Estamos caminando
hacia la Pascua. Pronto comenzamos la Cuaresma, tiempo precioso para hacer
un itinerario creyente hacia la Vida plena, hacia la celebración
del Misterio de un Dios amante de la tierra, enamorado de la Humanidad,
hasta tal punto que tomó la opción radical de encarnarse,
de ser uno de tantos semejante a l@s que amaba...
Y este Dios hecho hombre, siguió tomando opciones en la persona de
Jesús, de entrega total, de fidelidad y coherencia con el mensaje
que se sabía llamado a proclamar... hasta la dar la vida primero
poco a poco, después entregándola voluntariamente a quienes
se la reclamaban, hasta la muerte, y muerte de cruz...
Pero la muerte no tuvo la última palabra, sino la Vida. Y Dios se
comprometió con el ser humano en la aventura de la Resurrección...
primero con su Hijo, y en él, con nuestras pequeñas resurrecciones,
hasta el momento definitivo de nuestra resurrección futura.
Tener clara la meta. Saber hacia dónde nos dirigimos. y caminar junto
con otros peregrinos por ese itinerario interior de la contemplación
que nos conduce al mismo tiempo hacia el itinerario exterior del compromiso.
De la entrega de la vida. Como Él. Hasta el final. Cada un@ desde
su lugar, desde su don, desde su carisma... para construir el “Todo”...
Y una vez más celebraremos l@s cristian@s la semana en que muerte
y vida se dan la mano para dar fruto abundante, porque ya lo dijo Jesús,
cuando el grano cae en tierra y muere, es cuando da fruto; de lo contrario,
queda infecundo...
Y ¿qué nos disponemos a contemplar? Hay quienes disfrutarán
de unos días de vacaciones, quienes contemplarán la naturaleza,
a otr@s no les importará pasar largas horas en las carreteras con
tal de salir unos días de su lugar de trabajo... también hay
quien se pasará ratos y ratos frente a la pantalla de televisión,
del ordenador... y finalmente habrá personas que salgan a las calles
a ver las Procesiones de Semana Santa...
Pero también gente de todas las edades, desde jóvenes hasta
personas mayores, dedican estos días a contemplar el Misterio que
se nos ofrece: el Amor que da la vida: En el gesto de una Cena, la última...
en la que Jesús se arrodilla a los pies de sus discípulos
en actitud de servicio; en la muerte en una cruz, donde el Señor
nos recuerda con su sangre derramada cuánto nos quiere... en el silencio
de la ausencia y la esperanza del cumplimiento de la promesa... y en el
estallido de gozo y aleluyas porque Cristo ha resucitado, porque es el Señor
de la Vida, de la Historia...
Contemplar a través de una “Llaga”, a través de
la herida de un costado abierto por una lanza a Dios que se nos regala a
borbotones... contemplar el corazón abierto de un Dios herido de
amor por ti, por mí... que nos invita a tener un encuentro con Él
de tú a tú, cara a cara, corazón a corazón...
Y tú...
¿En
qué te ocupas?
Y tú... ¿CONTEMPLAR?... ¿QUÉ?