el perdón mutuo y el diálogo,
orar en común y unos por otros. Establecer este tipo de relaciones
desde el amor no es algo supererogatorio, sino esencial dentro de la fe
cristiana. Ser iglesia es ser comunión fraterna. En el aislamiento
no hay gracia. La comunidad debe constituirse desde las relaciones fraternas.
La vida bautismal se explicita en las relaciones de amor y de servicio mutuo.
b) La iglesia, como Cuerpo de Jesús
La iglesia es Cuerpo, *el cuerpo de Cristo (______________). Hay una identidad
misteriosa entre el cuerpo muerto y resucitado de Jesús Banimado
por el EspírituB y la iglesia. Jesús y la iglesia son representados
bajo la misma imagen: cuerpo. Se da entre ellos, al mismo tiempo, distinción
y comunicación: Jesús es cabeza del cuerpo, es decir, principio
de vida mediante el Espíritu; en esto se distingue del cuerpo. Pero
esa distinción es también el motivo de una profundísima
comunicación vital. Jesús y la iglesia son representados también
bajo la imagen esponsal: Jesús es el Esposo de la iglesia, a la que
entrega todo su ser, su cuerpo, para formar con ella un solo cuerpo y así
la iglesia se hace esposa y madre fecunda. La comunidad creyente es ya ahora
el cuerpo resucitado y plenamente filial de Cristo Jesús, aunque
de forma misteriosa. Esto se manifiesta sacramentalmente en la celebración
eucarística, en la solidaridad orgánica entre los miembros
del cuerpo ((complementarios y convergentes en su diversidad) y en la conformidad
real de la iglesia con Cristo en su existencia presente ((seguimiento de
Cristo!).
No se puede formar parte del cuerpo de Cristo sin estar en profunda comunión
con Él y con los demás miembros. De la comunión depende
la identidad de cada miembro. Sin comunión, sin amor, el cuerpo se
hace un cadáver, o los miembros entran en procesos de necrosis. Cada
miembro no tiene vida, ni ser, ni movimiento autónomo. Necesita del
espíritu del cuerpo. Un miembro separado es como un sarmiento desgajado
de la vid. Perece y muere. Un miembro no tiene en sí mismo el principio
de la vida. (Qué bien lo expresó Pascal en uno de sus pensamientos:
*Ser miembro es no tener vida, ni ser, ni movimiento, más que por
el espíritu del cuerpo y para el cuerpo. El miembro separado, al
no ver ya el cuerpo al que pertenece, no tiene más que un ser perecedero
y llamado a morir; sin embargo, cree que es un todo y, al no ver ya al cuerpo
del que depende, cree que sólo depende de sí y quiere hacerse
centro y cuerpo él mismo. Pero, como no tiene ya en sí el
principio de vida, no hace más que desvariar, y se extraña
en la incertidumbre de su ser, sintiendo bien que no es cuerpo, pero no
llegando a percibir que es miembro de un cuerpo. Finalmente, cuando llega
a conocerse, es como si volviera en sí y ya no se ama más
que para el cuerpo, llorando sus antiguos extravíos+.
/i>
No solo los individuos, también las formas de vida cristiana Ben
cuanto talesB están llamadas a la unidad y no son independientes.
Sólo en la comunión adquieren toda su razón de ser,
su plenitud, su perfección. Ninguna forma de vida cristiana es perfecta
en su diferencia. (Sólo en su correlación!
