enseñanos a orar
padre nuestro





 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Padre Nuestro...
Cursos de iniciación en pastoral Juvenil.
Secretariado de Pastoral Juvenil.
Diócesis de Huelva

 

1.¿QUÉ HEMOS ENTENDIDO POR ORACIÓN?

1.1.- “CONTEMPLATIVO”
Hemos entendido que orar es entrar en una dimensión distinta, en un estado “especial” para poder entrar en contacto con Dios. Dios que se accede a través de unos pasos previos, unas puertas o unas estancias a las que tienes acceso por la oración. Orar así, es desconectar con lo que haces para conectar con una realidad trascendente.

1.2.- “ORACIÓN JOVEN”

Orar es hablar con Dios. Es decir, contarle lo que haces, lo que piensas, lo que te ha ocurrido. Lo que te duele, los problemas que tienes. Es charlar de tus cosas con un amigo.

1.3.- “TRADICIONAL”

Orar es también leer oraciones de forma monótona y premeditadamente repetitivas, como una forma de crear un clima de oración. Es “rezar”.

1.4.- “CON LA PALABRA”

Orar a veces también es un rato de diálogo en torno a la Palabra leída o proclamada. Un rato donde cada uno comparte lo mejor que ha entendido en ella. Un rato de reflexión y diálogo cuyo centro es Jesús y la Palabra.

1.5.- “CUENTO”

Orar, más recientemente, puede ser la lectura de un cuento o enseñanza de un maestro hindú. Se lee despacito, dejando que el relato nos enseñe, repitiendo luego las frases que cada uno entiende más importantes a modo de eco.

Todos estos casos no responden tan sólo, a formas distintas de orar (que lo son), responden cada una, de manera distinta, a la pregunta ¿QUÉ ES ORAR?. Cada uno puede tener un concepto, una experiencia y una idea distinta de lo que es la oración.

En este tema no intentaremos buscar la solución o la respuesta a las preguntas “¿qué es orar?” o ¿cómo se ora?. Al contrario, trataremos que aparezcan más preguntas, poniendo en crisis el concepto de oración que cada uno tenemos. Todo a la luz de la oración de Jesús.

2. LA ORACIÓN DE JESÚS

Hay muchos maestros de oración que han escrito multitud de libros sobre contemplación, mística u oración. Hay infinidad de métodos de oración.

En nuestro caso vamos a intentar, sencilla y brevemente, volvernos a la fuente original y primera, irnos al tronco, en lugar de las ramas. Ir al propio Jesús, descubrir su oración. Y desde él cada uno andará el propio camino de oración y encuentro.

Si nos fijamos en los evangelios, cuando Jesús comienza la llamada “ vida pública”, comienza un tiempo de grandes signos entre su pueblo, grandes encuentros, grandes diálogos, curaciones,... pero junto a todo esto, son frecuentes las veces en las que Jesús se retira hasta un lugar tranquilo y apartado a orar.

- Mc. 1, 35 (Lc. 9, 18-22)
- Mt. 14, 23
- Lc. 6, 12

Una vida intensa de actividad, de enseñanza (no se cansa de dialogar y de animar a sus amigos), una vida que se convierte en un torrente de vida, que arrastra a tanta gente detrás de este Jesús.

Un torrente que nace dentro de Jesús, un torrente que tiene su origen en lo más íntimo de Jesús, en su oración y vinculación vital a Dios Padre. Una vinculación tan fuerte, tan estrecha que le hace sentir a Dios-Padre como su “papaíto” (abba).

¿Cómo era esta oración de Jesús?

Sólo sabemos que era frecuente y a veces duraba incluso toda la noche. Los discípulos observan al maestro, Él nunca indicó un método de oración, una forma de orar, tampoco indicó los casos necesarios para alcanzar una intimidad divina como Él. Sin embargo, ellos empiezan a sentir NECESIDAD de orar. Jesús no se adelanta a sus necesidades, espera a que ellos lo necesiten.

“Maestro, ¡enséñanos a orar!” (Lc. 11,1)

¿Sabemos nosotros orar? ¿Es nuestro camino detrás de Jesús, en fidelidad, el que nos ha hecho tener también necesidad de orar? ¿Oramos porque sabemos que es importante dentro del “ser cristiano” o por necesidad? ¿Sin la oración nos faltaría la vida?

