Celine, estudiante de periodismo en la Universidad de París, declina
la invitación de unos amigos para ir de cena y de copas. Como explica
con una sonrisa tirando a traviesa, esta noche tiene una ''cita con Jesús''.
Todos los miércoles, después de sus clases, acude a una iglesita
cerca del Sena para encontrarse con otros miembros de un grupo de oración
carismática. ''Hace unos tres años que voy, para dar gracias
a Dios por la vida que me ha dado y por su presencia, que está conmigo
cada día'', dice.
A
medida que cae la noche en la ciudad, quienes pasan por la iglesia de Celine
parecen bastante sorprendidos al oír las melodías alegres,
el sonido de tam-tam y palmadas, la música que sale de su iglesia
de barrio. Aproximadamente 50 personas jóvenes cantan salmos, comparten
oraciones espontáneas o leen pasajes aleatorios de la Sagrada Escritura.
Incluso su postura física es un poco inusual: manos alzadas al cielo,
brazos en un ondear constante. Uno podría creer que un grupo de cristianos
evangélicos ha ocupado de algún modo la sala de parroquia.
¿O es simplemente una fiesta de excéntricos exagerados?
Ni una cosa ni otra. Los pequeños grupos como éste son parte
de la Renovación Carismática, que es hoy una de las fuerzas
más potentes de la Iglesia católica en Francia y uno de los
principales motores de la Nueva Evangelización. Al menos 7.000 personas
acudieron a Roma en el día mundial de la Juventud del 2000, convocadas
por la Comunidad de Emmanuel, el más veterano de los grupos del movimiento
carismático francés.
En
mayo de 1998, el mismo Papa describía la Renovación Carismática
de Francia como una ''respuesta providencial'' a los retos especiales de
sociedad contemporánea. ¿Cómo consiguió un movimiento
tan joven e innovador convertirse en un factor tan importante en la vida
de la Iglesia en Francia? Para responder a esa pregunta, uno debe considerar
los tiempos problemáticos en los cuales el movimiento nació.
El
camino hacia la Renovación
Puede
ser difícil para los católicos franceses jóvenes imaginar
el alboroto que ocasionó el Concilio Vaticano II. De vez en cuando,
aún oímos quejarse a los católicos mayores: ''Me han
cambiado la misa''. El cardenal Jean-Marie Lustiger, arzobispo de París,
cuenta la historia de cómo llegó a una nueva parroquia el
mismo día en que las reformas litúrgicas del Concilio se tenían
que empezar a aplicar. Aunque ofreció una explicación detallada
de los cambios, tuvo que enfrentarse a un ataque violento de feligreses
furiosos en la sacristía después de misa. Había bastantes
que realmente creían que el cura nuevo -''sin duda un excéntrico''-
había inventado la nueva misa vernacular por diversión.
Más
aún que la reforma litúrgica, era el mensaje global de Vaticano
II -junto con sus diversas interpretaciones- lo que inspiraba un debate
caliente dentro de la Iglesia universal. Las enseñanzas sociales
del Concilio, en especial, fueron objeto de encarnizadas controversias.
El experimento de los ''curas obreros'', que se había suspendido
en 1954 y relanzado luego al terminar el Vaticano II, era una de las cuestiones
que más dividían a la Iglesia francesa en los años
justo anteriores y posteriores al Concilio. Con empleos a tiempo completo
como peones de fábrica, los curas obreros se sumergían en
la vida del proletariado, incluso participando en la actividad sindical.
Se argumentó que la vida espiritual y la función sacramental
de los curas obreros se resentían a causa de sus compromisos políticos.
Tales
acusaciones provocaron una serie de reacciones explosivas dentro de la Iglesia
francesa. Los clérigos izquierdistas eran acusados de elevar el Das
Kapital de Marx a un lugar junto a las obras de los padres de Iglesia. TÉMOIGNAGE
CHRÉTIEN (''Testimonio cristiano''), una revista fundada por los
jesuitas, había desempeñado un papel importante en el movimiento
de la Resistencia durante la ocupación alemana de Francia en la Segunda
Guerra Mundial. En el curso de unas cuantas décadas, sin embargo,
se había transformado en un órgano de política de la
izquierda militante. Gaudium et Spes, la declaración pastoral del
Concilio sobre la Iglesia en el mundo moderno, era leída por teólogos
progresistas -entre ellos el padre Joseph Comblin- como la base de una ''teología
de revolución'' (el título del trabajo más famoso del
Padre Comblin). Todos éstos eran signos de una Iglesia que buscaba
su lugar en el mundo.
