[...]
"Reino de Dios" y "Pueblo de Dios" son dos conceptos
y dos realidades inseparables, de tal modo que habrá Reino de Dios
en la medida en que haya Pueblo de Dios y viceversa. Sin embargo, ambas
realidades han sido tergiversadas, distorsionadas e incluso desfiguradas
cuando han sido referidas directa, inmediata y totalmente al concepto de
Iglesia.
[...] La Iglesia, antes que nada, es un pueblo, es decir, una colectividad
personal, una comunidad. Así se tiende un puente entre la visión
mistérica y la visión sociológica de la Iglesia. Al
hablar de Iglesia ya no se comienza postulando el carácter institucional,
societario, jurídico o jerárquico. Antes que institución,
jerarquía o sociedad, la Iglesia es un pueblo que marcha en la historia.
Pero no es cualquier pueblo. Es un pueblo animado por el Espíritu
de Jesús y congregado en el seguimiento de Jesús. Es un pueblo,
en definitiva, configurado según las exigencias del Reino de Dios.
En la base de estas exigencias subyace la necesidad de una espiritualidad
cristiana como punto de referencia del carácter eclesial del pueblo
de Dios.
[...]A
partir de la eclesiología conciliar y, más concretamente,
de la categoría de Pueblo de Dios, Ellacuría afirma que,
en virtud del Espíritu de Dios, la Iglesia nace del pueblo creyente
y oprimido . Desde esta concepción de Iglesia, nuestro autor
intenta profundizar y reflexionar por qué y de qué modo
el “pueblo” es el lugar de interpretación y de praxis
de la fe cristiana. [...]En palabras suyas, el Espíritu debe
hacerse carne en el pueblo. Así es como desde el pueblo brota
en plenitud la Iglesia de Cristo, plasmada y manifestada por unos signos
inefables: señalados por el escándalo de las bienaventuranzas
y la lucha por la justicia .