:
Háblanos
un poco de ti, de tu situación actual.
José
Manuel:
Bueno, pues, soy cura de la Diócesis de Zaragoza, pero antes
de nada creo en el evangelio. He estado unos años de párroco
en Begoña y ahora estoy en una especie de año sabático,
digo una especie porque sigo teniendo bastante trabajo pastoral en la
parroquia de El portillo, en el centro de Zaragoza, una parroquia de
culto y corte tradicional. Sólo quería mostrar y entendiesen
que quería dejar lo que estaba haciendo, no por la gente (bastante
buena y abierta), con las que no tenía ningún problema.
Por contra tenía obras sociales que exigían mucha dedicación
y me vi más como un empresario que como un cura, y yo quería
ser cura.
:
¿Cuál
sería, desde tu experiencia, el análisis que harías
de la realidad parroquial?
José
Manuel:
Creo que como institución está bien, es útil, pero
no se puede totalizar. "Es necesaria, pero no suficiente";
esta frase es muy sabio, el problema es que después cada uno
ha hecho de su capa un sayo. Creo que tenemos que tender, ante todo,
ha que sean comunidades vivas y reales. No nos podemos conformar ya
con la asamblea eucarística. Tenemos que empezar a compartir
realmente y hacer de la parroquia el descanso de todos. Nos toca bregar
duro fuera (y no porque exista una persecución; en todo caso
una confrontación ideológica). Pero si se trata de transformar
este mundo tremendamente injusto, es una tarea ingente. Entonces la
comunidad tiene que ser como nuestra casa, en la que todos nos mimemos,
donde volver a la palabra, donde exista un gran espíritu de acogida,
prescindiendo de tanto molde y de tanta reunión. Ya sabes eso
de los tópicos que todos manejamos: "No sabemos si cuando
Jesús vuelva nos encontrará unidos, pero sí re-unidos".
También creo que tenemos que encontrar el redescubrir la alegría
de ser cristiano, lo que no quita crujidos interiores. Se trata de la
alegría del que se siente tocado y llamado por la palabra de
Dios. Todas estas cosas hacen falta en la vida de la parroquia, más
o menos: un espacio abierto, una casa abierta, ... Esto, obviamente,
tiene un precio necesario: renunciar a una Iglesia de cristiandad, de
religiosidad, de sacramentos, templo y culto. Pero yo compruebo contínuamente
el agotamiento y la frustración de catequistas que no ven frutos
en lo que se empeñan, porque estamos sosteniendo otro tipo de
Iglesia distinta a la que soñamos.
:
¿Cómo
se vive la comunión entre los pastores a la hora de ponerse manos
a la obra? ¿Existe realmente fraternidad, cooperación,
encuentro entre los compañeros de ministerio?
José
Manuel:
Yo, generalmente, me junto con los curas que me junto porque son amigos,
antes de nada. Me gustaría desterrar completamente el concepto
de casta. No sé por qué cuando uno es cura se tiene que
juntar con los curas para organizar esto de la religión. Que
nos juntemos para tener una pastoral coherente y común, por ejemplo
dentro del arciprestazgo para ver líneas de actuación
y los servicios necesarios, vale. Para el resto, no sé por qué,
si Jesucristo es el único Pastor. Ahora, claro que me siento
hermano de los otros curas. Es que lo son, tanto como cualquiera. No
entiendo mucho estas separaciones que hacemos y creo que hacemos un
flaco favor cuando la señalamos mucho. Ante todo somos un Pueblo
de Dios que camina, y el camino algunos vamos más adelante y
otro más atrás, pero el camino es el mismo. Indudablemente
los seglares tenéis que aportar unas características propias
a la Iglesia que no la podemos aportar los curas, que pondrán
otras específicas de su tarea. Pero las diferencias yo las veo
mínimas. Le tengo mucha alergia a un presbiterado que se defina
a sí mismo mirándose el ombligo. Sí es necesario
que nos juntemos para el tema de la comunión, y ver como transmitir
honestamente a Jesús y las dificultades que nos encontramos,
enriquecernos juntos...
:
¿Qué
se puede hacer en las parroquias para que vayan surgiendo comunidades
adultas con peso real en la evangelización, en las decisiones
y en la creación de un espacio realmente evangélico?