“Maestro, ¡enséñanos a orar!” “Y Jesús les dijo (Mt 6, 5-14):

2.a. “Entra en tu habitación y ora en lo secreto”

No es una habitación de la casa sino nosotros mismos, el fondo de nuestro ser. Entrar en el fondo de nuestro ser y allí rezar, pedir a nuestro Padre que está en lo escondido y ve esa oración escondida.

La oración no es un ritual externo para agradar a un dios celoso, es una invitación a entrar en el propio secreto.

En lo secreto del hombre, en su corazón es donde Dios se va acrisolando en la constancia del día a día frente a la vida y a la PALABRA.

2.b. “No os perdáis con muchas palabras ya sabe vuestro Padre...”

Orar no es recitar muchas palabras u oraciones llenando así este tiempo.

Orar así no es convencer de algo a Dios con palabras; si no más bien, reconocer quién es Dios y dejarnos convencer por su PALABRA.

Orar además no es un rato de diálogo o reflexión, sino el encuentro con ALGUIEN, el encuentro con una persona que puede transformar, renovar y hacer nueva toda tu vida.

La oración es encuentro con una persona, Dios-Padre-Misericordia que tiene unas consecuencias y unos puntos claros.

Te devuelve la dignidad de hijo de Dios, a través de la libertad sin límites y un amor infinito e incondicional
“Él no nos quiere porque nosotros somos buenos, sino porque Él es bueno”

2.c. “Vosotros orad así” EL PADRENUESTRO

Jesús estaba, en este punto, enseñando a orar a su comunidad. Hoy también lo hace con nosotros.

<Padre nuestro>

Habla una comunidad no un individuo. No dice Padre mío, sino Padre nuestro. Pero es una comunidad con experiencia de que Dios es Padre. Es una comunidad de hijos de Dios. Hijo de Dios se es por haber recibido el Espíritu. Es la comunidad del Espíritu donde Dios está presente.

Notemos que la palabra de <Dios> no a parece nunca en todo el Padrenuestro, porque el nombre de Dios para la comunidad cristiana es <PADRE>.

“Padre”, “Abba”, “Papaíto”. Es la oración confiada y familiar de un niño a su Padre.

Para dirigirse a Dios se necesita de la confianza propia de los niños en sus padres. “Si no os hacéis como niños” Mt 18,3

El Padrenuestro, por último no es sólo la relación del hombre-hijo con Dios-Padre, sino la relación entre los hombres, iguales ante Dios.


<que estás en el cielo>

Cielo distinto de tierra y distante. Cielo como pensamiento de Dios que dista de nuestro pensamiento, como del cielo a la tierra.

“Cuanto dista el cielo de la tierra, así mis caminos de los nuestros, mis planes de los vuestros” Is 55,9

Cielo desconocido, como desconocido es el plan, el camino y el proyecto de Dios, pero que para vivir lo que se nos pide, tenemos que poner todo el esfuerzo en ir en su búsqueda. Transformar nuestra mentalidad.

El Padrenuestro a partir de este punto se podría dividir en dos partes:

1ª parte: se refiere a la humanidad entera.

2ª parte: se refiere a la comunidad cristiana.


1ª PARTE: POR TODA LA HUMANIDAD

Las tres primeras peticiones; “santificado sea tu nombre, venga tu reino y hágase tu voluntad”, están referida a la humanidad entera. En estas no se dice nunca “nosotros”. Con estas peticiones Jesús nos está indicando cuáles son las preocupaciones prioritarias de la comunidad.

La comunidad no está centrada en si misma sino tiene su interés primordial en esta Humanidad. Lo particular está en función de lo Universal; lo particular no desaparece pero está en función de lo universal. Lo general, lo humano es más importante que nosotros.

<santificado sea tu nombre>

Si tu nombre es “PADRE”, santificaremos tu nombre cuando vivamos como hijos confiados y como hermanos unos de otros. Cuando, no sólo nos sintamos hermanos de todos los hombres, sino que vivamos conforme a esta realidad. Así muchos que no creen al vernos vivir unidos, creerán en Ti y te reconocerán también como su “PADRE”.

“Que estén unidos para que el mundo crea” Juan 17, 21

<venga tu reino>

El Reino, cuyo fruto inmediato es la Justicia y la Paz para todos (no para unos pocos privilegiados), viene de aceptar el reto a Dios personalmente, de hacer del proyecto de Dios desconocido mi primer y único afán de vida, en favor de todos los hombres. Cuando se acepta este reto, que no se le pone condición alguna (no cabe rebajarlo o adaptarlo a mi manera), Dios está reinando en mi persona, su proyecto es lo primero, por eso es Él, el Rey y Señor de mi vida.

