PROYECTO
TODOS UNO EN
LA DIÓCESIS DE HUELVA
La
realidad "todos uno" nace como respuesta a una urgente interpelación
recibida:
- de parte de la Palabra, donde Jesús nos insta a ser uno para que
el mundo crea y se haga así un mundo de Dios (Jn 17, 21)
-
desde la Iglesia, donde surge la llamada a dar prioridad a la Unidad. Esta
llamada es promovida por Juan Pablo II, desde el encuentro en Roma de todos
los movimientos y nuevas comunidades eclesiales, en Pentecostés 98,
hasta la carta apostólica donde se invita a generar una Espiritualidad
de Comunión. Así surgen a nivel mundial y nacional encuentros
que buscan y promueven la tan necesitada Unidad.
-
Y según lo vivido y compartido en la diócesis de Huelva, donde
aparece la inquietud por abrir caminos nuevos para encontrarnos como Iglesia
Una (necesidad que ya se reflejó en la encuesta realizada para el
plan diocesano de Evangelización.)
LOS OJOS Y EL CORAZÓN DE DIOS
Nosotros
miramos la tierra desde la parcela en que vivimos, según nuestro
pensamiento, mentalidad, grupo, lugar... en que vivimos. ¿Seríamos
capaz de mirar con los ojos de Dios, con el corazón de Padre Dios,
en el que como tal PADRE, en el tiempo ve las cosas sin diferencia, acepción,
privilegio, ni circunstancia?
Tras varios intentos de generar un espacio de formación - comunión
(el primero en el año 1994), se celebra con conocimiento de D. Ignacio
un Encuentro de tres días en el Santuario de la Cinta, en junio de
1999 (PREMERA REFLEXIÓN ECLESIAL PLURAL-poner link a IREP). A estos
días acuden realidades eclesiales tan diversas como: Cursillos de
Cristiandad, Renovación Carismática, Comunidades Neocatecumenales,
Focolares, Talleres de Oración y Vida, Parroquia Estrella del Mar,
Cáritas, Hogar María de Nazaret, Sacerdotes Diocesanos, Religiosas
Hnas. De la Providencia, Misioneras Eucarística, Carmelitas Misioneras,
Comunidad Anawa, Tierra Esperanza, Nueva Tierra, ... Estos días de
convivencia y compartir fraterno nos descubre, con entusiasmo y alegría,
la posibilidad de hacer vida la Comunión, donde los distintos miembros
se reconocen como un único cuerpo, llamados a ser Todos Uno.
La
Unidad, como vocación a una tarea incuestionable en su esencia, urge
en el corazón de muchos de los que participan de este encuentro,
queriendo darle continuidad a la búsqueda y al compartir. Comenzamos
a partir de Enero de 2000 a vernos, mensualmente, seglares, presbíteros
y religiosas, en un espacio abierto de diálogo en torno a la Unidad
y al por qué de su ausencia. Un espacio donde nos formamos desde
la Palabra de Dios y el Magisterio de la Iglesia, donde nos vamos conociendo
desde los diferentes carismas, y donde rezamos y compartimos la Eucaristía.
Es
en febrero de 2000 cuando, desde la Delegación de Apostolado Seglar,
se convoca a todos los movimientos de la diócesis. Este encuentro
nos confirma la importancia de generar un espacio constante que de continuidad
a los encuentros puntuales. Ya aquí nos damos a conocer y nos ofrecemos
a la diócesis como una realidad que intenta buscar, expresar y promover
la comunión. Este ofrecimiento se vuelve a hacer en el segundo Foro
de la Unidad convocado por el Secretariado de Pastoral Juvenil.
De
este proceso de búsqueda se ha generado un espacio llamado "Todos
Uno", que no tiene ningún apellido concreto, pues pretende ser
expresión eclesial diocesana, y que no quiere tener tintes parciales
o particulares, más que el tinte del Evangelio y de la Iglesia Pueblo
de Dios.
