Acogiendo
con «profunda tristeza» el «brutal asesinato», perpetrado
en la medianoche del miércoles, del padre John Francis Hannon, el
obispo de la diócesis keniana de Ngong ha denunciado la inseguridad
que se ha apoderado de la zona, a unos 25 kilómetros de la capital,
Nairobi.
Según
relata el obispo Cornelius Schilder, una banda de 20 personas irrumpió
en la residencia del padre Hannon después de atar al vigilante. Aparentemente
el grupo se enzarzó con el sacerdote en una pelea y él intentó
escapar.
Pudieron
seguirle desde la casa hasta la parte delantera del recinto social aún
en construcción en el complejo parroquial, donde su cuerpo mutilado
fue encontrado a primera hora de la mañana de este jueves.
Párroco
de la iglesia de St. Barnabas --en Matasia, diócesis de Nong—,
el padre John Hannon había nacido hace 65 años en Irlanda,
en Killaloe (condado de Clare). Fue ordenado sacerdote en la Sociedad de
Misiones Africanas (SMA) en 1967 en su país. Desarrolló su
labor en Nigeria y en Kenia.
En
un comunicado conjunto del obispo de Nong y de la SMA –cuya versión
original ha difundido el Servicio de Información Católica
para África (CISA)--, firmado por el prelado, se denuncia que existe
«una gran inseguridad en la zona y la gente vive a diario temiendo
por sus vidas».
Expresando
una fuerte preocupación por los miembros de la comunidad, el texto
señala la necesidad de que «el gobierno adopte medida drásticas
para aumentar la seguridad de las personas».
«La
declaración del ministro de Educación de Kenia y miembro del
Parlamento, George Saitoti, confirma mis preocupaciones --expresa el obispo
Schilder--. Haciendo un llamamiento a la policía para que detenga
a los culpables afirmó: “Estos gangsters han sometido la zona
a gangsterismo (sic) de la noche a la mañana y lo están haciendo
impunemente. No se puede permitir que esto ocurra en Kenia”».
Saitoti,
parlamentario por la región, se dirigió a la prensa y a las
personas que a centenares llegaron a la iglesia católica de Matasia
donde, mientras hacía sus declaraciones el político, aún
yacía aún el cuerpo del padre Hannon.
El
obispo Willie Walsh, de la diócesis irlandesa de Killaloe se ha sumado
al dolor por el crimen, haciendo llegar su pésame y asegurando su
oración a los familiares, amigos, hermanos de comunidad y vecinos
del sacerdote asesinado en Kenia.
«Cuesta
creer que la vida y ministerio de este entregado sacerdote pueda haber acabado
de una forma tan prematura», reconoce en una declaración enviada
por el episcopado irlandés a Zenit.
«La
muerte del padre Hannon nos recuerda a todos el extraordinario compromiso
y fe de todos nuestros misioneros irlandeses en el mundo. Sigamos apoyándoles
de todas las formas posibles y mantengámosles en nuestra oración»,
concluye.
El
misionero irlandés llevaba diez años en Kenia. Hacía
cuatro años que se había trasladado a Matasia para poner en
marcha un proyecto de formación profesional en una zona sobre todo
poblada por campesinos. La educación y la escolarización eran
los principales sectores en los que se había ocupado en su comunidad
religiosa.
Actualmente
estaba llevando a término la realización de un proyecto para
preparar el centro parroquial como escuela de formación. También
había desarrollado recientemente su labor con los Masai.
Con
la última tragedia en Kenia, desde 2001 Irlanda ha perdido a ocho
misioneros asesinados en el extranjero. En Filipinas murió el padre
Rufus Malley (Sociedad Misionera de St. Columba) en 2001. Tres más
murieron el año siguiente: el padre Declan O’Toole (Misioneros
de Mill Hill) en Uganda, el sacerdote salesiano Declan Collins en Sudáfrica
y la hermana Theresa Egan a manos de una banda.
La
hermana Philomena Fogarty (Misiones Franciscanas) fue secuestrada y murió
en Georgia (EE. UU.) en 2003, el mismo año en que perdieron la vida
en Sudáfrica el padre Manus Campbell (misionero franciscano) y en
Burundi el nuncio apostólico, el arzobispo Michael Courtney, siendo
ésta la primera vez que caía asesinado un representante del
Papa.