¡QUEREMOS
VER TU ROSTRO, SEÑOR!
La Presencia real de Cristo en el Misterio Eucarístico
I. EL CONGRESO EUCARÍSTICO, MOMENTO DE GRACIA
EN LA VIDA ECLESIAL.
Convocados por S.S. Juan Pablo II, nos hemos dado cita en esta ciudad para
celebrar el 48º Congreso Eucarístico Internacional. Se nos concede
el privilegio de participar en el primer Congreso Eucarístico Internacional
que se celebra en el nuevo milenio y en este país de Cristo Rey y
Santa María de Guadalupe.
Atendiendo a la voz del Vicario de Cristo, queremossuscitar en nuestra mente
y en nuestro corazón aquel “asombro Eucarístico”,
con el que podamos vivir la experiencia de los discípulos de Emaús:
reconocer al Señor al partir el pan(Cf. Lc.24, 31) y gozar de la
presencia siempre nueva del Señor, que ilumina nuestro caminar eclesial
y nos ofrece el don de una vida plena (cfr. EE 6).
El Dios con nosotros, interviene en nuestra historia, para ofrecernos la
Salvación, en este acontecimiento especialde gracia. Nos encontramos
ante un verdadero Kairós que Cristo misericordiosamente nos brinda.
Para todos es un momento único,en el cual, escuchamos la voz del
Señor que nos invita: “Mira que estoy a lapuerta y llamo; si
alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré
con él y él conmigo” (Ap. 3, 20).
Realizamos esta “Statio” para considerar, con mayor profundidad,
un aspecto del misterio Eucarístico, y nos disponemos a venerarlo
públicamente con vínculos de caridad y de unidad (Cf. RCEFM
109).
Con el fin de alcanzar la meta deseada para todo Congreso Eucarístico
(Cf. RCEFM 112), tendremos la oportunidad de:
Celebrar la Eucaristía, centro necesario e insustituible de las actividades
diarias del Congreso. Lo que nos permitirá hacer tangible a la Iglesia
universal que, reunida en torno a la mesa del Señor, realiza el memorial
del Sacrificio de Cristo en la cruz, y, de este modo, “recibe el don
completo de la salvación, y se manifiesta así, como imagen
y verdadera presencia de la Iglesia una, santa, católica y apostólica”
(EE 39).
Participar en las catequesis públicas, acompañadas de la comunicación
de experiencias concretas de vida eucarística en los cinco continentes,
y de la necesaria reflexión que nos lleve a compromisos concretos
de nuestro vivir cristiano profundizando, además, en el misterio
admirable del Señor, que se hace nuestro compañero de camino,
rumbo a la Casa del Padre.
Contemplar el Rostro de Jesús, realmente presente en la Eucaristía,
mediante la adoración ante el Santísimo Sacramento, expuesto
en forma solemne. Para, que de este modo, siguiendo la enseñanza
de Jesús,alcancemos la mejor parte, que consiste en estar, como María
de Betania, a los pies del Señor (Cf. Lc.10, 42).
Profesar públicamente nuestra fe en el misterio Eucarístico,
ante los ojos del mundo, participando en la Solemne Procesión con
el Santísimo Sacramento, por las avenidas de esta ciudad.
II. “LA EUCARISTÍA, LUZ Y VIDA DEL NUEVO
MILENIO”
Los arriba enumerados son los elementos esenciales de todo Congreso Eucarístico.
Pero el objetivo de esta nuestra reunión es “considerar conmayor
profundidad un determinado aspecto del misterio Eucarístico”
(RCEFM 109); que nos lo ofrece el mismo lema del Congreso: “La Eucaristía,
Luz y Vida del Nuevo Milenio”, y como lo precisa el Texto Base para
el 48º Congreso Eucarístico Internacional: “En estaStatio
Orbis, la Iglesia, congregada en oración, contemplación y
celebración, se adentra en el nuevo milenio con esperanza renovada,
adorando a Jesús Eucaristía, Luz y Vida para el peregrinar
de la humanidad en busca de mejores condiciones de vida, mientras anhela
la patria definitiva” (n. 4).
Las principales coordenadas que sirven de marco a este Congreso las podemos
indicar de la siguiente manera:
El punto de partida fue la celebración gozosa y llena de esperanza,
en el Año Santo, del Jubileo de la Encarnación. La experiencia
jubilar que a tantos ha acercado a la Reconciliacióny a la Eucaristía,
ya que fue también el año del 47º Congreso Eucarístico
Internacional, se convierte en encuentro personal con Jesucristo, Pan de
Vida, que ahora celebramos.
