cajón de sastre
en torno al Concilio


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


El Concilio Vaticano II

El Concilio Vaticano II, fiel a su identidad, no pretendió definir dogmáticamente nada nuevo. Su cometido fue la reflexión profunda y pastoral de la doctrina de salvación recibida de los Apóstoles y su actualización según lo demandaban las presentes circunstancias sociales e históricas.


DOCUMENTOS

Estos criterios se transparentarán de modo nítido en los 16 documentos emanados de esta magna asamblea eclesial universal. El primero en ser promulgado fue la Constitución dogmática sobre la Sagrada Liturgia, "Sacrosatum concilium", y el decreto sobre los Medios de Comunicación Social, "Inter Mirifica". Era el 4 de diciembre de 1963. El 7 de diciembre de 1965, un día antes de la Clausura del Concilio, se promulgan los últimos decretos conciliares: " Dignitatis humanae", "Presbyterorum ordinis", "Ad Gentes Divinitus" y la importantísima Constitución dogmática sobre la Iglesia en el mundo "Gaudium et spes", tal vez la más genuina obra del Vaticano II, cuya relación completa es esta:

Constituciones

- "Lumen gentium", sobre la Iglesia (LG)
- "Dei Verbum", sobre la divina Revelación y la Palabra de Dios (DV)
- "Sacrosatum Concilium", sobre la liturgia y su reforma (SC)
- "Gaudium et spes" sobre la iglesia en el mundo actual (GS)
Decretos
- "Christus Dominus", sobre el oficio pastoral de los obispos (CH D)
- "Presbyterorum ordinis", sobre el ministerio y vida de los sacerdotes (PO)
- "Optatam totius", sobre la formación sacerdotal (OT)
- "Perfectae caritatis", sobre la adecuada renovación de la vida religiosa (PC)
- "Apostolicam actuositatem", sobre el apostolado de los seglares (AA)
- "Orientalium ecclesiarum", sobre las iglesias orientales católicas (OE)
- "Ad Gentes divinitus", sobre la actividad misionera de la Iglesia (AG)
- "Unitatis redintegratio", sobre el Ecumenismo (UR)
- "Inter Mirifica", sobre los Medios de Comunicación Social (IM)

Declaraciones

- "Dignitatis humanae", sobre la libertad religiosa (DH)
- "Gravisimum educationis", sobre la educación cristiana de la juventud
- "Nostra aetate", sobre las relaciones de la Iglesia con la religiones no cristianas (NA)

ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO CONCILIAR

El trabajo se desarrollaba en diversos tipos de reuniones o congregaciones:
Generales:
reuniones diarias de padres, observadores y auditores.
Públicas:
reuniones solemnes presididas por el Papa y abiertas a todos.
De las Comisiones:
reuniones de trabajo para preparar los esquemas que debían ser propuestos en las reuniones generales. Fueron elegidas diez comisiones al comienzo del Concilio; estaban integradas por dieciséis miembros elegidos y nueve nombrados por el Papa, más un cardenal como presidente. Podían dividirse en subcomisiones para algún trabajo en particular.
Existieron los siguientes cargos:
Consejo de presidencia (en la primera sesión):
diez cardenales nombrados por el Papa para dirigir los debates.
Moderadores:
cuatro cardenales encargados de dirigir los debates.
Secretario:
un secretario y cinco subsecretarios encargados de la organización.

ALGUNOS DATOS E INCIDENCIAS

El Concilio se desarrolló a lo largo de cuatro sesiones, desde el 11 de octubre de 1962 hasta el 7 de diciembre de 1965. Al día siguiente, 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción, el Concilio fue clausurado con una solemne Eucaristí en la Basílica Vaticana. Fueron sesiones bimestrales (octubre-diciembre) en los años 1962, 1963, 1964 y 1965. Fue presidido sucesivamente por los Papas Juan XXIII (1962) y Pablo VI (1963-1965). Los asistentes pasaban de 2500 y pertenecían a uno de estos cuatro grupos:
Padres Conciliares: grupo formado por los obispos de los cinco continentes y por los superiores generales de las congregaciones religiosas masculinas. El 38% eran europeos; el 31% americanos; el 21% de Asia y Oceanía y el 10% de África. Muchos obispos de países comunistas no pudieron acudir debido a los impedimentos de las autoridades civiles.
Asesores expertos: elegidos por el Papa o los obispos, y que colaboraban en los trabajos de las comisiones.
Observadores: delegados de otras confesiones cristianas; en los comienzos fueron 31 y terminaron siendo 93.
Auditores: 36 hombres y 7 mujeres, representantes del laicado o de congregaciones religiosas femeninas.
Se inició el concilio sin tener claramente decidida su orientación. Después de una consulta general a obispos y universidades, la curia romana había preparado unos esquemas y esperaba que serían aprobados en un corto plazo. Pero las dificultades que fueron surgiendo y las modificaciones que introdujeron los propios participantes llevaron a la clausura de la primera sesión sin aprobar ningún texto definitivo.
La orientación de los trabajos quedó fijada con el discurso del Papa Pablo VI, que había sucedido a Juan XXIII, al comenzar la segunda sesión. También fueron clave sus intervenciones temas como la colegialidad y la libertad religiosa.

