Al presentar la situación de la fe en la Eucaristía que se
vive en Europa, el cardenal de Sevilla (España), Carlos Amigo Vallejo,
hizo un largo recorrido por las luces y las sombras que recorren hoy el
catolicismo en medio de una Iglesia «que tiene vocación universal».
«Dios
--dijo el Cardenal de Sevilla-- es hoy el gran desconocido. Un agnosticismo
práctico pretende dejar a Dios en la penumbra y sin presencia alguna
en la vida de los hombres».
Ante
este panorama, el cardenal Amigo Vallejo recomendó «mirar más
a Cristo; más a la llamada que a la dificultad; más a la esperanza
que al desánimo».
Publicamos
la versión íntegra de la alocución del Cardenal de
Sevilla en el marco del Congreso Eucarístico Internacional que se
celebra en Guadalajara.
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"He
podido celebrar la Santa Misa en los lugares más diversos - dice
Juan Pablo II - y ello me hace experimentar el carácter universal
de la Eucaristía, que se "celebra, en cierto sentido, sobre
el altar del mundo. Ella une el cielo y la tierra. Abarca e impregna toda
la creación".(1)
El
sentido universal, la catolicidad de la Eucaristía puede ser "sentida
como una sinfonía de las diversas liturgias en todas las lenguas
del mundo, unidas a una única liturgia, o como un coro armonioso
que, sostenido por las voces de inmensas multitudes de hombres, se eleva
según innumerables modulaciones, timbres y acordes para la alabanza
de Dios, desde cualquier punto de nuestro globo, en cada momento de la historia".(2)
Alabanzas
sin fin son las que se pueden hacer ante el admirable misterio de la Eucaristía,
pero "junto a estas luces, no faltan sombras. En efecto, hay sitios
donde se constata un abandono casi total del culto de adoración eucarística.
A esto se añaden, en diversos contextos eclesiales, ciertos abusos
que contribuyen a oscurecer la recta fe y la doctrina católica sobre
este admirable Sacramento. Se nota a veces una comprensión muy limitada
del Misterio eucarístico. Privado de su valor sacrificial, se vive
como si no tuviera otro significado y valor que el de un encuentro convival
fraterno. Además, queda a veces oscurecida la necesidad del sacerdocio
ministerial, que se funda en la sucesión apostólica, y la
sacramentalidad de la Eucaristía se reduce únicamente a la
eficacia del anuncio. También por eso, aquí y allá,
surgen iniciativas ecuménicas que, aun siendo generosas en su intención,
transigen con prácticas eucarísticas contrarias a la disciplina
con la cual la Iglesia expresa su fe. ¿Cómo no manifestar
profundo dolor por todo esto? La Eucaristía es un don demasiado grande
para admitir ambigüedades y reducciones".(3)
Este
es el misterio de nuestra fe. La Eucaristía. Ofrecida, celebrada,
adorada y vivida, desde donde nace el sol hasta el ocaso y en todos los
continentes. ¿Cómo se vive la fe en la Eucaristía en
Europa? Europa se presenta con no pocas y serias incertidumbres tanto en
el campo cultural como en el ético y espiritual, y con la tentación
de querer construir una nueva Europa prescindiendo de Dios, sin darse cuenta
que la fe cristiana es parte radical e imprescindible en los fundamentos
de la cultura europea.
La
Iglesia en Europa tiene una vocación universal y unos fuertes compromisos
de fidelidad a sus raíces y a su historia cristiana. La Iglesia y
el cristianismo no pueden relegarse a un espacio marginal en Europa. También
tiene que decir una palabra a la sociedad y a la cultura. No se trata de
dirigir, ni mucho menos de imponer, pero sí de ofrecer los valores
y criterios que dimanan de la luz del evangelio.
1.
