La
realidad es que, queramos o no, hemos sido hechos a imagen y semejanza
de Dios (Gn 1,26). Por eso hemos de procurar adecuarnos en lo posible,
a esa esencia de Dios, trino y uno, que nos creó y se nos manifestó
en Jesús de Nazaret.
"Trino
y Uno", distintos y en unidad... Si a esto es a lo que estamos
llamados, convendría detenernos y reflexionar sobre lo que significan
Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo en nuestras vidas,
en la vida de la Iglesia y cuáles son las opciones que todo cristiano
debe asumir para poder llegar a la plenitud de su ser humano.
I. DIOS PADRE
Jesús
comienza su predicación (Mt 5,3) diciendo que su programa está
en clave de felicidad, pero sólo para los que "opten por ser
pobres", porque ésos tienen a Dios por Rey. Y a continuación
explica qué es eso de ser pobres (6,19-34). Sencillamente, que el
Padre nuestro del cielo nos da lo necesario para la vida, porque valemos
más que los pájaros y los lirios del campo.
El cristiano opta por ser pobre, por ser el último, por esperarlo
todo de Dios, un Dios que nos ama como Padre y Madre y de quien recibimos
el pan cotidiano.
II. DIOS HIJO
El
mismo Jesús. Él es "el salvador", "el libertador".
Y para ser verdaderamente libres como Él, nos deja un solo mandamiento
(Jn 13,34-35): que nos amemos unos a otros "como Yo os he amado",
con amor total y absoluto, en plena libertad. Amor de pastor, de maestro,
de quien deja su categoría de Dios para hacerse último (Fil
2, 6-7) y ponerse a los pies de los demás (Jn 13, 14-15).
El cristiano opta por el Amor, un amor libre que obedece sólo a la
voluntad de Dios y que, por lo tanto, le hace ocupar el último lugar
y ponerse al servicio de los otros. (Gál 5,13)
III. DIOS ESPÍRITU SANTO
Es
el Dios infinito que nos ha de ir mostrando y recordando todo lo que nos
dijo Jesús (Jn 14,26). Nos irá aclarando su mensaje para así
conocer su Verdad (Jn 8,32).
Pero al ser el Espíritu "infinito" nunca podremos abarcarlo
o aprehenderlo. Es mucho más de lo que sabemos, vivimos y conocemos;
de ahí que tengamos que estar en continua búsqueda del Espíritu
Santo de Dios que es quien, definitivamente, guía nuestras vidas.
El cristiano opta por estar siempre en búsqueda del Espíritu;
no puede casarse ni quedarse en nada de lo descubierto de él porque
es un Espíritu que no se deja atrapar ni encasillar y que nos llevará
a la Verdad que nos hará libres.
IV. TRINO Y UNO
Somos llamados, desde la personalidad de cada uno, a vivir en COMUNIDAD;
y, desde las tres claves anteriores, hacer realidad la Unidad de Dios.
Así es como creerá el mundo: cuando vean la unidad de los
cristianos, en cuanto al espíritu y modo de vida: pobres (porque
tienen a Dios como Padre), obedientes a la voluntad de Dios (conscientes
de que ahí está la plenitud de la libertad y su ser humano,
desde ponerse al servicio los unos de los otros, como el Hijo, el Hijo de
Dios y el Hijo del Hombre), y que no se casan con nada de lo descubierto
del Espíritu (porque todo lo ponen en duda (Is 55,8) y están
siempre en búsqueda del Espíritu infinito de Dios). Los cristianos
saben que, desde estas tres premisas, vividas en comunidad, el mundo verá
a Dios.
Un Dios que es "trino" (cristiano que personalmente hace visible
y real en su vida, los mismos rasgos del Padre, Hijo y Espíritu),
y "uno", porque entre todos así lo hacemos, somos uno,
formamos la misma unidad de Dios, su esencia (sintiéndonos y siendo
"uno" en comunidad que vive y hace visible, igualmente, los mismos
rasgos citados del Padre, Hijo y Espíritu).
El
cristiano, pues, opta por vivir
·
en una comunidad donde, personal y comunitariamente, se vivan los mismos
rasgos que hacen visible y creíble, ante le mundo, la realidad de
un Dios que es "trino y uno"
· una comunidad que, con su vida, de todos y cada uno, es testigo
del amor que Dios tiene al mundo
· una comunidad de hombres y mujeres que optan por ser pobres y últimos,
que obedecen libremente la voluntad de Dios Padre, poniéndose al
servicio de los demás, y que, sin casarse con nada de lo descubierto,
están siempre en búsqueda del infinito Espíritu Santo
de Dios.
...
Y de esta manera se realizan, y es el único y definitivo modo en
que todo ser humano puede realizarse, como hombres y mujeres en plenitud.
Quien
no conozca a ese Dios que le ha creado y es el objeto de su plenitud, sí
podrá llegar a la plenitud humana en cuanto viva, en clave de humanidad
una y toda, los mismos valores de que el absoluto no es ni puede ser nunca
el dinero, ni el tener, ni el ser el primero, ni el poder más que
nadie, sino, buscando la libertad total posible a todo ser humano, ponerse,
siempre, en el último lugar, en actitud de servicio y de búsqueda
continua e incesante de lo siempre nuevo que nunca acaba de descubrir.