Otro momento de singular importancia, íntimamente unido al primero,
es el plan de acción pastoral que S.S. Juan Pablo II ha indicado
a toda la Iglesia, en la Carta ApostólicaNOVO MILLENNIO INEUNTE;
programa que “se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay
que conocer, amar e imitar, para vivir con él la vida trinitaria
y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la
Jerusalén celeste” (NMI 29). Para llevarlo a cabo, el Santo
Padre nos ofrece las líneas maestras de acción, que él
llama prioridades pastorales: La urgencia pastoral de la santidad (NMI 30-31),
la experiencia personal y comunitaria de la oración (NMI 32-34),
la Eucaristía vivida, sobre todo dominical (NMI 35-36), el sacramento
de la Reconciliación (NMI 37); la primacía de la Gracia (NMI
38 ), la escucha y el anuncio confiado de la Palabra de Dios (NMI 39-40).
Siguiendo este itinerario, el Sucesor de Pedro pide que cada Iglesia particular
“formule orientaciones pastorales adecuadas a cada comunidad”,
(NMI 29), para lograr la aplicación de este programa pastoral. No
olvidamos, asimismo, la indicación valiosa que el Papa nos ofrece,
en la Carta ApostólicaRosarium Virginis Mariae, coronación
mariana de Novo Millennio Ineunte, en la que nos exhorta “a la contemplación
del Rostro de Cristo en compañía y a ejemplo de su santísimaMadre”
(RVM 3).
Otro momento que nos prepara a la realización del presente Congreso
Eucarístico, es la contribución del Comité Local de
la Arquidiócesis de Guadalajara, con la publicación del Texto
Base del 48º Congreso Eucarístico Internacional, “La Eucaristía,
Luz y Vida del Nuevo Milenio”, que se ofreció a las Iglesias
locales, con el fin de proporcionar algunas pistas de reflexión “que
puedan servir de base para ulteriores desarrollos y profundizaciones en
encuentros de estudio y de oración tanto durante la preparación
como en la celebración del Congreso“(TB 6).
Por último, no podemos dejar de referirnos a la reciente Encíclica
del Santo Padre Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia, que se ubica en
continuidad con las dos Cartas Apostólicas que hemos mencionado.
Escribe el Papa: “Contemplar el Rostro de Cristo, y contemplarlo con
María, es el ‘programa’ que he indicado a la Iglesia
en el alba del tercer milenio, invitándola a remar mar adentro en
las aguas de la historia, con el entusiasmo de la Nueva Evangelización.
Contemplar a Cristoimplica saber reconocerlo donde quiera que Él
se manifieste, en sus multiformes presencias, pero sobre todo, en el Sacramento
vivo de su Cuerpo y de su Sangre” (EE 6 ).
Llegamos así al momento tan deseado y vivamente esperado de la celebración
del 48º Congreso Eucarístico Internacional, que hoy inicia sus
actividades en esta sede de “EXPO Guadalajara”, que se conducirán
bajo la guía del Espíritu Santo; serán fructíferas
para toda la Iglesia universal y especialmente para las Iglesias particulares,
por ustedes aquí representadas; estas jornadas de trabajo son punto
de llegada de todo el empeño de preparación que nos ha ocupado;
pero que, al mismo tiempo, se convierten en punto de partida para el Año
de la Eucaristía, al que el Santo Padre nos ha convocado (Cf. Juan
Pablo 11, Homilía del 10 de junio 2004, 3) y que tendrá su
conclusión con la realización de la XI Asamblea Ordinaria
General del Sínodo de los Obispos, con el tema La Eucaristía:
fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia. “Mediante
laEucaristía, la comunidad eclesial se edifica como nueva Jerusalén,
principio de unidad en Cristo entre personas y pueblos diversos”.
III. LA ARQUIDIÓCESIS DE GUADALAJARA LES DA
LA BIENVENIDA
La luz del Evangelio llegó a estas tierras del Occidente de México,
por obra de los misioneros franciscanos, entre los que destacó el
insigne Fray Antonio de Segovia. Ellos, a partir de 1530, acometieron la
obra ingente de la primera Evangelización.
En este alumbramiento a la fe se hizo presente la Santa Madre de Dios, representada
en la pequeña Imagen de la Virgen que Fray Antonio de Segovia llevaba
al cuello en sus correrías apostólicas. Ella presidió
la conformación tanto de esta ciudad como de nuestra Iglesia diocesana,
venerada Imagen de Nuestra Señora de Zapopan que nos ha acompañado,
también con señales y prodigios, a lo largo de estos siglos,
y que despierta en el pueblo de Dios un amor y devoción especiales,
de los que esta tarde y el día de mañana podremos ser testigos.