José
Manuel:
La comunidad es como el movimiento, se demuestra andando. No hay otra
forma. ¿Cómo podríamos crear? No creo que esa sea
la pregunta adecuada. ¿Alguien quiere crear una comunidad auténticamente
evangélica? Bueno, pues con dos que levanten la mano ya está
cubierto el díptico, porque "si dos o más se reunen
en mi Nombre, allí estoy Yo en medio de ellos", que diría
Jesús. Lo que creo es que tenemos que armarnos de valor para
querer vivir en comunidad, y todos sabemos lo que es la comunidad. Es
como una intuición. Y luego si venimos de familias agraciadas
en las que se ha vivido un ambiente realmente fraterno, ya sabemos lo
que es. A poco que hayas vivido con alguien está clarísimo.
Teorizar a veces me parece que es una tangente para no ir al turrón.
Habrá que preguntar. ¿Tú quieres vivir la comunidad?
Pues ya somos dos... Es necesario dar el paso ya, porque estamos hartos
de palabras. Faltan testimonios y testigos claros. Como presbiteros,
acuciamos una gran soledad, a no ser que te unas a otros curas. Pero
no se trata de eso, sino de vivir en familia. De la vida, luego, si
surgiran historias reales, problemáticas reales que haya que
ir discerniendo desde las pistas que da el Evangelio, y el mismo Dios
que es trinitario y, por tanto, esencialmente comunitario. Pero hay
muchos quebraderos de cabezas falsos, porque no están basados
en la vida real. Nuestra religión es casi un imposible vivirla
en solitario.
Es
necesario decirnos las cosas si no como son, como intuimos que son,
al menos, sin miedo y con infinita misericordia. Mirar en que momento
del camino estamos y sin asustarse, darnos la mano y seguir caminando.
Y el que abandone, no pasa nada, tal vez lo vuelva a descubrir más
tarde, pero al menos tendrá un referente, saber a dónde
puedes acudir cuando lo necesitas, para lo bueno y lo malo. Y está
claro que si Jesús está en medio, el fin hacia donde se
conduce la comunidad es hacia el Reino de Dios, y continuamente exclama:
"¡Aquí estamos, Señor, para hacer tu voluntad!".
Parece fácil. Yo lo veo fácil. Sólo veo un inconveniente:
nosotros mismos. Se trata de echarle valor y que salga el sol por donde
quiera. ¿Qué tenemos que perder?
:
Tengo
entendido que te gusta mucho el arte e, incluso, sospecho que le das
a algún palo artístico.
José
Manuel:
Escribo de vez en cuando y, antes, pintaba. También hago dibujos,
pero fundamentalmente escribo. Y luego miro, porque creo que el que
sabe mirar sabe amar. Por ejemplo, yo vivo hace un mes en el casco antiguo
de Zaragoza y alucino con las cosas bellísimas que uno se encuentra.
Hay como una necesidad vital de ser esponja. Creo que es fácil
emocionarse, con algo que se ve, o se oye, ..., que se siente. Y creo
que los cristianos también flaqueamos un poco ahí, no
hemos llegado a disfrutar la belleza del Evangelio y esponjarnos de
él. El lenguaje de Dios es un lenguaje poético fundamentalmente,
musical, artístico. No sabemos como tocarlo, pero tocamos. No
sabemos como verlo, pero vemos. El Arte es el lenguaje natural de Dios.
Y en el arte conectas con cualquiera, sea religioso o no, sobre todo
cuando te expresas más que cuando quieres decir algo. Eso es
pura comuni'on, porque todo el mundo lo va a entender, por sentirse
identificado de algún modo.
:
¿Cuál
sería para ti el mayor obstáculo actualmente para ir consiguiendo
la Unidad de una Iglesia Cuerpo, de una Iglesia Pueblo de Dios?
José
Manuel:
Antes estaba "encabronado" con muchas personas, creyendo que
eran ellos lo que lo estaban haciendo imposible. Ahora sé que,
como he dicho antes, sólo hay un obstáculo: ¿quiero
o no quiero? ¿Quién nos puede impedir vivir el Evangelio?
Sólo nos frenamos nosotros mismos. Todo el mundo tiene, además,
derecho a caerse y volverse a levantar. Ponemos mil excusas y, desde
luego, hay muchas cosas que están ahí como un muro en
la que bien nos podríamos romper la cabeza, pero nadie nos persigue,
ni nos amenaza de muerte, ni nos escupe, ni nada de eso, ¿dónde
están los tiempos difíciles para vivirlos? Además
con la variedad que vive la gente, a nadie le va a extrañar nada
lo que hagas. Los cristianos estamos muy cómodos recogidos sobre
nosotros mismos y si ves la historia de cualquier santo "decente"
descubres que lo que vivimos es nada. Mira, por ejemplo, Teresa de Jesús,
que tenías múltiples inconvenientes: desde que se le caían
los conventos porque los materiales eran malísimos, a que los
obispos no le daban permisos,... O el Padre Arrupe, o yo que sé.
