a bocajarro
contemplativos en la acción por la justicia del reino de dios





el pathos histórico del Dios de Jesús














José Laguna, teólogo y músico.
Colaborador de Cristianisme i Justícia.

Trabaja como educador en la Asociación
Semilla para la Integración Social del Joven. pepelaguna@wol.es
 

La ampliación del eslogan ignaciano: “contemplativos en la acción” con el añadido de: “por la justicia del Reino de Dios” no es un capricho barroco de embellecimiento lingüístico, sino la necesidad de cualificar a qué tipo de acción nos estamos refiriendo. No toda acción es susceptible de convertirse en materia de contemplación cristiana; para que sea tal debe inscribirse dentro del pathos histórico del Dios de Jesús, del que la puesta en práctica del derecho y la justicia constituyen una referencia inexcusable.

Los modelos clásicos de síntesis entre contemplación y acción, parten de una supremacía del momento contemplativo sobre la acción. Es en la oración donde se produciría el verdadero encuentro con Dios, y la acción no será sino un segundo momento que intenta llevar a la práctica aquello que previamente ha sido contemplado “en su plenitud”. Frente a este modelo, la contemplación en la acción por la justicia del Reino de Dios afirma que el hacer cristiano es un presupuesto esencial de la oración, y no sólo una exigencia ética derivada de una fe ya constituida.

Nuestra acción nos llevará a preguntarnos por la “perfección” divina. Desde nuestro compromiso creyente por la instauración de la justicia se nos irá revelando el rostro de un Dios siempre nuevo, más allá de nuestras previsiones, miedos y autosuficiencias. La espiritualidad simpática es un riesgo y una pasión, el riesgo de salir al desierto para luchar contra los demonios que deshumanizan al hombre y la pasión de encontrarse con un Dios que, haciéndose el encontradizo, nos protege con su nube, nos alimenta con su Palabra y nos regala el maná del pan compartido.

Ojalá que aquellos que han sido expulsados a transitar por los márgenes de nuestras sociedades opulentas se alegren de encontrarse en su camino a hombres y mujeres de Dios, personas de oración y de toneladas de compromiso y misericordia.