Mientras
la Iglesia universal se preguntaba acerca de su compromiso con la sociedad
moderna, la cuestión de la Verdad Revelada se discutía enérgicamente:
¿Cuál era el estatus de esta verdad? ¿Y cuál
era su relación con el bien? Tales preguntas naturalmente surgían
cuando ciertos teólogos se precipitaban en interpretar la Dignitatis
Humanis (la declaración del Vaticano II sobre la libertad religiosa)
como una puerta abierta para todos los tipos de relativismo. ''¡Dios
está muerto en Cristo Jesús!'', declaraba el sacerdote y teólogo
francés Jean Cardonnal, sugiriendo que el ''concepto conservador
de Dios'' era a partir de ahora una cosa del pasado. Liberado de la ''pesada
carga'' de la revelación, el catolicismo podría prosperar
ahora como agenda política. La tentación de relativismo iba
de la mano con un programa político militante.
En
parte como un resultado de esta contaminación ideológica,
las filas de la Iglesia se vieron reducidas. Los seminarios y las órdenes
religiosas vieron caer rápidamente sus números. Muchos dejaron
la vida religiosa en nombre de ideas modernistas, creyendo que sus votos
habían perdido significado en un mundo desmitologizado. Otros desertaban
de una Iglesia que creían que había enloquecido durante el
Vaticano II -entre ellos, el arzobispo Marcel Lefebvre, fundador de la tradicionalista
Sociedad de San Pío X, que acusaba al Concilio de todos los errores
imaginables y progresivamente fue adoptando una actitud de desobediencia
hacia Roma.
Esta
atrición lenta, silenciosa, continúa hoy. El derecho francés
prohíbe al Gobierno recoger información sobre las prácticas
y la afiliación religiosa de sus ciudadanos, pero la mayor parte
de las estimaciones sitúan la asistencia semanal a misa claramente
por debajo del 10 por ciento. Según una encuesta, los bautizos han
bajado del 95 por ciento al 58 por ciento en los últimos 15 años;
en el mismo periodo, el número de gente casada por la Iglesia ha
pasado del 85 al 50 por ciento. Hoy, solamente el 46 por ciento de la población
dice que cree en Dios. Hace 30 años, era el 81 por ciento.
Durante
este período de confusión y aparente declive, a muchos les
pareció que solamente un regreso a una espiritualidad como la de
la primera Iglesia podría aportar frutos nuevos. Esto es una forma
de interpretar el nacimiento de un pequeño grupo de oración
carismática una tarde de mayo de 1972. El primer grupo católico
de su tipo: originalmente consistía en 4 personas jóvenes
unidas por un crítico cinematográfico católico de 58
años en París. Irónicamente, las primeras reuniones
tenían lugar en un apartamento pequeño, a sólo unos
pocos metros del café donde nació el existencialismo de Sartre.
El crítico de películas Pierre Goursat acababa de volver de
un viaje a Estados Unidos, donde había visto el inicio del movimiento
carismático en la Iglesia americana. Animado por su padre espiritual,
Goursat organizó una meditación sobre los carismas tal como
se evocan en los Hechos de los Apóstoles, seguida por un rato de
oración espontánea. El proyecto no era más definido
que eso, y Goursat tenía como objetivo dejar libre a la gente del
grupo para que siguiese las indicaciones del Espíritu Santo. Poco
a poco, los dones del Espíritu empezaron a aparecer. Algunos cantaban
en lenguas que otros interpretaban; todos estaban asombrados y abrumados
por lo que habían visto y sentían.
Un año más tarde, el grupo había crecido de 5 a 500
miembros. Según Martine, uno de los 5 miembros originales, sentían
como si estuvieran ''reviviendo Pentecostés''.
