"Cristo
revela la verdad de la belleza y la belleza de la verdad" "
Los hombres y mujeres de hoy creerán si redescubren la auténtica
belleza",
afirma el cardenal Joseph Ratzinger.
En
el texto, el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe
afirma: "Para que hoy la fe pueda crecer tenemos que llevar nosotros
mismos a los hombres y mujeres con que nos cruzamos a entrar en contacto
con la belleza".
La
misiva del purpurado alemán ha sido leída en el Meeting por
la Amistad entre los Pueblos, por iniciativa del movimiento Comunión
y Liberación.
Comentando
el lema del encuentro --"El sentimiento de las cosas. La contemplación
de la belleza"-- el cardenal Ratzinger constata que "hoy día
el mensaje de la belleza es puesto en duda por el poder de la mentira, que
se sirve de varios estratagemas".
"Uno
de estos es el de promover una belleza que no despierta la nostalgia de
lo inefable, sino que más bien promueve la voluntad de posesión",
afirmó.
"¿Quién
no reconocería, por ejemplo, en la publicidad esas imágenes
que con extraordinaria habilidad están pensadas para tentar irresistiblemente
al hombre a apropiarse de algo y a buscar la satisfacción del momento?",
preguntó.
De
este modo, constató Ratzinger, el arte cristiano se encuentra hoy
entre dos fuegos: "debe oponerse al culto de lo feo, según el
cual toda belleza es un engaño, y tiene que enfrentarse a la belleza
mendaz que hace al hombre más pequeño".
El
cardenal citó entonces la frase de Fiódor M. Dostoievski (1821-1881)
"La belleza nos salvará", en la que el escritor ruso se
refiere a la belleza redentora de Jesucristo.
"Quien
cree en el Dios que se manifestó precisamente en las semblanzas de
Cristo crucificado como "amor hasta el final" sabe que la belleza
es verdad y que la verdad es belleza, pero en el Cristo que sufre aprende
también que la belleza de la verdad comprende la ofensa, el dolor,
y el oscuro misterio de la muerte".
De
este modo, sabe que la belleza "sólo puede ser encontrada en
la aceptación del dolor y no en ignorarlo".
"En
todas las atrocidades de la historia -escribe el cardenal-, un concepto
meramente armonioso de la belleza no es suficiente".
"De
hecho, en la pasión de Cristo la estética griega --tan digna
de admiración-- es superada --aclara--. Desde entonces, la experiencia
de la belleza ha recibido una nueva profundidad y un nuevo realismo".
"Quien
es la belleza misma se ha dejado golpear el rostro, escupir a la cara, coronar
de espinas --la Sábana Santa de Turín puede hacernos imaginar
todo esto de manera impactante--", constata.
"Pero
precisamente en este rostro tan desfigurado aparece la auténtica
belleza: la belleza del amor que llega "hasta el final" y que
se revela más fuerte que la mentira y la violencia".
"Tenemos
que aprender a verlo --concluye Ratzinger--; si somos golpeados por el dardo
de su paradójica belleza, entonces le conoceremos verdaderamente".