En un momento de mi vida empezó a despertarse en mí una inquietud
grandísima. Al principio, ese deseo no tenía nombre: podía
ser deseo de Verdad, de Plenitud, búsqueda de sentido etc. Más
tarde le puse nombre a ese anhelo. De manera clara supe que era sed de Dios.
Esa búsqueda no podía continuar en solitario, de manera que
decidí unirme a otras personas que tuvieran la misma inquietud. Intuí
que la oración podía ser un camino. En uno de los momentos
más intensos de esa búsqueda oí anunciar en una iglesia
de Carmelitas Descalzos un grupo de oración, y allí que me
fui... y hasta ahora.
En aquel momento en que entré en el grupo tomé la conciencia
de iniciar un camino. tenía entonces 19 años, a punto de cumplir
20. Pero ahora me doy cuenta de que ese momento más consciente y
decisivo fue precedido de otros que si no eran tan conscientes, no por ello
fueron menos importantes. Así, ese simple “deseo de Dios”
que latía en mí desde hacía tiempo era ya una oración.
(Del deseo habla bellamente el hermano Roger de Taizé). También
recuerdo mi oración de niña, llena de ingenuidad y frescura
a la vez.
:
Desde tu experiencia,
¿qué es para ti la oración? ¿Qué
papel juega en tu vida cristiana?
Cualquiera de las maneras con que otros muchos orantes han tratado de definirla
me serviría, pero se me ocurre decir que para mí la oración
es un 2espacio” donde se crece en la verdad, en la libertad y en el
amor.
“Atalaya
donde se ven verdades”, dice Santa Teresa. En la oración me
conozco a mí misma y me voy acercando a la Verdad. (Con mayúsculas)
La oración, si es auténticamente oración nos despoja
de lo accesorio, y nos lleva a nuestro centro; ahí nos crecen alas
para volar... Y la oración es sobre todo el lugar del amor.
La oración ocupa un lugar esencial en mi vida. Es como la columna
vertebral. Centraliza toda mi existencia. De ahí emana todo. Toda
la vida auténtica que brota en mí, nace de Ahí... y
todo lo que una va viviendo, vuelve Ahí... Bueno, una no siempre
está abierta. Muchas veces hay cerrazón, pero en fin, estamos
en camino...
:
En este mundo tan
agitado... ¿tienes realmente tiempo para orar? ¿Cómo
oras?
Se tiene generalmente tiempo para lo que se quiere. Bueno casi... hay muchas
cosas buenas a las que hemos de renunciar por falta de tiempo; no podemos
vivirlo todo... pero es cuestión de prioridades. La oración
es una cuestión de amor, y cuando se quiere a Alguien, siempre se
saca tiempo.
¿Qué
cómo oro? Pues no sé si oro de muchas maneras o al final todo
se reduce a lo mismo. Puedo orar en el metro, o en la calle; más
difícilmente en una iglesia (casi siempre están cerradas si
no es para el culto), pero el lugar que más me gusta para orar es
mi cuarto. Prefiero la mañana y la noche. Le dedico más tiempo
por la noche, cuando ya no hay ruidos ni prisas.
A veces le cuento al Señor muchas cosas, como a un amigo, pero las
más de las veces es una oración silenciosa. No digo nada,
o muy poco. Simplemente digo: “aquí estoy” o “aquí
estamos” o “aquí la tienes o los tienes” (cuando
intercedo por alguien). También suelo repetir un versículo
de algún salmo que acabo de leer o una frase evangélica...
para que cale...
En mi oración están también presentes rostros y nombres.
Me encanta repetir hasta el infinito el nombre de Jesús, o “ven
Espíritu”. Me ayudan los cantos de Taizé, tipo mantra.
En general es una oración más de miradas que de palabras.
También oro con el cuerpo. Es un instrumento estupendo, porque es
la persona entera la que ora. Me gusta abrir las manos o postrarme... y
a veces, danzo para Él.
Procuro llevar a la oración toda la vida: la vida propia y la de
aquell@s que están cerca o lejos de mí. La vida de la Iglesia
y de los hombres y mujeres de nuestro mundo con sus sufrimientos y esperanzas.
Y esta vida, como decía antes, no siempre la formulo en abundantes
palabras, puede ser una simple mirada, o mejor un poner, ponernos ante Su
mirada.
:
Y ahora, háblanos
de algo muy querido para ti. ¿Puedes contarnos qué son
los G.O.T? ¿Cómo funcionan? ¿Cuánto tiempo
llevas en ellos? ¿Qué es lo que más te aportan?
¿Puedes contarnos alguna experiencia vivida en ellos?
Los G.O.T tienen su origen dentro de la familia del Carmelo Teresiano del
que forman parte. Son los Grupos de Oración Teresiana. Sus siglas
expresan su identidad.
Somos Grupos: animados por las palabras evangélicas “donde
dos o más se reúnen en mi nombre, allí estoy Yo en
medio de ellos”, y por los reiterados consejos de Santa Teresa: “gran
mal es un alma sola”, “procuren amistad y trato con personas
que traten de lo mismo...” etc, nos juntamos para orar. Y lo hacemos
animados por el magisterio de Teresa de Jesús, Juan de la Cruz y
la espiritualidad de ellos heredada.
El adjetivo “teresiana” nos lleva a concebir la oración
como un trato de amistad. Y para entender la amistad con Dios creemos que
es importante vivir y cuidar la amistad humana, por ello tratamos de fomentar
un clima de acogida, fraternidad y sencillez en nuestros grupos.