Donde
está el Espíritu
Sorprendido
por este crecimiento inesperado, el grupo original inició varios
grupos más pequeños en París antes de proyectarse a
otras ciudades en Francia. Se llamaron la Comunidad de Emmanuel. Con este
nombre, Goursat quería indicar que no se trataba de que los grupos
de oración fuesen como clubes sociales encerrados en sí mismos;
estaban llamados a ser dones de Dios para el mundo, llegar a ser nuevos
''Emmanuel'' (Dios con nosotros). En 1976, la Iglesia dio estatus oficial
a la comunidad. Durante los primeros años de su existencia, sus miembros
eran casados o solteros laicos que vivían en el mundo. Entonces las
vocaciones religiosas se empezaron a manifestar. Primero fueron sólo
hermanos y hermanas de Emmanuel pero, más tarde, la comunidad -que
tuvo su primera sede en una barcaza en el Sena- decidió con el beneplácito
de los obispos formar a sus propios curas.
Si
bien mucha gente joven ve su fe crecer en los grupos de oración de
Emmanuel, la comunidad es también fuente de renovación para
cristianos mayores. André, que recientemente se convirtió
en abuelo, lo describe como una ''nueva juventud.'' ''Yo era un cristiano
de domingo'', dice. ''Para mí la fe era la misa, unos cuantos días
santos, y no meterse en líos el resto de la semana. En los grupos
de oración vine a entender que por un Dios que me ha dado su vida,
bueno, yo le podría dar por lo menos la mía. Ahora, incluso
cuando estoy jugando con mi nieta, de alguna manera es para Jesús''.
Emmanuel
no es la única nueva comunidad que ha crecido a partir de la Renovación
Carismática en Francia. La misma época vio nacer a la Comunidad
de las Bienaventuranzas (Les Beatitudes). El hermano Ephraim, el fundador
de la comunidad, se había debatido a través de todas las contradicciones
y preguntas de su generación. Educado en una familia protestante,
estudió para ser artista antes de unirse a la comunidad de Lanza
del Vasto, un grupo utopista que practicaba una espiritualidad sincrética
más o menos ligada al misticismo oriental. Después de su conversión
al catolicismo, el hermano Ephraim inició la Comunidad de las Bienaventuranzas,
que evolucionó con distintas formas entre 1973 y 1981. Los miembros
viven lejos de pueblos o ciudades, en casas de la comunidad que dan apoyo
material y espiritual a quienes lo necesitan. Siguiendo una rutina profundamente
enraizada en la oración -especialmente en la adoración eucarística-,
los miembros laicos y religiosos de estas casas están unidos por
el mismo deseo de vivir en el espíritu de las Bienaventuranzas. La
comunidad ahora tiene casas en 25 diócesis en Francia y en otras
28 diócesis por todo el mundo.
Una
señal de la identidad carismática de la comunidad es su insistencia
en la sanación espiritual. Organiza cada año varios retiros
sobre este tema. Esta dimensión de su carisma está en el corazón
de la experiencia de Thérèse, una divorciada en su cincuentena.
''Aprendí a aceptar que en tiempos de prueba, Dios no es ante todo
Alguien que nos examina y nos juzga, sino Alguien que me respalda, que me
da vida, incluso cuando estoy cerca del colapso'', dice Thérèse,
cuya expresión graciosa ilumina una cara marcada por el sufrimiento.
''Alabar significa dar gracias a Dios por haberme hecho tal como soy, darle
gracias por ser mi Creador''.
Es
significativo que tanto el hermano Ephraim como Goursat fundaron sus comunidades
como laicos. El hermano Ephraim está casado. Goursat, que rechazó
varias veces ser ordenado sacerdote, imaginaba la vida laica como una auténtica
vocación. Aquí uno ve otro de los rasgos que caracterizan
a estas comunidades, un rasgo que corresponde a una de las intuiciones clave
del Vaticano II: tanto Emmanuel como Bienaventuranzas testifican la llamada
de todo cristiano -laico u ordenado- a la santidad.
Para aceptar esta llamada, uno debe estar dispuesto a rendirse a Dios incluso
en las circunstancias más corrientes. Es una idea que se presenta
una y otra vez a medida que Celine describe su itinerario espiritual: ''Para
mí, la Renovación Carismática es, sobre todo, una renovación,
como su nombre sugiere. Comprendí que mi fe estaba condenada a desvanecerse
si no era nada más que la conservación de una tradición.
Había recibido la fe como un tipo de herencia de mi familia, lo que
en sí mismo ya es una tremenda gracia, pero esta comunidad me permitió
hacerme mía mi fe, hacerla el centro de todos mis compromisos personales.
