noticias
nuevo obispo placentino



D. Amadeo Rodríguez
Magro
Obispo de Plasencia desde el 31-8-03

Por Juan José Montes González
Iglesia en Camino. Semanario de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz. (España)
E-Mail: iglenca@jet.es


El nuevo Obispo placentino afirma que mantendrá el talante de diálogo en sus relaciones institucionales. Don Amadeo Rodríguez Magro contará con sus diocesanos en el ejercicio de su ministerio. Hombre sólidamente formado, pero a la vez cercano, afable y sencillo. Don Amadeo Rodríguez acaba de ser designado por Juan Pablo II Obispo de Plasencia y, por ello, en el momento de realizar esta entrevista, se amontonan en su despacho cartas, telegramas y correos electrónicos, que encierran felicitaciones a las que se suman las llamadas telefónicas -la última de don Juan del Río, el obispo periodista de Jerez- que interrumpen continuamente nuestro diálogo para gozo de don Amadeo. Ha sido colaborador de Iglesia en camino desde su nacimiento, hace 10 años, lo que le ha servido, dice, para acercarse a la vida y a la gente de la diócesis. Finalmente será el domingo 31 de agosto en la Catedral de Plasencia cuando se consagre y tome posesión como Obispo de Plasencia.


- ¿Cuáles son sus primeras impresiones, una vez que conoció la noticia de que el Papa había decidido elegirlo para el ministerio episcopal?

- La primera impresión es de profundo agradecimiento; en primer lugar a todas aquellas personas que han confiado en mi, en particular el Santo Padre, lógicamente a través de mediaciones. También estoy experimentando una gran gratitud a todos los que se están alegrando por mi nombramiento: los sacerdotes y los fieles en general que me lo hacen llegar.

- ¿Qué proyectos tiene?

- Planes y proyectos no tengo ni debo tener porque los planes y los proyectos en la Iglesia siempre se hacen en comunión y son comunitarios porque la Iglesia es comunidad. Eso no quiere decir que no tenga iniciativas, que las tendré, lógicamente, cuando llegue su momento, una vez que pise la realidad.

El Sínodo de Plasencia

- Una de las primeras tareas con las que se encontrará será el Sínodo que se lleva a cabo en la diócesis placentina.

- Sí. Todo el mundo sabe que yo tengo experiencia en este terreno, pues viví en primera línea nuestro sínodo diocesano de 1992. Pienso que los sínodos constituyen una experiencia extraordinaria por muchas razones, pero sobre todo porque es la que más impulsa la renovación de las iglesias locales, porque crea mucha comunión, mucho sentido de Iglesia diocesana, muchos lazos de unión entre todos los miembros del pueblo de Dios y sobre todo porque se recoge y estructura el aliento pastoral y doctrinal de la Iglesia universal y las enseñanzas del Papa.
Hay muchas razones por las que un Sínodo es importante. En este sentido agradezco mucho la iniciativa de mi antecesor, de don Carlos López, que desde el primer momento hago mía y a la que me voy a entregar.

- La diócesis de Plasencia es conocida, querida, cercana...

- Efectivamente. En este momento me produce una enorme emoción. Cada vez que pienso en Plasencia me imagino ya sus pueblos, mi presencia entre sus gentes. Una vez que me vaya allí seré de allí con todas las consecuencias.

- La realidad placentina, sus problemas, sus inquietudes, la forma de ver la vida y la Iglesia deben ser muy parecidas a las que existen aquí.

- Yo creo que en lo eclesial estamos muy cercanos, en esto nos parecemos mucho. Tenemos cosas en común, somos de la misma tierra, aunque yo no olvido en modo alguno que la diócesis de Plasencia se abre al norte por Salamanca, a la región de Castilla y León y, naturalmente, siempre tendré en cuenta esa diversidad que entiendo que para la diócesis de Plasencia es riqueza. Que no duden los fieles de la comarca de Béjar que siempre serán entendidos y queridos desde su propia identidad local y regional.

- Eso en lo referido a su labor intraeclesial. Pero hay que mirar también a la extraeclesial. Usted tiene mucha experiencia en el terreno de la negociación con la administración autonómica desde su puesto como Secretario General de la Provincia Eclesiástica. ¿Ello facilitará el avance en determinados temas vinculados a la enseñanza, patrimonio, bienestar social...?

- Llevo muchos años manteniendo una relación directa con distintas instituciones: la Junta, Diputación, ayuntamientos, etc. Me precio de tener muy buenos amigos y de que todos sean mis amigos, aunque en algunas ocasiones, naturalmente, hayamos tenidos diferencias propias de nuestros puntos de vista. Pienso mantener la misma línea de relación porque uno no cambia porque pase de ser sacerdote a obispo.
Mi talante será de cercanía a las personas y de diálogo institucional, que unas veces será desde posturas afines y otras desde el disenso, si hubiera lugar a ello, pero intentando encontrar siempre soluciones a los temas que se planteen.

Obispo catequeta

- Otro 'frente' que se abre ahora es la Conferencia Episcopal. Allí existen una serie de comisiones. Usted es experto en catequética ¿Hacia donde apunta su posible trabajo allí?

- En principio ya me llamó el Presidente de la Subcomisión de Catequesis para decir que cuentan conmigo para la Subcomisión, que es parte de la Comisión de Enseñanza y Catequesis. Entiendo que es en este momento mi lugar idóneo, donde mejor puedo servir, pues no abundan mucho los obispos catequetas y yo lo soy. También acaba de ofrecerme el señor Obispo de León formar parte de la de Liturgia, proponiéndome que haga "doblete". Estoy al servicio de la Iglesia.

- Para terminar, permítame que hablemos de nosotros. Ha sido colaborador de 'Iglesia en camino' desde su inicio y no todos los días hacen obispos a los colaboradores de nuestra publicación.

- He sido colaborador desde el comienzo, desde hace 10 años, semana a semana. Un artículo semanal a veces es un sacrificio, unas veces está uno más acertado, otras menos, pero también tengo que decir que es una de las cosas de las que más orgulloso me siento, más que nada porque he podido experimentar permanentemente el calor y el afecto de los lectores. Pocas semanas ha habido que no me haya llegado el eco de quien me leía en forma de alabanza o de disensión, menos en esta última, pero también en alguna ocasión como es lógico.