c) La correlación entre las formas de vida
En la iglesia-comunión las formas de vida están interrelacionadas,
ordenadas la una a la otra. Se definen mutuamente. No son definibles por
separado. Son modalidades para vivir la misma dignidad cristiana y la vocación
universal a la santidad en la perfección del amor. Hay diversidad,
pero diversidad complementaria. En este contexto es interesante ver cómo
los documentos pontificios Christifideles Laici (=ChFL) y Vita Consecrata
(=VC) entienden la identidad de cada una de las formas de vida o estados
de vida cristiana. Según ChFL la índole secular es lo propio
de la vida laical, y la índole escatológica lo propio de la
vida religiosa, mientras que la presencia sacramental de Cristo redentor
es lo propio del sacerdocio ministerial:
*Así el estado de vida laical tiene en la índole secular su
especificidad y realiza un servicio eclesial testificando y volviendo a
hacer presente, a su modo, a los sacerdotes, a los religiosos y a las religiosas,
el significado que tienen las realidades terrenas y temporales en el designio
salvífico de Dios. A su vez, el sacerdocio ministerial representa
la garantía permanente de la presencia sacramental de Cristo redentor
en los diversos tiempos y lugares. El estado religioso testifica la índole
escatológica de la iglesia, es decir, su tensión hacia el
reino de Dios, que viene prefigurado y, de algún modo, anticipado
y pregustado por los votos de castidad, pobreza y obediencia+ (ChFL, 55).
En cambio la exhortación VC lo presenta de otra forma. Las distintas
vocaciones cristianas reflejan aspectos diferentes de la luz de Cristo Jesús.
En todo caso, todos los estados de vida están en correlación
mutua y sirven al crecimiento de la iglesia:
Todos los estados de vida, ya sea en su totalidad como cada uno de ellos
en relación con los otros, están al servicio del crecimiento
de la iglesia; son modalidades distintas que se unifican profundamente en
el misterio de comunión de la iglesia y que se coordinan dinámicamente
en su única misión. De este modo, el único e idéntico
misterio de la iglesia revela y revive, en la diversidad de estados de vida
y en la variedad de vocaciones, la infinita riqueza del misterio de Jesucristo
(ChFL, 55).
Esta grandiosa consideración de la iglesia, del pueblo de Dios, permite
comprender adecuadamente el lugar que cabe a cada forma de vida y ministerio.
)Cuáles son las características que definen cualquier forma
de vida cristiana o a todas ellas? )Qué somos cada uno de nosotros
y todos cuando formamos un solo cuerpo? Somos una comunidad de seguimiento
de Jesús, somos una comunidad de carismas diferentes pero llamados
a la unidad.
2.
La unidad que fundamenta la iglesia
La
iglesia es una, no como imperativo moral, sino porque es la unidad el fundamento
de todas las diversidades y de todas las identidades particulares. Ella
misma tiene conciencia de ello. Quiero presentar seguidamente cómo
la iglesia lo ha ido expresando en los sínodos que ha dedicado a
cada una de las formas de vida cristiana (laicado, ministerio ordenado y
vida consagrada).
a) El gran sustantivo: (todos Christifideles+!
El concilio Vaticano II insistió en la eclesiología de la
comunión. Para hacerlo utilizó un sustantivo que nos define
a todos, más allá de nuestras diferencias, y que se cumple
en nosotros cuando entramos en comunión. Se trata del término
christifidelis. Laicos o clérigos, casados o célibes, consagrados
o seglares, tenemos una identidad común y fúndante: ser Christifideles.
Nuestras diferencias no pueden, ni deben prescindir del común denominador.
Por eso, nos definimos como Christifideles laici, Christifideles consecrati,
Christifideles coniugati etc. La exhortación Christifideles Laici,
lo expresa en los siguientes términos:
*Según la imagen bíblica de la viña, los fieles laicos
)al igual que todos los miembros de la iglesia) son sarmientos radicados
en Cristo, la verdadera vid, convertidos por él en una realidad viva
y vivificante. Es la inserción en Cristo por medio de la fe y de
los sacramentos de la iniciación cristiana, la raíz primera
que origina la nueva condición del cristiano en el misterio de la
iglesia, la que constituye su más profunda fisonomía, la que
está en la base de todas las vocaciones y del dinamismo de la vida
cristiana de los fieles laicos. En Cristo Jesús, muerto y resucitado,
el bautizado llega a ser una nueva creación (Gál 6, 15; 2
Cor 5, 17), una creación purificada del pecado y vivificada por la
gracia+ (ChFL, 9).
Todas las formas de vida cristiana surgen de un *nosotros+ previo, que las
dignifica y les da plenitud. En la iglesia-comunión todos gozan de
la misma dignidad cristiana: La común dignidad de todos los miembros
de la iglesia favorece la fraternidad, comunión y misión.