La comunidad me ayudó a vivir este compromiso en mi familia, en mis
estudios, en las pequeñas elecciones, y en las grandes.''
Si
la Renovación Carismática se caracteriza por una espiritualidad
de alabanza basada en la experiencia personal (así como en una renovación
de formas de liturgia y comunidad), también es el movimiento de la
Iglesia francesa que insiste más urgentemente en la importancia de
la evangelización. Para estas comunidades, la evangelización
es cuestión de dejar que brille la Palabra, no encerrarla en pequeños
clubes de educadas compañías. Esto es lo que motiva a los
miembros de Emmanuel para organizar misiones regulares de evangelización.
Se reúnen delante de las iglesias para cantar y compartir su fe con
los transeúntes, a quienes invita a pasar dentro para adorar a Dios
en la Eucaristía o para hablar con un cura. Marie, que trabaja en
una agencia de recursos humanos, participa regularmente en estas misiones.
''Evangelizar, dar testimonio, sea en la comunidad o en mi vida profesional,
es decir que Dios es mi gozo'', dice. ''La alegría no se puede preservar
egoístamente; ella misma tiende a difundirse. Es como estar enamorado
y querer hablar todo el tiempo con todo el mundo sobre la persona a la que
amas.''
Como dice Cedric, otro participante regular en estas misiones: ''Hablar
de tu fe a veces significa transmitirla. Pero siempre significa reforzarla.
Cuando hablo sobre Dios a la gente a mi alrededor, siempre recuerdo que
es también bueno para mí. Ya sólo el hablar sobre tu
fe es en sí un acto de fe''.
Insistiendo
tanto en la importancia de la evangelización, las nuevas comunidades
están respondiendo a su propia manera a las preguntas planteadas
por la crisis post-conciliar. Conscientes de que hay algo escandaloso en
el hecho de considerarse el ''poseedor'' de la Verdad, en ostentar esta
posesión con un sentimiento de superioridad, algunos se convirtieron
al relativismo o al activismo marxista; negaron incluso la existencia misma
de la verdad y optaron por una agenda puramente política. En cambio,
los carismáticos respondieron a la misma pregunta proponiendo una
visión de la verdad como algo que se revela sólo cuando es
compartido, es decir, mediante un esfuerzo de evangelización.
Comunidades
católicas
Históricamente,
el movimiento carismático tuvo su fuente dentro del protestantismo;
más concretamente, en el pietismo del siglo XVII de Alemania. Sus
manifestaciones más recientes se pueden trazar hasta el movimiento
Pentecostal, nacido en Kansas a principios del siglo XX. Las oraciones comunales
de estos grupos eran acompañadas por los dones carismáticos
descritos en los Hechos de los Apóstoles, dones como los de sanación
y profecía. No fue hasta 1967 cuando el movimiento encontró
su espacio en la Iglesia católica durante un retiro organizado en
la Universidad de Duquesne (Estados Unidos). Por consiguiente, podría
parecer que los orígenes del movimiento carismático planteaban
un problema grave a los católicos: ¿está la Renovación
misma atada a su fuente no-católica? Con su insistencia en la experiencia
individual y la evangelización, ¿la renovación carismática
católica no representará una intrusión de una actitud
protestante dentro de la Iglesia, una especie de pentecostalismo disfrazado
con traje católico? En cualquier caso, ¿no estará destinado
a permanecer siempre un poco fuera de la línea central católica?
La
historia del Hermano Dominique parece contradecir esta visión. Vestido
con el hábito blanco de un novicio benedictino, el Hermano Dominique
es hijo de la Renovación Carismática. Su vocación contemplativa
nació en una de las comunidades más nuevas, Chemin Neuf (Camino
Nuevo). ''Por supuesto, lo podría haber descubierto de alguna otra
forma, pero fue en los grupos de oración carismáticos donde
el Señor me reveló lo que es la oración'', dice. ''Más
que un deber, más que un conjunto de peticiones, la oración
es una canción de amor. También vi que Dios no está
muy lejos, sino muy cercano, íntimo.''