<hágase tu voluntad, como en el cielo así en la tierra>

Venir a la oración es, sobre todo, querer buscar la voluntad de Dios para llevarla a cabo. Y esta voluntad, aún siendo apasionante, nunca será un camino fácil.

“El discípulo no será más que el maestro”. Y el camino del maestro le trajo muchas complicaciones y un final concreto, la cruz.

Estamos ante el punto central y fundamental del Padrenuestro y del mensaje del Evangelio. Jesús nos llama “ven y sígueme”. ¿Para qué?. “Deja casa, familia, madre, padre,...” Pero, ¿para qué? “Ven y sígueme”. Este grito de Dios al hombre no es puntual en la vida, es una necesidad continua del discípulo de Jesús. Es la BÚSQUEDA CONTINUA de la VOLUNTAD del PADRE “Qué quieres, Señor?. Andar buscando detrás del Señor, para hacer, no mi proyecto-evangélico de realización personal o grupal, sino su PROYECTO UNIVERSAL Y ETERNO que no conozco y al cual me pide fidelidad en su búsqueda.

“Sal de tu tierra, a la tierra que yo te mostraré” Génesis.

Jesús no realizó su proyecto personal, desde como Él entendía a Dios por su condición de Hijo. “Hágase tu voluntad y no la mía”, aunque el cáliz que bebió le llevó a la cruz.
No he venido a hacer mi voluntad, yo digo y hago “lo que me ha enseñado mi Padre”.

Él siendo libre y con toda dignidad de Hijo, se constituye de cara al Padre, en esa relación Padre-Hijo para hacer la voluntad del Padre como único sentido. A esto estamos llamados cada uno de los discípulos. “Enséñame Señor ha hacer tu voluntad, tu proyecto universal (la Justicia, la Paz y la Fraternidad para toda la Humanidad).

Jesús, el no-proyecto, tan sólo el Proyecto del Padre. Y nosotros para cada cosita hacemos un proyecto. ¿No nos dice nada?

Por si no quedara claro lo subraya “como en el cielo, así en la tierra”. Un cielo para disfrutarlo sólo una vez muerto sería una injusticia. Se nos plantea de nuevo el RETO.

Un cielo “vida a la manera de Dios” para que todos la disfruten hoy en la tierra.

No un cielo para contemplar la hermosura y extasiarnos, sino para hacerlo vivo y nuevo, aquí, en medio de todos los hombres.

El cielo en la tierra, y la tierra se convierte en el cielo. El proyecto de Dios es confundir cielo con tierra en una misma realidad.

Llegados a este punto y con todo lo ya expuesto, nos tendríamos que preguntar: Independientemente de la forma externa de orar ¿tiene nuestra oración esta raíz y este sentido fundamental? ¿gira toda ella desde este eje central que Jesús subraya como principal en el Padrenuestro?

2ª PARTE: PARA LA COMUNIDAD CRISTIANA

La segunda parte del Padrenuestro son las peticiones que se refieren a la comunidad. Empiezan con un NOSOTROS. Ahí empieza la comunidad a pedir por ella misma, por su situación interna, porque para poder llevar a cabo la misión necesita cumplir ciertas condiciones. Por lo tanto se pide el buen estado de la comunidad para que sea capaz de llevar a delante esa misión universal.

<danos hoy el pan cotidiano>

“Buscad lo primero el Reino de Dios y Dios os dará lo demás” Mt 6, 33
Nos cuesta aceptar, desde nuestra mente, tan sorprendente propuesta de Dios.

A nosotros nos deja en las manos su proyecto, el Reino de Dios. Lo nuestro es consagrarnos de corazón en esta tarea. Confiados en que Dios se encargará de que no nos falte lo material necesario para vivir. Esta es la mayor prueba de confianza mutua que Él propone confiando en nosotros. Él deposita su Plan y su Reino en nuestras manos y nosotros toda la confianza de Dios de que no nos faltará lo necesario.

<perdónanos nuestras ofensas como también
nosotros perdonamos a los que nos ofenden>

El perdón es la dinámica esencial en la paternidad. El perdón sin limites que cada uno recibe del Padre, es la medida y la referencia para aplicar el perdón entre los hermanos.