En
la actualidad y desde hace un año nos vemos semanalmente, de momento,
todos los martes de 5 a 7 en la casa de cursillos (c/ Puerto 49). Las personas
que asiduamente acuden provienen de distintas realidades, como Hogar María
de Nazaret, Cursillos de Cristiandad, Parroquia Cristo Sacerdote, comunidad
"Pueblo de Dios", sacerdotes diocesanos,... personas que van descubriendo
la importancia de poner el Cuerpo por delante del miembro, donde sin perder
la propia identidad o carisma, se siente la llamada a la vocación
común de Ser Uno, y la necesidad, no tanto personal sino de la Iglesia
y el mundo, de dar prioridad en nuestra misión a la búsqueda
de la Unidad. Así, estos encuentros semanales, no son la respuesta
a la necesidad de un grupo de Fe o de referencia, sino el ofrecimiento y
la entrega a la tarea de construir una Iglesia Unida, signo de Reino de
Dios.
Su
historia procede de la necesidad de diálogo incondicional por el
que cada persona o parcela de Iglesia aporte lo que es, lo que tiene, su
experiencia dentro de la Iglesia, su servicio, de manera que todos conozcan
la pluralidad que entre todos encierran, y en su pluralidad haya una nueva
conciencia de Cuerpo de Iglesia, que en todo momento nos haga recordar aquel
"Que todos sean UNO, Padre, como Tú y Yo, somos UNO, para que
el mundo crea" Jn 17, 21. Es una labor a favor de una tarea conjunta
`por la Unidad de la Iglesia, nacida desde la percepción particular
de cada uno, como una auténtica necesidad interior. Al ser así,
la tarea adquiere dimensiones de "Visión de Conjunto",
en la que entre todos se advierte, entiende y se trabaja como tarea preferente,
desde la más absoluta gratuidad, por la Unidad Trinitaria, a favor
de Toda La Iglesia. Este hecho, en sí mismo, toma realidad profética
en su intención, dado el deseo de respuesta a la Palabra que hemos
apuntado.
Todo
comenzaba a partir de la inquietud que se venía planteando desde
tiempo atrás en la generalidad de la Iglesia. Desde la Palabra, los
documentos del Magisterio, la propia realidad y demanda del mundo, así
como de la propia Iglesia, se nos llamaba a reconsiderar la Unidad, en sí
mismo y con el resto de los sectores eclesiales. Todo ello hablaba y habla
de la urgencia de voces proféticas - no parciales, entendidas según
cada carisma, sino conjuntas - que naciesen desde la raíz de la Palabra
de Dios. Su fidelidad a la esencia de la voz de Dios, necesariamente debía
y debe sacarnos de la rutina e inhibición recíproca, y nos
haría descubrir - conjuntamente y como exigencia de su contenido
- el Espíritu y la Verdad del Proyecto de Dios para con toda la humanidad.
La interpelación constante respondía a esto que apuntamos
a continuación. ¿Cómo podía estar creciendo
en la Iglesia movimientos, nuevas comunidades, grupos parroquiales, nacido
a la luz del Concilio, los cuales eran considerados como la gran riqueza
y manifestación del Espíritu, y sin embargo dicha riqueza
de carismas no daban razón de SER UNO cual debiera ser su manifestación
final? ¿Cómo explicar y dar razón de tareas por la
Unidad, cuando en no pocas ocasiones los esfuerzos se desparraman y hasta
llegan a enfrentarse, como si a distintos señores sirvieran? La Iglesia
no será jamás la de Jesús de Nazareth en tanto sus
parcelas y todos sus miembros no "se obsesionen" - desde lo recibido,
desde lo que tienen y lo que son - por un servicio en clave de Diócesis
/ Totalidad, en la tarea de aglutinar, fermentar y hacer crecer la Unidad
de todo lo existente. De esta forma, los trabajos que se efectúen
nunca lo serán para la parte en sí misma, sino para toda la
Iglesia, en una expresión pura y viva del Mensaje de Jesús
de Nazareth. Al ser así, la tarea de cada parte toma credibilidad
de "Cuerpo que envía", y con ello, mayor motivación
y confirmación en si misma.