Para el Hermano Dominique, el viaje desde la comunidad carismática
a la Orden de San Benito fue suave. ''Hay, por supuesto, diferencias de
estilo, de forma, como quien pasa de melodías modernas con batería
a la sobriedad sublime de canto gregoriano, pero es ridículo oponer
uno al otro'', dice. ''Me parecen un poco sospechosas esas distinciones
excesivamente sutiles que se crean entre diferentes espiritualidades. La
espiritualidad católica es en realidad una sola cosa, aunque tome
diversas formas. La Renovación Carismática, los benedictinos...
Es todo la misma Iglesia santa, católica y apostólica. Sería
mejor no dibujar fronteras donde no existen.''
Maëlle,
universitaria de 22 años, cuenta una historia similar. Explica que
su experiencia con Verbe de Vie (Verbo de Vida), otra comunidad carismática,
aumentó su fe cristiana y amplió su vida de católica.
Maëlle vivía con su familia en una casa de Verbe de Vie desde
que tenía 8 años hasta que salió para seguir sus estudios
a la edad de 18. ''Estoy convencida de que el hecho de tener padres cristianos
viviendo en una comunidad de Verbe de Vie alimentó mi fe y me dio
un gusto por la participación en la vida de una parroquia regular.
Una de las ventajas de Verbe de Vie es la belleza de sus liturgias, así
que me atrae especialmente cantar y la música sacra en mi parroquia.''
Como su nombre indica, Verbe de Vie tiene un compromiso especial con la
proclamación de la Palabra de Dios. Nace de 1 Juan 1:1-3: ''Lo que
hemos oído, visto, contemplado, tocado de la Palabra de Vida, os
lo anunciamos''. Verbe de Vie invita a los laicos a dedicarse un año
a estudiar Sagrada Escritura y teología en una de las casas de la
comunidad. También ofrece retiros más cortos y talleres a
lo largo del año.
En los últimos años, la Renovación Carismática
se ha integrado mejor dentro de la estructura de la Iglesia. La Comunidad
de las Bienaventuranzas, por ejemplo, ha recibido una responsabilidad apostólica
importante como responsable del santuario dedicado a Santa Teresita en Lisieux.
La hermana Sylvie Buisset, una participante del equipo encargado de este
apostolado, ha puesto música a los textos de Santa Teresita y los
ha hecho accesibles a gente reacia a leer las escrituras de la santa.
La
Comunidad de Emmanuel, por su parte, ha tenido la alegría de ver
a dos de sus sacerdotes ordenados obispos: Albert-Marie de Monleon, que
estaba a cargo de los seminarios de la comunidad, fue asignado como obispo
de Meaux en 1998, y en el 2000, Dominique Rey, que había sido el
pastor de uno de las parroquias de la comunidad en París, era ordenado
obispo de Toulon. Estas dos ordenaciones asumen una gran importancia simbólica:
son la señal de una nueva armonía entre la renovación
carismática y la jerarquía de Iglesia. Son también
una señal de lo que el Papa ha llamado un ''nuevo paso'' en el desarrollo
de la Renovación Carismática, el de la ''madurez eclesial''.
El Papa reconoció que durante un tiempo hubo tensiones entre las
nuevas comunidades y las autoridades eclesiásticas, causadas principalmente
por prejuicios y malentendidos. Las innovaciones formales de la Renovación
habían alarmado a los defensores de la liturgia más ''clásica'';
sus posturas inusuales y los movimientos durante la oración incitaron
a la parodia y al ridículo. También llegó la acusación,
por parte de algunos conservadores, de que estas comunidades eran demasiado
independientes de la autoridad eclesiástica.
Hoy los obispos y los grupos carismáticos están profundizando
en su mutuo reconocimiento; los obispos han decidido incluso designar un
sacerdote en cada diócesis para trabajar con grupos como Emmanuel
y Bienaventuranzas.
Esta
nueva dinámica de integración no es ni un accidente feliz
ni un simple caso de diplomacia eclesiástica: es el pleno reconocimiento
del carácter profundamente católico de estas comunidades.