La oración teresiana es además cristocéntrica: Cristo
está en el centro. Es una oración de recogimiento: algunas
palabras que nos ponen en la pista de este estilo de oración serían:
“estar”, “entrar”, “mirar” o “dejarse
mirar”... El silencio es por tanto importantísimo. El silencio
nos permite también acoger con hondura la Palabra.
Pero en nuestros momentos orantes no todo es silencio. Hay también
un tiempo para compartir en voz alta: alabar, dar gracias, bendecir, interceder
etc.
Como hij@s de Teresa procuramos también que el espíritu eclesial
esté muy vivo. nuestra oración se sitúa dentro de la
Iglesia, al servicio de la Iglesia y es ayudada por la Iglesia para caminar
en la verdad.
Además de los momentos orantes dedicamos un tiempo a la formación.
Es lo que llamamos “Escuela de oración”. La oración
también necesita preparación, de ahí la importancia
de asimilar aspectos teológicos, espirituales, antropológicos
y pedagógicos fundamentales, así como recursos teórico-prácticos
que nos ayuden. Claro está, sin perder de vista que la oración
es sobre todo don.
La oración tiene también su proyección apostólica
y un apostolado propio de los G.O.T sería promover la pastoral de
la oración en los distintos ámbitos.
En los G.O.T nos reunimos normalmente con una frecuencia semanal. Algunos
que tienen más dificultad en juntarse lo hacen cada quince días,
pero entendemos que formar parte de un G.O.T es algo más que juntarnos
semanalmente. Es una forma de ser Iglesia. Es querer ser grandes amigos
y amigas de Dios. Es desear ser contemplativos en la vida...
No sé qué podría decir de lo que para mí significan
los G.O.T, pues significan mucho. Es el camino en el que me ha puesto el
Señor para buscarle... siempre en comunión con toda la familia
del Carmelo: laicos, frailes, monjas.... a la que siento como verdadera
familia; como mi familia espiritual, y en comunión con toda la Iglesia
y toda la Humanidad.
:
Desde tu “pasión
por la oración” ¿te parece importante que los laicos
dediquen un tiempo explícito para orar? ¿Qué les
pedirías a l@s consagrad@s y a l@s contemplativ@s en la Iglesia?
Creo que la oración es clave en la vida de tod@ cristian@ y por tanto
también en l@s laic@s. Un laico debería también adecuar
sus tiempos de oración a su ritmo de vida y a sus obligaciones en
el mundo. Si la oración da profundidad a la vida, toda la vida que
sea pasada por la oración ganará también hondura, en
entrega, en autenticidad y transparencia...
También creo que hay laic@s especialmente vocacionad@s a orar. Ciertamente
esa oración la vivirán de manera diferente que una persona
que habita en un monasterio, pero no por ello con menor intensidad.
¿Qué
les pediría a l@s consagrad@s y a l@s contemplativ@s? Pues como la
cosa va de oración, les pediría que beban de la Fuente, porque
sólo de ahí puede brotar el verdadero apostolado y la más
auténtica y gratuita entrega.
También les pediría que dialoguen con este mundo nuestro.
Que escuchen y dialoguen con esta sociedad en la que a pesar de su secularización,
o mejor que, en medio de ella, y a veces gracias a ella, está presente
el Espíritu de Dios actuando de una forma sorprendente.
Es necesario abrir los ojos y descubrir tanta belleza oculta y tanta vida
nueva que no necesariamente ha de pasar por los “tradicionales moldes
religiosos”. Que escuchen también el clamor a veces manifiesto
y otras tantas silenciado...
:
Brevemente: tus modelos de oración: ¿Qué
es lo que más te atrae de ellos?
No puedo por menos de hablar de Teresa de Jesús y Juan de la Cruz.
De Teresa de Jesús destaco su corazón apasionado por Cristo.
De ahí que Cristo sea el centro de su oración. De ella he
aprendido que la oración consiste tanto en discernir con el entendimiento
cuanto mirar a Cristo, o mejor, dejarte mirar por Él. la oración,
dirá ella, no consiste en pensar mucho, sino en amar mucho...
De Juan de la Cruz me llama la atención el hombre unificado, de mirada
centrada en su único Amor, el hombre libre. San Juan, igual que Santa
Teresa, es un enamorado. Aunque no habla tanto ni tan explícitamente
de oración como Santa Teresa, es evidente que el camino teologal
que nos propone pasa por la oración. Así nos invita a poner
los ojos sólo en Él... “pon los ojos en Él y
hallarás ocultísimos misterios...”
También hablaría de cuánto me atrae la oración
de Santa Teresa de Lisieux o de la beata Isabel de la Trinidad, pero lo
dejaremos para otro momento.
Por último sí me gustaría citar a un testigo orante
contemporáneo nuestro el hermano Roger, de Taizé, con el que
he tenido la suerte de orar en muchas ocasiones. Su oración, como
la de aquel que es totalmente de Dios, tiene la sencillez del niño.
Es el hombre de la “confianza del corazón”. Sobre oración
habla mucho. Citaré sólo algunas de sus palabras al respecto:
“La oración no pide esfuerzos sobrehumanos. Como un débil
suspiro, como una oración de niño, nos mantiene alerta”.
“En
una oración en silencio, descansamos en Dios, en cuerpo, alma y espíritu”.
“La
oración nos abre a una comunión sin límites...”
Estos son sólo unos ejemplos, pero citaría muchos otros modelos
para mí, empezando por las personas con las que oro, que tengo a
mi lado... físicamente o con el corazón...