Cualquiera que haya apostado en serio por el Evangelio lo ha tenido
más crudo que lo estamos teniendo nosotros ahora. Así
que, ¡ánimo y al toro! (aunque yo no soy muy taurino).
También hay que tener en cuenta que vivimos en una sociedad muy
individualista, y sólo nos tratamos con el me, mi, conmigo, y
buscar realidades de comunión, de colectividad, es muy diícil.
No se trata ni de la Iglesia que yo quiero (o la comunidad), ni la que
la Iglesia oficial quiere, ni la que el mundo nos puede proponer...
Se trata más bien de buscar juntos la comunidad, la Iglesia que
Cristo quiere.
:
Viendo el momento actual de conflicto entre la Iglesia y el Estado,
¿qué opinas al respecto? ¿Crees que es paradigma
de una Iglesia más allá de nuestras fronteras?
José
Manuel:
Creo que el nacional catolicismo (que para mí es una contradicción
en los términos [nacional vs. universal]), creo que es una cosa
ya pasada, pero añorada. Decía Pablo VI: "Iglesia
deja de hablar de ti mismo y empieza a anunciar a Jesucristo".
No estamos defendiendo una situación de marginalidad, sino de
privilegio. Ojalá nos persiguiesen porque montamos en cólera
cuando vemos tantas situaciones de injusticia. Por ejemplo, cosas muy
del día a día: trabajar 12 horas mata la vida familiar,
y hay muchas situaciones familiares que se ven obligadas a llegar a
esto para poder pagar el alquiler o la macro hipoteca de un pisito.
Pero hemos hecho de algunos temas el centro de la denuncia ignorando
otros que están a la misma altura, sin hacer absolutos. Porque,
digamos lo que digamos, no tenemos el miemo rasero para ciertos temas.
Necesitamos ser más comprensivos. Ahora, yo me pierdo un poco
en algunas batallas, como la educación religiosa, en la que me
siento bastante ajeno. No sé hay cosas que exigimos que creo
que no nos corresponden, y más cuando el evangelio nos dice que
cuando te pidan el manto, le des también la túnica. Tenemos
que llegar a ser totalmente independientes económicamente, y
si no nos llega no nos llega. Seguro que nos ayuda a crecer en conciencia
de familia. Somos todos hermanos menos cuando llega el momento de rascarse
el bolsillo, apretarse el cinturón y renunciar a muchas cosas
superfluas. Hace falta una autenticidad evangélica y ser también
algo más divertidos. Y seguro que vendrá una persecución
más real, pero es que ese es un principo básico histórico
de la Iglesia, pero la verdad es que ahora mismo los cristianos estamos
muy acomodados. Si nos prenden fuego debajo de la silla, no saltamos,
sino que decimos: ¡hay fuego! La Iglesia de Ruanda es una persecución
en toda regla. O las situaciones vividas en Iberoamérica en muchos
países y en una parte de la Iglesia. O en algunos países
de Asia, donde decir que eres cristiano es una sentencia de muerte.
Sí entiendo que haya una confrontación ideológica.
Pero también lo veo dentro de la Iglesia en eso que llamamos,
políticamente correcto, pluralidad de carismas, pero en el fondo
hay un conflicto más doloroso y sangrante que está empezando
a salir a la luz pública ¿No es esto una realidad más
preocupante? Hay que ser prudente con el lenguaje y llamar a las cosas
por su nombre, honestamente. Será mejor que dejemos de alzar
la voz para reivindicar nuestros derechos y hacernos la voz de aquellos
que no tienen un medio de comunicación para defenderse.
:
Me comentabas antes que preferías ser más "portero
de la misericordia" que "guardián de la ley" ¿Qué
le dirias tú hoy a la Iglesia como portero de la misericordia?
José
Manuel:
Que sea una buena madre. Decía Erasmo de Rotterdam: "Yo
soporto a la Iglesia tal como es, porque ella me soporta a mí
como yo soy y ninguno de los dos hemos encontrado nada mejor".
Eso también es verdad. Creo que a la Iglesia le debemos mucho,
e impagable. Pero entre todos tenemos que hacerle recuperar sus entrañas
de misericordia, de madre.