Ahora
pensamos, reflexionamos, nos cuestionamos sobre todo lo que tras dos años
de reuniones ininterrumpidas se ha ido viendo. Ha habido mucha búsqueda,
más no han faltado las diferencias en los enfoques, las propuestas
de raíces distintas, la búsqueda de posibles figuras en las
que se encontrasen un lugar que encajase dentro de lo establecido. Se trataba
de crear espacios de reflexión eclesial - conjunta y permanente -
de los distintos grupos, al objeto de encontrar un camino coordinado en
la búsqueda, en los que quienes participasen - desde la Libertad
- pusiesen aquello por lo que sirven y dan razón de su sitio en la
Iglesia...
DON
DANIEL VALERA COMIENZA A INTERVENIR EN TODOS UNO.
Tras
varios encuentros con el Vicario de Pastoral, y conversar y buscar juntos,
D .Daniel nos comentó cierto día de haber hecho una lectura
pausada de la Novo Millenium ineunte - "Al comienzo del Nuevo Milenio"
- y se sintió cuestionado por lo que en cierta forma le recordaba
cuanto veía, haciéndonos finalmente una proposición.
PALABRAS
DE DANIEL. "Dentro de la N.M.I. veo mucho sentido a la oferta que se
viene proponiendo a la diócesis, y que en un principio se quiso canalizar
por el apostolado seglar. En ello ha habido algunas resistencias a la propuesta.
Entonces nos hemos preguntado, ¿estaremos frustrando algo que no
se acaba de ver, y que por su planteamiento encaja en lo que nos propone
la N.M.I.? ¿Qué hacer?"
--------O--------
LA
"Novo Millenium Ineunte" - "Al comienzo de un nuevo milenio"
- nos invita a
v
Mirar con gratitud el pasado,
v Vivir con pasión el presente,
v Afrontar con confianza el futuro.
Y
esto, dentro de una actitud: "Rema mar adentro", hasta generar
una espiritualidad de comunión para una nueva evangelización.
¿Cómo?
v
Contemplando el rostro de Cristo,
v Caminando desde Cristo,
v Siendo testigos del Amor de Cristo.
Números
del 42 al 45.
"En
esto os conocerán, por el Amor que os tengáis".
El
empeño programático, Comunión, Koinonía, Misterio
de la Iglesia. Es el fruto y manifestación del Amor, derramado por
el Espíritu, que nos lleva a ser todos "Un solo corazón".
De esta forma, la Iglesia es Sacramento.
El
espíritu de comunión en la Iglesia nos obliga a ser dentro
de ella "Una Escuela de Comunión". A este respecto, ¿existe
una reflexión operativa? Antes de programar, hay que crear iniciativas
concretas que nos lleven a ese Espíritu de Comunión, por el
que se formen los ministros, agentes de pastoral, familias cristianas, comunidades
de vida...
Esto
nos lleva a llevar una mirada al corazón, al misterio Trinidad, para
ser UNO con los hermanos en la Fe, que no son ajenos sino que nos pertenecen.
Ver lo positivo en los demás, considerarlos como un regalo de Dios.
Llevar sus cargas, evitar competitividades... De no tener en cuenta todo
esto, de nada sirven los elementos externos de comunión.
Hemos
de entrar en tiempos de la "Primacía de la Gracia". Sin
el don de la comunión profunda, será una máscara la
Comunión. Valoremos y desarrollemos estos ámbitos, que son
los que garantizan la verdadera comunión. Han de ser cultivados y
animados día a día. Ha de dar razón de una comunión
patente, jerarquía y pueblo, clero y laicos, congregaciones, asociaciones
y movimientos... En todos puede actuar el Espíritu, y dar alma a
la estructura institucional.