SIGNIFICACION DEL VATICANO II

"El Concilio Ecuménico Vaticano II (...) debe, sin duda, considerarse entre los mayores acontecimientos de la Iglesia. En efecto, ha sido el más grande por el número de Padres venidos a la Sede de Pedro desde todas las partes del globo, incluso de aquellas donde la jerarquía ha sido constituida recientemente; el más rico por los temas que durante cuatro sesiones han sido tratados cuidados y profundamente; fue en fin, el más oportuno, porque, teniendo presentes las necesidades pastorales y, alimentando la llama de la caridad, se esforzó grandemente por alcanzar no sólo a los cristianos todavía separados de la comunidad de la Sede Apostólica, sino también a toda la familia humana."
Pablo VI
Breve pontificio In Spiritu Sancto


VALORACIÓN DEL CONCILIO

El Papa Juan Pablo II ha dicho que este Concilio ha sido el acontecimiento fundamental de la vida de la Iglesia contemporánea.
Entre todas la aportaciones que se encuentran en el rico contenido de sus dieciséis documentos, pueden destacarse las siguientes:
a) Renovación general de la vida de la Iglesia, manifestada de manera especial:

- En la liturgia, con la utilización de las lenguas vernáculas, la acentuación del sentido comunitario y celebrativo, la imprescindible participación de los fieles y la actualización de la vida sacramental.

- En la teología, situando a las Sagradas Escrituras como su alma y justificando las exégesis científica de los textos, centrando la reflexión sobre la iglesia en su condición de pueblo de Dios, en el que todos sus miembros son responsables y resaltando su misión evangelizadora.
b) Presentación de un nuevo concepto de Iglesia en el que se resalta el carácter comunitario. Se refuerza la colegialidad de los obispos con el Papa y se reafirma la corresponsabilidad de los obispos, los sacerdotes y los laicos en la dinámica de la vida eclesial. Esto se ha visto reflejado en el nacimiento de diversos organismos de ámbito eclesial, nacional o parroquial, por ejemplo, los sínodos de obispos, las conferencias episcopales, los consejos pastorales, etc.
c) Actitud de diálogo con el mundo actual: el Concilio desea unir la luz de la revelación al saber de la experiencia humana para asía iluminar juntos el camino de la humanidad. Lejos de complacerse en señalar los males que aquejan a nuestra época, reconoce que la Iglesia recibe mucho del mundo, inclusive de sus enemigos.
d) Diálogo con todos los creyentes, no sólo con los que en otros tiempos eran enemigos y hoy son hermanos separados, sino también son quienes practican otras religiones y creencias, desde las llamadas primitivas hasta el judaísmo o el Islam.
El Concilio Vaticano II incidió profundamente en la vida de la Iglesia y sus efectos se comparan con los que produjo en su día el de Trento.

FINES Y RESULTADOS

En su primer discurso, al abrir la segunda sesión conciliar, el Papa Pablo VI marcó el rumbo definitivo del Vaticano II, apuntando cuatro fines concretos. Los documentos que se fueron elaborando responden esencialmente a los objetivos propuestos:
Precisar la noción o conciencia que la Iglesia tiene de sí misma. Se entiende que éste era el cometido central por lo que el texto sobre la Iglesia (Constitución dogmática Lumen gentium) es el documento fundamental y punto de referencia de todos los demás.
Pero siendo la Iglesia una realidad sobrenatural, deberá recurrir a la revelación para hablar de sí misma. Por eso se elabora previamente otro documento en el que se expone la doctrina sobre la Sagrada Escritura y la Tradición (Constitución dogmática Dei Verbum)
Impulsar la renovación de la Iglesia para que su realidad actual responda cada vez mejor al ideal de su fundador. Uno de los ámbitos más necesitados de puesta al día era la liturgia (Constitución dogmática Sacrosactum Concilium). Otros seis decretos y una declaración completan este objetivo renovador, se refieren a la actividad misionera, la labor pastoral de los obispos y los presbíteros, la formación de los sacerdotes, el apostolado de los seglares, la renovación de la vida religiosa y la educación cristiana.
Restablecer la unidad de los cristianos. A cumplir esta finalidad se encaminan los decretos sobre las iglesias orientales católicas y sobre el ecumenismo y la declaración sobre la libertad religiosa.
Entablar el diálogo con los hombres de nuestra época. El principal documento que trata este tema es el de la Iglesia en el mundo actual (Constitución pastoral Gaudium et spes) en el que se abordan con la declaración sobre la relación de la Iglesia con las religiones no cristianas y con el decreto sobre los medios de comunicación social.
El Concilio Vaticano II se distingue de todas los anteriores en que no sólo abordó cuestiones más o menos delicadas o discutidas sino que trató de responder a las exigencias de su época y de vincularse a la totalidad de la tradición. Por su voluntad del Papa, sólo unos pocos temas más se postpusieron a los debates conciliares, fueron, la reforma de la curia, la ley del celibato y la regulación de la natalidad.