EUROPA Y LA EUCARISTÍA
En
Europa, "algunos síntomas revelan un decaimiento del sentido
del misterio en las celebraciones litúrgicas, que deberían
precisamente acercarnos a él".(4) Por una parte, hay un justificado
deseo de la plena comunión en Cristo de las Iglesias hermanas y ello
impulsa a emprender nuevos caminos y a dar nuevos pasos para favorecerla,
particularmente el de la comunión en torno a la Mesa eucarística.(5)
Pero, en algunas ocasiones, quizás con buena intención, se
ha utilizado la celebración de la Eucaristía para finalidades
pragmáticas supuestamente ecumenistas y conciliadoras, pero que han
desvirtuado el sentido de la comunión eclesial que nace de la Eucaristía.
Ante
los muchos problemas que agobian a los hombres y a las comunidades cristianas
de Europa, Juan Pablo II responde que solamenteen Cristo "podemos encontrar
una de las respuestas más rotundas que nuestras Comunidades han de
dar a una religiosidad ambigua e inconsistente. La liturgia de la Iglesia
no tiene como objeto calmar los deseos y los temores del hombre, sino escuchar
y acoger a Jesús que vive, honra y alaba al Padre, para alabarlo
y honrarlo con Él. Las celebraciones eclesiales proclaman que nuestra
esperanza nos viene de Dios por medio de Jesús, nuestro Señor".(6)
La
Iglesia en Europa, en su peregrinación por la historia, acude a la
Eucaristía, "fuente y cima de toda la vida cristiana",
y allí encuentra el manantial de la esperanza.(7) Solamente mirando
a Cristo, Europa podrá hallar la única esperanza que puede
dar plenitud de sentido a la vida. Jesús está presente, vive
y actúa en su Iglesia, sobre todo en la Eucaristía, que es
el "mysterium fidei" que supera nuestro pensamiento y puede ser
acogido sólo en la fe.(8)
"En
el contexto de la sociedad actual, cerrada con frecuencia a la trascendencia,
sofocada por comportamientos consumistas, presa fácil de antiguas
y nuevas idolatrías y, al mismo tiempo, sedienta de algo que vaya
más allá de lo inmediato, a la Iglesia en Europa le espera
una tarea laboriosa y apasionante a la vez. Consiste en descubrir el sentido
del " misterio "; en renovar las celebraciones litúrgicas
para que sean signos más elocuentes de la presencia de Cristo, el
Señor; en proporcionar nuevos espacios para el silencio, la oración
y la contemplación; en volver a los Sacramentos, especialmente la
Eucaristía y la Penitencia, como fuente de libertad y de nueva esperanza".(9)
Juan
Pablo II no duda en decir que "la verdadera renovación, más
que recurrir a actuaciones arbitrarias, consiste en desarrollar cada vez
mejor la conciencia del sentido del misterio, de modo que las liturgias
sean momentos de comunión con el misterio grande y santo de la Trinidad.
Celebrando los actos sagrados como relación con Dios y acogida de
sus dones, como expresión de auténtica vida espiritual, la
Iglesia en Europa podrá alimentar verdaderamente su esperanza y ofrecerla
a quien la ha perdido".(10)
2.
EUROPA Y LA EUCARISTÍA: RETOS, RAZONES Y ESPERANZAS
Recordaba
Juan Pablo II que "el Evangelio no lleva al empobrecimiento o desaparición
de todo lo que cada hombre, pueblo y nación, y cada cultura en la
historia, reconocen y realizan como bien, verdad y belleza. Es más,
el Evangelio induce a asimilar y desarrollar todos estos valores, a vivirlos
con magnanimidad y alegría y a completarlos con la misteriosa y sublime
luz de la Revelación".(11)
En
esta relación con una cultura determinada y en un tiempo definido
- en Europa y en nuestros días - descubrimos serios motivos de preocupación
y que suponen, al mismo tiempo, un gran reto para la vida de la Iglesia.
Ante esos desafíos, ofrecemos las "razones de nuestra esperanza"
y la luz que nos llega desde la palabra de Dios y el insondable manantial
de la verdad que es el misterio de La Eucaristía.
Entre
el secularismo y la indiferencia
Se
ridiculiza lo religioso y se hace vejación de los signos sagrados.
Cualquier referencia a lo trascendente tiene mala prensa y se lo tacha de
obsoleto. Resulta difícil vivir la propia fe en Jesús en un
contexto social y cultural QUE desdeña y amenaza a lo cristiano.(12)
La
sincera veneración de lo religioso tiene que ser nuestra respuesta.