Por tanto el perdón establece lazos definitivos de Hijos y de hermanos.

El perdón es el fruto de la misericordia de Dios, el perdón es, por tanto, esencial en el Padre-Dios. El perdón, así, es la acción más “divina” que podemos realizar. El perdón nos hace semejantes a Dios.

< no nos dejes caer en la tentación
y líbranos del mal>

“Estad despiertos y orad para que no caigáis en tentación” Mt 26, 41

El Reino de Dios entra en lucha con los valores y los poderes que rigen nuestro mundo. La tentación es abandonar la relación con Jesús, cuando llegan las complicaciones y el peligro, cuando llegan las incomodidades y las duras pruebas. La tentación viene cuando la relación con Jesús afecta al “bolsillo” y a nuestro “sagrado tiempo”.

Le pedimos aquí a Dios que no caigamos, o sea que Él nos sostenga en la prueba y nos mantenga en comunión con Jesús y no en comunión con el mal.

<amén>


No significa el final de la oración o es tan sólo una “muletilla”. Este, así sea, tiene mucha importancia.

Amén es la firma consciente y adulta a la voluntad de Dios y a su plan en mi. Es pedirle a Dios que mi vida sea, sin hablar el Amén del Padrenuestro para los demás.

Y ahora si quieres ¿Quieres?. Di amén, Señor.

En definitiva la oración que plantea Jesús en el Padrenuestro no busca acercarse hasta una realidad divina lejos de nosotros, al contrario. Persigue la vinculación vital y total de la persona a la voluntad de Dios para traer hasta los hombres la realidad divina.

En todo lo que se ha expuesto, evidentemente no se contesta a la pregunta ¿cómo? De la oración, sino más bien ¿desde dónde?. Beber de la fuente primera del propio Jesús ha de ser nuestro deseo, el cómo cada uno lo irá descubriendo.

En este tema, como en muchos otros, es peligroso la búsqueda de recetas o maestros.

“¿Puede un ciego guiar a otro ciego?”

¿Es que no creemos en el Espíritu Santo? ¿No será Él, el que ha de guiar, enseñarnos y hasta educarnos?

3. ORAR HOY. ¿MÉTODO DE ORACIÓN?

Orar es una necesidad vital del hombre. Necesidad de entrar en relación con la vida en su sentido más profundo. Esta necesidad es común a todos los hombres de todos los tiempos y de toda religión.

Pero ¿cómo se enfoca y encauza esta necesidad de oración para el discípulo de Jesús Hoy?

3.1.- ENCUENTRO ANTE MI REALIDAD INTIMA EN CUANTO AL SEGUIMIENTO DE JESÚS.

La oración exige de una experiencia en soledad, es necesario parar. Es preciso entrar a vivir el DESIERTO (sed y soledad). Quedarte a solas con Dios para toparte con lo más íntimo. Vencer los miedos y ser capaz de mirar por dentro, dejar que el interior salga a la luz. Dejar que este se haga evidente para poderlo entender y valorar en su justa medida.

Soledad y silencio como la forma de encontrar la verdad más fuerte que habita dentro. La oración así es una experiencia de gratuidad, no vamos buscando unos frutos concretos e inmediatos. Vamos simplemente a “estar con”, a comprender, a encontrarnos y a ver más profundamente.

Desde este encuentro íntimo es desde donde aparece la lucha y la posibilidad de tomar decisiones concretas, de hacer una opción definitiva por seguir a Jesús, porque Él sea el centro unificador de TODA TU VIDA.

La Palabra de Dios, el silencio y la soledad, dejan paso a la BÚSQUEDA SINCERA que permiten dar pasos concretos en el seguimiento a Jesús.

3.2.- MOMENTO DE ENCUENTRO COMUNITARIO.

“Donde dos o más están en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos” Mt 18

La oración de Jesús hemos dicho que lleva implícito el carácter comunitario y universal, aún en el caso de que sea una oración individual.

Sin embargo, la oración de Jesús cobra todo el sentido en el encuentro comunitario. Es el momento donde se recibe el agua común, la vida que centra y da sentido a toda la misión y el ser del grupo de personas que se sienten por la Palabra.
La oración comunitaria es el momento y el espacio donde se hace entendible el Evangelio en su sentido más profundo y más vital. El Evangelio es la expresión de la experiencia de fe y de vida de una comunidad en torno a Jesucristo.

