hablamos con...
josé manuel iserte


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

José Manuel Iserte
Sacerdote. Zaragoza.
21 de noviembre de 2004. .org


: Háblanos un poco de ti, de tu situación actual.

José Manuel: Bueno, pues, soy cura de la Diócesis de Zaragoza, pero antes de nada creo en el evangelio. He estado unos años de párroco en Begoña y ahora estoy en una especie de año sabático, digo una especie porque sigo teniendo bastante trabajo pastoral en la parroquia de El portillo, en el centro de Zaragoza, una parroquia de culto y corte tradicional. Sólo quería mostrar y entendiesen que quería dejar lo que estaba haciendo, no por la gente (bastante buena y abierta), con las que no tenía ningún problema. Por contra tenía obras sociales que exigían mucha dedicación y me vi más como un empresario que como un cura, y yo quería ser cura.

: ¿Cuál sería, desde tu experiencia, el análisis que harías de la realidad parroquial?

José Manuel: Creo que como institución está bien, es útil, pero no se puede totalizar. "Es necesaria, pero no suficiente"; esta frase es muy sabio, el problema es que después cada uno ha hecho de su capa un sayo. Creo que tenemos que tender, ante todo, ha que sean comunidades vivas y reales. No nos podemos conformar ya con la asamblea eucarística. Tenemos que empezar a compartir realmente y hacer de la parroquia el descanso de todos. Nos toca bregar duro fuera (y no porque exista una persecución; en todo caso una confrontación ideológica). Pero si se trata de transformar este mundo tremendamente injusto, es una tarea ingente. Entonces la comunidad tiene que ser como nuestra casa, en la que todos nos mimemos, donde volver a la palabra, donde exista un gran espíritu de acogida, prescindiendo de tanto molde y de tanta reunión. Ya sabes eso de los tópicos que todos manejamos: "No sabemos si cuando Jesús vuelva nos encontrará unidos, pero sí re-unidos". También creo que tenemos que encontrar el redescubrir la alegría de ser cristiano, lo que no quita crujidos interiores. Se trata de la alegría del que se siente tocado y llamado por la palabra de Dios. Todas estas cosas hacen falta en la vida de la parroquia, más o menos: un espacio abierto, una casa abierta, ... Esto, obviamente, tiene un precio necesario: renunciar a una Iglesia de cristiandad, de religiosidad, de sacramentos, templo y culto. Pero yo compruebo contínuamente el agotamiento y la frustración de catequistas que no ven frutos en lo que se empeñan, porque estamos sosteniendo otro tipo de Iglesia distinta a la que soñamos.

: ¿Cómo se vive la comunión entre los pastores a la hora de ponerse manos a la obra? ¿Existe realmente fraternidad, cooperación, encuentro entre los compañeros de ministerio?

José Manuel: Yo, generalmente, me junto con los curas que me junto porque son amigos, antes de nada. Me gustaría desterrar completamente el concepto de casta. No sé por qué cuando uno es cura se tiene que juntar con los curas para organizar esto de la religión. Que nos juntemos para tener una pastoral coherente y común, por ejemplo dentro del arciprestazgo para ver líneas de actuación y los servicios necesarios, vale. Para el resto, no sé por qué, si Jesucristo es el único Pastor. Ahora, claro que me siento hermano de los otros curas. Es que lo son, tanto como cualquiera. No entiendo mucho estas separaciones que hacemos y creo que hacemos un flaco favor cuando la señalamos mucho. Ante todo somos un Pueblo de Dios que camina, y el camino algunos vamos más adelante y otro más atrás, pero el camino es el mismo. Indudablemente los seglares tenéis que aportar unas características propias a la Iglesia que no la podemos aportar los curas, que pondrán otras específicas de su tarea. Pero las diferencias yo las veo mínimas. Le tengo mucha alergia a un presbiterado que se defina a sí mismo mirándose el ombligo. Sí es necesario que nos juntemos para el tema de la comunión, y ver como transmitir honestamente a Jesús y las dificultades que nos encontramos, enriquecernos juntos...

: ¿Qué se puede hacer en las parroquias para que vayan surgiendo comunidades adultas con peso real en la evangelización, en las decisiones y en la creación de un espacio realmente evangélico?