Ofrecer ejemplaridad. Vivir con sencillez y gozo el llevar la cruz. ¡Dios
me libre gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo,
por la cual el mundoes para mí un crucificado y yo un crucificado
para el mundo!" (Gál. 6, 14).
Es
nuestro continuado misterio pascual, de sacrificio y de gozo, de muerte
y resurrección, "incluido, anticipado, y "concentrado"
para siempre en el don eucarístico. En este don, Jesucristo entregaba
a la Iglesia la actualización perenne del misterio pascual. Con él
instituyó una misteriosa "contemporaneidad" entre aquel
Triduum y el transcurrir de todos los siglos".(13)
Parece
como si el presumir de indiferencia religiosa se hubiere puesto de moda
y el no comprometerse con religión alguna fuera un valor de modernidad
y el declararse agnóstico fuera más recomendado que el ser
creyente.(14)
Ante
esta situación, ofreceremos el testimonio de la Palabra, los signos
de nuestra fe, el comportamiento coherente con la creencia que vivimos.
No se trata de imponer sino de compartir. Así nos lo recomendaba
Jesús: "Vosotros daréis testimonio, porque estáis
conmigo desde el principio" (Jn 15, 27).
Nuestros
fieles viven en la parroquia, que es "una comunidad de bautizados que
expresan y confirman su identidad principalmente por la celebración
del Sacrificio eucarístico".(15) "La sagrada Eucaristía,
en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo
mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida, que da la vida a los hombres por medio
del Espíritu Santo".(16) No podía ser de otra manera,
pues la comunidad cristiana tiene como raíz y centro la celebración
de la sagrada Eucaristía.(17)
Esa
indiferencia secularista lleva a la actitud de pensar que da lo mismo creer
que no creer, practicar que no practicar, vivir una fe que no tener alguna.
Le corresponde, pues, al cristiano mostrar la alegría y la "seguridad"
de la fe. Entusiasmar con el propio entusiasmo. "Dad culto al Señor,
Cristo, en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todoel
que os pida razón de vuestra esperanza" (1Pe. 3, 15). Así
nos lo recomienda San Pedro.
Ese
testimonio cristiano que brota gozoso de nuestra alabanza eucarística:
¡Proclamamos tu resurrección! "Si hoy Cristo está
en ti, Él resucita para ti cada día", según la
acertada expresión de san Ambrosio. La participación en la
Eucaristía "es una verdadera confesión y memoria de que
el Señor ha muerto y ha vuelto a la vida por nosotros y para beneficio
nuestro".(18) "En efecto, en la Eucaristía recibimos también
la garantía de la resurrección corporal al final del mundo:
"El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le
resucitaré el último día" (Jn 6, 54). Esta garantía
de la resurrección futura proviene de que la carne del Hijo del hombre,
entregada como comida, es su cuerpo en el estado glorioso del resucitado.
Con la Eucaristía se asimila, por decirlo así, el "secreto"
de la resurrección. Por eso San Ignacio de Antioquía definía
con acierto el Pan eucarístico "fármaco de inmortalidad,
antídoto contra la muerte".(19)
Se
vive sin base espiritual, sin motivaciones de fe, dejándose llevar
del mimetismo que impone la moda. Muchos europeos aparecen como "herederos
que han despilfarrado el patrimonio recibido a lo largo de la historia".(20)
Tendremos
que ofrecer motivos para vivir y para esperar. Estas son la "razones"
de nuestra credibilidad: "los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos
quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los
pobres la Buena Nueva" (Mt 11, 5).
La
Eucaristía está en el centro de la vida eclesial. "La
fracción del pan evoca la Eucaristía. Después de dos
mil años seguimos reproduciendo aquella imagen primigenia de la Iglesia.