La
Unidad no puede entenderse como uniformidad, sino como integración
de las distintas manifestaciones llamadas complementar la misión
evangelizadora.
Y
en la obediencia, ha de estar presente la 1ª carta a los Tesalonicenses,
"No extingáis el Espíritu, no despreciéis las
profecías... Examinadlo todo y quedaos con lo bueno" .
El
programa del Plan diocesano de evangelización es "El misterio
de comunión, al servicio de la evangelización".
--------O--------
Ante
lo que Daniel comentó, y de alguna forma fue proponiendo en base
a su reflexión / intuición, se suscitó un diálogo
compartido en el que el telón de fondo producía estos cuestionamientos,
¿Sería posible crear un grupo dependiente de la Vicaría
de Pastoral, que diese vida a los espacios y servicios de la Iglesia Diocesana,
suscitando y creando consejos pastorales donde estuviesen representados
todas las realidades de cada Parroquia? ¿Cómo hacerlo? ¿Mediante
Jornadas de anuncio y mentalización, con foros permanentes, con cursos
fin de semana? Esto conllevaría darlo a conocer, hacer el ofrecimiento
a los arciprestazgos y a las parroquias; reuniones con curas, diáconos,
religiosas, movimientos, laicos en general... De estar convencidos y poner
toda la carne en el asador, todo esto acabaría convirtiéndose
en espacios de oración continua, de formación sobre la "Iglesia
de Comunión", de descubrimiento de la "tarea evangelizadora
dentro de un todo", nacido del Espíritu Conjunto, y que se propondría
firmemente a las Parroquias como Misterio de Comunión, desde su esencia,
y como aval genuino para la Misión Evangelizadora... Sería
algo así como tratar de adentrarnos en la entraña Diocesana
de la Iglesia, para ejercer todos unidos "Una Misión Trinitaria"...
Actualmente,
los grupos de Iglesia que participan permanentemente son: Representantes
de Cursillos de Cristiandad, Párroco de la Parroquia de Nuestra Señora
de Belén, Hogar de Nazareth, Parroquia de Cristo Sacerdote, Comunidad
de Pueblo de Dios. Además, aunque un tanto retirados, hay gentes
que se identifican, pertenecientes a: Carmelitas Misioneras, Religiosas
de la Providencia, Comunidad Anawa, Comunidad Tierra Esperanza, Nazarenas,
Parroquia de Nerva... y muchos otros que, por ser algo diferente y no acabar
de verse la ayuda que toda obra necesita desde su espíritu, verdad
y propósito, no acaban de decidirse.
Y
reflexionando sobre todo esto, nos cuestionamos:
¿ADÓNDE
NOS LLEVA?
Al
parecer, y desde como Daniel Varela - Vicario de Pastoral - nos lo plantea,
nos lleva a depender de él - directamente y bajo la supervisión
del Señor Obispo - como responsables que son en la Diócesis
de todos los sectores que se dedican a la pastoral evangelizadora y misionera,
de una u otra forma. Conllevaría la generación de espacios
de comunión, de foros de diálogo y estudio, de formación
conjunta, sobre la Unidad de la Iglesia, desde la Palabra de Dios y los
documentos del Magisterio. Todos ellos serán genuinos y acordes con
las necesidades particulares y generales, en tanto generen y hagan crecer
la conciencia de Unidad Trinitaria. Por ello y por definición evangélica,
ningún Grupo o persona puede vivir con "planteamientos por libre",
y sí los de alcanzar el gozo de saberse y sentirse UNO con todo el
resto de personas y grupos dentro de la Iglesia.
¿QUÉ
SUPONE?
Junto
a lo ya dicho, las reflexiones y estudios de lo que antecede tendrá
como conclusión el que cada grupo - desde el conjunto que genera
dicha Unidad - se sabrán "UNO y enviados" por la plataforma
de Unidad, con el Pastor de la Diócesis a la cabeza, que es quién
en definitiva da carácter oficial de pertenencia a la Iglesia de
Jesús de Nazareth. En definitiva, esto indica y significa "saberse
para la Iglesia, dentro de la Iglesia, en Comunión con toda la Iglesia".