ASÍ VIO JUAN PABLO II EL 40 ANIVERSARIO DEL CONCILIO VATICANO II

"Esta sed de plena comunión entre los cristianos ha recibido un impulso notable desde el Concilio Vaticano II, que dedicó precisamente al ecumenismo uno de sus más significativos documentos, el decreto "Unitatis redintegratio".
Hace dos días, se cumplieron los cuarenta años de la apertura de aquella reunión histórica, convocada el 11 de octubre de 1962 por el Papa Juan XXIII, que ahora veneramos como beato. Tuve la gracia de participar también yo y conservo en el espíritu preciosos e inolvidables recuerdos. En su discurso de apertura, el Papa Juan, lleno de esperanza y de fe, exhortó a los padres conciliares a permanecer por un lado fieles a la tradición católica y por otro lado a volverla a presentar de un modo adaptado a nuestros tiempos. En cierto sentido, el 11 de octubre de hace cuarenta años ha marcado el inicio solemne y universal de la que es llamada "nueva evangelización".
El Concilio ha sido por así decir la "puerta santa" de esa nueva primavera de la Iglesia que se ha revelado en el gran Jubileo del año 2000. Por este motivo, con la carta apostólica "Novo millennio ineunte" he pedido a la comunidad eclesial que vuelva a tomar entre sus manos los documentos conciliares, que no pierden ni su valor ni su brillo. Deben ser conocidos y asimilados como "textos cualificados y normativos del Magisterio, dentro de la Tradición de la Iglesia" (Cf. n. 57). Por eso entregué simbólicamente estos documentos a las nuevas generaciones, con motivo de la jornada jubilar del apostolado de los laicos.
Que la Virgen María, madre de Dios y de la Iglesia, nos ayude a comprender que en el Concilio se ha ofrecido a nosotros una brújula para orientarnos en el camino del siglo que comienza."
(Palabras de Juan Pablo II pronunciadas el 13 de octubre de 2002 antes del rezo del Angelus.
La traducción del italiano al español ha sido tomada de Zenit)

DIEZ PALABRAS CLAVES DEL CONCILIO

1.- "aggiornamiento"
La palabra expresa el esfuerzo de toda la Iglesia para mirar positivamente al mundo, abrirse a él y buscar estar al día en la lectura de los "signos de los tiempos" que se presentan en la realidad.
2.- colegialidad
Es la renovación del "colegio" de los obispos presidido por el obispo de Roma, el Papa. Es evocación y actualización del Colegio Apostólico. La colegialidad se expresa por medio de algunos organismos a nivel mundial, como el Sínodo de los obispos, y a nivel nacional, como las Conferencias Episcopales.
3.- diálogo
El Concilio ha promovido un diálogo hacia todas las direcciones siguiendo la propuesta de la encíclica programática de Pablo VI, Ecclesiam suam, del 6 de agosto de 1964. De aquí en más el diálogo será herramienta fundamental del anuncio y de la misión de la Iglesia en su anuncio de Jesucristo.
4.- comunión
El proyecto de Dios es un proyecto de comunión. La Iglesia Católica se define como una comunión de Iglesias locales. A nivel más profundo, la Iglesia es Comunión con Dios y entre los hombres. La Iglesia es misterio y gracia de comunión.
5.- libertad religiosa
Una de las más grandes innovaciones del Vaticano II es la afirmación de la libertad religiosa, que va asociada a la libertad de conciencia.
6.- liturgia
Un deseo de los obispos presentes en el Concilio era llegar pronto a una reforma litúrgica cercana al pueblo que permitiera su participación. Redescubriendo las antiguas tradiciones litúrgicas, el pueblo vuelve a ser protagonista de las celebraciones y de la vida eclesial.
7.- ecumenismo
A partir del Concilio Vaticano II, la palabra ecumenismo adquiere legitimidad plena en la Iglesia católica. Las diferentes Iglesias o comunidades eclesiales cristianas, en comunión imperfecta pero real con la Iglesia católica, forman parte de la única Iglesia de Cristo. La finalidad del camino ecuménico es la búsqueda de un diálogo serio y exigente para favorecer el encuentro y la unidad de los cristianos.
8.- Palabra de Dios
El Vaticano II ha restaurado el lugar de la Palabra de Dios como fundamento de toda la vida cristiana. El Magisterio explicita y sirve la Palabra de Dios. Todo el Pueblo de Dios puede y debe acercarse a la Biblia para que ésta ilumine su vida.
9.- pueblo de Dios
Esta definición de la Iglesia valoriza la condición cristiana de todos los integrantes de la Iglesia, laicos y ministros. Propone también una nueva inserción en la historia y en el mundo y una nueva configuración de relaciones en el interior de la Iglesia.
10.- presencia
La Iglesia se percibe como presencia frente a Dios y frente a los hombres. En el mundo esta presencia es una presencia de servicio. La Iglesia centrada en el Evangelio se abre al mundo y se hace presente en él.