Y, mientras lo hacemos en la celebración eucarística".(21)
"Por la comunión de su cuerpo y de su sangre, Cristo nos comunica
también su Espíritu. Escribe san Efrén: "Llamó
al pan su cuerpo viviente, lo llenó de sí mismo y de su Espíritu
[...], y quien lo come con fe, come Fuego y Espíritu. [...]. Tomad,
comed todos de él, y coméis con él el Espíritu
Santo. En efecto, es verdaderamente mi cuerpo y el que lo come vivirá
eternamente".(22)
Un
Dios desconocido
Dios
es el gran desconocido. Un agnosticismo práctico pretende dejar a
Dios en la penumbra y sin presencia alguna en la vida de los hombres. Habrá,
pues, que "hablar con Dios y de Dios". Hacerse testigo el Dios
vivo. "Lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar...
Pues en él vivimos, nos movemos y existimos" (Hech 17, 23, 28),
diría San Pablo a los atenienses.
Juan
Pablo II quiere que la contemplación del rostro de Cristo sea el
"programa" de la Iglesia para el tercer milenio. "Contemplar
a Cristo implica saber reconocerle dondequiera que Él se manifieste,
en sus multiformes presencias, pero sobre todo en el Sacramento vivo de
su cuerpo y de su sangre. La Iglesia vive del Cristo eucarístico,
de Él se alimenta y por Él es iluminada. La Eucaristía
es misterio de fe y, al mismo tiempo, "misterio de luz". Cada
vez que la Iglesia la celebra, los fieles pueden revivir de algún
modo la experiencia de los dos discípulos de Emaús: "Entonces
se les abrieron los ojos y le reconocieron" (Lc 24, 31).(23)
Hay
un extraño "culto" sin Dios. Sin memoria religiosa. Un
imperante laicismo que quiere convertir lo religioso en mero vestigio del
pasado.(24) Tendremos, pues, que hacer ver la verdadera razón de
actos, celebraciones y conductas. Tener a Dios en el corazón y los
labios. "Haced esto en memoria mía" (Lc 22, 19). No podíamos
tener, para ofrecerla, otra mejor razón. Ésto es lo que hemos
recibido y lo que transmitimos: "Que el Señor Jesús,
la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar
gracias, lo partió y dijo: Este es mi cuerpo que se da por vosotros;
haced esto en recuerdo mío. Asimismo también la copa después
de cenar diciendo: Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces
la beberéis, hacedlo en recuerdo mío. Pues cada vez que coméis
este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor,
hasta que venga" (1Cor 11, 23-26).
Existe
una desconexión entre el mensaje evangélico y la experiencia
cotidiana que produce un "creyente" sin práctica y un "practicante"
sin fe, encerrando la creencia en el ámbito de lo estrictamente privado.
Se
necesita una incuestionable lealtad y un testimonio vivo, confesante y público
que manifieste la unidad entre los que se cree y se vive, así como
la referencia a una comunidad de pertenencia: la Iglesia. "Lo que yo
os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís
al oído, proclamadlo desde los terrados" (Mt 10, 27). "Vosotros
me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque
habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no
por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida
eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es
a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello" (Jn. 6, 26-27).
La
Eucaristía es comunión íntima y perfecta entre la fe
y la vida, entre Dios y el hombre. "La Iglesia, mientras peregrina
aquí en la tierra, está llamada a mantener y promover tanto
la comunión con Dios trinitario como la comunión entre los
fieles. Para ello, cuenta con la Palabra y los Sacramentos, sobre todo la
Eucaristía, de la cual "vive y se desarrolla sin cesar",
y en la cual, al mismo tiempo, se expresa a sí misma. No es casualidad
que el término comunión se haya convertido en uno de los nombres
específicos de este sublime Sacramento. (...) El misterio de la comunión
es tan perfecto que conduce a la cúspide de todos los bienes: en
ella culmina todo deseo humano, porque aquí llegamos a Dios y Dios
se une a nosotros con la unión más perfecta. Precisamente
por eso, es conveniente cultivar en el ánimo el deseo constante del
Sacramento eucarístico. De aquí ha nacido la práctica
de la "comunión espiritual", felizmente difundida desde
hace siglos en la Iglesia y recomendada por Santos maestros de vida espiritual".(25)
En
ocasiones, se realizan actos religiosos que parecen más unos encuentros
sociales que unas celebraciones cultuales. Hay pueblo, no comunidad. Hay
representación, no memorial. Se ha perdido la memoria cristiana.