José Manuel: La comunidad es como el movimiento, se demuestra andando. No hay otra forma. ¿Cómo podríamos crear? No creo que esa sea la pregunta adecuada. ¿Alguien quiere crear una comunidad auténticamente evangélica? Bueno, pues con dos que levanten la mano ya está cubierto el díptico, porque "si dos o más se reunen en mi Nombre, allí estoy Yo en medio de ellos", que diría Jesús. Lo que creo es que tenemos que armarnos de valor para querer vivir en comunidad, y todos sabemos lo que es la comunidad. Es como una intuición. Y luego si venimos de familias agraciadas en las que se ha vivido un ambiente realmente fraterno, ya sabemos lo que es. A poco que hayas vivido con alguien está clarísimo. Teorizar a veces me parece que es una tangente para no ir al turrón. Habrá que preguntar. ¿Tú quieres vivir la comunidad? Pues ya somos dos... Es necesario dar el paso ya, porque estamos hartos de palabras. Faltan testimonios y testigos claros. Como presbiteros, acuciamos una gran soledad, a no ser que te unas a otros curas. Pero no se trata de eso, sino de vivir en familia. De la vida, luego, si surgiran historias reales, problemáticas reales que haya que ir discerniendo desde las pistas que da el Evangelio, y el mismo Dios que es trinitario y, por tanto, esencialmente comunitario. Pero hay muchos quebraderos de cabezas falsos, porque no están basados en la vida real. Nuestra religión es casi un imposible vivirla en solitario.

Es necesario decirnos las cosas si no como son, como intuimos que son, al menos, sin miedo y con infinita misericordia. Mirar en que momento del camino estamos y sin asustarse, darnos la mano y seguir caminando. Y el que abandone, no pasa nada, tal vez lo vuelva a descubrir más tarde, pero al menos tendrá un referente, saber a dónde puedes acudir cuando lo necesitas, para lo bueno y lo malo. Y está claro que si Jesús está en medio, el fin hacia donde se conduce la comunidad es hacia el Reino de Dios, y continuamente exclama: "¡Aquí estamos, Señor, para hacer tu voluntad!". Parece fácil. Yo lo veo fácil. Sólo veo un inconveniente: nosotros mismos. Se trata de echarle valor y que salga el sol por donde quiera. ¿Qué tenemos que perder?

: Tengo entendido que te gusta mucho el arte e, incluso, sospecho que le das a algún palo artístico.

José Manuel: Escribo de vez en cuando y, antes, pintaba. También hago dibujos, pero fundamentalmente escribo. Y luego miro, porque creo que el que sabe mirar sabe amar. Por ejemplo, yo vivo hace un mes en el casco antiguo de Zaragoza y alucino con las cosas bellísimas que uno se encuentra. Hay como una necesidad vital de ser esponja. Creo que es fácil emocionarse, con algo que se ve, o se oye, ..., que se siente. Y creo que los cristianos también flaqueamos un poco ahí, no hemos llegado a disfrutar la belleza del Evangelio y esponjarnos de él. El lenguaje de Dios es un lenguaje poético fundamentalmente, musical, artístico. No sabemos como tocarlo, pero tocamos. No sabemos como verlo, pero vemos. El Arte es el lenguaje natural de Dios. Y en el arte conectas con cualquiera, sea religioso o no, sobre todo cuando te expresas más que cuando quieres decir algo. Eso es pura comuni'on, porque todo el mundo lo va a entender, por sentirse identificado de algún modo.

: ¿Cuál sería para ti el mayor obstáculo actualmente para ir consiguiendo la Unidad de una Iglesia Cuerpo, de una Iglesia Pueblo de Dios?

