El
pasado 26 de octubre celebramos, con un Encuentro Nacional de movimientos
y asociaciones, el décimo aniversario de la creación del Foro
de Laicos de España. En el documento aprobado en 1992 por la Conferencia
Episcopal Española, titulado "Los cristianos laicos, Iglesia
en el mundo", se disponía la creación de un Foro de Laicos,
como "cauce de encuentro, comunicación y diálogo, a fin
de animar la comunión de las asociaciones y movimientos, una más
eficaz colaboración en sus actividades, e impulsar la corresponsabilidad
de los laicos en la vida y misión de la Iglesia en la sociedad".
De
los 35 movimientos y asociaciones que en el momento de su creación
se integraron en el Foro, hoy se ha pasado a 54 realidades eclesiales de
ámbito nacional que forman parte del mismo. Existe un deseo creciente,
por parte de muchos de los movimientos, de avanzar en la comunión.
En realidad es el mismo Espíritu Santo que, habiendo suscitado en
la Iglesia esta variedad de carismas, como instrumentos para evangelizar
al hombre de nuestro tiempo, suscita también el deseo de comunión
entre ellos. Juan Pablo II, en alguna ocasión, ha recordado que hemos
de trabajar con la fuerza de la comunión, uniendo los esfuerzos de
cada uno al de otras agrupaciones eclesiales. La comunión es para
la misión. Es preciso hacer camino juntos entre nosotros, para que
así la propuesta de re-conciliación y unidad que hagamos al
mundo sea más creíble.
Hoy
más que nunca es necesaria una unidad de acción, pero ésta
no será posible si no promovemos la espiritualidad de comunión
de que nos habla la Carta apostólica Novo millennio ineunte. Difícilmente
po-demos trabajar juntos de una manera eficaz, en acciones compartidas,
si antes no nos conocemos y nos amamos, si no cambiamos nuestra forma de
mirar al otro y desterramos, de una vez para siempre, los pre-juicios que
tenemos.
Bajo
el lema Un testimonio común en la evang e l i z a c i ó n,
nos hemos dado cita 800 responsables y militantes de los diversos movimientos
y asociaciones integrados en el Foro, con la agradecida presencia de monseñor
Braulio Rodríguez Plaza, arzobispo de Valladolid y Presidente de
la Comisión episcopal de Apostolado Seglar, y monseñor Juan
García Santacruz, obispo de Guadix y responsable del Foro, que alentaron
a los asistentes a seguir trabajando por la unidad del laicado asociado.
A lo largo de toda la jornada que duró el Encuentro, hubo momentos
para la oración y el compartir la vida, la de cada movimiento. También
se ofrecieron diversos testimonios sobre la presencia de laicos en ámbitos
distintos de la realidad social (mundo del trabajo, de la sanidad, de la
familia, de los marginados, de la Universidad, de los mayores, etc.), intercalados
con cantos y actuaciones a cargo de diversos grupos musicales. Como colofón
del Encuentro vivido, en la Eucaristía presidida por monseñor
Rodríguez Plaza, el mismo Jesús era quien nos alentaba a la
comunión, que como nos ha recordado Juan Pablo II es una mirada del
corazón que exige afecto, cercanía, admiración por
la existencia del otro, distinto, pero miembro también del Cuerpo
de Cristo que es la Iglesia.
Las
dificultades para la colaboración mutua van cediendo, y las expectativas
que se abren para el futuro son grandes. El laicado asociado habrá
dado un gran paso tras el Encuentro si somos capaces de aprovechar y canalizar
la riqueza que se ha generado. Estamos más cerca de dar un testimonio
de presencia pública de los cristianos en nuestra sociedad.