Hace 456 años, el Papa Pablo III erigió la Diócesis
de Guadalajara, en la que, junto con el amor entrañable a María
Santísima, se ha desarrollado un amor intenso a Jesucristo Eucaristía.Amor
que conoce dos vertientes inseparables:
En primer lugar, el surgimiento de asociaciones, con la finalidad de promover
la adoración eucarística, fomentadas por celosos pastores.
Como ejemplo, podemos citar el Jubileo Circular del Santísimo Sacramento,
concedido, en 1803, por el Papa Pío VII a todos los templos de la
Diócesis; el establecimiento de la Adoración Nocturna Mexicana
en los albores del S. XX, y el inicio de la edificación del templo
Expiatorio, en 1897, obra actualmente ya concluida.
En segundo lugar, atendiendo a la invitación del Apóstol:
Caritas Christi, urget nos (2 Co. 5, 14), Guadalajara se ha distinguido,
más que por sus monumentos coloniales, por sus innumerables obras
de caridad en favor de los más necesitados, de lo cual quedan aún
hoy testigos fehacientes en el Hospital de Belén, hoy Hospital Civil,
y en el Hospicio Cabañas. De esta manera, del amor a Cristo se derivó
una atención cuidadosa a pobres y enfermos, rostros dolientes de
Nuestro Señor (Cf. DP. 31ss).
Contamos también con el ejemplo y la valiosa intercesión de
nuestros Santos Mártires Mexicanos, que encontraron en la Eucaristía
la fuerza y el valor para entregar su vida por Jesús y por su Iglesia,
al grito de “Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe”.
De los veinticinco mártires canonizados por S.S. Juan Pablo II, en
el año dos mil, quince pertenecen al clero de Guadalajara; y de los
trece mártires cuyo decreto de martirio proclamó Su Santidad,
el 22 de junio pasado, ocho son jóvenes laicos de esta misma Iglesia.
Esta Iglesia local, bendecida por Dios también con numerosas vocaciones
al sacerdocio y a la vida consagrada, por mi conducto les da la bienvenida
y les recibe con hospitalidad cristiana: a Usted Emmo. Sr. Cardenal Jozef
Tomko, Legado Pontificio para este Congreso; a ustedes Emmos. Sres. Cardenales,
Excmos. Sres. Arzobispos y Obispos, Sacerdotes, Religiosos, Religiosas y
Laicos delegados de varias naciones. Jesús Sacramentado nos congrega
en un solo cuerpo, que es su Iglesia. Siéntanse como en su casa,
y que la experiencia de fe y amor a la Eucaristía estreche entre
nosotros los lazos de comunión fraterna.
IV.
¡QUEREMOS VER TU ROSTRO, SEÑOR!
La presencia real de Cristo en el misterio Eucarístico
Este Congreso Eucarístico, inspirándose en el TextoBase, nos
invita a profundizar en el misteriode laEucaristía, “Luz yVida
delNuevo Milenio”.
Por ello, queremos invitarlos, durante los días de este Congreso
y durante toda la vida, a la contemplación de tan gran misterio,
atendiendo un aspecto que el capítulo I del Texto Base nos sugiere,
y teniendo como telón de fondo, el capítulo II de Novo Millennio
Ineunte: “Un Rostro para contemplar”. Contemplación quehacemos
no con los ojos del cuerpo, sino con los de la fe en la presencia real del
Señor.
El hombre de nuestro tiempo, con su sed de eternidad, no siempre correctamente
saciada, busca a Cristo. Es tarea de la Iglesia no sólo hablar de
Él, sino reflejar la luz de Cristo, mediante la enseñanza
evangélica y el testimonio de vida personal y comunitario.
Para cumplir esta tarea, debemos ser los primeros contempladores de Jesús,
haciendo nuestra la experiencia del Apóstol San Juan: “lo quehemos
visto y oído os lo anunciamos” (1 Jn 1,3). En este Congreso
estamos llamados a estar con Él (Cf. Mc. 3, 13), haciendo una experiencia
contemplativa, sintiendo la imperiosa necesidad de estar largos ratos en
conversación espiritual, en adoración silenciosa, llena de
amor, ante Jesús en la Eucaristía (Cf. EE 25).
Esta contemplación se hace posible porque el Verbo de Dios puso su
morada entre nosotros (Cf. Jn.1, 14). Por su Encarnación, se ha hecho
visible. Asumiendo nuestra condición humana, Cristo nos redimió.