Tendremos que aprovechar los signos para llevar, suavemente, a buscar el
significado. Para ello, es imprescindible la dignidad en la celebración
litúrgica. "Dios es espíritu, y los que adoran, deben
adorar en espíritu y verdad" (Jn 4, 24).
"La
Iglesia se ha sentido impulsada a lo largo de los siglos y en las diversas
culturas a celebrar la Eucaristía en un contexto digno de tan gran
Misterio. La liturgia cristiana ha nacido en continuidad con las palabras
y gestos de Jesús (...). Aunque la lógica del "convite"
inspire familiaridad, la Iglesia no ha cedido nunca a la tentación
de banalizar esta "cordialidad" con su Esposo, olvidando que Él
es también su Dios y que el "banquete" sigue siendo siempre,
después de todo, un banquete sacrificial, marcado por la sangre derramada
en el Gólgota. El banquete eucarístico es verdaderamente un
banquete "sagrado", en el que la sencillez de los signos contiene
el abismo de la santidad de Dios: "O Sacrum convivium, in quo Christus
sumitur!" El pan que se parte en nuestros altares, ofrecido a nuestra
condición de peregrinos en camino por las sendas del mundo, es "panis
angelorum", pan de los ángeles, al cual no es posible acercarse
si no es con la humildad del centurión del Evangelio: "Señor,
no soy digno de que entres bajo mi techo".(26)
Olvido
de Dios y del hombre
La
indiferencia ante el misterio de Dios produce el olvido del hombre. Quien
se olvida de Dios, acaba desconociendo a su hermano. Se ayuda a programas
y proyectos más que a las personas, decae la solidaridad interpersonal.
Muchas personas, aunque no carezcan de las cosas materiales necesarias,
se sienten más solas, abandonadas a su suerte, sin lazos de apoyo
afectivo.(27)
El
camino de la Iglesia pasa por el hombre. Tendremos que buscar y acompañar
a la persona, especialmente a la débil y olvidada. "Un samaritano
que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión..."
(Lc 10, 33).
"Aunque
la visión cristiana fija su mirada en un "cielo nuevo"
y una "tierra nueva", eso no debilita, sino que más bien
estimula nuestro sentido de responsabilidad respecto a la tierra presente.
(...)En este mundo es donde tiene que brillar la esperanza cristiana. También
por eso el Señor ha querido quedarse con nosotros en la Eucaristía,
grabando en esta presencia sacrificial y convival la promesa de una humanidad
renovada por su amor. Es significativo que el Evangelio de Juan, allí
donde los Sinópticos narran la institución de la Eucaristía,
propone, ilustrando así su sentido profundo, el relato del "lavatorio
de los pies", en el cual Jesús se hace maestro de comunión
y servicio (cf. Jn 13, 1 20). El apóstol Pablo, por su parte, califica
como "indigno" de una comunidad cristiana que se participe en
la Cena del Señor, si se hace en un contexto de división e
indiferencia hacia los pobres".(28)
El
nihilismo puede extenderse como un plaga nefasta. Nada vale nada. Disfrutar
sin límite de lo inmediato. Relativismo de conocimiento y de vida
moral. Pragmatismo llevado hasta el hedonismo cínico en la existencia
diaria.(29) Ante ello, ofreceremos un sentido trascendente de la vida, valorando
justamente las personas, las ideas, los principios y anunciando a todos
que "la Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que
viene a este mundo" (Jn 1, 9).
"Anunciar
la muerte del Señor "hasta que venga" (1 Co 11, 26), comporta
para los que participan en la Eucaristía el compromiso de transformar
su vida, para que toda ella llegue a ser en cierto modo "eucarística".
Precisamente este fruto de transfiguración de la existencia y el
compromiso de transformar el mundo según el Evangelio, hacen resplandecer
la tensión escatológica de la celebración eucarística
y de toda la vida cristiana: "¡Ven, Señor Jesús!"(30)
Falta,
también, la perseverancia. Hay una especie de intermitencia en la
práctica cristiana. Poco compromiso con la Iglesia, con la parroquia...
Y oscurecimiento de la esperanza.