Ese es el secreto y la fuerza del dinamismo apostólico y misionero.
La iglesia es una comunidad de interrelaciones y de comunión de los
diferentes. Sólo en la comunión consigue cada una de las formas
de vida su plenitud. Si durante mucho tiempo las categorías teológicas
de vocación, consagración, carisma, misión fueron reservadas
para explicar la identidad del ministerio ordenado y de la vida consagrada,
hoy somos conscientes, de que pertenecen a todos los miembros del pueblo
de Dios. Es más, los sínodos generales sobre las diversas
formas de vida en la iglesia, lo han puesto de relieve.
b) Todos llamados, consagrados y enviados en misión
: Todas las formas de vida están llamadas al seguimiento radical
de Jesucristo. El elemento imprescindible de toda vocación cristiana
(sacerdotes, religiosos, fieles laicos, la de toda persona) es el juego
entre la llamada absolutamente libre que hace Jesús al seguimiento
y la respuesta o decisión de seguirlo:
*Para todos los cristianos, sin excepciones, el radicalismo evangélico
es una exigencia fundamental e irrenunciable que brota de la llamada de
Cristo a seguirlo e imitarlo, en virtud de la íntima comunión
de vida con Él, realizada por el Espíritu (cf Mt 8, 18ss;
10, 37ss; Mc 8, 34-38;10, 17-21; Lc 9, 57ss)+.
: Todas las formas de vida han sido agraciadas con la consagración
y unción del Espíritu. Dios Padre nos elige a todos los fieles
a ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor y nos ha predestinado
para ser sus hijos por medio de Jesucristo (Ef 1, 4-5). No hay nadie llamado
a una santidad mayor que otro. Los laicos están llamados a ella *a
pleno título+, *sin ninguna diferencia respecto de los demás
miembros de la iglesia+. Dios Padre nos concede por ello y para ello a todos
su unción, su consagración por medio del Espíritu:
*El Espíritu del Hijo (cf Gál 4, 6), nos conforma con Cristo
Jesús y nos hace partícipes de su vida filial, o sea, de su
amor al Padre y a los hermanos. Si vivimos según el Espíritu,
obremos también según el Espíritu (Gál 5, 25).
Con estas palabras el apóstol Pablo nos recuerda que la existencia
cristiana es vida espiritual, o sea, vida animada y dirigida por el Espíritu
hacia la santidad o perfección de la caridad. B Lo afirma el concilio:
todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados
a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad+.
Por consiguiente, todos los Christifideles son consagrados y participan
de la consagración fundamental de Cristo y de la unción del
Espíritu.
: Todas las formas de vida han sido destinadas a realizar la única
misión de la iglesia, aunque mediante distintos ministerios. Pero,
antes de la hablar de los diferentes ministerios en la iglesia, hay que
referirse al ministerio del cuerpo entero en cuanto tal. Toda la comunidad
cristiana está en situación de servicio y de misión.
En el nuevo testamento la ministerialidad es cuestión de toda la
iglesia: *Vosotros sois el cuerpo de Cristo y sois miembros cada uno por
su parte+ (1 Cor 12, 27). El ministerio de la iglesia es, sobre todo, su
misión. El ministerio ordenado no agota, ni mucho menos, toda la
ministerialidad de la iglesia. Lo más importante no es que tal ministro
cumpla su función, sino que se integre adecuadamente en el ministerio
de toda la iglesia. La comunidad eclesial no se constituye en torno a los
ministros, ordenados o no ordenados, sino en torno a Cristo, autor de la
iglesia. Haciéndose eco de ello, la exhortación apostólica
Christifideles laici dice lo siguiente:
*Id también vosotros. La llamada no se dirige sólo a los pastores,
a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas, sino que se extiende a
todos: también los fieles laicos son llamados personalmente por el
Señor, de quien reciben una misión en favor de la iglesia
y del mundo+.
