El cardenal Angelo Scola, patriarca de Venecia, considera que «la
teología --en cuanto reflexión sistemática y crítica
de la fe del pueblo santo de Dios-- reclama una profundización del
misterio eucarístico que permita evitar el riesgo de confundirlo
con una práctica mágica».
«La
Eucaristía --es decir el sacramento que cumple aquello para lo que
todos los otros sacramentos existen-- actúa la lógica de la
Encarnación en cuanto nos asimila completamente a Jesucristo, reuniendo
visiblemente a los hombres para hacer de ellos la Iglesia».
Con
estas dos afirmaciones introdujo el cardenal Scola el tema de la Eucaristía
Misterio de la Fe que desarrolló en su conferencia magistral ante
unos mil teólogos de los cinco continentes reunidos en el Simposio
Teológico Pastoral del Congreso Eucarístico Internacional
que se está celebrando en Guadalajara.
Asumiendo
su condición de teólogo y académico, el cardenal Scola
insistió en que, para penetrar en el misterio por excelencia de la
vida de la Iglesia, la teología debe enfrentar el misterio de la
Eucaristía, «el misterio de fe más oscuro y, a la vez
más concreto»; un don --el de Cristo mismo-- que pide ser recibido,
que pide ser recibido sin una necesidad previa de ser comprendido.
«Misterio
de fe», dijo el cardenal Scola, son las palabras que sintetizan el
credo Eucarístico, el designio salvífico de la Trinidad, el
contenido de la fe de la Iglesia que se trasmite de generación en
generación, y el acto de libertad en virtud del cual el cristiano
se adhiere con toda su humanidad (razón y voluntad) a la libertad
trinitaria que le sale al encuentro en el sacramento.
El
patriarca de Venecia se refirió al «Misterio de la fe»
como un «encuentro de libertades» en el cual la Trinidad se
convierte en protagonista.
El
cardenal Scola concluyó señalando dos consecuencias pastorales
fundamentales: considerar las circunstancias en que la libertad del hombre
puede encontrarse con Dios, que le sale al paso; y replantear toda la catequesis
en clave sacramental, dado que la Eucaristía constituye el ámbito
propio de trasmisión de la fe.
«Lejos
de reproponer esquemas catequéticos definitivamente superados --aconsejó
a los teólogos el cardenal Scola--, partir de la Eucaristía
significará ser conscientes del peso de la libertad de nuestros interlocutores.
No dirigirse a la libertad del hombre que se encuentra, es condenar inexorablemente
el anuncio cristiano a la irrelevancia».