No
anhelamos comer la fruta vana.
Hijos de barro y libertad, nosotros,
en la común desolación humana,
no queremos ser dioses, sino otros.
Queremos
ser y hacer hijos y hermanos
sobre la tierra madre compartida,
sin lucros y sin deudas en las manos,
sueltos los ríos claros de la vida.
Libres
de querubines y de espadas,
queremos conjugar nuestras miradas,
todos iguales en el nuevo edén.
Y
en los silencios de la tarde honda
sentir Tu paso amigo por la fronda
y el aire de Tu boca en nuestra sien.
Pedro
Casaldáliga.