Habrá
que alentar continuamente, mostrar gratitud. Buscar siempre la huella del
Bien. "Vosotros, hermanos, no os canséis de hacer el bien"
(2Tes 3, 13), dice San Pablo de los tesalonicenses.
Nuestra
fuerza está en la Eucaristía, que es "presencia salvadora
de Jesús en la comunidad de los fieles y su alimento espiritual,
es de lo más precioso que la Iglesia puede tener en su caminar por
la historia".(31)
3.
LA EUCARISTÍA, LUZ Y VIDA DEL NUEVO MILENIO
"En
algunos ambientes eclesiales parecen haber perdido el auténtico sentido
del sacramento y podrían banalizar los misterios celebrados; por
otro, muchos bautizados, por costumbre y tradición, siguen recurriendo
a los Sacramentos en momentos significativos de su existencia, pero sin
vivir conforme a las normas de la Iglesia".(32)
La
Eucaristía es manantial y cumbre de nuestra vida cristiana. Sin fe,
los sacramentos acaban en el ritualismo, la caridad está muerta y
la misión resulta un trabajo estéril. Sin el sacramento, la
fe se convierte en ideología, la caridadacaba en evasionismo y la
misión no evangeliza. Sin el amor de Cristo que se entrega en la
Eucaristía, la caridad es altruismo y simple cooperación,
la misión un fraude y la comunidad un antisigno.
Pero
con la firme adhesión a la palabra de Dios y la gracia de la fe,
la Eucaristía es actualización perenne del misterio pascual(33);
Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida, que da la vida a los hombres
por medio del Espíritu Santo(34); es una verdadera confesión
y memoria de que el Señor ha muerto y ha vuelto a la vida por nosotros
y para beneficio nuestro, primicia de la plenitud futura;(35) por la comunión
de su cuerpo y de su sangre, Cristo nos comunica también su Espíritu;
el que come este Pan vivirá eternamente; llenos de su Espíritu
Santo, formamos en Cristo un sólo cuerpo y un sólo espíritu(36);
la Iglesia vive del Cristo eucarístico, de Él se alimenta
y por Él es iluminada, la Eucaristía es misterio de fe y,
al mismo tiempo, misterio de luz(37); culminación de todos los Sacramentos,
en cuanto lleva a perfección la comunión con Dios Padre, mediante
la identificación con el Hijo Unigénito, por obra del Espíritu
Santo(38); el banquete eucarístico es verdaderamente un banquete
"sagrado", en el que la sencillez de los signos contiene el abismo
de la santidad de Dios(39); tenemos en esta presencia sacrificial y convival
la promesa de una humanidad renovada por su amor; compromiso de transformar
su vida, para que toda ella llegue a ser en cierto modo "eucarística"(40);
colma con sobrada plenitud los anhelos de unidad fraterna que alberga el
corazón humano y, al mismo tiempo, eleva la experiencia de fraternidad(41);
expresa este vínculo de comunión invisible que, en Cristo
y por la acción del Espíritu Santo, nos une al Padre y entre
nosotros(42); la Eucaristía, en fin, es "presencia salvadora
de Jesús en la comunidad de los fieles y su alimento espiritual,
es de lo más precioso que la Iglesia puede tener en su caminar por
la historia".(43)
El
reto y la tarea, si de verdad queremos que la Eucaristía sea luz
y vida del nuevo milenio en Europa, tiene que buscar sinceramente la fe
en Jesucristo y hacer de cualquier realidad un espacio para que allí
llegue el reino de Dios. "Ciertamente, el hombre puede organizar la
tierra sin Dios, pero, al fin y al cabo, sin Dios no puede menos de organizarla
contra el hombre. El humanismo exclusivo es un humanismo inhumano".(44)
Nuestras
luces no pueden ser otras que las que dimanan del gran misterio de la Eucaristía,
"sacramentum pietatis, signum unitatis, vinculum charitatis",
Estas son las luces que brillan en la Eucaristía. Nuestro camino
habrá de recorrerse llenos de misericordia, con sencillez y alegría,
llevando la cruz y asumiendo la pobreza, que siempre abre la puerta para
que pueda entrar en la persona el amor al otro. No olvidarse de llevar en
el corazón la ley del Señor. En las manos, la misericordia.