Los Apóstoles hicieron esta experiencia. En el rostro de Cristo contemplaron
al Padre. Vieron también como el rostro doliente de Cristo, en el
ara de la Cruz, se ofrecía como víctima de propiciación.
Fueron testigos, asimismo, del rostro del Señor Resucitado, que se
presentó en medio de ellos, dándoles el don de la paz y de
la alegría (Cf. Lc. 24, 36).
Así lo expresa el Texto Base: “Todo esto lo experimenta la
Iglesia en la contemplación del misterio Eucarístico. Pues
es allí donde nos encontramos diariamente con Jesús, Dios
y Hombre verdadero; ahí mismo seactualizan, en forma incruenta, su
Pasión y su Muerte; finalmente, ahí nos encontramos con Jesús
Resucitado, pan de vida eterna, prenda de nuestra resurrección”
(TB 8), de modo que nosotros recibimos verdaderamente la Palabra hecha carne
como alimento (Cf. S. Hilario, De Trinitate 8, 13).
a) Creemos en la presencia real de Jesús en la Eucaristía
(Cf. TB 10-12).
¿Podemos encontrarnos realmente con Jesús en laEucaristía?
El Concilio deTrento (Cf. DS 1651; CEC 1374; EE 15) precisó la forma
de la presencia real, utilizando 3 adjetivos:
· Verdadera: es decir, no sólo en imagen y figura.
· Real: está presente no sólo subjetivamente, para
la fe de loscreyentes, sino objetivamente.
· Sustancial: es decir, en su realidad profunda que esinvisible a
los sentidos, y no según su apariencia que sigue siendo la del pan
y la del vino.
Sí podemos encontrarnos con Jesús en la Eucaristía,
puesto que, como nos recuerda el Papa, la representación sacramental
en la santa Misa, del sacrificio de Cristo, coronado por su resurrección,
implica una presencia real, porque es sustancial, ya quepor ella sehace
presente Cristo, Dios yhombre, entero e íntegro (Cf. EE 15).
Esta presencia se realiza IN SACRAMENTO; no es una presencia física
sino una presencia sacramental, mediada por los signos que son el pan y
el vino. En este caso, el signo no excluye la realidad, sino que la hace
presente, en el último modo con el que Cristo Resucitado puede hacerse
presente a nosotros, mientrasvivimos en el cuerpo.
b) “Losdiscípulos se alegraron de ver al Señor”
(Jn. 20, 20).
El itinerario del espíritu(Cf. TB 13-14).
Hoy se nos invita a recorrer este itinerario del Espíritu, avivando
nuestra fe, que nos conduzca a la contemplación del Rostro del Señor,
presente en laEucaristía.
No es sencillo realizarlo, puesto que este misterio supera nuestro pensamiento,
y puede ser sólo acogido por la fe. Aquí, la razón
humana experimenta su limitación (Cf. EE 15). La fe que nos ayuda
a descubrir la presencia real del Señor en laEucaristía, se
expresa en la devoción personal y comunitaria al Santísimo
Sacramento; además, se manifiesta “a través de una serie
de expresiones externas, orientadas a evocar y subrayar la magnitud del
acontecimiento que se celebra” (EE 49), de modo que, la fidelidad
a las normas litúrgicas en la celebración de la Misa, se convierte,
por una parte, en profesión de fe en tan gran misterio, que no está
sujeto al arbitrio personal de nadie, y además, en una expresión
elocuente de amor por la Iglesia (cfr. EE 52).
“Señor, busco tuRostro” (Sal.27, 89). La plegaria del
salmista encuentra su respuesta más profunda y completa en la contemplación
del Rostro de Cristo. Todos los hombres que buscan a Dios, dan respuesta
a sus anhelos en el encuentro con el Cristo de la Eucaristía.
Vivamos, con entusiasmo, este misterio en toda su integridad, como nos lo
señala el Papa (Cf. EE 61), pues de esta manera se construye firmemente
la Iglesia, y se expresa a profundidad lo que ella es.
V. CONCLUSIÓN
La celebración del 48º Congreso Eucarístico Internacional,
constituye el inicio del Año de la Eucaristía, al que convoca
el Santo Padre a toda la Iglesia, y es también preparación
para la Undécima Asamblea General Ordinaria del Sínodo de
los Obispos, que tiene por tema: “La Eucaristía, fuente y cumbre
de la vida y misión de la Iglesia”.
Quiera el Señor que la Iglesia, congregada en oración, contemplación
y celebración de la Eucaristía, se edifique en un solo cuerpo
y se prepare al encuentro definitivo y pleno con su Señor Resucitado,
objeto de nuestra esperanza.