El sínodo sobre los Christifideles laici reconoció que las
distintas horas de la llamada a la viña no solamente son momentos
diversos de la vida humana, sino también distintas vocaciones, situaciones,
carismas y condiciones de vida; es más, insiste en que obreros de
la viña somos todos los miembros del pueblo de Dios: todos somos
objeto y sujeto de comunión en la iglesia y de participación
en su misión de salvación; todos trabajamos con nuestros carismas
y ministerios, diversos y complementarios. El primer tipo de responsabilidad
que compete a todos los bautizados, es decir, a los cristianos auténticamente
*iniciados+ es el testimonio evangélico (LG 11).
No todo servicio es un ministerio. Un servicio en la iglesia puede ser ocasional
o tener una importancia pasajera o relativa. Un ministerio para ser tal
ha de revestir una cierta estabilidad y consistencia dentro de la comunidad;
así mismo ha de ser reconocido por una iglesia local. Hablar de ministerios
de los laicos significa ampliar el concepto de ministerio y evitar la excesiva
monopolización de las funciones y decisiones eclesiales. Las tareas
que los laicos reciben en la iglesia están fundadas en los sacramentos
de la iniciación cristiana y no en la participación en el
ministerio de los pastores. Lo primero no son los ministerios, sino las
necesidades o urgencias que tiene la iglesia en un determinado momento.
A ello han de responder diferentes tipos de ministerialidad. No son primero
los ministerios y después el ámbito al que han de responder,
sino al revés.
3.
Carismaticidad, sacerdotalidad, ministerialidad, maternidad, esponsalidad
de la iglesia
:
Todos constituyen una persona mística en el Espíritu: el elemento
más profundo de la realidad eclesial es que todos los miembros de
la iglesia formamos con Cristo Jesús un solo cuerpo, *una sola persona
mística, o como dice Agustín, el Cristo total+. El teólogo
Herbert Mühlen intentó articular desde esta expresión
Bacuñada por Agustín y aceptada por Tomás de Aquino
y otros teólogosB lo que él llamaba *la fórmula fundamental
eclesiológica+. Y el resultado de su estudio fue afirmar que en la
iglesia formamos con Cristo una Persona mística, o *una persona (un
Espíritu) en muchas personas (en Cristo y en nosotros)+. En la revelación
se manifiesta el Espíritu Santo como el *Gran Yo+, o el constructor
de la koinonía, llamada a convertirse en un inmenso *Nosotros+. El
Espíritu, derramado en nosotros como Amor, no nos yuxtapone simplemente,
no nos convierte en un conjunto operativo; nos constituye más bien
en un único organismo, nos hace formar un cuerpo. La iglesia es la
continuación de la unción de Jesús por medio del Espíritu
Santo. La relación entre la iglesia y el Espíritu Santo no
se entiende como si la iglesia fuera una realidad ya constituida a la que
se añade posteriormente la acción del Espíritu, que
la anima, vigoriza y consagra. Más bien hay que decir que el Espíritu
hace nacer a la iglesia como acontecimiento permanente. La iglesia es criatura
del Espíritu. En este sentido la iglesia tiene una estructura fúndante
que es carismática. Afanassief, teólogo ortodoxo, lo expresó
bellísimamente al explicar cómo la iglesia es obra del Espíritu:
*La iglesia es el lugar donde actúa el Espíritu; y el Espíritu
es su principio de vida y de actividad. La iglesia vive y actúa gracias
al Espíritu, con los dones carismáticos que Dios le concede
y distribuye en ella, según su querer. La gracia es el único
motor de todo aquello que ocurre en la iglesia. El primer día de
Pentecostés, la iglesia se presentó ya con los principios
fundamentales de su organización. Estaba fundada sobre el Espíritu
que la hace existir. El principio organizador de la iglesia es, pues, el
Espíritu. Y se excluye cualquier otro principio que sería
exterior a ella+.