Junto
a ello, el descubrimiento de algo fundamental y esencial "un tanto
distraído en el tiempo": sabernos todos bajo el espíritu
y la verdad que en todo momento nos hace sentirnos "UNO con, y necesitados
del RESTO". De esta manera todos se sienten de todos, y nada hace que
se aparque, se inhiba o se destruya el "VALOR DE LA UNIDAD ENCARNADA".
Éste, junto a aquel AMAOS, es lo que hemos de manifestar, sin palabras,
todos los cristianos que formamos la Iglesia.
¿QUÉ
INCLUYE?
Ponernos
delante de Dios y de la realidad eclesial, muy al margen, o al menos muy
desconectada de cuanto decimos, para poner las bases eclesiales y evangélicas
imprescindibles de cuanto comentamos, en una tarea que por nueva y compleja
va a necesitar de muchas horas de estudio y aplicación urgente e
inminente para su preparación y puesta en marcha. Conseguido esto,
no es nada comparado con lo que supondrá a continuación, en
torno a visitas, a preparar espacios de proclamación de su contenido,
cursos que manifiesten el propósito, búsqueda de medios por
los cuales sean muchos los que se vayan añadiendo a tan ardua y dura
tarea.
De
igual forma, incluye el establecimiento abierto permanente, como foro, escuela,
espacio de oración, contemplación, formación, entendimiento
de la familia universal sin acepción, en el más puro y gozoso
contenido evangélico, que necesitará de gente muy preparada
y enamorada - no tanto en grandes dosis de formación integral - sino
en lo que de sencillez, de "abajamiento" de miembros y grupos,
de ruptura con muchos conceptos establecidos, de entendimiento de "fermento
que aglutina y desaparece", de auto-expropiación y ultimidad
a la manera y medida de Jesús, según se nos habla en Is. 53
y Fil. 2, 1 - 11.
Su
mayor y más convincente razón la encontramos históricamente
en que la tarea ha de ser dentro de la "Libertad Gloriosa de los hijos
de Dios" Rom 8, 21, la que nace de la "esencia Libre de la Naturaleza
Divina " Gal. 5, 13, desde su entendimiento según el Espíritu
de Dios. Esto produce la necesidad íntima de "ofrecerse como
víctima santa y agradable" Rom 12, 1 - 2, para la "construcción
del Reino", Mt 6, 33, o lo que es lo mismo, "poner en práctica
la Palabra de Dios" Lc 11, 28 . En ello es donde alcanza la "titulación"
de GLORIOSA, la que "DA GLORIA DIOS".
Desde
ahí, y al entenderlo desde como Dios la propicia desde el momento
en que nos crea, todos tenemos una tarea común ineludible. Desde
esa libertad, cada uno la aplicará y se exigirá a sí
mismo según vaya descubriendo su profunda razón divina. La
respuesta se dará como algo consecuente con dicha libertad, y que
no puede contradecirse ni "mal-aplicarse". Es por ello por lo
que todos hemos de revisar en qué medida, nuestra vida se concibe,
se plantea y se propone vivir según esa vida que en conjunto ha de
manifestar la Justicia, la Libertad y el Amor de Dios de todos para con
todos.
De
esta forma podemos decir que nadie puede proponer ningún sistema
de vida, ni plantear caminos concretos a otros, sino el que cada quién
entienda que lo es en consecuencia con la proposición que nace de
Dios para con todas las criaturas que de ÉL hemos nacido. Pero junto
a eso inamovible, en lo que se vaya haciendo por cada quién según
lo que entienda en consecuencia con su conciencia y Libertad, todos tienen
al Proyecto de Dios como la razón viva de su vida, la construcción
del Reino, en las claves divinas que nos llevan a la Familia Universal,
en unión con todos los elegidos de Dios.