carta al todosuno
D. Ignacio Noguer Carmona,
obispo de Huelva

Fue un regalo que el CVII - brújula para orientarnos en el camino del siglo que ha comenzado - reflexionara sobre la identidad de la Iglesia misterio, comunión y misión. Pero ha sido, sin duda, una gracia que el Papa Juan Pablo II nos recuerde a todos el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio comenzado, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo, es hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión. (Cf. NMI,43).

En efecto, la comunión eclesial es una comunión de la diversidad y desde la diversidad. Y es que la unidad de la Iglesia no es uniformidad, sino integración orgánica de las legítimasdiversidades. En el encuentro permanente con Jesucristo muerto y resucitado y presente en la Iglesia está el centro y el fundamento de la comunión eclesial. Ahí encuentran unidad y razón de ser los distintos y legítimos puntos de vista, que son el fruto del Espíritu y reflejan la riqueza del misterio de Cristo.

Es mucho lo que ese ha hecho en favor de la comunión, pero todavía queda ciertamente mucho por hacer. Por eso, para que la comunión de fe y de amor sea el gran signo de credibilidad de nuestra Iglesia de hoy, llevemos a la práctica lo que el papa nos ha recordado sobre "la espiritualidad de comunión", es decir, mirar desde el corazón al misterio trinitario, sentir al hermano como uno que me pertenece, ver lo que hay de positivo en el otro y saber darle espacio, una vez llevado a cabo un laborioso y atento discernimiento, tarea ineludible del ministerio episcopal.