Es el momento donde se comparte la vida, las dudas, las alegrías y la desesperanza de los hermanos que tienen una misma vivencia de fraternidad y de tarea misionera.

“Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu” Hch 1,14

3.3.- MOMENTO UNIVERSAL.

La oración desde las características del Padrenuestro tendrá que tener presente toda la realidad del mundo. Pero no es tenerla como telón de fondo, sino que es el fin mismo de toda oración cristiana, cada circunstancia, cada problemática no es ajena al cristiano. Nadie no es ajeno, todos somos parte de una misma y única realidad, la humanidad.

La oración es siempre momento de contemplación y encarnación con todos los hombres.

4. DECÁLOGO EN BÚSQUEDA de una vida en constante oración.


1. “Sal de tu tierra, a la tierra que yo te mostraré” Gn 12, 1-2
Es desechar los caminos viejos ya transitados por nosotros, eligiendo una vida que abre camino nuevo guiados por una PREGUNTA CONSTANTE: ¿Qué quieres, Señor?

2. En el SECRETO del hombre, en su corazón (donde el hombre siente la necesidad y la sed) es donde Dios se va haciendo fuerte, en la constancia del día a día frente a la vida y a la Palabra.

3. El hombre necesita el encuentro confiado (como un niño en su padre) con un Dios que te devuelve la DIGNIDAD a través de una LIBERTAD SIN LÍMITES y un AMOR INCONDICIONAL.

4. Aceptar el pacto de mutua confianza que Dios nos propone. Él pone en nuestras manos el Reino de Dios y su justicia para que nos consagremos a él de corazón. Y nosotros confiamos que de todo lo material que nos pueda hacer falta, se encarga Él.

5. Entrar en una dinámica de PERDÓN como la forma de establecer lazos definitivos de hijos y de hermanos. El perdón nace de la Misericordia de Dios y su ternura, por tanto, al perdonar nos hacemos semejantes a Dios.

6. Aceptar y afrontar todos los contratiempos, los conflictos y las DIFICULTADES que me llegan por seguir a Jesús, como la fuente de mayor enseñanza de Dios. Siendo débil, las dificultades me hacen encontrar la fuerza de Dios.

7. EL RETO ACEPTADO a DIOS. Un “cielo”, vida a la manera de Dios, para que todos la disfruten hoy en la tierra. El Proyecto del Padre es confundir cielo con tierra en una misma realidad.

8. APERTURA sin límite, no rechazar ningún acontecimiento, por muy inesperado que fuera. Quien busca a Dios en todo, todo le llevará a Él. Necesitando para esto un cambio profundo de MENTALIDAD.
“Cuanto dista el cielo de la tierra así mis caminos de los vuestros, mis planes de los vuestros” Is 55,9.

9. Lo particular ha de estar, siempre, en función de lo UNIVERSAL, el grupo, yo, la parroquia, la comunidad en función de toda la humanidad. No parcelar, si unir. Poner el don recibido a favor del BIEN COMÚN.

10. Que nuestra vida sin hablar se convierta para todos en el AMÉN de Dios.

5. A MODO DE CONCLUSIÓN

Cada uno sin duda tiene su propia experiencia (mayor o menor) de oración. Cada cual tiene su respuesta personal a la pregunta ¿Qué es orar?.

Todos, sin duda, tenemos ese sentido de lo trascendente que nos impulsa a buscar lo profundo y lo universal que de sentido global a la vida.

Sin embargo, el objeto de este tema no ha sido la oración en su sentido general, sino la oración del cristiano, a la luz de la oración de Jesús.

El objetivo no ha sido aclarar dudas sino más bien, al contrario generar MÁS DUDAS, que cada uno personalmente tendría que resolver.
Es necesario en este tema, pero de la misma manera en cualquier tema referente al Evangelio y a nuestro ser cristiano, tener en cuenta que siempre hay un factor de tradición y de herencia, fruto de la historia y de las soluciones puntuales que se le han ido dando. Por lo que se hace necesario una apuesta fuerte por volvernos a la fuente primera de la Palabra desde donde recuperar aguas frescas que sirvan de impulso personal y eclesial para la renovación de la vida de la Iglesia.

La Iglesia necesita de un pueblo de Dios orante, como nuestro cuerpo necesita del corazón para bombear la sangre...