En la mirada, la esperanza. En la memoria, el encuentro con los demás.
En el rostro: la alegría de saber que ¡Dios es grande!
El
secreto: mirar más a Cristo. Más a la llamada que a la dificultad.
Más a la esperanza que al desánimo. Muchas de las mujeres
que esperaba se durmieron y se extinguió la lámpara. Pero
entre las vírgenes, ninguna más santa y más prudente
que la bienaventurada Virgen María. Y ella tiene siempre repleta
su lámpara del mejor aceite de la fe para que acudamos a ella para
enriquecernos con su ejemplo y su intercesión.
"En
un contexto en el que la tentación del activismo llega fácilmente
también al ámbito pastoral, se pide a los cristianos en Europa
que sigan siendo transparencia real del Resucitado, viviendo en íntima
comunión con Él. Hacen falta comunidades que, contemplando
e imitando a la Virgen María, figura y modelo de la Iglesia en la
fe y en la santidad, cuiden el sentido de la vida litúrgica y de
la vida interior. Ante todo y sobre todo, han de alabar al Señor,
invocarlo, adorarlo y escuchar su Palabra. Sólo así asimilarán
su misterio, viviendo totalmente dedicadas a Él, como miembros de
su fiel Esposa."(45)
La
devoción a la Virgen María esta muy viva y extendida en los
pueblos de Europa. Ella está "maternalmente presente y partícipe
en los múltiples y complejos problemas que acompañan hoy la
vida de los individuos, de las familias y de las naciones". María
es la madre de la esperanza que se "presenta como figura de la Iglesia
que, alentada por la esperanza, reconoce la acción salvadora y misericordiosa
de Dios, a cuya luz comprende el propio camino y toda la historia.(46)
NOTAS
(1) Ecclesia de Eucharistia, 8
(2) Slavorum apostoli, 17
(3) Ecclesia de Eucharistia, 10
(4) Ecclesia in Europa, 70
(5) Juan Pablo II, Euntes in mundum, 9
(6) Ecclesia in Europa, 71
(7) Ecclesia in Europa, 75
(8) Ecclesia in Europa, 22
(9) Ecclesia in Europa, 69
(10) Ecclesia in Europa, 72
(11) Slavorum apostoli, 18
(12) Cf. Ecclesia in Europa, 7
(13) Ecclesia de Eucharistia, 5
(14) Cf. Ecclesia in Europa, 7
(15) Ecclesia de Eucharistia, 32
(16) Ecclesia de Eucharistia, 1
(17) Ecclesia de Eucharistia, 33
(18) Ecclesia de Eucharistia, 14
(19) Ecclesia de Eucharistia, 18
(20) Ecclesia in Europa, 7
(21) Ecclesia de Eucharistia, 2
(22) Ecclesia de Eucharistia, 17
(23) Ecclesia de Eucharistia, 6
(24) Cf. Ecclesia in Europa, 7
(25) Ecclesia de Eucharistia, 34
(26) Ecclesia de Eucharistia, 48
(27) Cf. Ecclesia in Europa, 8
(28) Ecclesia de Eucharistia, 20
(29) Cf. Ecclesia in Europa, 9
(30) Ecclesia de Eucharistia, 20
(31) Ecclesia de Eucharistia, 9
(32) Ecclesia de Eucharistia, 74
(33) Ecclesia de Eucharistia, 5
(34) Ecclesia de Eucharistia, 1
(35) Ecclesia de Eucharistia, 18
(36) Ecclesia de Eucharistia, 17
(37) Ecclesia de Eucharistia, 6
(38) Ecclesia de Eucharistia, 34
(39) Ecclesia de Eucharistia, 48
(40) Ecclesia de Eucharistia, 20
(41) Ecclesia de Eucharistia, 24
(42) Ecclesia de Eucharistia, 35
(43) Ecclesia de Eucharistia, 9
(44) Populorum progressio, 42
(45) Ecclesia in Europa, 27
(46) Ecclesia in Europa, 124, 125