Vincent Concessao, arzobispo de Delhi y vicepresidente de la Conferencia
Episcopal de la India, ha denunciado una campaña que ha conducido
a 26 millones de cristianos (16 millones son católicos) a una
situación difícil y compleja, sin precedentes en la reciente
historia de ese subcontinente. En palabras de este eclesiástico:
"Durante décadas, la Iglesia en la India nunca se sintió
amenazada o insegura. Los cristianos nos encontrábamos "a
nuestras anchas" y existía un profundo espíritu de
aceptación y de tolerancia, aunque somos poco más del
2% de la población del país".
Pero hoy día una pequeña minoría fundamentalista
hindú es responsable de una campaña de descrédito,
de odio, de difusión de mentiras y calumnias, que ha generado
una atmósfera de persecución y violencia.
"Con la aparición del Bjp (Partido del pueblo indio), dice
el arzobispo, como fuerte movimiento nacional (que ahora controla el
gobierno), los fundamentalistas se han vuelto más agresivos.
Aunque el gobierno declara que quiere tender la mano a las minorías,
no ha rechazado a los fundamentalistas que se han responsabilizado de
acciones violentas contra cristianos y musulmanes".
Incluso algunas veces, denuncia, el gobierno da carta blanca a los fundamentalistas
hindúes, "como sucedió en Gujarat, a finales de febrero
del 2002: cientos de musulmanes fueron asesinados tras el incendio de
un tren en el que perecieron 58 hindúes". "El gobierno
del Bjp hizo entonces bien poco para detener la violencia. Varios líderes
del partido llegaron a justificar los ataques contra los musulmanes
inocentes como reacción "espontánea" al incendio
del tren".
Pero también los cristianos pasaron por una experiencia similar
en la Navidad de 1998: "docenas de iglesias fueron incendiadas
y destruidas en el área tribal de Dangs (en el sur de Gujarat)
por los mismos grupos hindúes". El primer ministro Vajpayee
visitó la región. "Pero en lugar de condenar la violencia
anticristiana invocó un "debate nacional" sobre las
conversiones. Al actuar así, justificó a los culpables
de acciones violentas contra los cristianos. No se castigó a
los responsables. Ni la policía pudo cumplir con su deber de
manera imparcial, porque se le impidió"
El arzobispo estima que "en la base de la campaña de odio
contra los cristianos está la imagen que tienen de nosotros como
"extranjeros" en una India que querrían exclusivamente
hindú". "Sin embargo no hay contradicción entre
los distintos componentes de la población india. Todos nosotros
tenemos diferentes identidades. Yo soy originario del Estado de Karnataka,
en el sur, y hablo lenguas que muchos desconocen. De nacionalidad soy
indio, de fe soy cristiano".
"Si soy un verdadero cristiano -continúa--, estoy obligado
a ser patriótico y a servir a mi país. Si no lo hago,
no me comporto como buen cristiano. El gobierno quiere crear una atmósfera
de conspiración para usarnos como chivos expiatorios con la intención
de reforzar la mayoría hindú con fines políticos".
De esta forma, "el gobierno está empleando la campaña
de odio contra nosotros como una estrategia para movilizar los votos
hindúes para la conquista del poder. Es lo que hizo en Gujarat
para ganar las elecciones".
No obstante, la mayoría de los hindúes son tolerantes
e incluso dialogantes y por ello contrarios a posiciones fundamentalista
o rigoristas extremas.