De lo cual se deduce obviamente que el Espíritu está en el
origen de cada una de las formas de vida. Con ello, el Espíritu crea
la comunión. Las formas nacen para interrelacionarse, con vocación
de unidad, de comunión
: La *universitas fidelium+ es el sujeto del Sacerdocio de la iglesia. En
su sentido más propio y fundamental el sacerdocio de Cristo ha sido
heredado por toda su comunidad. Todos los fieles cristianos hemos sido agraciados,
de esta manera, con el sacerdocio común que ejercemos en los diversos
sacramentos. Todos los fieles somos sujeto de la celebración eucarística,
de la acción litúrgica. Todos oramos, todos ofrecemos, todos
comulgamos. En comunión dinámica con nuestro Unico y Gran
Sacerdote, Cristo Jesús, formamos un solo Cuerpo. El sacerdocio peculiar
y nuevo de Jesucristo es transmitido a todos sus discípulos y discípulas.
El autor de 1 Ped 2, 5 Bentre los años 73-92B les decía a
los cristianos que vivían en _________, Bes decir, sin ciudadanía
o nacionalidad, socialmente desprotegidosB; en contraste, les hacía
ver que, si bien no disponían de una casa social, ellos constituían
una *casa (______) espiritual+, de la cual eran piedras vivas; que Baunque
marginados sociales y sin ciudadaníaB eran miembros de un *sacerdocio
santo (_______________________)+, *morada del rey+ (__________), templo
en el que se realizan los sacrificios espirituales del pueblo de Dios. El
Espíritu posibilita esa forma de existencia para gloria de Dios.
La comunidad experimentaba que existía una nueva tierra y un cielo
nuevo donde habitaba la justicia (2 Ped 3, 13). La santidad de la comunidad
sacerdotal se realiza según la carta de Pedro mediante una relación
con los otros, incluso con los no-cristianos:
*(Ser santos) equivale a situarse con fe y con coraje donde le corresponde
a cada uno en la red de relaciones basadas en el bautismo, que hacen justamente
de la comunidad no ya un agregado de personas que se santifican, sino la
única e indivisible comunidad sacerdotal del rey, el templo espiritual
de Dios+.
En esta comunidad de creyentes el sacerdocio no es una función de
mediación reservada exclusivamente a algunos, como en algunas religiones.
Por eso, todas las formas de vida eclesiales son sacerdotales y contribuyen
a la riqueza del sacerdocio común. Todas las formas de vida crean
un ______, una casa donde nadie es extranjero ni extraño. Es una
casa sacerdotal y regia, donde hay igualdad, fraternidad y donde fluye la
relación.
: Toda la iglesia es comunidad carismática: el Espíritu Santo
no es el espíritu de la iglesia, sino el Espíritu de Dios.
La iglesia está sometida al Espíritu. La iglesia no es solo
una construcción del Espíritu, sino que es una comunidad carismática.
Todo cristiano es un carismático (1 Cor 7, 7). Porque hay múltiples
carismas, nadie posee la totalidad de los carismas. Están al servicio
del bien común y sirven para la edificación de la iglesia.
El carisma no es un instrumento de poder, sino un don para el servicio.
Cada forma de vida está dotada de sus peculiares carismas; y ese
conjunto carismático particular se abre necesariamente a las demás
formas.
: La iglesia toda es Esposa del Señor. El carácter esponsal
de la iglesia manifiesta que el elemento constitutivo de la iglesia es su
amor apasionado, unitivo e indeleble hacia Jesús, el Esposo. Jesús
es el Esposo legítimo del nuevo pueblo de Dios. Por amor entrega
su cuerpo a la esposa. También él espera, como es obvio, el
amor y la entrega de la esposa. Sujeto de la esponsalidad de la iglesia
somos todos los creyentes, sin distinción y sin grados o acepción
de personas. Tanto la forma de vida en matrimonio como en celibato o virginidad,
expresan esta dimensión esponsal con diferentes matices. Cada una
de ellas resalta una dimensión complementaria.
: La *universitas fidelium+ es Ecclesia Mater. Todos los fieles cristianos
somos miembros activos y responsables de la fecundidad pastoral de la iglesia.
Todos son sujetos de la misión eclesial. Para ello todos y cada uno
hemos sido agraciados con los diversos carismas y ministerios del Espíritu,
que se convierten en ministerios para el servicio. A todos corresponde contribuir
al discernimiento del Espíritu. Todas las