''Para mí, fue exactamente el carácter carismático
de la Iglesia lo que me condujo a Roma'', explica Etienne, un programador
informático, cumplida la treintena, educado como protestante. ''En
los grupos carismáticos, descubrí que la oración era
una fuerza activa, que la palabra se hace acto. Me dije: ''Si Dios está
sediento por actuar en nuestras vidas, si el Dios cristiano es un Dios que
se ha hecho carne, que continuamente desea hacerse presente Él mismo
entre nosotros, entonces resulta extraño pensar en la comunión
como un símbolo abstracto''. A partir de ahí, todo fue rápido:
descubrí la adoración eucarística en una comunidad
carismática [Emmanuel]. Entonces alguien me habló sobre el
sacramento de la reconciliación, y después de los otros. Después
de eso, tuve que convertir mi intelecto. Me deleitaban las sutilezas y coherencia
de doctrina católica. Fue realmente la gracia de la Renovación
Carismática lo que me mostró el camino a Roma.''
Celine
también asocia los grupos carismáticos con un redescubrimiento
de los sacramentos. ''Un día, durante una reunión de mi grupo
de oración, uno de los hermanos de Emmanuel empleó una imagen
que vuelve a mí todas las veces que voy a confesarme. Dijo que es
como si Dios y el hombre estuvieran conectados por una cuerda. Cada vez
que la cuerda se rompe, Dios la restablece mediante un nudo que es la confesión,
y así la cuerda es cada vez más corta''.
Muchos
han criticado la espiritualidad carismática por estar demasiado concentrada
en lo afectivo, por centrarse demasiado en la ''experiencia'' espiritual
y no lo suficiente en el Credo. De hecho, el énfasis de la Renovación
en los sacramentos se relaciona con un compromiso más general para
promover las doctrinas de la Iglesia.
''Nosotros los laicos también necesitamos convertir nuestro intelecto'',
observa un estudiante en uno de los cursos teológicos de Emmanuel.
Las comunidades de Emmanuel y las de Bienaventuranzas ofrecen cursos de
tarde para estudiantes diseñados para dar una base general sobre
la doctrina de la Iglesia. Como Verbe de Vie, también ofrecen programas
sabáticos de un año de instrucción y discernimiento.
Estos programas tienen un éxito especial entre gente joven que acaba
de terminar sus estudios y quiere ''construir su vida en la Roca'', según
palabras de Françoise, una logopeda joven que recientemente terminó
un año sabático con Le Chemin Neuf.
La
preocupación del movimiento carismático por la doctrina y
su insistencia en la evangelización han atraído la crítica
de los liberales, que ven el movimiento como una especie de tradicionalismo
disimulado.
En
realidad, la Renovación Carismática en Francia no encaja bien
en las categorías ''progresistas contra tradicionalistas'' heredadas
de los años setenta. Aunque las reglas canónicas pueden parecer
a menudo audaces (en las casas de Bienaventuranzas y las de Verbe de Vie,
por ejemplo, laicos y religiosos conviven bajo el mismo techo) las nuevas
comunidades están a la vanguardia de los esfuerzos por reactivar
disciplinas y devociones olvidadas. Muchas animan a ayunar regularmente,
como medio de purificación. Mientras tanto, los rasgos específicamente
carismáticos de la Renovación se han extendido más
allá de las comunidades. Hoy no es raro ver pequeños grupos
de oración carismáticos en las parroquias diocesanas.
Intrigados
por la alegría
Muy
lejos de las controversias que inflaman a los progresistas y los tradicionalistas
más extremos, Ahmed pasea tranquilamente mientras se dirige a la
Catedral de Nôtre Dame en París. Este joven estudiante de filosofía
explica que fue en un grupo de oración carismática donde se
encontró ''con el Jesucristo vivo''. Reaccionando contra su educación
musulmana, Ahmed se había hecho ateo. ''Veía la vida como
una evasión absurda, un perpetuo huir'', dice. ''Esta idea encajaba
muy bien con mi temperamento melancólico. Entonces en la universidad
conocí a un grupo de gente joven cuya alegría me intrigaba.
Era más profunda que las alegrías corrientes, y parecía
mantenerles unidos. Después de unos cuantos meses, quise saber de
dónde venía esta luz. Me hablaron de una comunidad carismática
donde acudían regularmente para hacer retiros''.
Se detiene mientras un sacerdote le hace gestos para que se reúna
con un grupo de jóvenes que están entrando en la catedral.
Ahmed se bautizó el año pasado.
Para conocer mejor las nuevas comunidades renovadas
francesas, visite sus páginas web (cuando es posible, enlazamos
con la web en español).
Ver
Cruce de Caminos.