José Manuel: Antes estaba "encabronado" con muchas personas, creyendo que eran ellos lo que lo estaban haciendo imposible. Ahora sé que, como he dicho antes, sólo hay un obstáculo: ¿quiero o no quiero? ¿Quién nos puede impedir vivir el Evangelio? Sólo nos frenamos nosotros mismos. Todo el mundo tiene, además, derecho a caerse y volverse a levantar. Ponemos mil excusas y, desde luego, hay muchas cosas que están ahí como un muro en la que bien nos podríamos romper la cabeza, pero nadie nos persigue, ni nos amenaza de muerte, ni nos escupe, ni nada de eso, ¿dónde están los tiempos difíciles para vivirlos? Además con la variedad que vive la gente, a nadie le va a extrañar nada lo que hagas. Los cristianos estamos muy cómodos recogidos sobre nosotros mismos y si ves la historia de cualquier santo "decente" descubres que lo que vivimos es nada. Mira, por ejemplo, Teresa de Jesús, que tenías múltiples inconvenientes: desde que se le caían los conventos porque los materiales eran malísimos, a que los obispos no le daban permisos,... O el Padre Arrupe, o yo que sé. Cualquiera que haya apostado en serio por el Evangelio lo ha tenido más crudo que lo estamos teniendo nosotros ahora. Así que, ¡ánimo y al toro! (aunque yo no soy muy taurino). También hay que tener en cuenta que vivimos en una sociedad muy individualista, y sólo nos tratamos con el me, mi, conmigo, y buscar realidades de comunión, de colectividad, es muy diícil. No se trata ni de la Iglesia que yo quiero (o la comunidad), ni la que la Iglesia oficial quiere, ni la que el mundo nos puede proponer... Se trata más bien de buscar juntos la comunidad, la Iglesia que Cristo quiere.

: Viendo el momento actual de conflicto entre la Iglesia y el Estado, ¿qué opinas al respecto? ¿Crees que es paradigma de una Iglesia más allá de nuestras fronteras?

José Manuel: Creo que el nacional catolicismo (que para mí es una contradicción en los términos [nacional vs. universal]), creo que es una cosa ya pasada, pero añorada. Decía Pablo VI: "Iglesia deja de hablar de ti mismo y empieza a anunciar a Jesucristo". No estamos defendiendo una situación de marginalidad, sino de privilegio. Ojalá nos persiguiesen porque montamos en cólera cuando vemos tantas situaciones de injusticia. Por ejemplo, cosas muy del día a día: trabajar 12 horas mata la vida familiar, y hay muchas situaciones familiares que se ven obligadas a llegar a esto para poder pagar el alquiler o la macro hipoteca de un pisito. Pero hemos hecho de algunos temas el centro de la denuncia ignorando otros que están a la misma altura, sin hacer absolutos. Porque, digamos lo que digamos, no tenemos el miemo rasero para ciertos temas. Necesitamos ser más comprensivos. Ahora, yo me pierdo un poco en algunas batallas, como la educación religiosa, en la que me siento bastante ajeno. No sé hay cosas que exigimos que creo que no nos corresponden, y más cuando el evangelio nos dice que cuando te pidan el manto, le des también la túnica. Tenemos que llegar a ser totalmente independientes económicamente, y si no nos llega no nos llega. Seguro que nos ayuda a crecer en conciencia de familia. Somos todos hermanos menos cuando llega el momento de rascarse el bolsillo, apretarse el cinturón y renunciar a muchas cosas superfluas. Hace falta una autenticidad evangélica y ser también algo más divertidos. Y seguro que vendrá una persecución más real, pero es que ese es un principo básico histórico de la Iglesia, pero la verdad es que ahora mismo los cristianos estamos muy acomodados. Si nos prenden fuego debajo de la silla, no saltamos, sino que decimos: ¡hay fuego! La Iglesia de Ruanda es una persecución en toda regla. O las situaciones vividas en Iberoamérica en muchos países y en una parte de la Iglesia. O en algunos países de Asia, donde decir que eres cristiano es una sentencia de muerte. Sí entiendo que haya una confrontación ideológica. Pero también lo veo dentro de la Iglesia en eso que llamamos, políticamente correcto, pluralidad de carismas, pero en el fondo hay un conflicto más doloroso y sangrante que está empezando a salir a la luz pública ¿No es esto una realidad más preocupante? Hay que ser prudente con el lenguaje y llamar a las cosas por su nombre, honestamente. Será mejor que dejemos de alzar la voz para reivindicar nuestros derechos y hacernos la voz de aquellos que no tienen un medio de comunicación para defenderse.

: Me comentabas antes que preferías ser más "portero de la misericordia" que "guardián de la ley" ¿Qué le dirias tú hoy a la Iglesia como portero de la misericordia?

José Manuel: Que sea una buena madre. Decía Erasmo de Rotterdam: "Yo soporto a la Iglesia tal como es, porque ella me soporta a mí como yo soy y ninguno de los dos hemos encontrado nada mejor". Eso también es verdad. Creo que a la Iglesia le debemos mucho, e impagable. Pero entre todos tenemos que hacerle recuperar sus entrañas de misericordia, de madre.